Virus Nipah en India: qué riesgo supone para Europa

  • India ha confirmado dos casos de virus Nipah en Bengala Occidental sin transmisión comunitaria detectada.
  • La OMS y el ECDC valoran el riesgo como bajo para Europa, aunque mantienen la vigilancia activa.
  • El virus Nipah presenta una elevada mortalidad y no cuenta aún con vacuna ni tratamiento específico aprobado.
  • La prevención, el enfoque One Health y el control en viajeros son las principales herramientas para minimizar el riesgo.

virus Nipah en India

Las recientes notificaciones de casos de infección por el virus Nipah en el estado indio de Bengala Occidental han devuelto a la primera línea informativa a este patógeno zoonótico de alta letalidad. Aunque los contagios se han producido a miles de kilómetros de Europa, la cercanía temporal con la pandemia de Covid-19 ha reavivado dudas lógicas: ¿qué está ocurriendo exactamente en India y qué implicaciones reales tiene para España y el resto del continente europeo?

Las autoridades sanitarias internacionales insisten en que, con la información disponible, el escenario actual no justifica una alarma generalizada. India ha confirmado oficialmente dos casos en trabajadores sanitarios y la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) sitúan el riesgo para Europa en niveles bajos. Aun así, el Nipah sigue en el punto de mira por su elevada mortalidad, su origen animal y la ausencia de vacunas autorizadas.

Situación del virus Nipah en India: qué se sabe del último brote

En enero de 2026, el ministro de Sanidad de India comunicó dos casos confirmados de enfermedad por el virus Nipah en Bengala Occidental. Ambos pacientes son profesionales sanitarios —un hombre y una mujer jóvenes— que trabajan en un hospital privado de Barasat, a unos 25 kilómetros del centro de Calcuta, una megaciudad densamente poblada y con abundantes conexiones internacionales.

La posibilidad de que un virus de este tipo pase de entornos rurales o semiurbanos a un área metropolitana con vuelos a todo el mundo es, lógicamente, un motivo de preocupación vigilada. Sin embargo, los datos oficiales apuntan a un brote muy localizado y estrictamente controlado. La OMS ha reiterado que, a 30 de enero de 2026, solo constan esos dos casos confirmados y que no se han identificado nuevas infecciones asociadas.

Las autoridades indias han llevado a cabo un rastreo intensivo. Se han identificado, monitorizado y analizado 196 contactos estrechos vinculados a los dos trabajadores sanitarios. Todos ellos permanecen asintomáticos y han dado negativo en las pruebas específicas de detección del virus. Este resultado respalda la idea de que, por el momento, no existe evidencia de transmisión comunitaria en la zona.

El Gobierno indio ha subrayado que no se ha decretado una alerta sanitaria nacional, si bien la situación sigue bajo vigilancia continua y se han puesto en marcha medidas de salud pública estándar: seguimiento de contactos, refuerzo de la bioseguridad en los centros sanitarios implicados y protocolos de aislamiento para casos sospechosos.

India no es ajena al Nipah: desde 2001 se han registrado al menos ocho brotes, tres en Bengala Occidental y cinco en el estado de Kerala, en el sur del país. Aun así, la mayoría han sido eventos focales que se lograron contener con estrategias de salud pública relativamente convencionales.

Evaluación del riesgo para Europa y España

virus Nipah y riesgo en Europa

Ante el nuevo episodio en India, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), con sede en Estocolmo, ha llevado a cabo una evaluación específica. Su conclusión es clara: el riesgo para la población europea se considera muy bajo, tanto en términos de probabilidad de importación de casos como de potencial de transmisión posterior dentro del continente.

El ECDC recuerda que los dos casos confirmados son trabajadores de un mismo hospital que mantuvieron contacto entre sí a finales de diciembre de 2025. El vínculo con un único entorno asistencial y la ausencia de contagios secundarios documentados permiten hablar de un brote circunscrito al ámbito hospitalario, sin indicios de circulación amplia en la comunidad.

Uno de los factores que más pesa en la valoración europea es la ecología del virus. El reservorio natural del Nipah son los murciélagos frugívoros del género Pteropus, también conocidos como zorros voladores, especies que no están presentes en Europa. Esto implica que, incluso si llegara algún caso importado puntual, la capacidad del virus para asentarse y transmitirse de forma sostenida en el continente sería muy limitada.

