¿Qué es la santidad?: Para muchos este término solo lo relacionan con las personas que son moralmente buenas, más en el sentido bíblico representa una forma de vida. Porque este es el principal fruto que ha de ser manifestado en una vida transformada por Cristo Jesús.

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¿Qué es la santidad?

Un principio básico en la vida cristiana es que sin santidad nadie podrá ver al Señor Jesucristo, manifestado en cada cristiano que lleve la palabra del evangelio. Por tanto, la santidad es el primer fruto que debe producirse en un cristiano e hijo de Dios, a fin de poder ser verdadero testimonio de Cristo ante las demás personas.

¿Cómo puede un cristiano vivir en santidad? Jesucristo en su amor e infinita misericordia ha dado la instrucción concreta a esto, y es vivir una vida en obediencia a la palabra de Dios. En este punto es necesario que hagamos un alto y reflexionemos ¿estamos cumpliendo esta instrucción?, ¿estamos obedeciendo los mandatos de Dios?

Jesús, durante su ministerio en la tierra nos dejó un mensaje muy claro, y es que fuimos escogidos por él para llevar frutos, como está escrito en:

Juan 15:16 (RVC): -Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda.

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Además, dentro del pueblo de Dios, llevar una vida en santidad no es solo para unos cuantos elegidos. Vivir en santidad es una obligación según la voluntad de Dios por la cual fuimos llamados, a ser sus hijos:

1 Tesalonicenses 4:3 (RVA-2015): Porque esta es la voluntad de Dios, la santificación de ustedes: que se aparten de inmoralidad sexual;

Como cristianos, hemos sido llamados y escogidos por Dios con el principal propósito de manifestar a su Hijo, Jesucristo. De manera que debemos ser imitadores y seguidores de Cristo, para la gloria de Dios:

Juan 15:8 (RVC): En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos.

Significado bíblico de la palabra santidad

La palabra santidad encontrada en la Biblia es relativa a la palabra santos, que proviene del vocablo hebreo qadoš, traducida posteriormente al griego hagios y luego al latín sanctus. La raíz hebrea denota el significado de elegido, diferenciado, distinguido, separado o apartado por Dios y para Dios.

Por tanto, la palabra santidad tiene el significado relativo a su raíz como una naturaleza, característica o calidad de santo. La palabra santidad define a las personas que viven alejadas o apartadas de todo aquello que no es agradable a los ojos de Dios.

Siendo Dios la representación de la santidad suprema, de igual forma su Hijo Jesucristo quien es puro, sin mancha, la perfección en todos los sentidos. Y sus santos imperfectos buscando, siguiendo al perfecto, que es Jesucristo.

Así mismo cuando hablamos de santidad, Dios ordenó cumplir a cada uno de sus santos y fieles seguidores de Jesucristo, el mandamiento del evangelismo. Pero, ¿sabes de que se trata este mandamiento? Te invitamos a entrar aquí, Evangelismo: ¿Qué es? ¿Cómo desarrollarlo? Y más.

El Señor, le ha dado la tarea a cada uno de sus santos la gran comisión de proclamar, dar testimonio y difundir el mensaje de la salvación. Sin embargo, es importante destacar que no todo aquel fiel seguidor de Cristo tiene el don de evangelizar, aun siendo que absolutamente todos los creyentes tenemos la orden de compartir la palabra del señor.

¿Qué es ser santo en la Biblia?

A pesar de que, como seres humanos somos imperfectos, Dios en su llamado nos considera santos. El cuerpo como tal es corruptible, más somos templo y morada del Dios vivo, recordemos lo escrito en:

1 Corintios 3:16 (DHH): ¿Acaso no saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?

2 Corintios 6:16b (RVC): ¡Ustedes son el templo del Dios viviente! Ya Dios lo ha dicho: -Habitaré y andaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo-.

Por tanto, sólo a través de Jesucristo, del Espíritu Santo de Dios es que podemos vivir la santificación. Para ello debemos obedecer los mandamientos de Dios, hacer lo que a él le agrada, cumpliendo diligentemente en el espíritu, la voluntad de Dios en hechos y palabra.

Como cristianos e hijos de Dios estamos llamados a mantenernos alejados de toda corrupción moral. Sin que esto represente una carga sino más bien un gozo en poder ser uno de los santos escogidos de Dios y obedientes de su palabra.

