En este artículo queremos facilitarte una serie de versículos de sanidad que te ayudarán a cultivar tu intimidad con Dios, a fin de mantenerte en victoria y bendición en el día a día, a la cual también hemos sido llamados.

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Versículos de Sanidad

En nuestro caminar como creyentes muchas veces nos toca atravesar por situaciones que nos lastiman, situaciones que si no nos ejercitamos y aprendemos a llevarlos a los pies de Cristo, pudiesen representar un estorbo en nuestras vidas espirituales e interrumpir la bendición del Señor en nuestras. Bendiciones que nos llenan de gozo y  que nos permiten ir de triunfo en triunfo y de victoria en victoria.

Muchos creen que caminar con Cristo representa una vida de victoria porque no tendremos que atravesar circunstancias adversas, nada más lejos de la realidad, el caminar con nuestro Señor nos lleva a tomar cada día nuestras cruz y seguir en pos de Él, sin embargo, hay una buena noticia, no tenemos que llevar una vida de derrota cada vez que el panorama se torne gris, hemos conocido un precioso salvador que auxilia y acude a nuestro llamado cada vez que clamamos a Él.

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Dice la Palabra del Señor en el libro de Jeremías, capítulo 33, versículos 3:

«Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.»

Este es nuestro Jesús, Señor y Salvador, no tenemos por qué cargar con la culpa o el dolor que nos generan las heridas, vamos y clamemos a Él y el será propicio en responder, en el mismo libro, encontramos una maravillosa promesa, vamos al capítulo 33, versículo 6:

«He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.»

Nuestro Señor nos promete paz y abundancia, ¿por qué entonces, muchas veces nos encontramos con creyentes derrotados o abatidos a causa de las circunstancias, aprendamos a aferrarnos a lo que el Señor nos dice para así gozar de su paz.

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¿Qué enferma a los creyentes?

Para llevar una vida de paz en el Señor debemos aprender a caminar conforme a sus propósitos eternos. Para ello, debemos aprender a llevar una vida que sea agradable delante de Él , de no ser así irremediablemente tendremos que sufrir las consecuencias de nuestros pecados. Aquí nos encontramos con la primera causa que enferma la vida espiritual del creyente y le impide avanzar en el camino de bendición que el Señor ha trazado para Él.

El pecado

El no confesar los pecados se convierte en un obstáculo en la vida del creyente para crecer, cuando hablo de pecado me refiero a todas aquellas acciones que cometemos que van en contra de la Palabra del Señor y de sus mandamientos.

Veamos lo que dice el salmista David al respecto, en el libro de los Salmos, capítulo 32, versículo 3:

«Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.»

El salmista hace referencia al pecado oculto. En su vida había una situación que le mantenía separado del Señor, y por ende le impedía gozar de su bendición.

Expresaba «mientras callé,» es decir, el tiempo que él duró en confesar su pecado, trajo como consecuencia enfermedad a su vida, su cuerpo sufrió dolencias y con ellas vino el  gemir, gemimos porque nos duele, porque se sufre.

Este es un buen texto para la reflexión, te has preguntado ¿por qué tanto dolor y tanto sufrimiento en tu vida? ¿No logras ver el plan maravilloso que el Creador tiene contigo? Pues, quizás aquí debas detenerte y preguntar al Señor: Padre ¿Hay en mi vida algo no confesado en tu presencia que me mantiene cautivo? De ser así entonces el deber es rendir todo delante del Señor y dejar que a través del consolador, nuestras vidas sean ministradas y llevadas a lo que Él desea con nosotros.

Cuando hablamos de pecado muchos quizás pudiesen pensar que nos referimos a actos inmorales, a robos, homicidios, corrupciones, otros; pero no. Cuando mencionamos el término pecado hacemos referencia, como lo mencioné anteriormente a todo lo que condena la Palabra, entonces aquí entran las acciones del viejo hombre que se menciona en el libro de Efesios, capítulo 4 versículo 22:

«En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.»

¿Cuáles son esas acciones del viejo hombre? Todas aquellas que cometíamos antes de llegar a Cristo, y que una vez conocimos al Señor debemos luchar día día para mantenerlas sujetas a Cristo, como lo expresan los versículos que le siguen. 23 y 24:

«y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.»

En el libro de Gálatas, capítulo 5, versículos 19 al 21, nos hace referencias a estas acciones como obras de la carne, veamos qué dice el texto:

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Podríamos pensar que los creyentes no practican tales cosas, y estamos de acuerdo, un verdadero creyente no debe bajo ningún concepto practicarlas. Sin embargo, no podemos obviar que dentro del pueblo de Dios muchas veces encontramos enemistades, pleitos, celos y iras, contiendas, mentiras, poca ayuda para con el prójimo, y son exactamente estas pequeñas cosas, que no vemos como pecado y  hacen tanto daño a nuestras vidas espirituales.

