
En el marco del monitoreo diario que realizan el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Popocatépetl —conocido coloquialmente como “Don Goyo”— continúa clasificado en Semáforo de Alerta Volcánica Amarillo Fase 2. Esta fase implica una actividad considerada intermedia, pero suficiente como para suponer riesgos por emisión de ceniza, fragmentos y flujos de lodo en caso de lluvias intensas.
Actividad reciente del Popocatépetl: 12 exhalaciones y emisión de ceniza
De acuerdo con el reporte más reciente del Cenapred, durante el último día el Popocatépetl registró 12 exhalaciones de baja intensidad. Estas emisiones han estado acompañadas principalmente por vapor de agua y otros gases volcánicos, además de expulsiones ocasionales de ceniza que pueden ser arrastradas por el viento hacia diferentes poblaciones cercanas.
En el transcurso de la mañana, así como al momento del informe, se ha observado una ligera y constante emisión de vapor de agua y gases con dirección predominante hacia el este-noreste. Este tipo de pluma volcánica, aunque no siempre visible a simple vista a larga distancia, es un indicador de la actividad interna del volcán y puede provocar caída ligera de ceniza en localidades ubicadas bajo la trayectoria del viento.
La clasificación actual en Amarillo Fase 2 supone que el volcán puede presentar, de forma recurrente, sismicidad local relacionada con el movimiento interno de magma, emisiones continuas de gases, exhalaciones con pequeñas cantidades de ceniza y expulsión de fragmentos incandescentes en la zona del cráter. Aunque no se trata de un escenario de erupción mayor inmediata, sí implica un nivel de riesgo que exige precaución constante por parte de la población y de quienes se desplazan por la región.
Las autoridades subrayan que, pese a que la actividad se describa como “baja intensidad”, la presencia de exhalaciones frecuentes y ceniza puede afectar la calidad del aire, la visibilidad y el estado de infraestructuras, vehículos y cultivos. Por ello, Protección Civil mantiene vigente una serie de recomendaciones específicas para minimizar los efectos a corto plazo, especialmente en zonas urbanas y rurales cercanas al volcán.
Qué implica el Semáforo Amarillo Fase 2 para la población
El Semáforo de Alerta Volcánica en Amarillo Fase 2 indica que el Popocatépetl se encuentra en una etapa de actividad incrementada, pero todavía dentro de un nivel considerado intermedio. En términos prácticos, esto significa que se pueden esperar emisiones esporádicas de ceniza, presencia constante de una pluma de vapor y la posibilidad de caída ligera de material en comunidades situadas alrededor del coloso.
Entre los fenómenos asociados a esta fase se incluyen la sismicidad volcánica local frecuente, pequeñas explosiones que pueden lanzar fragmentos incandescentes en las inmediaciones del cráter, y exhalaciones con contenido de ceniza variable. Todo ello conforma un escenario en el que el volcán permanece activo, por lo que no es momento de relajarse ni de acercarse a la zona peligrosa, aun cuando la actividad no parezca espectacular a simple vista.
Las autoridades recalcan que el radio de exclusión establecido alrededor del Popocatépetl es de 12 kilómetros desde el cráter. Entrar en esta franja representa un riesgo elevado, ya que cualquier explosión repentina podría sorprender a excursionistas, montañistas o curiosos con la caída de fragmentos balísticos, es decir, rocas y proyectiles incandescentes capaces de causar lesiones graves o la muerte.
Asimismo, en caso de lluvias fuertes sobre las laderas del volcán, se incrementa el peligro de que se generen flujos de lodo y escombros (lahares) que desciendan por las barrancas. Por este motivo, se recomienda mantenerse alejado de los fondos de estas zonas de drenaje natural, incluso aunque la lluvia no sea intensa en las poblaciones, ya que el agua puede provenir de las partes altas del macizo volcánico.
La población que reside cerca de la región volcánica, así como quienes viajan habitualmente por carreteras que rodean el Popocatépetl, deben estar informados acerca de los protocolos de actuación ante variaciones en el Semáforo. Los cambios de fase pueden implicar restricciones adicionales, suspensión de actividades al aire libre o ajustes en las rutas de transporte, por lo que seguir las indicaciones oficiales resulta esencial para evitar situaciones de riesgo innecesarias.