1 Pedro 1:15-16 (RVC): 15 Al contrario, vivan una vida completamente santa, porque santo es aquel que los ha llamado. 16 Escrito está: -Sean santos, porque yo soy santo-.

El apóstol Pablo en este último versículo nos recuerda las palabras de Dios para con su pueblo, escritas en Levíticos 11:44. En ella nuestro Señor no exhorta a no contaminarnos para poder mantenernos en santidad.

Además de mantenernos en santidad al predicar el evangelio, la palabra de Dios, debemos hacerlo con denuedo es decir con autoridad y con convicción. Pues ciertamente es imposible predicar con autoridad cuando no se tiene convicción.

Pero ¿Conoces lo que es el denuedo?, aquí te diremos Denuedo: ¿Qué es? ¿Significado? ¿Cómo obtenerlo? Te invitamos a entrar y puedas conocer todo sobre él.

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¿Qué es la santidad de Dios?

La santidad de Dios es la moralidad, la ética en estado puro, este atributo de Dios lo hace ser supremamente perfecto, supremamente Santo. Esto se debe a que Dios es el todopoderoso, poseedor del poder de crear todo el universo y sustentarlo.

Una manera tangible de poder imaginar lo que es la santidad de Dios, es observando lo que representa el sol en el universo. Del sol se desprende la energía suficiente que da vida al planeta tierra, un atributo de gran poder.

En todo el sistema solar no existe otro astro igual al sol, por tanto, además de poderoso es único. Hasta aquí podemos ver que el sol es beneficioso, pero se puede volver peligroso si una nave espacial busca acercarse a él.

Porque mientras más cerca se este del sol, su energía o calor se vuelve más fuerte o intensa, al punto de poder consumir a esa nave espacial. Esta misma incongruencia sucede con la santidad de Dios, pero en este caso es por lo perfecto de su pureza, de su santidad.

En el antiguo testamento de la Biblia se puede observar esta incongruencia del efecto de la santidad de Dios hacia la impureza del hombre. Como por ejemplo cuando Moisés se encuentra por primera vez ante la presencia de Dios, en forma de una zarza ardiente.

Éxodo 3:5-6: 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Moisés cubrió su rostro por la intensidad de la santidad de Dios, porque él con su impureza se encontraba ante la presencia santa de Dios.

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Lo impuro impide ver la santidad de Dios

En el texto bíblico anterior, lo impuro en Moisés le impedía ver cara a cara la santidad de Dios y por eso Dios le dice: – ¡No te acerques más!

De igual manera se puede observar el respeto y el peligro que representaba la intensidad de la santidad de Dios al instaurarse el tabernáculo en medio del pueblo de Israel, así como en el templo construido en Jerusalén.

El tabernáculo en el antiguo testamento de la Biblia era el lugar donde se encontraba la presencia de Dios simbolizada por el arca de la alianza y a través de él guiaba al pueblo de Israel. Si deseas conocer más sobre este tema, te invitamos a entrar aquí Tabernáculo: ¿Qué es?, significado, y mucho más.

Cuando se construyó el templo en la ciudad de Jerusalén se denominó a una de sus habitaciones, como lugar santísimo. Porque esta habitación marcaba la entrada a la presencia de Dios.

En esa habitación solo podían estar los hombres autorizados por Dios y estos debían cumplir previamente unos ritos demandados por el Señor para su purificación. De igual forma todos los objetos dentro del templo tenían que pasar por el rito de la purificación.

De esta forma so se corría el riesgo de estar en peligro ante la presencia de la santidad de Dios. Lo que pudiera traducirse en la actualidad como, ser moralmente puro, para entenderlo de una forma más sencilla. No obstante, esta pureza va más allá de ser moralmente puro, y en la biblia se habla mucho en el Antiguo Testamento, sobre lo que se consideraba ser ritualmente puro.

Los ritos de purificación

En los tiempos del Antiguo Testamento los ritos de purificación establecían la separación entre alguien y cualquier cosa que guardara relación con la muerte. Como, por ejemplo: tocar algo enfermo o muerto, estar en contacto con fluidos corporales considerados impuros, etc.

