El pintor Francis Bacon es conocido por sus pinturas posteriores a la II Guerra Mundial, en las que representó el rostro y la figura humana en un estilo expresivo y a menudo extravagante. Descubra con nosotros quién era y qué motivó las pinturas que maravillan al mundo.

PINTOR FRANCIS BACON

¿Quién era el pintor Francis Bacon?

Este icónico artista oriundo de la capital irlandesa, es descendiente del capitán Anthony Edward Mortimer y su esposa de muy corta edad la joven, Christina Winifred Firth.

Vivió años muy duros bajo la autoridad de una figura paterna dominante y brusca. Francis fue ridiculizado y maltratado por ser un debilucho y enfermizo, muchos recuerdos y relatos afirman que su padre lo azotó y castigo mucho durante su juventud.

Fue un chico de salud delicada debido a su problema de asma crónica y  fue educado en casa, manteniendo de pequeño un carácter reservado, muy tímido y silencioso. A los 17 años, lo echaron de la casa familiar para siempre cuando lo descubrieron probándose la ropa interior de su madre.

Después de viajar a Alemania y Francia cuando era joven, Francis Bacon se instaló en Londres y comenzó una carrera como artista autodidacta. La mayoría de sus pinturas desde los años 40 hasta los 60 representan la figura humana en escenas que reflejan alienación, violencia y sufrimiento, considerándose de las obras de arte más importantes de la posguerra.

Pero a pesar de sus constantes ataques de asma y el maltrato que sufrió, Francis Bacon era de voluntad fuerte y resistente. Bebía, comía, jugaba, amaba y pintaba con tal pasión que el tiempo para dormir era cada vez menos, unas dos o tres horas por noche era lo habitual. A través de esta neblina de libertinaje, vida dura, amistades profundas y obsesiones estéticas, Bacon produjo una colección de pinturas que no solo eran inquietantemente hermosas, sino también audaces y originales para su época.

Su impactante trabajo reunió y animó al grupo de pintores que lo rodeaban en la Inglaterra de mediados de siglo, lo que se conoció como la Escuela de Londres y también influyó en varias generaciones de artistas venideros, que incluyen a Damien Hirst, Jenny Saville y Jake y Dinos Chapman, entre una gran cantidad.

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Infancia, juventud y comienzos artísticos

El pintor Francis Bacon nació de una pareja inglesa que vivían en Dublín, Irlanda, el 28 de octubre de 1909. Es del linaje del renombrado filósofo Francis Bacon de los siglos dieciséis y diecisiete. Fue criado en Irlanda e Inglaterra y no pudo mantener una educación como cualquier niño de su edad, así que fue instruido en casa por razones de salud.

Su padre, el capitán Anthony Edward Mortimer Bacon, al que apodaban Eddy, era australiano, nacido en la ciudad de Adelaida, en el sur del país, de padre inglés y madre australiana. Eddy era un veterano de la Guerra de los Bóers, entrenador de caballos y nieto de Anthony Bacon, quien aseguraba  ser de la familia de Sir Nicholas Bacon, medio hermano del estadista, filósofo y ensayista isabelino, Sir Francis Bacon

La madre del pequeño Francis, Christina Winifred Firth, a quien apodaban Winnie, era heredera de un negocio de acero y una mina de carbón de Sheffield, así que su condición económica era bastante holgada. Bacon tenía una familia numerosa, un hermano mayor, Harley, dos hermanas menores, Ianthe y Winifred, por último un hermano menor, Edward.

La familia se mudó de casa a menudo, cambiando entre Irlanda e Inglaterra varias veces, lo que provocó una sensación de inestabilidad y desplazamiento que permaneció con Francis durante toda su vida.

La familia vivió en Canny Court House en el condado de Kildare desde 1911, luego en Westbourne Terrace en Londres, muy próximo a la Oficina de Registros de la Fuerza Territorial donde el padre estaba empleado y posteriormente emigraron a Irlanda, al culminar la Primera Guerra Mundial.

Bacon vivió con sus padres, pero también con sus abuelos maternos, Winifred y Kerry Supple, en Farmleigh, Abbeyleix, sin embargo siempre estuvo al cuidado de la niñera de la familia, Jessie Lightfoot, de Cornualles, conocida cariñosamente como Nanny Lightfoot, una figura materna y cálida que permaneció cerca de él hasta su muerte.

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Bacon era un niño tímido, que disfrutaba de la ropa y vestirse bien, además tenía modales excesivamente delicados y algo femeninos, cosas que en conjunto enfurecían a menudo a su padre, que según algunas historias posteriores le maltrataba.

