Serpientes invasoras ocupan el 90% de Ibiza y ponen al borde del abismo a la lagartija pitiusa

  • La culebra de herradura, especie invasora, ocupa ya alrededor del 90% de Ibiza y avanza hacia los islotes cercanos.
  • Las lagartijas pitiusas han desaparecido en al menos una decena de islotes y su población se ha desplomado en la isla principal.
  • Las serpientes son capaces de nadar entre islas, un comportamiento casi inédito, y generan impactos ecológicos en cascada.
  • Investigadores y administraciones trabajan con trampas y programas de cría en cautividad para intentar salvar la especie.

Serpientes invasoras en Ibiza

La expansión fulgurante de una serpiente invasora en Ibiza ha encendido todas las alarmas científicas y ambientales en Baleares. La culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis), llegada por accidente hace apenas dos décadas, ocupa ya casi toda la isla y está empujando a la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis) hacia un escenario de desaparición local.

Lejos de quedarse limitada a la isla principal, esta serpiente ha demostrado que puede cruzar el mar a nado y colonizar islotes cercanos, donde sobreviven poblaciones de lagartijas con coloraciones únicas. Los últimos datos de campo del CREAF y de otros organismos implicados sitúan la ocupación de la culebra por encima del 90% del territorio ibicenco, con efectos en cadena sobre todo el ecosistema.

Una invasora que coloniza casi toda Ibiza en tiempo récord

Serpiente invasora en Ibiza

La culebra de herradura es una especie propia de la Península Ibérica y del norte de África que no formaba parte de la fauna original de las Pitiusas. Según las investigaciones lideradas por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), su llegada a Ibiza se produjo de forma accidental, oculta en troncos de olivos ornamentales importados desde la península a principios del siglo XXI.

En un primer momento, la serpiente se localizaba solo en áreas muy concretas de la isla. Sin embargo, entre 2010 y 2015 el proceso dio un giro: comenzó una fase de expansión rápida que los científicos describen como «imparable». Las estimaciones apuntan a que, en torno a 2010, ocupaba menos del 5% de Ibiza; hacia 2016 ya rondaba el 40% y, para 2025, había superado el 90% del territorio.

Los investigadores comparan esta invasión con un frente de incendio que avanza a medida que se agota la comida disponible. Cuando la serpiente entra en una nueva zona, puede tardar menos de tres años en eliminar prácticamente todas las lagartijas locales. La ausencia de depredadores naturales y la abundancia de presas explican buena parte de este éxito invasor.

Las condiciones de alimento son tan favorables que en Baleares se han capturado ejemplares de hasta dos metros de longitud, tamaños que duplican con creces los registrados en muchas poblaciones de la península. Este crecimiento extraordinario refuerza su papel como superdepredador en un entorno que no estaba preparado para su presencia.

La lagartija pitiusa, un tesoro único al borde del precipicio

Lagartija pitiusa amenazada por serpientes invasoras

La víctima principal de esta invasión es la lagartija de las Pitiusas, una especie endémica que solo se encuentra en Ibiza, Formentera y decenas de islotes que rodean ambas islas. Durante miles de años de aislamiento, estas poblaciones han desarrollado coloraciones y formas propias, hasta el punto de que se han descrito unas cuarenta subpoblaciones o variantes locales.

Estos reptiles muestran una variedad de colores excepcional a escala mundial, con individuos verdes, marrones, grises, azulados o casi negros, según el islote y el tipo de hábitat. Cada pequeña isla alberga combinaciones únicas fruto del aislamiento genético y la adaptación a microambientes muy concretos, algo que ha despertado un enorme interés científico internacional.

Pero el valor de la lagartija pitiusa no es solo estético ni académico. Desde el punto de vista ecológico, su papel en los ecosistemas pitiusos es clave: ayuda a polinizar flores, controla plagas al alimentarse de insectos y contribuye a dispersar semillas. La desaparición de estas poblaciones significa perder a la vez un patrimonio natural irrepetible y una pieza básica del engranaje ecológico de las islas.

El fuerte declive registrado durante los últimos veinte años ha llevado a que la lagartija pitiusa esté ya catalogada como especie «en peligro de extinción» por la UICN. Los trabajos del CREAF, con la participación del Consorcio de Recuperación de Fauna de las Illes Balears (COFIB), el Servicio de Agentes de Medio Ambiente, la Asociación Herpetológica Española y la Universidad de Granada, coinciden en que la presión de la culebra de herradura es el factor decisivo de este desplome.

Serpientes que nadan entre islotes: un comportamiento casi inédito

Serpiente nadando entre islotes de Ibiza

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la capacidad de la culebra de herradura para cruzar el mar a nado y colonizar islotes que, a priori, podían parecer a salvo. Al inicio de la investigación se pensaba que, si aparecían serpientes en estas pequeñas islas, serían fruto de traslados accidentales en embarcaciones o materiales transportados por humanos.

Sin embargo, a medida que el equipo fue reuniendo vídeos, fotografías y testimonios de pescadores y residentes que veían serpientes en mar abierto, el escenario cambió. La acumulación de pruebas llevó a la conclusión de que estos ofidios son capaces de nadar distancias considerables por sí mismos, algo muy poco documentado para esta especie y prácticamente inusual a escala global en cuanto a colonización activa de nuevos territorios.

El trabajo, publicado en la revista especializada Ecology, combina campañas de campo con trampas específicas para serpientes, comparaciones de censos antiguos y actuales de lagartijas, filmaciones, fotografías y observaciones verificadas por el equipo científico. Esta mezcla de métodos ha permitido seguir, casi paso a paso, el avance de la invasora desde la isla principal hacia los islotes.