Por ello, el llamado para vivir una vida sana es confesar cada día, como lo hacía el salmista nuestros pecados para gozar de paz y bendición.

«El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»

Proverbios: 28:13

El rencor y la falta de perdón

Aquí mencionamos otro elemento importante que quita la paz a nuestras vidas y nos impide tener vidas espirituales sanas, el rencor y la falta de perdón.

Evidentemente forma parte de los pecados ocultos que se alojan en muchos corazones, pero los trato de manera separada porque quisiera definirlos fuera de la generalidad.

La Palabra nos enseña que debemos perdonar y confesar nuestras ofensas los unos a los otros, veamos cómo lo presenta el libro de Santiago, capítulo 5, versículo 16:

«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.»

También cuando el Señor nos instruye en la oración nos enseña que debemos perdonar las ofensas para poder ser perdonados, Mateo capítulo 6, versículo 12:

«Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.»

Es una necesidad urgente que tenemos como creyentes, el aprender a perdonar y no guardar rencor en nuestros corazones, la palabra nos enseña que debemos amarnos los unos a los otros, por ese motivo, cuando algo nos afecta y nos hiere, nuestro deber es ir a nuestro Padre y allí colocar la carga, no sólo recibiremos perdón y paz, sino también sanidad divina.

Dice la Palabra en el libro de Mateo, capítulo 11, versículo 28 al 30:

» 28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.»

Si la falta de perdón nos hace sentir cargados aquí está la respuesta, confesar, perdonar y soltar la carga, de esta manera nuestras vidas espirituales serán bendecidas.

Si quieres conocer más acerca del perdón te invito a seguir el enlace Versículos sobre el perdón

¡Que maravilloso es nuestro Señor, quien nos hace libres! Pongamos la Palabra del Señor en práctica y encontraremos descanso para nuestras almas. El Señor hace nuevas todas las cosas, no tenemos por qué vivir atados a un sufrimiento, dejemos que su Palabra obre en nuestras vidas para sanidad divina.

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Falta de fe

La Palabra del Señor nos enseña que sin fe no se agrada al Señor y que el que se acerca a Él debe creer que en Él hay y que premia a los que le buscan, el libro de Hebreos, capítulo 11, versículo 6 lo plantea de la siguiente manera:

«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.»

Cuando sentimos alguna carga, debemos ir a Él. Seguros debemos estar que nuestro Dios las toma y nos trae paz. La razón por la que muchas veces no recibimos esa sanidad espiritual que anhelamos es porque vamos a la presencia del Señor sin fe. No creemos que tiene el poder absoluto para hacernos libres que todo aquellos que nos ha herido y nos descompone. No aprendemos a apropiarnos de los versículos de sanidad.

Hay que creer que nuestro Señor tiene el poder para obrar, nuestro Padre tiene el control de todas las cosas. Recordemos al salmista, hombre de gran fe y corazón agradable al Señor. Confiaba en el Padre con todo su corazón. Él sabía que cuando clamaba su Amado estaba ahí para responderles. Siempre clamaba desde el alma. Lo podemos leer en cada texto y recibía el auxilio del Señor en toda situación.

Memorizar los versículos de sanidad nos hace libres

En nuestro caminar como cristianos hemos aprendido que el memorizar la Palabra y el vivirla trae gran impacto en nuestras vidas espirituales. Por esta razón, cuando sentimos que a nuestras vidas le falta algo que no nos permite experimentar la plenitud de vida en Cristo, debemos escudriñar las Escrituras y buscar aquellos versículos de sanidad que necesitamos.

Ejercitarnos para que nuestras vidas sean sanas. Esto nos ayudará a entrar en los propósitos divinos que tiene el Señor para con nuestras vidas y podremos gozar de sus grandes bendiciones.

Los versículos de sanidad traerán en nuestro caminar por esa vida, un renuevo que nos permitirá tener una maravillosa intimidad con el Señor, lo que trae como consecuencia una vida de victoria.

El Señor no nos ha llamado a vivir una vida de pesar, sino de paz abundante, la cual podemos experimentar cuando vivimos su Palabra. Por esto cada versículo de sanidad que encontramos en las Escrituras debemos vivirlo, para ver así los resultados en nuestro diario vivir. ¿Deseamos ver su bendición? Entonces manos a la obra, vivamos su Palabra y seamos libres.

Si quieres escuchar algunos versículos de sanidad divina te invito a ver el siguiente contenido audiovisual

La intimidad con Dios te revela el camino a la libertad

Cuando conocemos a nuestro maestro, sabemos que no hay absolutamente nada que nos pueda mover del camino que hemos emprendido con Él. Pero evidentemente para conocerle no podemos permitir que en nuestras vidas se alojen sentimientos de amargura que nos pueda alejar de su presencia.