Era 1924, siendo adolescente aún, sus padres continuaban cambiando de residencia y la personalidad de Francis comenzó a cambiar, le agradaba dibujar figuras femeninas, con atrevidos vestidos y sombreros. En una fiesta de disfraces en la casa de una familia amiga en Cavendish Hall, Francis se vistió como una flapper, con vestido de pedrería, lápiz labial, tacones altos y una boquilla larga para fumar.

En 1926, la familia regresó a Straffan Lodge y su hermana, Ianthe, doce años menor que él, siempre recordó esos dibujos y los gustos diferentes de su hermano. Ese año fue decisivo para Francis, que fue expulsado de su hogar paterno luego que su padre lo encontró admirándose a sí mismo frente a un gran espejo, con la ropa interior de su madre puesta.

En 1927 con solo 17 años, sin hogar y con padres que no aceptaban su sexualidad, Francis Bacon viajó a Berlín, Alemania, donde participó en la vida nocturna gay de la ciudad, así como en sus círculos intelectuales. Luego se trasladó a París, Francia, donde se interesó aún más por el arte a través de visitas constantes a las galerías. El futuro pintor regresó a Londres a fines de la década de los veinte y comenzó una corta carrera como decorador de interiores, diseñando también muebles y alfombras en un estilo moderno con influencia Art Deco.

Cuando estalló la guerra, intentó alistarse pero fue rechazado debido a la condición de asmático severo, pero se unió al equipo de rescate de ambulancias.

Luego comenzó a pintar, primero con un estilo cubista influenciado por Pablo Picasso y luego de una manera más surrealista. El trabajo autodidacta de Bacon atrajo interés y en 1937, fue incluido en una exposición colectiva en Londres titulada «Jóvenes pintores británicos».

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Trabajos destacados entre los años 40 y 50

Francis Bacon compartió en algún momento, que el verdadero inicio de su carrera artística fue en el año 1944, pues fue el periodo donde se dedicó de lleno a la pintura y creó las obras que le hicieron famoso y por las que aún se le recuerda.

Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión, es considerado un importante punto de inflexión. Sus lienzos exhiben figuras humanas, frecuentemente era una sola figura, totalmente aislada en una habitación, una jaula o un fondo negro.

Realizó una serie de pinturas, inspiradas en el retrato del Papa Inocencio X de Diego Velázquez realizada en 1650, pero dando a cada uno se propio estilo, con los colores oscuros que le caracterizaban, las pinceladas ásperas y rostros distorsionados. Es frecuente que a estas obras se les conozca como las pinturas del papa gritando de Francis Bacon.

Fueron temas muy variados, en un lienzo puede apreciarse una figura pintada de pie y a su lado un trozo de carne desollada, mientras que en otros se inspiraron en temas religiosos tradicionales. Pero todas sus pinturas tenían algo en común, el insistente énfasis que hacía el pintor Francis Bacon en las experiencias universales de sufrimiento y alienación.

Su vida y su arte posteriores a 1960

Aun cuando fue una época en la que el arte moderno estuvo dominado por la abstracción, este destacado pintor continuó pintando el rostro y la figura de personas, sin sucumbir a la tendencia. Su uso tan emocional de los colores y las pinceladas, la exageración de las formas y gestos le valió la etiqueta de artista expresionista, aunque él rechazó ese término.

Las obras de Bacon de la década de 1960 suelen representar las figuras masculinas solitarias, en trajes formales de negocios, otras como figuras desnudas con partes y rasgos alterados considerablemente. Fueron años donde usó en ciertos momentos algunos tonos brillantes, sin embargo, los temas de violencia y mortalidad seguían siendo su principal inspiración y los tonos oscuros y fríos muy comunes.

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Solía además pintar con frecuencia retratos de personas conocidas, compañeros, artistas y algunos rivales en el área, incluso a George Dyer, que conoció a Francis cuando intentaba robar su casa.

El pintor Francis Bacon conoció a George Dyer, uno de los modelos que más pintó y deseó, cuando Dyer, que era un joven delincuente de poca monta que hacía vida en el este de Londres y cayó por el tragaluz de la casa del artista una noche de 1963, con la intención de cometer un robo.

Se dice que Bacon le indicó que era muy torpe para ser un ladrón, pero definitivamente este joven captó la atención del pinto, que era 25 años mayor que él.  La relación poco convencional de Bacon con Dyer duró ocho años, hasta que el joven murió de una sobredosis de alcohol y barbitúricos en su habitación de hotel de París.

Este hecho ocurrió dos días antes de la inauguración de la retrospectiva de Bacon en el Grand Palais, en octubre de 1971. Para entonces, el artista era famoso a nivel mundial y los precios de sus trabajos rivalizaban con los de Picasso. Esta exposición individual en el Grand Palais de París, era un honor excepcional para un artista vivo y la muerte de su amante se mantuvo en silencio, para evitar opacar este gran logro.

