Pornografia y feminismo
Pornografia y feminismo

Pornografía y feminismo. A lo largo de los años, he sentido a mi alrededor el tabú de temas como la sexualidad, la masturbación o la pornografía en el género femenino. Todo lo relacionado con el placer sexual ha sido y sigue siendo para las mujeres un asunto secreto, cuando no abiertamente mortificante. ¿Por qué es tan extraño el caso de una mujer que reconoce que ve pornografía o que se masturba? ¿Por qué entre los hombres es un tema bastante común, incluso motivo de orgullo y risas? ¿Por qué, históricamente, se impide y se sigue impidiendo a las mujeres, expresar abiertamente nuestros gustos y prácticas sexuales sin ser juzgadas por ello? ¿Por qué cuándo una mujer adquiere prácticas en un principio determinadas para hombres se la considera de modo vejatorio? Y, ¿tiene la pornografía alguna posibilidad de ser feminista?

Hoy, en postposmo, hacemos una revisión de la historia de la pornografía y analizamos las razones a favor y en contra de este tipo de cine.

Todo sobre pornografía y feminismo

Pornografía y culpabilidad

En el siglo XVI, el Papa Clemente VII encarceló al primer editor del libro “Los dieciséis placeres” por contener ciertos grabados eróticos. Tras esto, amenazó con la misma pena a todo aquel que se atreviera a editarlo otra vez y, por supuesto, no tardaron en aparecer las copias clandestinas que no revelaban el nombre del editor.

Así fue como nació el primer caso en la historia de porno underground perseguido. Este caso es relevante ya que muestra la unión de contenido erótico y culpa, o contenido erótico y castigo. Tras ello, se repitieron los casos en los que se perseguían a editores y escritores por publicar contenidos pseudo-sexuales, siempre de la mano de la Inquisición y la Iglesia católica (González, 2017).

Al realizar una encuesta vía redes sociales y preguntar ¿Te has sentido alguna vez culpable al ver pornografía? Encontramos entre las mujeres respuestas como:

  • “Sí. Al principio, mis amigas no lo veían, era como algo malo en las mujeres, actualmente me he desecho de esos tabús”.
  • “A veces me he sentido avergonzada más que culpable porque está ‘mal visto’ o es inusual que una mujer vea porno. Otras veces me he sentido culpable al pensar que las chicas de los videos podrían no haber dado su consentimiento en lo que hacen en sus escenas”.
  • “De adolescente me sentía un poco culpable porque era como algo que no era propio de chicas, fuera de lugar. Ahora ya me da igual”.
  • “Cuando comencé a consumir porno sentía culpabilidad porque asumí que estaba socialmente mal visto que las mujeres hicieran eso”.
  • “Porque en la sociedad actual no está realmente bien visto que una persona del género femenino vea porno y lo disfrute, es algo que se tiene casi escondido”.
  • “Supongo que porque una chica no debe consumir este producto”.
  • “Porque tuve una educación católica”.
  • “Porque no está igual de bien visto en hombres que mujeres”.

Y, entre las respuestas de los hombres, las más llamativas eran:

  • “Porque no hago nada para evitar la explotación de la mujer”.
  • “Por la integridad de las actrices y por cómo son tratadas”.
  • “Cuando era más pequeño y no entendía exactamente mi sexualidad o la libertad del sexo”.
  • “Supongo que por la influencia cristiana”.
  • “Trato vejatorio a la mujer”.

Comparando las respuestas, vemos que la causa de la culpa no siempre es compartida. Si bien las respuestas masculinas se centran en el “trato vejatorio” hacia la actriz porno, las respuestas de las mujeres hablan de un prejuicio social, y de un “deber como mujer”. Esto se traduce en que la fuente de la culpabilidad siempre está relacionada con la mujer. El hombre como cuidador, la mujer como víctima.

 

Historia resumida de la pornografía

Pero, para poder formarnos una opinión al respecto (no es que yo la tenga excesivamente definida) tendremos que conocer cómo y cuándo empezó. La pornografía tal y como la conocemos en la actualidad no nacerá, lógicamente, hasta la invención del cine.