Aunque no puede descartarse al 100 % que un viajero infectado desde India o Bangladesh llegue a España u otro país europeo, los expertos destacan que este tipo de escenario sería excepcional y, en principio, manejable con las herramientas disponibles: detección temprana, aislamiento y medidas de protección en el entorno sanitario. La transmisión del Nipah requiere contactos estrechos y no se propaga eficientemente a distancia, lo que dificulta que se convierta en un problema comparable al coronavirus SARS-CoV-2.

En paralelo, países de la región asiática como Tailandia, Nepal o Camboya han reforzado la vigilancia y los controles a viajeros procedentes de India, dentro de las actuaciones de rutina ante amenazas infecciosas emergentes. Estas barreras adicionales contribuyen también, de forma indirecta, a reducir la probabilidad de que el virus salte a otros continentes.

Recomendaciones para viajeros europeos hacia la India y Asia meridional

Para la ciudadanía española y europea que tenga previsto viajar a Bengala Occidental o a otras áreas donde se han identificado brotes previos, las recomendaciones son prudentes pero sencillas. El ECDC y la OMS insisten en que, con medidas básicas de prevención, el riesgo individual de infección es muy reducido.

Entre las pautas generales de precaución destacan evitar el contacto innecesario con animales domésticos o salvajes —en particular cerdos y murciélagos— y con sus fluidos. No consumir alimentos que puedan haber estado expuestos a murciélagos frugívoros es otra indicación clave: frutas parcialmente mordidas o deterioradas, o productos recolectados al aire libre durante la noche son ejemplos a descartar.

Una vía de contagio muy documentada en Bangladesh y Bengala Occidental es la savia cruda de palmera datilera, conocida localmente como khejur-er rosh. Este jugo, consumido sin hervir en los meses de invierno, puede contaminarse con la saliva, orina o heces de murciélagos que acuden a lamer la savia durante la noche. Por ello, se recomienda evitar el consumo de savia cruda y de productos similares no pasteurizados cuando se viaja a zonas donde se han registrado brotes.

Las habituales medidas de higiene alimentaria —lavar, pelar y cocinar bien frutas y verduras, y consumir agua y bebidas seguras— son especialmente relevantes en contextos donde existen patógenos zoonóticos. Además, conviene reducir la exposición a entornos donde reposan grandes colonias de murciélagos, así como seguir las indicaciones locales sobre bioseguridad.

En caso de presentar síntomas compatibles durante o tras un viaje —fiebre alta, malestar intenso, problemas respiratorios o alteraciones neurológicas—, se aconseja consultar rápidamente con los servicios de salud, indicando los lugares visitados y posibles exposiciones a animales o alimentos de riesgo. La información detallada sobre el viaje facilita el diagnóstico diferencial y la aplicación temprana de las medidas necesarias.

Qué es el virus Nipah y cómo surgió

El virus Nipah (NiV) es un patógeno zoonótico emergente perteneciente al género Henipavirus y a la familia Paramyxoviridae. Se trata de un virus ARN de cadena sencilla con polaridad negativa, lo que significa que presenta una gran capacidad de mutación y adaptación a nuevos hospedadores, como ocurre con otros virus ARN implicados en numerosas enfermedades infecciosas emergentes.

Las primeras descripciones de infección humana por Nipah se remontan al brote que afectó a criadores de cerdos en Malasia y Singapur entre 1998 y 1999. El nombre del virus proviene de Sungai Nipah, una localidad malaya donde vivían algunos de los trabajadores que desarrollaron encefalitis grave. Aquel episodio provocó casi 300 casos y más de 100 fallecimientos, y obligó a sacrificar más de un millón de cerdos para cortar la cadena de transmisión, con un impacto económico notable.

Desde entonces, se han documentado brotes recurrentes en el sur de Asia, sobre todo en Bangladesh y en ciertas regiones del noreste de India, como Bengala Occidental. En Bangladesh se han observado episodios prácticamente cada año desde 2001, generalmente en zonas rurales o semirrurales con estrecha interacción entre personas, murciélagos y animales domésticos. También se han descrito infecciones en Filipinas, atribuidas al Nipah o a virus muy cercanos.

Hasta la fecha, se han registrado en el mundo al menos unos 750-760 casos humanos de infección por Nipah, con alrededor de 430-440 muertes. La tasa de letalidad varía mucho entre brotes, pero suele situarse entre el 40 % y el 75 %, lo que lo convierte en un patógeno de altísima gravedad. Además, aproximadamente una cuarta parte de los supervivientes arrastra secuelas neurológicas a largo plazo, como convulsiones persistentes o cambios de personalidad.

