Imagen promocional de Netflix para No te metas con los gatos
Imagen promocional de Netflix para No te metas con los gatos

Don’t fuck with cats tiene momentos en los que abusa demasiado de las licencias. Como cuando pretende establecer una relación directa (y con fondo de música estruendosa de sorpresa) entre un cruce de piernas de Luka con el famoso cruce de piernas de Sharon Stone. Por no hablar de las pildoritas de información fundamental que el guión se guarda para más adelante. Si no tenemos inconveniente alguno con esta clase de gracietas, la última serie de Netflix es una pasada de visionado obligatorio.Por cierto,  no te pierdas nuestra Guía 2020 para ver películas online gratis.

Quién nos lo iba a decir. El mejor estreno de diciembre de 2019 con la palabra Cats en el título ha resultado ser una serie documental de Netflix y no la desastrosa película basada en el musical de Broadway.

Los que no conozcan la historia del canadiense Luka Magnotta tienen en el documental Don’t Fuck with cats tres horas aseguradas de entretenimiento muy real y de los de tenerte pegado al sofá. Nada de «basado en hechos reales»: es una serie documental, no hay ni una licencia creativa en los hechos puros (pero sí en ciertas explicaciones), y eso es lo que explica su magnetismo.

Luka Magnotta de verdad metió a un par de gatos en sendas bolsas de aspiradora para luego vaciarlas de aire y asfixiar a los animales. Un grupo de justicieros de Facebook de verdad invirtió meses (en sus ratos libres) para dar con el asesino.

Ahora bien, que nadie se confunda. El título de esta serie documental puede llevar a errores y es preciso insistir en ello: a Luka no lo detienen gracias a los freaks de Internet. A Luka lo detiene la investigación policial.

El boom de las docuseries ha venido para quedarse

Netflix ha agarrado un caso de tintes pintorescos y ha encapsulado su desarrollo en tres episodios de una hora cada uno que crecen en interés e intriga cual serie de ficción. No vamos a revelar ningún spoiler, de verdad. Sólo nos limitaremos a decir que en No te metas con los gatos llega un momento en el que el asunto no va de gatos. Y esto es algo bueno. Pero también algo malo.

Siguiendo el espíritu de los celebradísimos Making a murderer, Fyre y Wild wild country, (por citar tres de las más célebres docuseries recientes), No te metas con los gatos tiene alma de documental y esqueleto de serie. Su edición es fantástica, repleta de ritmo, sorpresas y revelaciones que hacen evolucionar una simple anécdota cavernaria de deep web a una persecución de ámbito internacional.

¡No te metas con los gatos!

La serie nos vende la premisa de que, hace casi una década, un grupo de desconocidos se organizaron en Internet para ponerle cara y llevar a las autoridades a Luka el mata gatos. Porque todo el mundo adora los vídeos de gatitos. La policía, que ignora por sistema el profundo y detallado (y casi enfermizo) trabajo de investigación de los integrantes de este grupo de amigos Facebook, comienza a hacerles caso cuando el asunto se va de madre. Luka Magnotta se convierte en una amenaza y el documental trata de vendernos una relación causal directa entre su detención y las incansables pesquisas del escuadrón de justicieros.

Y esto no es del todo cierto.

La belleza del documental reside en la inusitada capacidad organizativa de un grupo de desconocidos entusiastas movilizados porque no soportan que alguien mate a dos gatitos. Del mismo modo que Hot girls wanted nos mostraba lo que las promesas de dinero rápido (pornográfico) de Internet estaban haciendo con algunas jovencitas estadounidenses de mayoría de edad recién cumplida, Don’t fuck with cats brilla al contarnos el modo en que Facebook puede llegar a unir a perfectos desconocidos con un objetivo en común. Un malo en común.

Grupo de Facebook original para dar caza al protagonista de No te metas con los gatos, Luka Magnotta
Grupo de Facebook original para dar caza al protagonista de No te metas con los gatos, Luka Magnotta

Las trampas de No te metas con los gatos

No te metas con los gatos es oro, que nadie se equivoque. Pero se echan en falta ciertos elementos de rigor. ¿Por qué se demoniza tanto al asesino y nadie trata de explicar las causas de su mente psicópata? De Luka (más información sobre él aquí) se nos dice que era un vanidoso al que le fue mal en su intento por ser estrella de Hollywood. Sentadas las bases (que más tarde son conveniente y tramposamente ampliadas con la revelación de sus servicios de scort masculino), el joven (claramente un enfermo mental) es vilipendiado hasta el segundo último de la serie. Sentimos lástima por él y echamos en falta más background. Además, Luka sólo cuenta para su defensa con el testimonio, evidentemente partidista, de su madre.

Como sucedió con Making a murderer y Wild wild country, a ratos la realidad es sesgada y se guardan revelaciones cruciales para más adelante; para cuando su impacto en la trama sea más sorprendente. ¿Por qué hay cabos sueltos (como el de la presencia de un segundo individuo en uno de los vídeos)? ¿Por qué no se nos explica hasta casi el final de la serie de dónde sacaba Luka el dinero para su agitado tren de vida?

Que Luka deje pistas a propósito para así imitar a DiCaprio en Atrápame si puedes sólo es una teoría. Los paralelismos con las tramas de Instinto básico, Casablanca y American Psycho son interesantes. Pero de ahí a tomarlos como dogmas de fe hay un trecho. ¿Tenemos que asumir que se mira tanto al espejo porque se cree Christian Bale? ¿De verdad el chico se va a París por culpa de la frase de Humphrey Bogart? No lo sabemos.