La primera mujer que se desnudó en la pantalla fue la actriz Louis Willy para el director Oskar Messter en 1896 [1]. Pero las inocentes filmaciones de Messter no se verían reconstituidas en un negocio a escala global hasta la aparición del cine de 8mm, cuando el verdadero sentido de la industria pornográfica quedó asentado.

Bajo este formato, comenzaron a grabarse escenas de porno amateur y las películas por encargo serían el material prevalente para el visionado de hombres de estado, nobles y adinerados (Lust, 2008).

En los años ochenta, la llegada del VHS, que permitió el acceso al cine adulto en la televisión del hogar, supuso un revés a las salas de cine X, que quedaron relegadas a un segundo plano, y un empuje comercial para los productores y los nuevos distribuidores de vídeo, aunque también un descenso en la calidad técnica y profesional. En esta época, Candida Royalle, exactriz porno, monta su propia productora (Femme) para renovar la industria creando “cine X para parejas”. El mercado todavía no estaba preparado para denominarlo cine ético y, mucho menos, feminista.

Posteriormente, comenzó el Star System de la pornografía, una época en la cual surgen estrellas como Rocco Siffredi o Jenna Jameson, actores que normalizan la profesión, comienzan a salir en prensa e, incluso, a tener su propio fenómeno fan.

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Rocco Siffredi

Sin embargo, con la crisis económica que atraviesa Occidente desde principios del segundo milenio, el sector del porno se verá sensiblemente afectado. Sus beneficios sufrirán una caída del 50%, (Barba, 2009), debido tanto a la mala situación económica internacional como al boom de Internet y el éxito del porno gratuito en la web.

Pornografía y feminismo
Annie Sprinkle

Ante esta situación, a la par con una tercera ola de feminismo que incluye la pornografía en sus debates, surgieron –y aun hoy continúan– un número de mujeres y hombres feministas que han decidido revolucionar la industria desde dentro; por ejemplo, Anne Sprinkle, actriz porno que tachaba el sector de sexista e irresponsable ante la crisis del sida y el resto de ETS y que pasó a dirigir sus propios filmes y a organizar espectáculos en los que desarrollaba sus facetas de artista, educadora sexual y activista feminista. O Nina Hartley, otra actriz porno que ayudó al desarrollo de la educación sexual y para quien la pornografía “es una representación de actores. Es una fantasía, no pretende ser un libro de reglas o guía” (Redacción La Patilla, 2009). Con esta declaración la actriz señala la diferencia entre pornografía y educación sexual, además del gran vacío que se da en las instituciones educativas para hacer comprender y transmitir la segunda.

Le Coucher de la Mariée
Louis Willy para el director Oskar Messter en 1896

[1] La secuencia consistía simplemente en una joven metiéndose en la bañera, pero, ante el éxito, el director estrenó una gran batería de filmes de mujeres desnudas ejecutando diversas actividades.

¿Qué es la pornografía mainstreamm?

Habiendo dado un repaso por la historia, demos un paseo alrededor de ciertos conceptos y reflexiones importantes.

Se critica la pornografía mainstream debido a que refuerza las construcciones sociales de género, confiriendo a la mujer el papel de mujer ultra-feminizada, y al hombre el rol de macho-poderoso. Según la teórica feminista, si los cargos de poder que se generan en la vida pública son asumidos en su totalidad por el hombre, este gesto se repetirá sin remisión en la vida privada, donde el varón adoptará de nuevo el rol dominante, con lo cual en la mayoría de las ocasiones se repetirán los binomios hombre-dominante, mujer-sumisa.

Esto tiene una clara correspondencia en la pornografía normativa o mainstream, no es ninguna sorpresa que la estética excesivamente femenina (que no feminista) esté representada en este cine. La explicación a este hecho se debe a que gran parte de las películas están escritas, dirigidas y producidas por hombres, los cuales conciben el género como un producto destinado casi en exclusividad al consumidor masculino. Por eso vemos en estas películas a mujeres aderezadas según la estética predominante en la mentalidad masculina: totalmente depiladas, operadas, altos tacones, lencería fina, etc.

