A lo largo de la historia, numerosos pensadores establecieron distintos modelos para entender el proceso de enseñanza en el ser humano. Examinemos aquí las principales teorías pedagógicas de nuestra historia.

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¿Qué son las teorías pedagógicas?

El gran impulso humano desde el inicio de la especie ha estado orientado a absorber conocimiento, clasificarlo, instrumentalizarlo. Hacer de él una palanca para establecer dominio sobre el universo conocido. La caza de la sabiduría es la actividad por excelencia del Homo Sapiens.

Pero a través de los tiempos, muchos filósofos, científicos y pensadores abstractos empezaron a ocuparse no sólo del conocimiento en sí, sino también de nuestros métodos, conscientes o inconscientes, usados para integrarlo. En esto radica la estructuración de las teorías pedagógicas: en la reflexión académica acerca de cómo el ser humano aprende y cómo una persona puede impulsar a otra a aprender.

Se trata, dicho de otra manera, de modelos propuestos para entender los mecanismos por los cuales se imparte conocimiento y se recibe conocimiento. Estos modelos pueden cubrir un amplio rango de las especialidades de trabajo usuales del campo académico. Este rango abarca desde la psicología, pasando por la neurociencia, hasta llegar a la sociología, la filosofía y la misma pedagogía.

Las investigaciones innovadoras en cada uno de estos terrenos repercuten inmediatamente con sus resultados en nuestra noción de cómo se plantea la enseñanza. Esto acaba conformando la base ideológica sobre la cual se construirán las políticas públicas y privadas en las instituciones educativas. Las culturas se modifican de esta manera y van produciendo a su vez nuevas teorías pedagógicas con el cambiar de la atmósfera de pensamiento, en una simbiosis infinita.

Principales teorías pedagógicas

Este oleaje busca captar a plenitud el proceso de aprendizaje, sin lograrlo jamás. La mente humana es una maquinaria aún demasiado misteriosa y compleja como para ser reducida en una simple teoría. Por ello debemos considerar las distintas propuestas elaboradas en diferentes momentos históricos como definiciones precisas de ciertos procesos, complementados por otras definiciones de otros, en una red inmensa de trabajo teórico.

Teniendo esto en mente, repasemos una breve lista de teorías aplicadas al proceso de aprendizaje y enseñanza. La enumeración abarca desde tiempos medievales y tiempos de la Ilustración, hasta inicios del siglo XX y la ciencia actual. El rango nos puede dar una idea de cuán presente ha estado la discusión pedagógica en la historia humana.

El naturalismo teórico: celebremos al Buen Salvaje

Con el naturalismo encontramos lo más cercano a un punto cero educativo dentro del campo pedagógico. Desarrollada mayormente en el siglo XVII, la teoría naturalista considera que la esencia de la naturaleza humana debe ser respetada y estimulada por el proceso pedagógico, sin disciplinas férreas ni esquematizadas imposiciones propias de la educación formal tradicional.

Bajo el lema de el hombre es bueno por naturaleza, Rousseau, el teórico naturalista por excelencia, propuso un formato de enseñanza libre basado en la aceptación de la espontaneidad infantil y su exploración primaria y directa de los sentidos. La cualidad experiencial del aprendizaje es realzada por encima de la fría memorización temprana de latinismos.

Los valores espontáneos debían ser guiados con delicadeza por el maestro, sin encorsetarlos, para sumarlos armónicamente con la razón ilustrada. La desarmonía entre instinto benéfico y deber social forzado era para el filósofo la causa de muchos desórdenes sociales y de la corrupción del espíritu.

Así, Rousseau presentaba un cronograma en el que el alumno era destinado hasta los diez años de vida a experimentar únicamente su propio cuerpo y el entorno inmediato a través de su sistema sensorial, extrayendo conclusiones espontáneas, sustentadas y justas sobre el mundo. Luego era destinado hasta los quince a la curiosa instrucción intelectual, donde la propia iniciativa seguía siendo esencial, y luego hasta los dieciocho al estadio más alto del saber, moral y religión.

Si bien la perspectiva romántica del naturalismo es difícilmente aplicable en el sistema educativo contemporáneo, sus ideas permearon en gran medida nuestra sabiduría popular con respecto a la bondad e inteligencia innata de los niños, heraldos de una pureza que el adulto ha perdido. La atención sobre la individualidad específica del estudiante y las necesidades de cada edad sigue siendo una noción núcleo del buen profesorado.

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Orden disciplinario: forjando un individuo completo

Si la enseñanza naturalista pregonaba la sabiduría intrínseca del individuo, cuya llama debía ser protegida de la brisa fría de la presión social, el orden disciplinario creía en la dura forja de la persona según el orden y la autoridad establecida.

