La científica leonesa Sara García Alonso, referente de la biomedicina y del sector espacial europeo, ha regresado a las aulas donde se formó con una idea muy clara en mente: transformar su trayectoria investigadora en una misión más ambiciosa, llevar el conocimiento generado en los laboratorios españoles más allá de la órbita terrestre.
Durante una visita institucional a la Universidad de Salamanca, la investigadora ha explicado que su gran objetivo profesional ya no es solo llegar al espacio, sino hacerlo como científica en activo, integrando su trabajo biomédico en una futura misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) para posicionar la ciencia española en primera línea de la exploración espacial.
Un sueño declarado: llevar la ciencia española a una misión espacial
En sus intervenciones ante los medios y la comunidad universitaria, la astronauta en reserva no ha dejado lugar a dudas: su gran aspiración es participar en una misión orbital en la que pueda ejercer a la vez de investigadora y de astronauta. Según ha relatado, siente que aún tiene “muchísimos retos por delante”, pero que el más especial pasa por que los experimentos y proyectos desarrollados en España viajen con ella fuera del planeta.
Ese planteamiento encaja con su perfil dual: por un lado, doctora en Biología Molecular del Cáncer e Investigación Traslacional; por otro, integrante de la Reserva de Astronautas de la ESA. La científica quiere que esa combinación no se quede en el currículum, sino que se traduzca en una misión donde pueda poner a prueba en microgravedad la investigación biomédica que hoy se lleva a cabo en centros punteros nacionales.
García ha insistido en que su visita al Estudio salmantino busca también acercar al público cómo la ciencia y la tecnología impactan en la vida diaria, tanto desde la Tierra como desde el espacio. Para ella, los diferentes caminos que sigue una persona investigadora a lo largo de su carrera terminan convergiendo en un mismo punto: generar beneficios tangibles para la sociedad.
En este contexto, ha subrayado que, si en algún momento es asignada a una misión, sentirá que viaja representando no solo a la ESA, sino también a la investigación española, a las instituciones que la han apoyado y a todas las personas que han apostado por reforzar la presencia de Europa y de España en el ámbito espacial. Lo define como una “responsabilidad enorme” que asume con ilusión, pero también con respeto.
Regreso a Salamanca: orgullo de alma mater y ciencia de primer nivel
La jornada en Salamanca ha tenido una fuerte carga emocional. La investigadora ha regresado al campus donde cursó sus estudios superiores y defendió su tesis doctoral, un lugar que considera “su casa” y al que se muestra muy vinculada. El rector Juan Manuel Corchado y el vicerrector de Investigación, José Miguel Mateos Roco, la han acompañado en un recorrido institucional por los espacios más emblemáticos del Estudio.
Durante la mañana, la bióloga ha visitado la Biblioteca General Histórica, el conocido Cielo de Salamanca y el edificio Trilingüe de la Facultad de Ciencias. En este último, ha compartido impresiones con la comunidad universitaria y ha confesado su satisfacción por poder disfrutar de “un día muy especial” en el lugar donde cimentó su carrera como científica.
En sus declaraciones, García no ha escatimado elogios hacia la institución. Ha asegurado que la investigación que se realiza en la Universidad de Salamanca es “extraordinaria” y ha puesto el foco de manera particular en el papel del Centro de Investigación del Cáncer, cuyo trabajo califica de excepcional y clave para su desarrollo profesional.
Según ha explicado, la formación que recibió en la USAL le dio las herramientas necesarias para llegar lejos tanto en la biomedicina como en el sector espacial. Tras concluir su etapa predoctoral, se sintió plenamente preparada para dar el salto a proyectos de alto nivel, algo que hoy atribuye en gran medida a la calidad del profesorado y a la exigencia científica que vivió de primera mano.
Ese vínculo con Salamanca no es solo académico. La investigadora reconoce que la ciudad y su universidad han marcado su forma de entender la ciencia, como un trabajo riguroso pero también colaborativo y abierto al mundo, que ahora aspira a trasladar al entorno de las misiones de la ESA para visibilizar la aportación española en proyectos internacionales.
Conferencia, libro y divulgación: ciencia contada en primera persona
El regreso de Sara García al Estudio no se ha quedado en una simple visita institucional. La agenda incluye una conferencia abierta al público en el Paraninfo del Edificio de las Escuelas Mayores, organizada por Alumni-USAL, en la que la científica se ha propuesto desgranar cómo se realiza la investigación tanto en la Tierra como en el espacio.