Una vez que aceptamos que las personas somos productos de la sociedad, que moldea e influye tanto nuestros pensamientos y gustos, así como nuestras decisiones, hay que llevar a cabo estos deseos de la manera más honesta. Y es aquí donde entran en juego la educación y los medios, principales encargados de extender la información y enseñarnos qué hacer con ella. Así entran en guerra las subjetividades, el quién tiene razón y quién no, y el magnífico debate de si cabe o no la búsqueda de una verdad absoluta, de si hay una decisión 100% correcta en cuanto a la pornografía. Por eso el debate de la pornografía es tan amplio y da lugar a tantos bucles. ¿Es buena la pornografía? ¿Es necesaria o perniciosa? ¿Hay que normalizarla o prohibirla? ¿El feminismo debe defender la pornografía?

Es fácil observar las diferentes posturas ante este fenómeno, pero lo que resulta innegable es que en la actualidad se consume porno, y mucho, y que la gran mayoría del contenido es pornografía mainstream. Internet hace a la pornografía más accesible, pero no más honesta.

 

FEMINISMO Y PORNOGRAFÍA: EL DEBATE

Feminismo a favor de la pornografía

Teniendo en cuenta lo anterior, podría decirse que las razones pro y anti-pornografía –dentro del ámbito del feminismo– se dividen en dos, los que defienden el porno y los que están en contra de ello.

✔ Las defensoras del porno, como Anna Span (Anna Arrowsmith), otorgan a la pornografía un papel positivo en la sociedad. Estas feministas consideran que la industria pornográfica es y ha sido siempre un sector regido por hombres y dirigido para hombres y tal hecho evoluciona paulatinamente a una escena en la que la mujer dirige porno y la mujer ve porno. Pero otra realidad: hombres y mujeres anhelan más tipos de porno.

Decimos hombres y mujeres porque sería reduccionista concluir que solo es la mujer la que quiere más diversidad: hay que admitir que el hombre feminista, pro-pornografía y consciente de esta realidad, también dice estar a favor de un porno ético.

✔ Otra razón que defiende la postura feminista pro-sex [2] es que teniendo en cuenta que el Estado y las instituciones, que en un principio deberían orientarnos, no se encargan de enseñar educación sexual de una manera correcta, útil y ética, y alguien tiene que hacerlo. La mayoría de los jóvenes recurren al porno para tener los primeros contactos con la sexualidad.

¿El problema? Que el porno actual –sobre todo el gratuito– no transmite los valores que debería y perpetúa las estructuras sociales ya existentes. “Ojalá. Ojalá la culpa fuera del porno y pudiéramos acabar con una sociedad sexista simplemente erradicándolo. Sería tan sencillo” (Llopis, 2012).

[2] El feminismo prosex, también conocido como feminismo sexual o feminismo sexualmente liberal, es una corriente dentro de los feminismos que comenzó a principios de los años ochenta. Se centra en la idea de que la libertad sexual es un componente esencial de la libertad de las mujeres. El movimiento nació como reacción al feminismo antipornografía, que postula que la pornografía es parte de la opresión hacia las mujeres. Extracto recogido de la Wikipedia.

Feminismo en contra de la pornografía

✘ El feminismo conocido como “segunda ola” es defensor de la idea de que la pornografía es inseparable de la opresión y de la cosificación sexual. Una de las detractoras más influyentes, Germaine Greer, explicó para la BBC que la industria del porno “es una cuestión de dinero, no de liberación. La obscenidad tiene un papel importante en el arte, así como el arte erótico, pero la pornografía estrictamente hablando no es más que una manera de hacer plata” (Greer, apud Ventura, 2013).

✘ Se está comercializando el cuerpo humano y el sexo, como otro producto más de la sociedad capitalista actual. Es decir, como en cualquier otro negocio, el fin de este cine es generar dinero y son muchos los empresarios de la pornografía los que dejan de lado los derechos del trabajador y los valores éticos para centrarse solo en aquello que estiman más lucrativo.

