En el siguiente artículo haremos un abordaje de la importancia que la Semana Santa tiene para el pueblo cristiano; te invitamos a conocer cómo conmemoramos el Sacrificio de Cruz de nuestro Maestro.

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Semana Santa

Entendemos como Semana Santa o también conocida como la Semana Mayor aquella que inicia una vez que finaliza el tiempo de la cuaresma, tiempo que comienza con el miércoles de cenizas y culmina cuando se da lugar al conocido viernes de conciliación, estos términos son utilizados mayormente por la iglesia católica, pero, ¿qué pensamos  los cristianos de este evento? ¿Creemos en la semana santa? ¿Hacemos celebración por ella?

En este artículo te invito a conocer el mayor sacrificio de amor que se ha hecho en todos los tiempos en este mundo, y sí, se trata del que hizo nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo, por tí, por mí, por la humanidad; así entonces comprenderemos el verdadaro siginificado de esta celebración dentro del pueblo de Dios.

En la Palabra del Señor se  nos narra de manera maravillosa e impresionante, este hermoso sacrificio de cruz, lo podemos leer en los cuatro evangelios, cada escritor desde su experiencia, con su forma personal, pero sin obviar detalle alguno de este evento.

Cuanta importancia tiene para nosotros como cristianos, como hijos del Dios Altísimo, el recordar este sacrificio inmerecido que hizo nuestro Amado, Señor y Salvador Jesucristo por todos nosotros, no merecíamos tanto amor y aún así nuestro gran Maestro, dejó su Trono para venir al mundo a darnos salvación.

Me gustaría hacer un abordaje de este evento tan transcendental para la humanidad tomando como referencia el Libro de Lucas, quien nos muestra la pasión de nuestro Señor Jesucristo de una manera banstante clara.

Desde el capítulo 19 del mencionado libro, versículo 28 en adelante, hasta el capítulo 24, encontramos eventos que están relacionados directamente con la Semana Santa.

En el texto al que hacemos referencia, podemos ver la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, evento que durante la Semana  Mayor se conoce como el «Domingo de Ramos,» la iglesia católica durante este día toman unas palmas y bendiciéndolas durante la misa las colocan en las puerta de sus casas como señal de triunfo, victoria, paz y vida eterna, según la fe que ellos profesan, y según las actividades eclesiásticas que planifican para estos días de celebración.

Juan 3:16

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Sin embargo, los cristianos, vamos más allá, consideramos que lo más trascendental en esta celebración es recodar el Sacrificio de Cruz de nuestro Señor Jesucristo y su resurrección, con la que proclamamos su regreso por nosotros, por su iglesia que salvó y compró a precio de Sangre Preciosa ¡Aleluya, servimos y honramos a un Cristo Vivo!

Por todo lo antes expuesto, queremos entonces, ubicar nuestra reflexión en el libro de Lucas, Capítulo 22, 23 24; intentaremos recoger detalles que permitan encontrar las verdades, en relación al texto que aquí desarrollamos.

Lucas 22

En este hermoso pasaje encontramos que comienza a narrarse el complot de los principales sacerdotes y escribas para matar a nuestro Señor.

Durante largo tiempo buscaban la manera de prenderle, cuando estudiamos las Escrituras nos damos cuenta que el Ministerio que nuestro Padre desarrollaba en la tierra les generaba incomodidad, era tanto el poder de lo que nuestro Maestro enseñaba y transmitía que ellos no lo podían tolerar, ¡claro! no era posible, pues el norte de ellos era crucificar al Señor porque así ya estaba escrito.

Encontramos también en este hermoso capítulo que nuestro Señor da a sus discípulos las instrucciones acerca de su Santa Cena y lo que la misma representaría para ellos y para nosotros, nuestro Amado nos instruye a través de este ejemplo que Él sería el cuerpo que iba a ser entregado por nosotros, para darnos salvación y vida eterna. Si deseas descubrir los símbolos que se encierran en la Cena del Señor te invito a que leas el siguiente artículo titulado Santa Cena Evangélica

No los deja ver claramente en el capítulo 22, versículo 19 – 20:

«Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.»

Relacionando este texto con la forma en lo narra Mateo, podemos encontrar de manera clara cómo el Señor explica que su cuerpo sería entregado para remisión de nuestros pecados.