Puede decirse que la motivación principal de la pedagogía disciplinada de tradición grecorromana, medieval y renacentista era producir sujetos con una perfecta integración interna entre virtudes de ingenio, rectitud moral y disposición firme. El aprendizaje no era una simple absorción de conocimiento sino una vía de perfeccionamiento del espíritu, poco desarrollado en origen, apenas potencial en la infancia.

La integración también se buscaba en razón de los saberes incorporados por el alumno. Conocimientos como la gramática, la lógica, la música, la retórica, la astronomía, los idiomas, eran parte de la enseñanza obligatoria desde edades tempranas, en el llamado Trivium y Quadrivium de la era medieval. Se trataba de un saber prácticamente total del conocimiento acumulado de la época, en una perspectiva ecléctica, no especializada e impuesta por imitación y memorización, bajo la amenaza de lo punitivo.

Como puede verse, lo positivo del orden disciplinario radicaba en el rigor, moral y amplitud del aprendizaje. El aspecto negativo fue bien explotado por los naturalistas: el dogmatismo filtrado a través de la enseñanza y la posibilidad de maltrato en instituciones débiles.

Conductismo: estímulo y respuesta

En el conductismo, quizá la teoría más mecanicista de todas las teorías pedagógicas, el infante es una tabula rasa, hoja en blanco sin predisposiciones de personalidad ni saber previo, dirigida continuamente por estímulos externos. Se trata de una teoría descendiente de experimentos de condicionamiento con animales, como los famosos perros de Pávlov, después ampliada por Skinner.

Visto en retrospectiva, el conductismo parece una variante más aséptica y sistematizada de la disciplina antigua, sin ninguna de sus preocupaciones holísticas o estéticas. El orden punitivo ha sido insertado en la era moderna mediante un comportamiento condicionado sobre un ser pasivo por recompensa y castigo, premio y reprobación.

A pesar de su importancia como piedra angular de muchos sistemas educativos contemporáneos, el conductismo tiene problemas obvios. El alumno puede basar su quehacer en obtener la calificación, sin otra motivación. La relación con el profesor puede ser interesada y fría. Y dado que la teoría no contempla la particularidad del carácter personal, las reacciones serán impredecibles.

Asociacionismo: aprendizaje de interconexión

Compartiendo la misma tabula rasa del conductismo, el asociacionismo observa la enseñanza como una construcción progresiva de conocimiento sobre terreno virgen. La manera de armar nuestros paquetes de conocimiento es a través de la interconexión asociativa entre conocimientos, sobre todo entre saberes ya adquiridos y los que se presentan nuevos.

Entonces, la labor del pedagogo es hacer evidentes estas asociaciones, estableciendo nexos a cada punto entre materias para estimular la mente del alumnado en torno a asimilaciones dirigidas. Muchos críticos del asociacionismo han señalado precisamente el aspecto demasiado dirigido de la enseñanza, sin permitir al menos un poco de exploración individual naturalista. Aún así, la teoría de Piaget es una que sigue siendo popular.

En el siguiente vídeo, se explica con dibujos la teoría cognitiva de Piaget.

Gestalt: el poder de la estructura

La psicología de la Gestalt, teoría alemana surgida a principios del siglo XX, aporta un nivel de complejidad más vasto al que contemplamos en el orden asociativo.

Teniendo un nombre que significa configuración, la Gestalt se ocupa de examinar las estructuras mentales a través de las cuales el ser humano va filtrando e incorporando la información de la realidad. La absorción nunca es completa, pues la estructura capta sólo las partes que sus líneas son capaces de integrar.

Teniendo en cuenta las leyes de esta priorización, que capta figuras siguiendo un criterio que va desde su nivel de contraste con el fondo y su frecuencia hasta la similaridad entre ellas, se establece una teoría educativa más equitativa con respecto a profesor y alumno. El maestro actúa más humildemente como un facilitador de la estructuración mental llevada a cabo por el propio estudiante, ocupado con su único rompecabezas.

La Gestalt de Wertheimer, Köhler y Koffka resulta de gran eficacia pedagógica para mentes en desarrollo ágiles y lúcidas. Su expansión a través del continente europeo ha sido imparable desde su propuesta.

Teoría cognitiva: las secuencias mentales

Aún cuando tiene un carácter objetivo propio de la psicología más experimental, la teoría cognitiva es un paso más allá con respecto al conductismo. Si esta propuesta se quedaba sólo en la evidencia física del estímulo y la reacción, lo cognitivo propone sumergirse realmente en los procesos mentales que llevan al aprendizaje.

Por ejemplo, en las secuencias comunes de exploración de la realidad. La curiosidad como estado primero, la problemática examinada, el tanteo de hipótesis y la elección de una en particular por su plausibilidad.

Aplicando esto a la pedagogía, lo cognitivo insiste en el respeto a las secuencias de desarrollo mental del alumno. La edad determina el tipo de educación recibida y la iniciativa curiosa del estudiante es esencial para la enseñanza. Una suerte de vuelta científica sobre el viejo naturalismo.

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