La charla está programada a las 18:00 horas y se plantea como un encuentro con la sociedad salmantina en el que se abordarán, de forma cercana, temas como la trayectoria de las personas investigadoras, los caminos que pueden seguir dentro y fuera de los laboratorios y el impacto real de la ciencia en la vida cotidiana. La intención de la astronauta es mostrar que, detrás de cada avance, hay años de trabajo, cooperación internacional y mucha perseverancia.
Además de la conferencia, la jornada incluye una firma de ejemplares de su primer libro, “Órbitas”. En esta obra, García comparte vivencias personales, reflexiones sobre el oficio de investigar y su proceso de selección como astronauta de la ESA, ofreciendo una mirada interna a un mundo que a menudo se percibe como distante.
A través tanto del libro como de sus intervenciones públicas, la científica intenta acercar el día a día de los laboratorios y del entrenamiento espacial a todo tipo de público. Su objetivo es contribuir a que la ciudadanía comprenda mejor cómo se construye el conocimiento científico y por qué resulta tan relevante mantener una inversión estable en I+D+i, incluso cuando los resultados no son inmediatos.
Esta faceta divulgadora se ha convertido en una parte importante de su actividad. Más allá de hablar de su carrera, insiste en explicar por qué la ciencia es un pilar esencial para la salud, la economía y la respuesta global a los grandes desafíos, desde las enfermedades como el cáncer hasta el cambio climático o la exploración del espacio profundo.
De Salamanca al CNIO y a la ESA: la trayectoria de una pionera
El camino que ha llevado a Sara García a la Reserva de Astronautas de la ESA está fuertemente ligado a la investigación oncológica. En 2018 obtuvo su doctorado en Biología Molecular del Cáncer e Investigación Traslacional por la Universidad de Salamanca con la máxima calificación, y en 2019 recibió el premio extraordinario de doctorado, un reconocimiento a la calidad de su tesis.
Ese mismo año se incorporó al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde lidera proyectos avanzados centrados en la búsqueda de nuevos tratamientos frente al cáncer de pulmón y de páncreas. Su trabajo se enmarca en líneas de investigación punteras, que combinan biología molecular, nuevas terapias y enfoques traslacionales para acercar los hallazgos básicos a la práctica clínica.
En noviembre de 2022, su trayectoria dio un giro cuando la Agencia Espacial Europea la seleccionó como miembro de la Reserva de Astronautas, convirtiéndola en la primera mujer española en lograr este puesto. Desde entonces, compagina su responsabilidad en el CNIO con el exigente proceso de formación que conlleva estar preparada para una futura asignación a una misión.
La revista Forbes ha incluido a García en la lista de las 100 mujeres más influyentes de España durante tres años consecutivos, en reconocimiento a su doble perfil científico y espacial, así como a su labor de referencia para las nuevas generaciones. Este tipo de menciones, explica, no deja de sorprenderle, pero también las asume como una oportunidad para dar visibilidad al trabajo colectivo de los equipos de investigación.
En octubre de 2024 comenzó en el Centro Europeo de Astronautas (EAC), en Colonia (Alemania), el primero de los tres programas de formación de reserva, con módulos intensivos de dos meses de duración. Este entrenamiento abarca desde aspectos técnicos y operativos de las misiones hasta preparación física, supervivencia y trabajo en equipo, siempre con la mirada puesta en una posible participación en futuras expediciones orbitales.
Entrenamiento, responsabilidad y retos personales ante una futura misión
García no oculta que el proceso de preparación como astronauta en reserva es exigente. Los programas de la ESA combinan sesiones teóricas, prácticas en simuladores de viaje espacial, formación en seguridad y ejercicios físicos que buscan asegurar que, llegado el momento, cada integrante de la tripulación pueda responder a situaciones críticas en entornos extremos.
En distintas entrevistas, la científica ha reconocido que uno de sus mayores temores es no estar a la altura de las circunstancias en una misión real, una preocupación que considera lógica dado el nivel de responsabilidad que conlleva viajar al espacio representando a instituciones científicas, a un país y a la propia agencia espacial europea.
Aun así, afronta ese reto con una mezcla de prudencia y motivación. Sabe que el entrenamiento está diseñado precisamente para reducir al máximo los márgenes de error y que la clave pasa por la preparación constante, la coordinación con el resto del equipo y la capacidad de tomar decisiones rápidas basadas en la evidencia científica y en los protocolos establecidos.
La astronauta también subraya la dimensión simbólica de su posible viaje: si finalmente es asignada a una misión, será vista como una representante visible de la ciencia española y europea en uno de los escenarios más mediáticos, como la estación espacial internacional. Es consciente de que mucha gente seguirá sus pasos, especialmente jóvenes que ven en figuras como la suya una demostración de que es posible compatibilizar la investigación biomédica con la exploración espacial.