✘ Aunado a eso, la activista feminista Beatriz Gimeno, diputada española por Podemos en la Comunidad de Madrid, admite que “hay que problematizar cómo se construye el deseo porque hay alguien al mando de los deseos de las mujeres y es el capitalismo y el patriarcado” (La Tuerca, 2016). Su base radica en la idea de que el porno más conocido representa y refuerza las posiciones de poder de la sociedad, y no contribuye a acabar con ellas.

✘ Otra postura crítica ante el porno se enfoca en la explotación de los actores/actrices. “En el porno, como en la prostitución, solo hablan –o solo queremos escuchar– a las mujeres que se ven realizadas y felices, nunca a las que han salido y sobrevivido” (Casa Villa, 2016). A esto, el movimiento pro–sex contraataca con que la explotación está implícita en el sistema capitalista, y que es aparentemente fácil adoptar la perspectiva crítica en contra de la pornografía basándose en la “explotación” de los trabajadores sexuales. Pero también es fácil hacer una lista de negocios internacionales de, por ejemplo, ropas, que explotan a mujeres y niños en países tercermundistas.

Todo esto conduce a la cuestión de la legalidad que, en síntesis, y salvo la lógica y necesaria prohibición de la pornografía infantil, el resto de los aspectos jurídicos referentes a la pornografía en Internet tienen un gran vacío legal, con determinadas salvedades genéricas que también les son aplicables por analogía y que, como se comentaba anteriormente, propician grandes beneficios, aunque no siempre de la manera más justa o lícita posible.

Pornografía y educación sexual

En definitiva, se observa la falta de una correcta educación sexual en nuestro país, que haría posible evitar los sentimientos de culpabilidad y enseñaría que la pornografía no es una realidad sino una representación de esta misma, como cualquier otra representación cinematográfica.

Los medios deberían cooperar con las instituciones de educación, para formar a una sociedad más libre y crítica. Pero son estas instituciones (colegios, institutos, universidades) junto con la institución familiar las que deberían encargarse de educar en sexualidad.

Con todo, teniendo en cuenta la encuesta anterior, se observa que esta educación es insuficiente, y es evidente que los jóvenes no reciben charlas informativas suficientes. Se encuentran, de esta manera, ante la pornografía sin saber a qué se exponen, qué es real y qué no.

A raíz de estas reflexiones, brotan preguntas susceptibles de iniciar nuevas líneas de investigación: ¿qué podría pasar si se consigue transmitir a la sociedad una plena educación sexual ética? En una sociedad más igualitaria y menos incriminatoria, donde el sexo ya no es tabú ¿puede desaparecer la pornografía? ¿Tendría la pornografía el mismo éxito si estuviera libre de prejuicios?

 

Si quieres seguir formándote sobre feminismo, aquí dejamos seis charlas sobre estos tema.

Bibliografía

  • BARBA, David. (2009) 100 españoles y el sexo. Barcelona, España. Plaza Janés
  • GONZÁLEZ, D. (Abril de 2017). El primer juicio a la pornografía por el Papa Clemente VII. Vos Magazine. Recuperado: http://www.vosmagazine.com.ve/2017/04/el-primer-juicio-la-pornografia-por-el.html
  • LLOPIS, M. (18 de noviembre de 2012) Columna: El porno que nos merecemos. [Mensaje en un blog] The Clinic Online. Recuperado: http://www.theclinic.cl/2012/11/18/columna–el–porno–que–nos–merecemos
  • LUST, Erika (2008) Porno para mujeres. Editor Digital Yorik.
  • REDACCIÓN LA PATILLA (9 de agosto de 2013) Ex estrella del porno lo desestima como guía sexual. La Patilla. Recuperado: https://www.lapatilla.com/site/2013/08/09/ex-estrella-del-porno-lo-desestima-como-guia-sexual-para-parejas/
  • VENTURA, D. (2013). «La pornografía es buena». BBC. Recuperado: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/05/130506_pornografia_buena_feminista_finde
  • [LaTuerka] (28 de septiembre de 2016) En clave Tuerka – Pornografía y Feminismo. [Archivo de vídeo] Recuperado: https://www.youtube.com/watch?v=3nbzVa6XwQ0

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