Arkano ha sido noticia por un vídeo en el que simulaba estar borracho y con una chica desnuda
Arkano ha sido noticia por un vídeo en el que simulaba estar borracho y con una chica desnuda

NADIE ha entendido que el vídeo de Arkano borracho mordiendo una nalga ha sido parte de una estrategia de publicidad. O sí que lo han entendido pero no les ha hecho gracia. O sí que lo han entendido pero piensan que la publicación de la story original no fue un error. Al final y en resumen, la gente está hablando de Arkano y eso es lo único que parece importar: el escándalo, la mención, el retuit. Su nuevo videoclip ya tiene 200.000 visitas en 11 horas. Asunto amortizado.

Y así todo.

Valtònyc, el rapero al que le intentaron cascar el bozal monárquico. Pablo Hasél, el rapero al que condenaron por un par de tuits. Arkano, el rapero al que vilipenidaron por publicar por error un vídeo íntimo y luego, confirmada la estrategia de fake-viral, siguieron vilipendiendo porque nadie ahí había entendido nada. Y de Lírico mejor no hablamos.

 

Va, repetimos:

Valtònyc, porque se fugó junto a Carles Puigdemont en Waterloo. Pablo Hasél,  porque quemó una bandera española en un concierto. Arkano, porque «hizo historia» encerrándose en la Puerta del Sol para hacer rimas consonantes un día entero.

De la música, de lo que viene siendo el contenido cultural, ni rastro. Ni rastro de rap.

Bueno sí, Arkano rapeando «el catálogo entero de Ikea» para un anuncio (en realidad fueron cuatro o cinco muebles).

El rap posmoderno era esto

Raperos cuyo repertorio musical, en fin, ni fu ni fa. Más fu (fuuuuu) que fa, para ser sinceros. Raperos cuya música es lo de menos. La posmodernidad, ay, qué época tan líquida y electrizante para estar vivo. Qué tiempos tan rebosantes de oportunidades, y qué tiempos tan putos para consumir cultura de calidad entre tanta baratija; entre tanto artefacto ficticio dispuesto a merced de las ventoleras mediáticas de la efímera viralidad y la trinchera.

Raperos cuya música, en el fondo, ¿a quien le importa tres cominos?

-¡Pues a muchísima gente! ¡ Y el Estado y las autoridades están violando la libertad de estos creadores de poder decir lo que les venga en gana! -responderá la turba, pancarta en alto, con los ojos sanguinolentos (y ninguna canción de Arkano, Hasél o Valtònyc en ninguna lista de Spotify de sus teléfonos).

Y sí claro. Faltaría más: que todo ser humano tiene derecho a expresarse en libertad es una evidencia aburrida. Va, vamos a escarbar un poco más hondo.

Las letras de los raperos Arkano, Valtònyc y Pablo Hasél interesan a mucha gente, justicieros sociales y enfurecidos defensores de la libertad de expresión todos. Pero es que aquí estamos hablando de música. De contenido. De cultura. Arkano, Valtònyc y Pablo Hasél no son interesantes por sus letras. Lo son por sus monemas; por su capacidad de armar jaleo.

Ah, qué época para estar vivo, eh ¿Kanye West?, vaya disco te has marcado con Jesus is King: 27 minutos de pose y pancarta. ¡Y con secuela a la vista! En tiempos en los que la actualidad mediática social, política y cultural viene determinada cada vez más por la relativización de lo que es verdad y lo que no, la posmodernidad (entendida como la ausencia de una única verdad absoluta) nos ofrece a través de la industria musical un sinfín de ejemplos de lo estúpido, extraño e inasible que se está volviendo el jeroglífico en el que nos ha tocado vivir.

Se dice y tampoco pasa nada, oye: nadie ha escuchado una canción de Arkano, Valtònyc o a Pablo Hasél en la vida, Hulio.

El escándalo del falsó vídeo íntimo de Arkano mordiendo un culo

El falso escándalo viral (o escándalo provocado) de Arkano, protagonista en la tarde del jueves 28 de noviembre de un salseo en las redes a cuenta de la publicación de un vídeo íntimo, tan sólo es otra prueba más del problema. Para promocionar una canción (No me sale), un artista de verdad no debería tener que recurrir al fingimiento de una borrachera o a la cosificación de una mujer. Aunque sea de broma.

