La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que tiene lugar cada año entre el 18 y el 25 de enero, ha vuelto a llenar templos, parroquias y comunidades de toda España con celebraciones, vigilias y encuentros entre distintas confesiones. Bajo el lema común, propuesto a nivel internacional, las diócesis han articulado un amplio programa para rezar juntas y visibilizar el compromiso con la búsqueda de la unidad entre los creyentes en Cristo.
Durante estos días, se han sucedido oraciones ecuménicas, rutas simbólicas, conferencias y celebraciones presididas por obispos y arzobispos, en las que han participado fieles católicos, ortodoxos, anglicanos, evangélicos y comunidades de tradición protestante. Más allá de las diferencias doctrinales o litúrgicas, el acento se ha puesto en la fraternidad, la escucha mutua y la colaboración concreta en un contexto social marcado por la polarización.
Un solo Espíritu, una sola esperanza: el lema y su trasfondo bíblico
El lema de esta edición, «Un solo Espíritu, una sola esperanza», entronca con la conocida exhortación de la carta a los Efesios: «Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como habéis sido llamados a una sola esperanza» (Ef 4,4). Esta fórmula, que ha resonado en homilías y oraciones, subraya que, pese a la diversidad de tradiciones, los cristianos comparten una misma fe básica en Jesucristo y son convocados a un mismo horizonte de salvación.
En el ámbito español, voces como la de Miguel Ángel Esnaola, delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la diócesis de Bilbao, han explicado que San Pablo recurre a la imagen del cuerpo para expresar una unidad hecha de miembros distintos, pero complementarios. Desde esta perspectiva, la semana quiere ayudar a tomar conciencia de que la división no es la situación normal de la Iglesia, sino una herida histórica que exige conversión, paciencia y trabajo conjunto.
Junto a esta base bíblica, se ha recordado con frecuencia que la unidad de los cristianos es ante todo una llamada espiritual y una vocación, no sólo un proyecto organizativo. Predicadores de diferentes tradiciones han insistido en que esta unidad se implora al Espíritu Santo y se recibe como don, aunque requiera ser concretada en iniciativas, gestos y procesos muy concretos.

La aportación de la Iglesia Apostólica Armenia y el “ecumenismo de la sangre”
Los materiales oficiales que se han utilizado este año en parroquias y comunidades de todo el mundo han sido preparados por la Iglesia Apostólica Armenia, en colaboración con el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias. Equipos formados por fieles armenios, junto con católicos y evangélicos, han elaborado las oraciones, reflexiones bíblicas y esquemas de celebración.
Esta elección no es casual. Armenia fue uno de los primeros pueblos en asumir públicamente el cristianismo como elemento definitorio de su identidad, y su historia está marcada por numerosos periodos de persecución. Por ello, distintos responsables ecuménicos han descrito a la Iglesia armenia como una auténtica “Iglesia martirial”, en la que la fidelidad al Evangelio ha costado, en no pocas ocasiones, la vida.
En ese contexto se ha utilizado con fuerza la expresión “ecumenismo de la sangre”: cristianos de procedencias eclesiales distintas que, en muchos lugares del mundo, sufren juntos discriminación, violencia o restricciones a su libertad religiosa. Se calcula que cientos de millones de creyentes ven vulnerados sus derechos fundamentales por causa de su fe, lo que recuerda que el testimonio común de los mártires anticipa una unidad más profunda que la meramente jurídica.
Este enfoque ha permeado varias celebraciones en España, donde se ha invitado a rezar por quienes hoy siguen padeciendo persecución, a menudo lejos de Europa. Al mismo tiempo, se ha subrayado que el sufrimiento compartido interpela a las iglesias históricas a no resignarse a la división, sino a avanzar en caminos concretos de reconciliación.
Valencia: octavario intenso y clausura en la Basílica de los Dominicos
En la diócesis de Valencia, la Semana de Oración se ha vivido con un calendario especialmente variado, que ha combinado celebraciones litúrgicas, conferencias, conciertos y actos simbólicos repartidos por distintos puntos de la provincia. La organización ha corrido a cargo del Centro Ecuménico Interconfesional de Valencia, en colaboración con el Oratori de Sant Felip Neri, la Asociación Ecuménica Internacional y la Delegación de Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso del Arzobispado.
El programa incluyó, entre otras actividades, una ruta ecuménica que recorrió iglesias y espacios de tradición protestante, así como el oficio «Lux in via» en el convento de las Clarisas Capuchinas. Además, se celebraron encuentros en parroquias como Nuestra Señora del Pilar, Santa Mónica o San Pedro Pascual, así como una misa según el rito anglicano en la Iglesia Española Reformada Episcopal al inicio del octavario.
Uno de los momentos más significativos fue la oración ecuménica preparada por grupos que trabajan con personas con discapacidad intelectual, organizada en una iglesia evangélica bautista. Allí, chicos y chicas de comunidades católicas Fe y Luz y de la comunidad bautista “Més Vida” representaron la parábola del Buen Samaritano y proclamaron las lecturas del día, mostrando con naturalidad que «de los sencillos es el Reino» y que la inclusión también es un signo de unidad.
