Tras varios meses de pruebas intensas y una cadena de tropiezos, SpaceX ha completado el décimo vuelo de prueba de Starship con un amerizaje en el océano Índico, un paso que refuerza el avance del programa hacia la reutilización total de su sistema de lanzamiento.
El megacohete, compuesto por el propulsor Super Heavy y la nave Starship, persigue abaratar costes y aumentar la cadencia de misiones; el objetivo a medio plazo es servir tanto a la exploración lunar de la NASA como a futuras expediciones interplanetarias, mientras se perfecciona la filosofía de iteración rápida que caracteriza a la compañía.
Cronología del despegue y amerizaje

En torno a los siete minutos de vuelo se confirmó la separación nominal entre Super Heavy y la nave; el propulsor inició un descenso controlado hacia el Golfo de México, tal y como estaba previsto por la misión, sin que la empresa detallase inmediatamente su estado final.
La etapa superior prosiguió su trayectoria, completó su perfil suborbital y, unos 45 minutos tras el despegue, comenzó la reentrada sobre el Índico a velocidad subsónica, culminando con un amerizaje estable en el segmento designado del océano.
La duración total de la prueba se extendió algo más de una hora, con hitos encadenados que fueron jalonando la transmisión en vivo; dentro de SpaceX, los marcadores clave se celebraron conforme se verificaban los puntos de la hoja de ruta.
Objetivos de la prueba y hitos técnicos
Además de la secuencia de ascenso y separación, la compañía ejecutó dos ensayos críticos que se habían resistido en campañas anteriores: el despliegue de cargas ficticias a través de un portón lateral y el reencendido de un motor en el espacio para validar maniobras futuras.
SpaceX probó la apertura de la compuerta de carga y la expulsión de varios simuladores de satélites, un paso encaminado a demostrar la capacidad de servicio orbital de la nave en un escenario operativo realista.
El reencendido en microgravedad, que solo se había logrado puntualmente en el pasado, se completó de nuevo, consolidándose como un requisito esencial para ajustes de trayectoria, salidas de órbita y perfiles de retorno más precisos.
De forma deliberada, la nave voló con un número reducido de losetas térmicas para evaluar zonas sensibles del escudo durante la reentrada; pese a daños visibles en el faldón, la integridad global permitió llegar al amerizaje tal y como marcaba el plan.
En paralelo, el equipo sometió al propulsor a maniobras de descenso exigentes con la idea de recabar datos en condiciones límite, información que alimentará los modelos de diseño de futuras versiones del sistema.
Lecciones del Vuelo 9 y cambios aprobados por la FAA

La compañía llegó a este ensayo tras investigar el incidente del Vuelo 9, ocurrido el 27 de mayo, cuando fugas en el sistema de presurización comprometieron el control de actitud y precipitaron la pérdida de la nave durante la reentrada sobre el Índico.
Como respuesta, SpaceX implementó ajustes en la presurización y en componentes como el difusor de combustible, además de reforzar protocolos de inspección y validación, con el objetivo de atajar las causas raíz detectadas en los análisis internos.
La Administración Federal de Aviación (FAA) cerró su investigación sin reportes de daños a la población o a la propiedad pública y autorizó el nuevo intento, en línea con su mandato de certificar que las operaciones no supongan riesgos indebidos fuera del perímetro de pruebas.
En el horizonte cercano, SpaceX prevé dos vuelos adicionales con la generación actual para ampliar el rango de capacidades antes de dar el salto a una versión más capaz; estas metas encajan con los plazos de Artemis, donde Starship está llamada a ejercer como módulo de alunizaje.
Entre aplazamientos y contratiempos, el sistema va madurando y empieza a encadenar objetivos que acercan la reutilización total; queda camino por recorrer, pero los datos de hoy anclan la hoja de ruta de SpaceX para las próximas campañas.