Por estas características, la OMS clasifica el Nipah como patógeno de alto riesgo y prioridad de investigación, dentro de su iniciativa de Investigación y Desarrollo (R&D Blueprint), que identifica los agentes con mayor potencial epidémico para los que no existen contramedidas médicas adecuadas.

Síntomas y evolución de la enfermedad

La infección por el virus Nipah suele presentar una fase inicial inespecífica, similar a una gripe fuerte, lo que dificulta su detección temprana si no se tiene en cuenta el contexto epidemiológico. El periodo de incubación suele oscilar entre cuatro y 21 días, aunque en casos excepcionales se han descrito intervalos más prolongados.

Los primeros signos incluyen fiebre, dolor de cabeza, mialgias (dolores musculares), sensación intensa de cansancio, vómitos y malestar general. Algunos pacientes desarrollan síntomas respiratorios como tos, dificultad para respirar o neumonía; la gravedad de esta afectación varía según el brote y las condiciones del paciente.

La complicación más temida es la encefalitis, una inflamación del cerebro que puede aparecer días o semanas después del comienzo de los síntomas generales. Se manifiesta con confusión, somnolencia, alteraciones del nivel de conciencia, convulsiones e incluso coma. En algunos casos, también se ha descrito meningitis asociada.

La combinación de insuficiencia respiratoria y daño neurológico explica la elevada mortalidad del virus. Quienes sobreviven pueden sufrir secuelas neurológicas de larga duración, como problemas cognitivos, convulsiones crónicas o cambios conductuales. Además, se han descrito episodios de encefalitis tardía, con recaídas o reactivaciones del virus meses o años después de la infección inicial, aunque son poco frecuentes.

En el otro extremo del espectro clínico, también existen infecciones asintomáticas o muy leves que pueden pasar desapercibidas, lo que complica la estimación real del número de contagios totales. Pese a ello, la alta letalidad entre los casos detectados hace que las autoridades consideren el Nipah como una amenaza seria que requiere vigilancia permanente.

Cómo se transmite el virus Nipah

El Nipah es un virus zoonótico, es decir, se transmite de animales a personas y, en determinadas circunstancias, entre humanos. Sus principales reservorios naturales son los murciélagos frugívoros del género Pteropus, muy extendidos en el sur y sudeste asiático, así como en algunas zonas de África.

Estos murciélagos pueden eliminar el virus a través de la saliva, la orina y las heces. La transmisión a humanos puede producirse por contacto directo con los animales o con sus secreciones, por exposición a alimentos contaminados —frutas, savia de palmera, etc.— o mediante huéspedes intermediarios como los cerdos, que actúan como amplificadores del patógeno.

En varios brotes, la forma habitual de contagio ha sido el consumo de jugos y alimentos contaminados por murciélagos, especialmente la savia de palmera datilera recolectada en cuencos abiertos durante la noche. Estos recipientes pueden llenarse no solo de savia, sino también de restos de saliva, orina o heces de murciélago, que introducen el virus en la cadena alimentaria humana.

El contacto cercano con animales domésticos infectados, sobre todo cerdos, representa otra vía relevante. La manipulación de animales enfermos, sus tejidos o fluidos sin medidas de protección incrementa claramente el riesgo. Por eso, las granjas porcinas en zonas de riesgo deben extremar la bioseguridad, protegiendo el alimento y los corrales de la presencia de murciélagos.

También se ha demostrado la transmisión de persona a persona, sobre todo en entornos familiares y sanitarios. El contagio suele requerir contacto estrecho con fluidos corporales de pacientes infectados —secreciones respiratorias, sangre, orina—, especialmente cuando no se utilizan equipos de protección adecuados. La propagación no tiene, en cualquier caso, la facilidad de otros virus respiratorios como la gripe o el SARS-CoV-2.

Prevención y enfoque One Health

Ante la ausencia de vacuna autorizada y de un tratamiento específico plenamente validado, las medidas preventivas son nuestra principal herramienta frente al Nipah. Organismos internacionales como la OMS y el ECDC insisten en un enfoque One Health, que integra la salud humana, animal y ambiental para abordar este tipo de amenazas.

En la práctica, esto se traduce en reducir al mínimo los puntos de contacto entre murciélagos, animales domésticos y personas. En regiones endémicas, se recomienda impedir que los murciélagos accedan a la savia de la palmera datilera mediante cubiertas físicas, hervir la savia recién recolectada, lavar y pelar cuidadosamente la fruta y desechar cualquier pieza con indicios de mordeduras de murciélago.