Arkano publicó el videoclip de No me sale apenas dos horas después de que se viralizase la falsa grabación íntima (una story supuestamente publicada por equivocación y luego borrada de su Instagram) en la que le veíamos mordiendo una nalga y, en fin, medios como La Vanguardia, 20 Minutos o El periódico de Catalunya mordieron el anzuelo. Suficiente, debió de pensar el rapero alicantino, que dio por amortizada la treta viral (quizás con demasiada premura, ya que lo haces, hazlo bien, Arkano) para apresurarse a lanzar un vídeo que, seamos francos, es una basura monótona cuyos apartados visuales y sonoros se nutren de los elementos que son criticados en la lírica. Por mucho que termine bañando galletas en un vaso del ratón Mickey, el daño está hecho.

No hay por donde cogerlo. Y no pocos fans siguen preguntándose que de qué iba todo eso.

 

Si el mensaje de la canción consiste, precisamente, en que a Arkano no le apetece hacer de malote, Arkano ha hilado fino por encima de sus posibilidades. No se entiende que, si no te sale rodearte de mujeres en un videoclip a lo Bad Bunny, elijas como soporte precisamente un videoclip a lo Bad Bunny en el que apareces rodeado de mujeres. Es como si mataras a un perro en señal de castigo por haber éste matado a otro perro. La cosa es de primero de lógica, vaya.

No es de extrañar que, varias horas después, los fans de Arkano siguiesen sin entender nada de lo que había pasado ayer por la tarde. Es ridículo que alguien como Arkano, que sin duda tiene algo más de talento que el Valtònyc o el Hasél medio, tenga que recurrir a estas martingalas con tal de rebañar clics y titulares.

La cosa adquiere tonos algo más incómodos cuando recordamos ciertas entrevistas en las que Arkano se ha valido ( y hasta hartarse) del comodín de la corrección política (vilipendio del machismo, apoyo a la comunidad LGTB) para armar el ideario que conforma el corpus de su ignorado trabajo discográfico.

¿Ignorado? ¡NO! Entre un pequeño pero importante sector de la sociedad, Arkano es un semi Dios. Y eso lo compensa todo,

Tranquilidad en la sala. No hay nada que temer: a Arkano sólo le hacen caso los adolescentes y, por suerte para él, en tan tiernos años de madurez, el falso escándalo de su vídeo íntimo es inexistente. Para el aficionado adolescente de rap medio, ese vídeo, sea real o no, sólo ayuda a engrandecer el estátus de su protagonista. El tío se ha comido un culamen. Jua jua.

El drama de la propuesta temática que sobrevuela la trayectoria Arkana es que le viene grande a su público.

Descartamos que se sienta preocupado. Arkano ayer fue tendencia número 1 en Twitter durante buena parte de la tarde y noche. Que hablen de ti. Aunque sea mal, pero que hablen.

 

C. Tangana, vetado en Bilbao

Este verano a C. Tangana también le crecieron los retuits a cuenta del derecho ineluctable de permitir que cualquier diga lo que le venga en gana. Derecho que le fue ultrajado en un concierto que iba a celebrarse en Bilbao y que fue cancelado por el Ayuntamiento debido a la presión de asociaciones feministas.

Por suerte para Tangana y sus fans, el madrileño terminó haciendo no uno sino dos bolos (y gratis), en un bar, dándole la vuelta a la tortilla y agenciándose un buen bonus de titulares dignos de la mejor de las campañas de relaciones públicas. Su altavoz y su libertad de expresión prevalecieron y un nuevo y esperanzador amanecer saludó firme a la sociedad occidental. Lo malo es que el mensaje de C Tangana, por lo general, raramente ha avanzado jamás más allá del «eres una puta-yo soy el jefe».

-Pero es que no entiendes que es un personaje?- replicará la turba, como si los Tangana y los Bad Bunny se pasaran las madrugadas insomnes, con los codos entumecidos y el alma desnutrida, rascando para sus adentros en busca de nuevas aristas de personalidad para sus creaciones chejovianas.

«Mírame que mono llorando en la limo»- C. Tangana.