Los investigadores describen que, en estos espacios tan reducidos, basta la llegada de unas pocas serpientes para provocar la desaparición total de la población de lagartijas en cuestión de meses. El tamaño pequeño de los islotes, unido a la falta de refugios suficientes y a la alta densidad inicial de lagartijas, facilita que la depredación tenga efectos inmediatos y devastadores.

Santa Eulària y otros islotes: de decenas de lagartijas a cero en pocos años

Uno de los casos más estudiados es el islote de Santa Eulària, donde el equipo de investigación ha podido documentar todo el proceso de invasión. En 2016, un censo realizado a lo largo de transectos —franjas fijas que se recorren repetidamente para contar animales— registró 72 lagartijas pitiusas. Eran todavía tiempos en los que la serpiente no se había asentado en la zona.

En una segunda prospección, ya en 2023, se repitieron los mismos recorridos para comparar los datos y el resultado fue drástico: solo se detectaron tres lagartijas en los mismos puntos analizados años antes. Paralelamente, entre 2023 y 2025 se instalaron doce trampas para capturar serpientes y se llegaron a atrapar 58 ejemplares de culebra de herradura en ese corto periodo.

El golpe definitivo se confirmó en 2025. En esa campaña de campo, no se observó ni una sola lagartija en los transectos de Santa Eulària, lo que llevó a los científicos a certificar la extinción local de la población. Algo similar se ha documentado en otros islotes como s’Ora y en, al menos, una decena de pequeñas islas repartidas alrededor de Ibiza y Formentera.

Los resultados indican que, una vez que la culebra consigue llegar al islote, el colapso de la población de lagartijas puede producirse en cuestión de meses. La depredación intensiva, unida a la imposibilidad de escapar a otros territorios, deja a estas subpoblaciones sin margen de recuperación natural.

Este patrón no solo afecta a Ibiza. En Formentera, donde la lagartija pitiusa también es nativa y presenta variaciones genéticas propias, ya se han detectado culebras de herradura. Dada la menor extensión de la isla, los expertos temen que una expansión rápida pueda desencadenar una situación similar a la de su vecina del norte en pocos años.

Impacto ecológico en cascada sobre las Pitiusas

La desaparición de la lagartija pitiusa no es el único problema. La culebra de herradura se alimenta también de ratones, murciélagos, aves pequeñas y musarañas, lo que amplifica sus efectos sobre la cadena trófica. Su presencia masiva altera el equilibrio de depredadores y presas, desplazando a otras especies que se quedan sin alimento suficiente.

La reducción de lagartijas implica que se dejan de realizar funciones ecológicas clave: baja la polinización de muchas flores silvestres y de algunos cultivos, se debilita el control natural de insectos que pueden convertirse en plagas y disminuye la dispersión de semillas, lo que afecta a la regeneración de la vegetación en distintos hábitats.

Ecologistas y científicos hablan de “efectos en cascada”, porque la presencia de la serpiente no solo afecta a la lagartija, sino a todo el ecosistema pitiuso. Con menos pequeños mamíferos y reptiles disponibles, otros depredadores, como ciertas aves, también pueden verse obligados a cambiar de dieta, desplazarse o reducir sus poblaciones.

Además, el hecho de que la culebra tenga tan pocos adversarios naturales en Ibiza y Formentera facilita que sus poblaciones se mantengan altas. En un entorno donde casi nada la depreda y donde la comida abundaba hasta hace pocos años, la especie ha encontrado un escenario ideal para su proliferación.

Respuesta institucional y científica: trampas, leyes y cría en cautividad

Ante esta situación, el Govern balear y distintas instituciones han puesto en marcha medidas de control y prevención en los últimos años. Una de las primeras líneas de actuación fue limitar la entrada de olivos ornamentales, algarrobos y encinas en determinados periodos del año, con el objetivo de evitar nuevas introducciones de serpientes ocultas en los cepellones o troncos.

Paralelamente, se han instalado trampas específicas para capturar culebras en distintos puntos de Ibiza y en los islotes más sensibles, sobre todo en áreas como el Parc Natural de ses Salines. En este espacio protegido, las autoridades han decidido mantener activas decenas de trampas durante todo el año, sin retirarlas en invierno, ante la magnitud del problema.

Los equipos de campo del Servicio de Protección de Especies y de los agentes de medio ambiente han prospectado islotes uno a uno para comprobar si la invasión ha llegado. En algunos casos, como Escull d’en Terra, se han capturado ejemplares de culebra de herradura, lo que ha obligado a reforzar la vigilancia y a colocar más dispositivos de captura también en zonas cercanas como el islote d’en Caragoler.

Al mismo tiempo, se han diseñado programas de salvaguarda de las lagartijas más amenazadas. En colaboración con el Zoo de Barcelona, se están trasladando ejemplares de algunas subpoblaciones críticas a centros de cría ex situ, donde se intenta mantener su linaje genético y reproducirlas en cautividad para, en un futuro, poder reforzar o recuperar poblaciones silvestres si las condiciones lo permiten.

Los científicos recuerdan que estas iniciativas de conservación compiten contra el reloj. El avance de las serpientes continúa y cada temporada que pasa puede suponer la desaparición irreversible de nuevas poblaciones locales de lagartija, con su carga genética y su singularidad evolutiva asociada.

La crisis desatada por la culebra de herradura en Ibiza y Formentera muestra hasta qué punto una introducción aparentemente accidental puede transformar por completo un ecosistema insular en pocas décadas. La ocupación de más del 90% de la isla por parte de esta serpiente, su capacidad insospechada de nadar hasta los islotes y el derrumbe de las poblaciones de lagartija pitiusa han encendido todas las alarmas científicas, obligando a combinar control de invasoras, cambios normativos y programas de cría en cautividad para intentar evitar que uno de los símbolos naturales de las Pitiusas desaparezca del medio silvestre.


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