En este sentido, señala que uno de los aspectos más gratificantes de su experiencia hasta ahora es escuchar a chicas que le cuentan que, gracias a su ejemplo, se han animado a estudiar carreras científicas o a plantearse un cambio de rumbo profesional hacia sectores vinculados a la tecnología y al espacio.
Defensa de la ciencia frente a discursos simplistas y anticiencia
Más allá de su propia trayectoria, Sara García presta especial atención al contexto social en el que se desarrolla la investigación. En sus intervenciones ha advertido del peligro de determinados discursos que cuestionan la ciencia o que difunden mensajes simplistas sobre problemas complejos, especialmente cuando proceden de figuras con gran influencia pública.
A su juicio, la proliferación de planteamientos populistas que prometen “soluciones fáciles” sin respaldo en datos o en estudios rigurosos puede suponer un retroceso importante para el desarrollo de la humanidad. Recuerda que la ciencia no es un conjunto de recetas instantáneas, sino un proceso basado en la acumulación de conocimiento, la experimentación controlada y la revisión constante de resultados.
García insiste en que la ciencia es el sistema más fiable del que dispone la sociedad para tomar decisiones informadas, tanto en materia de salud como en políticas públicas, innovación o gestión de crisis globales. Dejarse llevar por mensajes que desacreditan este método, advierte, puede tener consecuencias graves a nivel social y económico.
También llama la atención sobre el hecho de que el fenómeno “anticiencia” no es exclusivo de un solo país, sino que se observa en distintos lugares del mundo, incluido el entorno europeo. Por eso, considera esencial reforzar la educación científica, la divulgación de calidad y la transparencia en la comunicación de la investigación, para construir confianza y combatir la desinformación.
En línea con esta visión, la astronauta recalca la importancia de mantener y aumentar la inversión en ciencia y en I+D+i. Sostiene que estos campos son la base del progreso de cualquier sociedad moderna, porque nutren a todos los sectores productivos y permiten afrontar con mayores garantías los desafíos de futuro, desde nuevas terapias médicas hasta la transición energética o la exploración del espacio.
Inspirar vocaciones: mensaje directo a niñas y jóvenes que sueñan con el espacio
Uno de los ejes más recurrentes en el discurso de Sara García es el impulso de las vocaciones científicas, muy especialmente entre niñas y jóvenes. Aprovecha cada acto público para lanzar un mensaje claro: no ponerse límites autoimpuestos, ignorar estereotipos y no dejar que la ausencia de referentes cercanos condicione sus decisiones.
La investigadora recuerda que no existen carreras “para hombres” o “para mujeres”, y que las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) necesitan diversidad de perfiles y miradas para seguir avanzando. Asegura que cualquier persona, con independencia de su género, puede orientarse hacia estos campos si cuenta con oportunidades, apoyo y una formación adecuada.
En su opinión, perseguir aquello que realmente motiva y hace feliz es una apuesta segura, aunque el camino sea exigente y esté lleno de retos. En el caso del espacio y de la investigación, reconoce que se requiere mucha dedicación, pero subraya que el esfuerzo merece la pena cuando se consigue contribuir, por pequeño que sea, a mejorar el conocimiento y el bienestar colectivo.
La científica destaca también el papel de las instituciones educativas y de iniciativas de divulgación en la reducción de la brecha de género. Programas específicos como juegos educativos para niños, mentorización y visibilización de modelos femeninos en ciencia y tecnología ayudan a que más chicas se planteen opciones profesionales que, hasta hace poco, parecían alejadas de su alcance.
Para García, cada conversación con estudiantes, cada charla en centros educativos y cada encuentro como el organizado en Salamanca son oportunidades para reforzar esta idea: el talento está repartido por igual, y lo que hace falta es que el sistema ofrezca vías para que ese talento pueda desarrollarse en igualdad de condiciones, tanto en laboratorios como en cabinas de mando de futuras misiones espaciales.
Todo este recorrido personal y profesional deja una imagen clara: la de una científica que combina el trabajo de laboratorio con el entrenamiento espacial, que reivindica la excelencia de la investigación española y que se toma muy en serio la responsabilidad de servir de referencia para nuevas generaciones. Su sueño declarado de llevar la ciencia nacional al espacio resume una ambición colectiva: que los conocimientos, proyectos y equipos que hoy trabajan en centros como la USAL o el CNIO crucen la frontera de la atmósfera y contribuyan, desde allí, a seguir ampliando lo que sabemos sobre la vida, la salud y el universo.