La clausura diocesana tuvo lugar el 25 de enero en la Basílica de los Padres Dominicos, en una celebración presidida por el arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent. Ese mismo día, por la mañana, se celebró una misa en rito bizantino en la parroquia de los santos apóstoles Pedro y Pablo, perteneciente a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania (Patriarcado de Constantinopla), poniendo de relieve el carácter verdaderamente interconfesional del programa.
Bilbao: jóvenes, reflexión teológica y celebración en la Catedral de Santiago
En la diócesis de Bilbao, la Semana de Oración ha tenido como punto neurálgico la celebración ecuménica en la Catedral de Santiago, el domingo 25 de enero a última hora de la tarde, presidida por el obispo Joseba Segura. Fieles de diversas iglesias se reunieron para rezar, escuchar la Palabra y compartir cantos en clave de unidad.
En los días previos, jóvenes de distintas confesiones se han encontrado para reflexionar juntos sobre el lema y preparar su participación en la celebración principal. La idea de que «no podemos acostumbrarnos a vivir divididos», subrayada por el propio Esnaola, ha marcado las reuniones formativas y los espacios de intercambio, con el objetivo de que las nuevas generaciones asuman la unidad como algo propio.
El delegado de Ecumenismo, Miguel Ángel Esnaola, ha insistido en entrevistas en la necesidad de «no resignarse a la separación» y de escuchar la llamada de Jesús a ser uno, como Él y el Padre son uno. Según ha explicado, el lema tomado de Efesios invita a pasar de una convivencia meramente cordial a una colaboración más estrecha y visible entre las iglesias, especialmente en la defensa de la dignidad humana y en la atención a los más vulnerables.
También el obispo Joseba Segura ha abordado públicamente el sentido de esta semana, recordando que la oración compartida no borra las diferencias, pero ayuda a mirarlas desde la fe y no desde la confrontación. La celebración anual en la catedral, donde comunidades diversas rezan codo con codo, se presenta como un signo concreto de reconciliación y de convivencia pacífica en la vida cotidiana de la diócesis.
Castellón: oración en Torreblanca y clausura en la parroquia ortodoxa
La diócesis de Segorbe-Castellón también se ha sumado, con especial relieve, a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Uno de los actos más señalados fue la oración ecuménica celebrada en la parroquia de Torreblanca, donde se dieron cita fieles de las comunidades católica y ortodoxa en un ambiente de fraternidad y cercanía.
Durante la celebración se puso el acento en el testimonio de los cristianos perseguidos en distintos lugares del mundo, subrayando que su sufrimiento común interpela a todas las Iglesias. Las reflexiones se centraron en cómo el rechazo a la novedad del Evangelio, tanto en el ámbito personal como en el social y político, sigue generando incomprensión y, en ocasiones, verdadera persecución contra quienes se identifican como seguidores de Cristo.
La oración concluyó con una cena fraterna, que permitió prolongar la convivencia y el diálogo informal entre las distintas confesiones. Gestos sencillos como compartir la mesa se han interpretado como un modo concreto de derribar prejuicios y fortalecer la amistad entre comunidades que, durante décadas, apenas se habían relacionado.
La clausura diocesana está prevista en la parroquia ortodoxa de Castellón, en la calle San Roque, con una celebración ecuménica presidida por el obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente. La cita, programada para el domingo 25 de enero por la mañana, pone de relieve la voluntad de alternar los espacios de culto y reconocer la dignidad de cada tradición cristiana.
Burgos y Miranda de Ebro: ecumenismo práctico y oración compartida
En la provincia de Burgos, la Semana de Oración ha tenido dos hitos especialmente significativos en Burgos capital y en Miranda de Ebro. En la parroquia del Hermano San Rafael, en la capital, se celebró una oración ecuménica conjunta entre católicos, ortodoxos y evangélicos, siguiendo el esquema propuesto a nivel mundial por la Iglesia Apostólica Armenia, centrado en el simbolismo de la luz.
La celebración, presidida por el delegado diocesano de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, José Luis Cabria, contó con la participación de pastores y sacerdotes de las principales confesiones presentes en la ciudad. Cada uno de ellos ofreció una breve reflexión en torno al lema “un solo Espíritu, una sola esperanza”, se rezó el Padrenuestro, se proclamó el Credo niceno-constantinopolitano y se elevaron peticiones por la paz y la reconciliación.
Tras la oración, miembros de las distintas comunidades compartieron un encuentro de convivencia, lo que Cabria ha descrito como un ejemplo de “ecumenismo práctico”: conocerse, rezar juntos y estrechar lazos en la vida diaria. Esta dimensión, menos visible pero muy real, se considera esencial para que la unidad no se quede en declaraciones teóricas.