Leamos Mateo, capítulo 26, versículos 26-28:

«Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.»

Nuestro Señor presenta de manera muy clara que su sacrificio sería para darnos salvación.

Más adelante, en el mismo capítulo 22, encontramos que el Señor enseña a los discípulos acerca del servicio y su grandeza, y nos da su ejemplo como servidor, Él había venido al mundo a servir, a entregar su vida por la salvación de humanidad, centro y palabra clave en la conmemoración de la Semana Santa para la iglesia cristiana.

El Señor hace referencia a sus discípulos que debían apercibirse, haciendo referencia que era necesario que se cumpliera lo que acerca Él estaba escrito, Él debía morir por el mundo entero, para darnos salvación.

Aquí encontramos un episodio maravilloso, y es cuando nuestro Señor va al Getsemanía a orar, nuestro Rey necesitaba la fortaleza del Padre para lo que iba a afrontar ¡Señor hagáse tu voluntad! Lucas capítulo 22, versículo 42. Que ejemplo tan hermoso de sumisión nos deja el maestro, por eso cuando, hablamos de recordar la Semana Santa, Él nuestro Rey, con su ejemplo, con su sacrificio, con su amor es nuestro Centro.

Nos encontramos aquí entonces con su arresto, la hora había llegado y nuestro Señor fue entregado, escarnecido, azotado y aún negado por su discípulo amado Pedro.

Avanzamos así un poco más.

Lucas 23

Aquí está nuestro maestro es presentado ante las autoridades, con una cantidad de acusaciones en su contra que le dieron como conclusión una sentencia de muerte, imaginemos por un momento a nuestro Señor, Él no merecía estar en ese lugar, era acusado injustamente, Él era inocente, toda esa culpa era nuestra ,era tuya, mía, de la humanidad.

Aún así nuestro Señor cargó con esa culpa en silencio, ni una palabra salió de su boca para defenderse, Él estaba cumpliendo el propósito del Padre por amor, para darnos salvación.

«Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.»

Isaías 53:7

En este capítulo Lucas nos narra su muerte, como fue humillado, golpeado, lacerado, herido, y aún si, sus palabras de amor eran en su boca, leamos Lucas, capítulo 22, versículo 34, en su primera parte:

«Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

Este sacrificio, del que hacemos memoria en Semana Santa, es el acto de amor más hermoso y grande que alguien haya hecho jamás, tal como lo mencioné líneas anteriores, ni tú, amigo o hermano que me lees, ni yo, pudiésemos jamás mostrar un acto de amor tan grande como el del maestro, no nos es posible, fue un acto Suyo, único del Padre a quién rendimos todo el Honor porque lo merece.

Ahora bien, una vez que nuestro maestro es crucificado y muerto, en el mismo  capítulo se narra su sepultura, José de Arimatea, fue a Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, que no había sido utilizado antes para colocar a nadie. Las mujeres que les habían acompañado desde Galilea fueron y vieron dónde se había colocado el cuerpo.

Consumado era, ahí estaba nuestro Señor muerto por nuestros pecados.

Lucas 24

¡Oh Cuán hermoso pasaje nos encontramos aquí! Nuestras esperanza, la Resurrección de nuestro Maestro.¡Aleluya! Aquí el centro de nuestra fiesta en la Semana Santa, nuestra Pascua de Resurrección. Que Grande es Jesús, que Grande es nuestro Rey.

Nos narra el autor que por la mañana, el primer día de la semana vinieron al sepulcro las mujeres con las especies aromáticas que habían preparado y se encontraron con la sorpresa. la piedra del sepulcro había sido removida y al entrar no estaba el cuerpo de nuestro Señor, Él había resucitado tal cual como se los había dicho.

En medio de su asombro se les colocaron al lado dos ángeles y les preguntaron por qué razón buscaban entre los muertos al que vivía. Él no estaba ahí, Él había resucitado, y de esa manera les recordaron que el Señor les había dicho que sería entregado y muerto pero que Él resucitaría, y ellas entendieron que Jesús les había dicho esas palabras, y regresando al sepulcro les dieron a las once las buenas noticias que el Señor vivía, ellos no creían a sus palabras por lo que Pedro corrió al sepulcro a corroborar que lo que las mujeres decían era cierto.