Cómo se monitoriza el Popocatépetl: sismógrafos, cámaras y análisis de gases
La vigilancia del Popocatépetl se lleva a cabo mediante un sistema integral de monitoreo coordinado por el Cenapred en colaboración con la UNAM. Este dispositivo combina diferentes tecnologías que permiten seguir en tiempo real la actividad del volcán, con el objetivo de detectar cambios significativos que pudieran anticipar una escalada en el nivel de peligro.
En primer lugar, la red de instrumentos sísmicos instalados en las inmediaciones del volcán registra de forma continua los movimientos tectónicos y las vibraciones internas asociadas a la dinámica del magma bajo la superficie. El análisis de la frecuencia e intensidad de estos sismos volcánicos ofrece pistas sobre posibles cambios en la presión interna y el ascenso del material magmático, anticipando escenarios en los que la probabilidad de erupciones pueda aumentar.
Además de la sismología, se utilizan cámaras de vigilancia visuales y térmicas para observar la actividad superficial. Estas cámaras permiten identificar la emisión de gases, ceniza y material incandescente, así como variaciones en la temperatura del cráter y de sus alrededores. Gracias a estas imágenes, los especialistas pueden evaluar si hay presencia de lava cercana a la superficie o si el patrón de exhalaciones está cambiando de manera relevante.
Otro componente clave del monitoreo es el análisis de los gases volcánicos. Mediante espectrómetros y otros equipos especializados, se miden las emisiones de dióxido de azufre (SO2) y otros compuestos químicos liberados durante la actividad magmática. Un incremento repentino en la concentración de estos gases suele estar vinculado a un mayor aporte de magma hacia niveles superficiales, aspecto que se toma muy en serio a la hora de valorar posibles escenarios futuros.
Este conjunto de datos —sísmicos, visuales, térmicos y químicos— se procesa de forma continua en los centros de vigilancia volcánica, donde equipos de especialistas analizan tendencias y patrones. Con ello se busca emitir avisos oportunos a las autoridades de Protección Civil y a la población, reduciendo la probabilidad de que una eventual intensificación de la actividad tome por sorpresa a las comunidades cercanas al Popocatépetl.
Recomendaciones ante la caída de ceniza volcánica
Ante la presencia de ceniza volcánica en el aire, las instituciones de Protección Civil han establecido una serie de pautas para reducir los efectos sobre la salud y el entorno. La ceniza puede irritar vías respiratorias, ojos y piel, además de afectar a viviendas, vehículos, infraestructuras y cultivos si no se maneja adecuadamente.
Para la población en general, se aconseja cubrir nariz y boca con un pañuelo húmedo o mascarilla cuando se deba salir al exterior mientras la ceniza está en suspensión. Asimismo, se recomienda limpiar los ojos y la garganta con agua potable para evitar irritaciones, y permanecer en interiores el mayor tiempo posible, especialmente si se trata de personas con problemas respiratorios, menores o personas mayores.
En cuanto a la protección ocular, se sugiere utilizar gafas de armazón y evitar las lentes de contacto, ya que las partículas finas de ceniza pueden acumularse entre el ojo y la lentilla, causando molestias e incluso lesiones. Para los vehículos, las autoridades recomiendan no frotar la ceniza sobre la carrocería ni intentar lavarla en seco, sino retirarla con agua y de manera cuidadosa para no rayar la pintura ni dañar parabrisas.
La gestión de la ceniza acumulada en calles, tejados y patios debe hacerse preferiblemente mediante barrido en seco, depositando el material recogido en bolsas o contenedores y evitando que llegue al sistema de drenaje. Si se deja que la ceniza se mezcle con el agua y se vaya por el alcantarillado, puede provocar obstrucciones y daños en las infraestructuras. En jardines y huertos, se recomienda regar suavemente las plantas antes de intentar retirar la ceniza, reduciendo así el impacto sobre la vegetación.
También es importante proteger los alimentos y el agua: se deben cubrir los depósitos de almacenamiento para impedir que la ceniza los contamine, y mantener resguardados los alimentos de mascotas y animales de granja. Por último, se insiste en limitar la exposición de niñas, niños y personas ancianas a los ambientes con alta concentración de ceniza, y seguir de cerca las indicaciones de Protección Civil sobre suspensión de actividades al aire libre y uso de mascarillas o equipos de protección adicionales cuando sea necesario.