En Miranda de Ebro, más de un centenar de cristianos de diferentes denominaciones se reunieron en la iglesia evangélica «La Familia» para una celebración especialmente participada, en la que la música, la alabanza y la intercesión tuvieron un peso destacado. Alrededor del lema de Efesios se insistió en que todos comparten una misma misión: llevar unidos el amor de Dios a la realidad cotidiana, superando divisiones históricas.
Madrid: vigilia ecuménica en la Almudena y llamada a una unidad vocacional
En la capital, la Catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió la vigilia ecuménica de clausura de la Semana de Oración. La celebración, animada con cantos de Taizé, estuvo presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, y contó con representantes de diversas confesiones cristianas presentes en la diócesis.
En sus palabras de acogida, el cardenal presentó la catedral como una casa de todos, con las puertas abiertas, signo de una Iglesia llamada a ser espacio de fraternidad en torno a Jesucristo. Recordó además la reciente conmemoración de los 1.700 años del Concilio de Nicea y el Jubileo de la Esperanza, enlazando estos hitos con la actual búsqueda de la unidad.
La predicación corrió a cargo del reverendo Lars Pferdehirt, de la Iglesia Luterana alemana, quien recalcó que «la unidad de los cristianos es una vocación», algo que brota de la manera de vivir de Cristo y de la confianza en la acción de Dios. Subrayó la importancia de aprender unos de otros y de reconocer los dones de las demás Iglesias como un regalo para el conjunto del pueblo de Dios.
El cardenal Cobo, por su parte, advirtió de que la unidad no es un adorno opcional, sino que pertenece al corazón del Evangelio. En sus palabras, no se trata de un proyecto que pueda fabricarse a base de estrategias humanas, sino de una obra del Espíritu que los cristianos están llamados a acoger y a acompañar con paciencia, humildad y compromiso concreto con los más vulnerables.
Reflexión teológica, reforma del papado y horizonte ecuménico
Más allá de las celebraciones locales, la Semana de Oración también ha servido de marco para reabrir debates teológicos de fondo sobre la unidad de la Iglesia y, en particular, sobre el papel del papado en el diálogo ecuménico. Voces procedentes del ámbito académico y pastoral han recordado que el Concilio Vaticano II, aunque no dedicó un documento específico al ministerio petrino, sí esbozó una imagen de Iglesia más colegial y sinodal, que plantea nuevos interrogantes sobre cómo ejercer el primado de Roma.
En este contexto, se han recuperado intervenciones de papas como Pablo VI, que en los años sesenta reconocía que la figura del Papa podía ser percibida como un obstáculo para el ecumenismo, o de Juan Pablo II, que en la encíclica Ut unum sint invitó explícitamente a otras Iglesias a dialogar sobre las formas de ejercicio del primado «sin renunciar a lo esencial de su misión». Estas llamadas, aunque no han desembocado todavía en una reforma global, han sembrado el terreno para buscar modalidades más abiertas y participativas.
También el papa Francisco ha insistido en la necesidad de una «conversión del papado», como señalaba en la exhortación Evangelii gaudium, y ha promovido cambios en la estructura curial con la constitución Praedicate Evangelium. Teólogos de distintas sensibilidades han propuesto posibles pasos, que van desde reforzar los órganos colegiales hasta explorar fórmulas de descentralización inspiradas en los antiguos patriarcados, siempre con el objetivo de facilitar el reconocimiento mutuo entre las diversas tradiciones cristianas.
Estas reflexiones no forman parte del programa oficial de la Semana de Oración, pero encuentran en ella un contexto propicio para ser compartidas y debatidas. La convicción de fondo es que la unidad visible requiere tanto gestos de cercanía cotidiana como decisiones institucionales valientes, capaces de atender a las legítimas sensibilidades de las otras Iglesias.
Una llamada común: rezar, encontrarse y caminar juntos
Mirando el conjunto de lo vivido en España y en el ámbito europeo, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos deja la impresión de un proceso en marcha, con avances concretos pero también con desafíos pendientes. Las vigilias en grandes catedrales, las celebraciones en pequeñas parroquias, las rutas simbólicas y los encuentros juveniles muestran que existe un tejido ecuménico que, sin hacer ruido, va cuajando año tras año.
La insistencia en el lema «Un solo Espíritu, una sola esperanza» ha recordado que la unidad no depende sólo de acuerdos teológicos, sino de una actitud de confianza mutua y de apertura al Espíritu Santo. Mientras tanto, la memoria de los mártires y de los cristianos perseguidos sigue siendo un argumento contundente para no posponer indefinidamente los pasos que puedan darse hacia una mayor comunión.
En resumen, lo que se ha vivido en diócesis como Valencia, Bilbao, Segorbe-Castellón, Burgos, Miranda de Ebro o Madrid apunta en la misma dirección: rezar juntos, escucharse sin prejuicios y colaborar en el servicio al mundo son hoy por hoy los caminos más accesibles para avanzar hacia esa unidad anhelada que, según la fe de las Iglesias, no es sólo un deseo humano, sino un don de Dios que espera ser acogido.