Luego dos de ellos tienen un experiencia maravillosa en el camino a Emaús porque se les aparece el mismo Señor.

Discutían entre ellos acerca de todas las cosas que habían pasado, el Señor les pregunta que por qué estaban tristes, a lo que ellos sin entender, le dieron respuesta sin saber que hablaban con el Maestro, intentaron explicarle lo que había lo que había sucedido con Él mismo y le invitaron a que se quedara con ellos esa noche.

El entendimiento de estos hombres estaban todavía segado, ellos no comprendían la magnitud de lo que habían vivido y de lo que estaba sucediendo, el Rey, era Él, era Jesús vivo entre ellos.

La muerte del maestro había sido un duro golpe para ellos, aún cuando Él les había profetizado su resurrección ellos no habían comprendido totalmente la verdad de que el maestro no sólo moriría, sino que también resucitaría, quizá ellos pensaban que después de Su muerte el maestro vendría de manera gloriosa, pero no consideraban una resurrección literal, en cuerpo, así como había sido muerto; sin embargo, aunque en este pasaje Él no reveló abiertamente su identidad hizo que sus corazones ardieran, pues no podía ser de otra forma, Él era el Señor.

Luego de esta eventualidad cerramos este maravilloso capítulo  con su aparición al resto de los discípulos, al verle, ellos creían que era un espíritu, pero Él se encargó de revelarse tal y como era, un Cristo resucitado en carne y hueso, les explicó que todo lo que había acontecido era lo que Él ya les había dicho antes que sucedería, sería muerto pero con su resurrección volvería a la vida, vida que nos dio con este hermoso sacrificio de amor.

El Maestro les abre el entendimiento les deja así la promesa del Espíritu Santo, sacándolos hasta Betania y ascendiendo al cielo ante los ojos de ellos.

Significado de la Semana Santa a la luz de las Escrituras

Una vez que hemos realizado este recorrido por el libro de Lucas, podemos entonces comprender a la luz de la Palabra por qué el centro de nuestra celebración en la Semana Santa es el poder recordar que nuestro Señor no sólo murió, sino que también resucitó para darnos vida y vida en abundancia, como expresa claramente en el libro de Juan, capítulo 10, versículo 10 en su segunda parte:

«El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.»

Recordar el sacrificio de nuestro Señor nos hace reflexionar acerca de nuestra gratitud hacia Él, y nos cuestionamos sí damos al Padre aunque sea tan sólo un poco de lo mucho que merece por haberse entregado por nosotros.

Por eso como cristianos, sí, le conmemoramos en la Semana Santa, haciendo el centro de nuestra celebración su resurrección, que nos hace aguardar la esperanza de su regreso, esperanza que nos hace mantenernos aferrados a nuestro Padre como Moisés, como viendo al Invisible. Nuestra fe en esa resurrección, que así como nuestro Señor resucitó nosotros también resucitaremos con Él. Así como lo  deja ver de manera muy clara el libro de 1 de Corintios, capítulo 15, versículo 12 – 21:

«12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.

14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.

16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;

17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.

19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.»

Te invitamos a ver este material audiovisual que presenta en un corto mensaje la esperanza de la resurrección.

Cristo es nuestra esperanza y no sólo nuestra, sino también de los que han dormido en Él, la Palabra es clara, además de ser maravillosa, ella, por sí misma, nos revela el verdadero significado e importancia de la Semana Santa. Como fieles creyentes del Señor y de su palabra, estamos firmemente convencidos que más que celebrar una Semana Mayor, el mundo necesita conocer de verdad al Cristo que murió y resucitó y no dedicarle sólo una semana, sino una vida Santa.

Es allí donde los cristianos reflexionamos y sí, le conmemoramos en el domingo de resurrección, pero más allá de ello, deseamos brindarle al Señor, en agradecimiento por tanto, una vida santa y agradable, una vida, que le honre, una vida que de testimonio de que Él vive y reina para siempre.