Llamado a no acercarse al cráter y evitar el montañismo en la zona
Ante la actividad actual del Popocatépetl y el mantenimiento del Semáforo en Amarillo Fase 2, tanto el Cenapred como expertos en vulcanología y montañismo han sido claros: no es seguro subir al volcán ni aproximarse al cráter. El radio de exclusión de 12 kilómetros no es una recomendación opcional, sino una medida de seguridad fundamentada en la posibilidad de explosiones repentinas.
Investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM, que llevan décadas estudiando a “Don Goyo”, subrayan que el comportamiento actual del volcán supone una situación de riesgo permanente para cualquier persona que intente realizar actividades de alta montaña en sus laderas o zonas cercanas. Incluso montañistas experimentados han reconocido que, a la vista del escenario, lo más sensato es buscar otros destinos para sus prácticas mientras se mantenga este nivel de actividad.
Instructores y asociaciones de montañismo han advertido también sobre la existencia de ofertas de excursiones y tours que prometen ascensos al Popocatépetl pese a las restricciones oficiales. En estos casos, recalcan que, además del peligro físico evidente, podría haber intentos de fraude hacia quienes contraten este tipo de servicios, ya que los accesos deberían estar limitados por motivos de seguridad.
Desde el ámbito del rescate en montaña se insiste en que los equipos de socorro no pueden arriesgar su vida para rescatar a personas que, de forma consciente, han ignorado las advertencias. La combinación de ceniza, gases, posibles explosiones y terreno inestable convierte a la zona del cráter en un entorno muy hostil, donde cualquier incidente puede transformarse rápidamente en una tragedia.
Por ello, se invita a la ciudadanía a asumir una actitud responsable: aunque la imagen del volcán resulte llamativa y pueda generar curiosidad, la prioridad debe ser preservar la integridad física y no poner en compromiso a equipos de emergencia y rescate. Las actividades recreativas y deportivas pueden orientarse hacia otras montañas y parques naturales que no estén sometidos al mismo nivel de riesgo volcánico.
Información oficial y canales de contacto ante emergencias
En un contexto de actividad volcánica como el actual, las autoridades federales recalcan la importancia de no difundir ni atender rumores que circulen por redes sociales o aplicaciones de mensajería. La desinformación puede generar alarma innecesaria o, por el contrario, hacer que algunas personas subestimen el riesgo real asociado al Popocatépetl.
La Coordinación Nacional de Protección Civil, junto con el Cenapred, publica actualizaciones periódicas sobre el estado del volcán y el Semáforo de Alerta Volcánica a través de canales oficiales en internet y redes sociales. Entre ellos, se encuentran la página institucional del Cenapred (www.gob.mx/cenapred) y la cuenta verificada de Protección Civil Federal (@CNPC_MX en la red social X, antes Twitter), donde se comparten reportes técnicos, recomendaciones y avisos relevantes para la población.
Para reportar emergencias relacionadas con la actividad volcánica o solicitar apoyo ante situaciones derivadas de la caída de ceniza, flujos de lodo o afectaciones en comunidades cercanas, el Cenapred y los servicios de Protección Civil ponen a disposición de la ciudadanía líneas telefónicas específicas. Entre ellas se incluye el número 800-713-4147, complementado por el servicio general de emergencia 911, que coordina la atención con los cuerpos de seguridad y rescate correspondientes.
La población de áreas próximas al Popocatépetl, así como quienes puedan verse afectados indirectamente por la dispersión de ceniza, deben mantener una vigilancia permanente de los comunicados oficiales, especialmente cuando se anuncien cambios en la dirección del viento, pronósticos de lluvia intensa o variaciones en la actividad sísmica del volcán. Estar informado con fuentes confiables es una de las principales herramientas para reducir la vulnerabilidad frente a este tipo de fenómenos naturales.
En definitiva, la reciente serie de 12 exhalaciones registradas en el Popocatépetl, junto con la emisión de gases y ceniza en un escenario de Semáforo Amarillo Fase 2, refuerza la necesidad de combinar un monitoreo científico riguroso con la responsabilidad ciudadana. Respetar el perímetro de seguridad, aplicar las recomendaciones ante la caída de ceniza y seguir exclusivamente la información proveniente de las autoridades permite convivir con un volcán activo como “Don Goyo” reduciendo al máximo los riesgos para la población y las infraestructuras cercanas.