George Dyer fue un apasionado y tumultuoso romance, marcado por altibajos y locuras, tanto que Dyer entre otras cosas le acusó de posesión de drogas. Muchas de sus vivencias fueron representadas en la película Love Is the Devil: Study for a Portrait of Francis Bacon, del año 1998 y protagonizada por Derek Jacobi, Daniel Craig y Tilda Swinton. Bacon, fue conocido por sus juergas, su amor por la bebida y su pasión por el arte, mantuvo una casa y un estudio notoriamente abarrotado de trabajo y personas en Londres y continuó pintando hasta el final de su vida.

Falleció mientras estaba de vacaciones en Madrid, España un 28 de abril de 1992, víctima de un padecimiento cardiaco a la edad de 82 años, sin haber dejado nunca de ser, el caballero británico de rostro juvenil y bien cuidado a pesar de una vida de juerga y pocas horas de sueño, que vestía con elegancia y sutileza. Pero que sobre todo, jamás dejó de pintar, comer, beber, amar y leer. Este lector voraz dejó al morir una biblioteca de alrededor de mil trescientos libros, casi todos con notas y comentarios.

Legado del pintor Francis Bacon

Bacon es considerado uno de los principales pintores británicos de la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como una influencia importante en una nueva generación de artistas figurativos en la década de los ochenta.

Su obra es propiedad de los principales museos del mundo y ha sido expuesta en diversas retrospectivas. Luego de su deceso, su sala de trabajo fue comprado por la Hugh Lane Gallery, donde organizaron un salón para que los visitantes pudieran apreciarla.

Tres estudios de Lucian Freud del pintor Francis Bacon rompió el récord de la obra más costosa adquirida en una subasta, en el 2013. El precio final fue de 142,4 millones de dólares y la subasta fue llevada a cabo por Christie’s en Estados Unidos.

Este pintor que vivió 82 años,  fue muy polémico entre los grupos artísticos tradicionales, pues las poderosas obras que ejecutaba con magistrales pinceladas, a menudo abarcan temas muy controversiales como el sexo, el dolor, el sufrimiento y la muerte, considerados por muchos como pinturas obscenas.

En su trabajo, Bacon rompió con todos los estándares y reglas serias del arte tradicional inglés, se inclinó por una tradición y un estilo más europeo. Era autodidacta y lleno de genialidad, sin una formación artística formal, a veces pintaba con los dedos, empleando por igual pinceles o trapos, combinando imágenes de diferentes medios para producir composiciones sorprendentes.

¿Qué lo inspiró?

Después de que Bacon fue expulsado de la casa de su familia, se embarcó en una serie de escapadas europeas que le abrieron los ojos al arte y el diseño, sin mencionar otros placeres terrenales, como el sexo y el vino.

Varias obras que encontró y admiró durante sus viajes tuvieron un impacto duradero e indeleble en su trabajo y no dejarían su mente hasta su muerte en 1992. Por ejemplo, mientras estudiaba francés cerca de Chantilly en 1927, se encontró con la gran Masacre de los inocentes de Poussin (1628–29), quedando impresionado por la agonía exhibida en la escena.

La emoción encarnada con gran intensidad en la figura de una madre, cuyo pequeño hijo está a punto de ser asesinado por una figura sin un atisbo de piedad, fue impactante para el artista.

Poco después, ese mismo año, encontró y observó material que fue de gran influencia en su carrera: un libro que detallaba enfermedades de la boca,  la película Battleship Potemkin de Sergei Eisenstein de 1925 y la escena donde una enfermera ensangrentada aúlla. Imágenes que para él fueron inolvidables, quedando como una imagen tatuada permanentemente en su mente.

Otro suceso determinante para el pintor fue un viaje a París justo en ese periodo, que le permitió conocer los primeros dibujos figurativos de Picasso. Todos este material y su impacto representaron la educación artística inicial de Francis Bacon y una permanente influencia en todos sus trabajos posteriores, que exhiben su enfoque único y original.

Cabe destacar que el pintor Francis Bacon nunca recibió una formación formal, sin embargo, eso no lo detuvo para crear obras donde el cuerpo humano era un recipiente maleable, grotesco y lleno sentimientos crudos. La boca muy abierta se materializaría más tarde en algunos de los grandes lienzos del pintor: su serie de papas llorosos, sobre los que trabajó desde 1949 hasta 1971, mostrando hombres desdibujados y entronizados atrapados justo en el acto de un grito intenso y aparentemente eterno.

Muchos presumen que reflejan simultáneamente las órdenes militaristas del padre de Bacon, las furiosas disputas entre el pintor y su torturado amante Peter Lacy, un simple grito de miedo o el clímax de un orgasmo estremecedor. Ese era el poder del trabajo de este pintor, raro y único, podía fusionar una variedad de referencias, un monstruo o una bestia que se estremecían debido a emociones diversas y sutiles, llenos de frustración, tensión o miedo.