Deseamos dar a conocer que el sacrificio de nuestro Señor fue tan impactante para la humanidad que por la sangre derramada no sólo somos salvos, sino también libres, sanos, consolados, restaurados, fortalecidos, sustentados, es de tal magnitud lo que nuestro Amado hizo por nosotros, que no nos alcanza la vida para agradecerle tanto.

Es este el verdadero significado que anhelamos que el mundo conozca, el sacrificio de Cristo fue de una vez y para siempre, no hace falta más sacrificio humano, lo que hace falta es una humanidad que le reconozca como Señor y Salvador y anhele de corazón servirle al que lo dio todo por ella.

Dando a conocer al Cristo resucitado

La iglesia creyente del Señor aprovecha los días de la Semana Santa para realizar actividades evangelísticas.

Que maravilloso es poder dar a conocer el mensaje de salvación a las personas que no conocen de Jesús, muchos buscan en los días de la Semana Santa acercarse a Dios a través de ritos y promesas, pero el sacrificio de nuestro Señor fue suficiente y los único que espera de nosotros, es como mencioné, en líneas anteriores que no esperemos una semana para honrarle, sino que pueda ser Él el norte, en todo momento de nuestras vidas.

El Señor fue claro cuando nos instruyó en la verdad del evangelio y en la Palabra que se debía predicar,  la Semana Santa es un tiempo oportuno para dar a conocer el mensaje de Salvación, y es precisamente donde, como cristianos hacemos énfasis, el poder preparar eventos que nos permitan dar a conocer a nuestro Señor nos permite cumplir la Gran Comisión que Él nos encomendó, como lo dice el libro de Mateo, capítulo 28, versículo 19 -20

 

«19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»

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El deseo del corazón del padre es que todos los hombre le conozcan y puedan proceder al arrepentimiento, así lo establece en la Palabra en el libro  de 2 Pedro,  capítulo 3, versículo 9:

«El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.»

Es por ello que en días de celebración como la Semana Santa activamos nuestro trabajo para que la humanidad pueda conocer que el Cristo, al que busca, no está muerto, ha resucitado, Él vive.

Semana Santa tiempo de recogimiento espiritual

¿A qué nos referimos cuando hablamos de recogimiento espiritual?

Así como hay unas personas que buscan al Señor en estos días de manera equivocada, hay un grupo que toma los días de la Semana Santa de vacaciones, acciones que son irónicas y que no van de la mano con la fe que dicen profesar.

Si bien es cierto que son días libres, también es cierto, como lo dice su nombre que es una semana de recogimiento, recogimiento espiritual, tiempo para encontrarse con el Señor.

Como iglesia de Cristo nos deleitamos  no sólo en predicar su Palabra para que el mundo le conozca, sino también en poder tomar ese tiempo para orar, estudiar las escrituras, meditar, agradecer al Señor por tan preciosas bendiciones que día a día nos otorga.

Recordamos que tan Grande sacrificio es digno de ser agradecido, no lo merecíamos y aún así, nuestro Señor por su gracia nos hizo salvos, tal y como lo revela en su Palabra en el libro de Efesios, capítulo 2, versículos 8 – 9:

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.»

Debemos aprovechar este maravilloso tiempo para acercarnos a nuestro Rey y Señor, a nuestro Amado, a nuestro Gran Yo Soy, Jesús de Nazareth. Recordar todo lo que nuestro Señor sufrió y con gratitud y humildad entregarle nuestras vidas como ofrendas.

Que maravilloso sería que la humanidad vea a ese Cristo vivo que le ofrece salvación, que hermoso sería que el hombre pueda tomar la decisión de seguirla, de aceptar su sacrificio de Cruz, no lo merecíamos y Él lo hizo por amor; que hermoso y cuánto gozo nos daría que el hombre pudiese ejercitarse  en la vida espiritual que nos acerca al Padre y cada día poder tomar la decisión de no sólo vivir y celebrar una Semana Santa, sino también una Vida Santa.

Es tiempo, en nuestro Señor siempre tenemos tiempo, tiempo de aprender, de corregir, de asumir el conocimiento que nos hace mejores personas, y a los que amamos a Dios, el conocimiento que nos hace mejores creyentes.

Celebremos con gran gozo, ¡Nuestro Señor ha resucitado, Él vive, Jesús vive y vuelve por nosotros, su iglesia Santa! Aleluya.

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