En el ámbito agroganadero, las autoridades aconsejan mantener a los animales domésticos —sobre todo los cerdos— alejados de los árboles donde reposan los murciélagos y reforzar las medidas de higiene y protección del pienso y del agua de bebida. En caso de sospecha de infección en animales, el uso de guantes, mascarillas y ropa protectora es esencial para quienes deban manipularlos o participar en sacrificios selectivos.

En los centros sanitarios, la prioridad es la prevención y el control de las infecciones. Esto incluye una evaluación adecuada del riesgo, el aislamiento de casos sospechosos, una ventilación correcta de las salas y el uso coherente de equipos de protección personal: mascarillas, gafas, guantes y batas. Estas medidas, bien aplicadas, han demostrado ser suficientes para frenar cadenas de transmisión en brotes anteriores.

A nivel comunitario, la información veraz y la educación sanitaria juegan un papel clave. Conocer cómo se transmite el virus, cuáles son los síntomas y qué prácticas deben evitarse permite reducir comportamientos de riesgo sin generar miedo injustificado. En Europa, el mensaje principal es de calma: el virus se vigila de cerca, el riesgo es muy bajo y las herramientas de salud pública existentes son, por ahora, suficientes.

Tratamientos y vacunas en desarrollo

Hoy por hoy, no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna autorizada de uso general frente al Nipah. La atención médica se centra en los cuidados de apoyo: estabilizar al paciente, tratar las complicaciones respiratorias y neurológicas, y ofrecer soporte intensivo cuando es necesario. La atención temprana puede mejorar las probabilidades de supervivencia.

Sin embargo, hay varias líneas de investigación prometedoras. Entre ellas destacan los anticuerpos monoclonales, es decir, moléculas diseñadas para unirse de forma muy específica al virus e inactivarlo. Uno de los más estudiados es M 102.4, que completó ensayos clínicos de fase 1 y se ha utilizado de forma compasiva en algunas situaciones puntuales. Otro candidato, el anticuerpo humano Hu1F5, ha mostrado una eficacia superior en modelos de primates no humanos y avanza hacia ensayos clínicos en humanos.

El antiviral remdesivir, conocido por su uso durante la pandemia de Covid-19, ha demostrado eficacia frente al Nipah en primates no humanos cuando se administra como profilaxis postexposición. Los datos en modelos animales apoyan la posibilidad de ensayos clínicos en humanos para combinar estos anticuerpos monoclonales y antivirales, aunque aún es pronto para hablar de tratamientos estandarizados.

En el terreno de las vacunas, se están explorando distintas plataformas. Una de ellas es la vacuna basada en el vector ChAdOx1, desarrollada por la Universidad de Oxford y aplicada en la candidata ChAdOx1 NipahB. En diciembre de 2025 se puso en marcha el primer ensayo clínico de fase II de una vacuna contra el Nipah en humanos, un hito relevante en la carrera por disponer de herramientas preventivas.

Otra candidata es la vacuna de ARNm mRNA-1215, inspirada en la misma tecnología utilizada frente al coronavirus. Los ensayos en adultos sanos de entre 18 y 60 años muestran, por ahora, expectativas razonablemente positivas en cuanto a seguridad e inmunogenicidad, aunque habrá que confirmar su eficacia en estudios posteriores. También se investigan vacunas vectoriales vivas atenuadas, como la basada en el virus de la estomatitis vesicular (PHV02).

Aunque estos avances indican que podría haber soluciones eficaces en un futuro no muy lejano, la prevención sigue siendo, de momento, la principal barrera frente al Nipah. Hasta que alguna de estas vacunas o tratamientos demuestre de forma concluyente su eficacia y seguridad, la clave está en detectar rápido, aislar los casos y minimizar la exposición a las fuentes de contagio.

La aparición de nuevos casos de virus Nipah en India ilustra cómo un patógeno poco conocido puede generar inquietud global en cuestión de días, pero también muestra que las herramientas de salud pública, la vigilancia internacional y el enfoque One Health permiten mantener el riesgo para Europa en niveles muy bajos; seguir de cerca la evolución del brote, reforzar la cooperación entre países y aplicar medidas de prevención sensatas es, por ahora, la mejor forma de convivir con este virus sin caer en alarmismos innecesarios.

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