 

Valtònyc y Pablo Hasél, adalides heridos de la libertad

Del supuesto rapero Valtònyc nadie sabe apenas nada. Se sabe que nació en Mallorca, que lleva gafas, que se pone muy nervioso si alguien le saca una bandera española y que los de la ETA, oye, pues que tendrían sus motivos. Basta con echar un vistazo rápido al archivo de noticias de eldiario.es (web nada sospechosa de imparcialidad, y decimos esto sin sorna, eldiario.es es un ejemplo actual de buen periodismo en España) para comprobar que la totalidad de las noticias relacionadas con Valtònyc tienen nula relación con el caracter artístico de su música. De juicios, extradiciones y exilios va la cosa. De pajarracas, vaya. Eldiario.es ha publicado una treintena (tirando por lo bajo) de artículos con Valtònyc como protagonista. El último, hace tres días.

Como prueba definitiva, acudimos a Google y a las búsquedas relacionadas. Si lo lógico en raperos de verdad (en los SFDK, los Kase-O, los Nach, y los Toteking) es encontrarse con sugerencias de búsquedas tipo «concierto», «discografía» o títulos concretos de canciones, a los raperos Valtònyc y Pablo Hasél les aparecen unas sugerencias de búsqueda algo distintas: «Bélgica», «Dónde está» o «Última hora».

Bueno, va. Mentimos vilmente: en las búsquedas de Hasél sí que se cuela el título de una de sus canciones: Muerte a los Borbones.

En el caso de Valtònyc, el resultado más popular es el de un excelente recopilatorio realizado por el diario Público que se basta por sí solo para resumir este sinsentido al que ya le estamos dedicando líneas de más. En dicho greatest hits valtónycos podemos leer algunas de las frases y versos que le han valido al mallorquín una condena del Tribunal Supremo por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y amenazas.

En un simpático ejercicio de ventilador/rastrillo acapara clichés izquierdosos, la vilipendiada libertad de expresión de Valtònyc consiste en la cocción cruda de un entrañable todo vale en el que hay cabida para la apología del terrorismo, el odio a la familia Real, las amenazas de muerte a la derecha y hasta guiños antitaurinos. Eso sí, el Grammy, por ahora, improbable.

“Un pistoletazo en la frente de tu jefe está justificado o siempre queda esperar a que le secuestre algún GRAPO”

“O que explote un bus del PP con nitroglicerina cargada”

«Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza, ETA es una gran
nación”

«Esto no va hacer fiesta que pensabas tonto, es una bomba de relojería en una plazade toros”

En el caso de Pablo Hasél, la historia varía un poco. En la humilde opinión de este medio, los mensajes vertidos en Twitter por los que la Audiencia Nacional le condenó a dos años y un día de prisión son menos radicales que los de Valtònyc. De hecho, como apuntó el propio rapero catalán, más que opiniones sus tuits contenían hechos objetivos.

El problema aquí radica, una vez más, cuando el único elemento noticioso que el rapero Hasél es capaz de generar (o el único del que dan cuenta los medios) es aquel que brota de la atmósfera extra cultural que le rodea. Y no de su música. Cuando su último vídeo, publicado hace escasos días, apenas logra rascar seis mil visitas. Y con razón: 4 tiros es un ejemplo superlativo del callejón mugriento al que se acaba llegando por culpa del sinsentido de envolver con halo de épica y derechos arrebatados la más absoluta de las nadas; el vacío supremo de talento.

La libertad de expresión es un derecho que debería ser inviolable. Que los raperos y aprendices de raperos, benditas criaturas, sigan jugando a los micrófonos si así lo desean. Aquí estamos hablando de un culpable que juega un par de plantas más arriba. Los medios de comunicación, tan acostumbrados ya a agarrar la cultura del hip hop para zarandearla como una gallina cuando les viene en gana para después desplumarla y darle una patada, harían bien en aumentar su cobertura de noticias del mundo del rap. Si nos acordamos de una cultura sólo cuando le visita el escándalo, a uno le da la sensación de que dicha cultura sólo consiste en la sucesión de escándalos. La alternativa a esto es el corte inmediato (y paso a una reducción responsable) del goteo permanente de informaciones que sugieren que personajes como Valtònyc o Hasél poseen algún tipo de talento más allá del que le han granjeado su retahila de chillidos y patadas al cógido penal.

La cultura, vaciada de sentido y puesta al servicio de las modas, o usada como rehén de ideologías y causas, es la más triste e inútil de las culturas.