El ser impuro no se relacionaba entonces, necesariamente con el ser pecador o pecaminoso. El ser ritualmente impuro era ir a la presencia de Dios en condición de impureza, sin lavarse de todo contacto de muerte previamente.

Por eso Dios da las instrucciones precisas sobre cómo debía hacerse la ablución o lavado de purificación para poder acceder al templo. Este tema se desarrolla en el libro de levítico en la Biblia.

La Santidad de Dios y el profeta Isaías

En el antiguo testamento específicamente en el texto bíblico de Isaías 6:1-10, se puede leer una interesante y extraña visión que tiene este profeta de Dios. En la visión el profeta se ve que está dentro del templo y ante la presencia de la santidad de Dios.

Isaías experimenta un temor intenso, porque sabe de su condición o estado de impureza y teme ser fulminado por la santidad de Dios.

Isaías 6:5-7 (RVR 1960): 5 Entonces dije: !!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

El profeta conocía las consecuencias de estar allí en la presencia de Dios y tiene miedo de ser destruido. Más un ángel del Señor con un carbón encendido le sella los labios y le dice: Tu iniquidad ha sido quitada y perdonado tu pecado. En esta visión de Isaías se puede ver un nuevo rito de purificación.

Un carbón muy puro y santo, sella los labios del profeta, transmitiendo su pureza a Isaías. Por lo que la santidad de Dios no lo aniquila, sino que es transformado por ella.

La Santidad de Dios y el profeta Ezequiel

Posteriormente en el libro del Ezequiel específicamente en el pasaje del capítulo 47, versos del 1 al 12, se puede leer sobre otra interesante y no menos extraña visión que tiene este otro profeta de Dios.

Ezequiel en su visión puede ver como del templo sale agua en dirección al mar, hasta convertirse en un río. Un río cuyas profundas aguas fluyen a través del desierto, quitando toda sequedad y llenándola de verdor.

En esta visión de Ezequiel se puede ver otra forma de rito de purificación, esta vez la santidad de Dios sale del templo en forma de agua. Dejando tras su paso un rastro de árboles verdes hasta desembocar sus aguas en el mar muerto.

La santidad de Dios en esta visión profética, le da vida a todo lo que toca, lo hace todo fresco. Así que, en lugar de realizar un rito de purificación para poder entrar a la presencia de Dios, aquí la santidad del Señor sale del templo y purifica todas las cosas, dándoles vida.

Ezequiel 47:8-9 (RVR 1960): 8 Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. 9 Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río.

Ezequiel 47: 12 (RVR 1960): Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.

Jesús y la Santidad de Dios

El misterio de las dos visiones proféticas anteriores es revelado hasta que llegamos a conocer a Jesús. En los evangelios se puede comprobar que Jesús es el cumplimiento de lo anunciado por los profetas antiguos.

Jesús sorprendentemente hacia prodigios, se movía de un lugar a otro sanando a personas, quitando de ellas lo impuro. Como por ejemplo la sanación de los diez leprosos, la lepra era un estado de impureza, o la mujer que sana del flujo de sangre, considerada también impura.

Jesús realiza de igual forma el prodigio de revivir a gente ya muerta como es el caso de Lázaro. En todos estos casos el estado de impureza de las personas no contamina a Jesús, por el contrario, Jesús les trasmite su pureza y los sana. Jesús es entonces la santidad de Dios encarnada, es el carbón encendido de la visión de Isaías y es también el agua de vida de la visión de Ezequiel.

Jesús es la santidad de Dios, él juntamente con sus seguidores ahora son el templo de Dios. De esta forma la santificación de Dios, sale hacia el mundo llevando vida, sanidad y esperanza.

Juan 17: 15-20 (RVR 1960): 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

Qué es la santidad y cómo puede vivir un cristiano en ella

Los cristianos somos la tubería o el canal que conduce el agua viva que es Jesucristo, él representa los ríos de agua viva que fluían del templo en la visión de Ezequiel. Para vivir en santidad debemos vivir y transmitir la verdad que es la palabra de Dios, esto nos lleva a otra visión sobre la santidad de Dios encontrada en el libro de las revelaciones en la Biblia.

Apocalipsis 21: 1 (RVR 1960):  Cielo nuevo y tierra nueva, 21 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

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