¿Cómo podemos cultivar la intimidad con Dios? La Palabra del Señor nos enseña que debemos alimentar nuestro espíritu, para ello debemos ir cada día a su presencia en oración, buscar su dirección, relacionarnos con su Palabra de forma tal que le permitamos hacer en nuestras vidas la obra para lo cual es enviada, tal como lo expresa el libro de Isaías, capítulo 55, versículo 11:

«así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié.»

Conocer la Palabra y vivirla nos hace libres,  liberad que hemos recibido desde que le conocimos.

Un creyente que siente que las heridas de su corazón son muy profundas y no encuentra descanso para su alma, debe venir a Él, al Maestro y tener un encuentro con su Palabra.

Cuando hablamos de versículos de sanidad, no nos referimos sólo a memorizarlos y repetirlos como si fuesen frases mágicas, no, hacemos referencia a apropiarse de ellos y vivirlos de tal manera que la libertad llegue a las vidas.

Un cristiano verdadero no puede, ni debe vivir atado a una herida, ese no es el plan del Señor para nuestras vidas, la Palabra del Señor nos enseña en el libro de Jeremías, capítulo 29, versículo 11:

«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»

Esta es una hermosa promesa, promesa que nos regala el Padre, sus pensamientos para con nosotros son de paz, ¿por qué vivir entonces perturbados, dándole vuelta una y otra vez a la situaciones que nos lastiman cuando en la Palabra del Señor conseguimos tantas promesas tan hermosas que nos permiten tener gran gozo y paz en nuestros corazones.

Si nos ejercitamos cuando estamos en situaciones a vivir sus promesas podremos estar seguros que nuestro buen Señor se encargará de sanar toda herida y restaurar todas las cosas, la palabra nos enseña en el libro de Isaías, capítulo 26, versículo 3:

«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.»

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Aquí encontramos  otra Palabra poderosa para nuestras vidas, si decidimos cambiar nuestra manera de pensar, por la manera de pensar de Cristo nuestros días serán diferentes; no habrá afán, ni situación adversa que nos saque del propósito del Señor.

¿Cómo podemos cultivar nuestros pensamientos en Cristo? La Palabra nos enseña en el libro de Filipenses, capítulo 4, versículo 8:

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»

Los versículos de sanidad para guardar nuestros pensamientos

Aquí encontramos una perla preciosa, nos enseña el Apóstol cómo debemos guardar nuestros pensamientos en el Señor, todo lo bueno, honesto, puro, justo; cuando te sientas tentado en pensar en las situaciones que te afligen piensa en todas las cosas tan maravillosas que ha hecho el Señor por Ti, agradece, los cristianos debemos cultivar el agradecimiento, entrar su  presencia con acciones de gracias como decía el salmista David, en el Salmos 100, versículo 4:

«Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.»

Alabemos su nombre porque Él es bueno y nos hace libres de toda aflicción cuando le buscamos, cuando clamamos a Él, Ejercitemosno en memorizar y poner en práctica los versículos de sanidad, nuestro Padre no está de espalda cuando sufrimos por alguna circunstancias, Él está allí y sólo espera que le demos su lugar para sanar nuestras heridas.

El caminar con Cristo no nos hace exentos de ser lastimados, nuestro Señor es nuestro ejemplo, Él sufrió el desprecio, la negación, la burla, el engaño, la traición.

La palabra nos enseña que también transitaríamos por el sufrimiento, pero nos da versículos hermosos a los cuales debemos aferrarnos en los momentos más difíciles, nuestro Padre eterno es fiel y no nos dejará solos, de eso podemos estar completamente seguros.

Los hombres que caminaron con el Señor nos dejaron también ejemplos dignos de ser tomados en cuenta, no es que no vendrán tiempos que nos aflijan, o personajes que nos lastimen, lo importante es la actitud con la que lo asumimos y la madurez con la que vamos a la presencia del Eterno y dejamos que sea Él el que tome todo el control.

Vivimos tiempos muy difíciles, donde el amor de muchos se ha enfriado, así como el Señor lo dijo en su Palabra, cuando nos hablaba de las señales que se presentarían antes del fin. Cada quien busca lo suyo, las personas andan tras sus propios intereses. El egoísmo reina en los corazones, los celos, la envidia, el engaño, la traición, la mentira, y todas estas son cosas a las que tenemos que hacer frente día a día.

Es aquí cuando debemos tomar nuestro papel como creyentes verdaderos. Tenemos el reto de mostrar que hemos creído en un Dios Poderoso y hacer frente, sin miedo, temor, sin intimidación a lo que se nos presente, porque de ello también hemos sido libres. Tomemos el escudo de la fe y recordemos sus poderosas y eternas promesas; vivamos los versículos de sanidad. Ya el Señor los había dicho, en el libro de Juan, capítulo 16, versículo 33:

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Luego de haberte ofrecido estas reflexiones sobre los versículos de sanidad esperamos que nos leas en una próxima entrega.

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