La serie de lo Papas de Bacon fue producto de otra gran influencia: el Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez de 1650, una obra que enamoró a Bacon, que no dudaba en admitirlo.

En muchas oportunidades Francis reelaboraba su propia versión de esta obra maestra, aunque, se negó a ver el cuadro en persona cuando viajó a Roma. Afirmó que se sentía avergonzado de haber manipulado de forma muy estúpida esta impresionante pieza, tantas veces. Bacon afirmó que la obra de muchos grandes artistas como Giacometti, van Gogh y Matisse, fueron influyentes en sus obras, pero nunca dejó de buscar inspiración y una guía creativa en escritores y poetas, como Racine, Baudelaire y Proust.

Destacando siempre que lo que más le atraía de la literatura era la capacidad para resumir las complejidades de la existencia del individuo en algunas líneas y frases concisas. Algo que él trató de hacer con las diversas y fascinantes figuras que se alojaban en sus lienzos.

En algún momento especificó que no enfatizaba la muerte, simplemente le aceptaba como parte de la existencia, pues siempre se está consciente de la mortalidad en la vida, simplemente una rosa que florece, luego muere.

¿Cuál era su forma de trabajar?

Las reproducciones que sirvieron de inspiración a Bacon, como La masacre de los inocentes, las fotografías desgastadas de animales salvajes, los talismanes egipcios, los libros y más, se agrupaban en los pisos de los estudios donde trabajó, siempre como un gran revoltijo que le acompañó a lo largo de su carrera.

El exuberante lío siempre estaba aderezado con pintura y los rastros de las fiestas que ocasionalmente organizaba, luego de noches de juerga por los clubes y las casas de juego de Londres.

Muchos describían su lugar de trabajo como un lugar caótico, donde cualquier cosa inesperada podía aparecer. Sin embargo, a pesar de su desorden y toda su decadencia, el pintor Francis Bacon también fue extremadamente dedicado a su trabajo y tenía sus propias y muy particulares reglas.

Afirmaba que había que ser disciplinado en todo, pero sobre todo en la frivolidad. Su interés apasionado por la socialización parecía alimentar su inspiración y su trabajo, pues él mismo afirmaba que luego de una noche de fiesta, podía despertar muy temprano en la mañana y pintar durante varias horas con la mejor luz del día, las de las primeras horas después del alba.

Luego, podía comer y beber hasta emborracharse, recorriendo la ciudad y relacionándose con sus muchos amigos y conocidos, entre los que figuraban con mucha frecuencia sus compañeros pintores Lucian Freud y Frank Auerbach. También renombrados coleccionistas de Londres, como los Sainsbury’s, algunos de sus muchos amantes, como Lacy o Eric Hall, entre otras personalidades.

Era un artista extravagante, que afirmaba trabajar mejor después de una noche bebiendo, pues repetía que su mente cobraba vida y se llenaba de energía después de esas interminables noches de fiesta, sentía que la bebida le hacía más libre. Sin embargo, como es bien sabido este tipo de rutina genera algunos riesgos, por no decir muchos y peligrosos riesgos. En varias ocasiones, después de las fiestas llegaba a su casa tarde y muy ebrio, tanto que decidía «perfeccionar» alguna pintura culminada en el día.

Luego despertaba y descubría que aquello que había perfeccionado estaba simplemente arruinado. Luego de varios episodios de este tipo, su galería comenzó a recoger las obras y pinturas de su estudio luego que las había culminado.

De esto también se ocupaba la niñera que le crió y le acompañó durante su vida, su nana Jessie Lightfoot, que vivió con el pintor hasta su muerte en 1951 y los dos distribuidores principales de su trabajo, Erica Brausen en Hanover Gallery y posteriormente Valerie Beston en Marlborough Gallery, que también desempeñaron un papel crucial en la organización y desarrollo de su vida y carrera.

El irreverente artista que tenía problemas económicos durante su juventud, contó con el apoyo de Lightfoot, que lo ayudó a emprender algunos negocios o encontrar amantes que le brindaran apoyo financiero. Brausen se convirtió en una amiga íntima y confidente, unidos por el arte, su homosexualidad compartida y sus gustos por correr riesgos, el de Bacon en el lienzo y el de ella en las paredes de su galería.

Desde 1958, Miss Beston, como la llamaban cariñosamente, organizó casi toda la logística diaria de Bacon durante sus años más exitosos, se encargó de pagar sus facturas, organizar su agenda, asegurarse que su apartamento se mantuviera limpio y logró mantenerlo en su horario de trabajo, dedicado a la pintura. Además, se ocupó de mantener sus lienzos fuera de la papelera, pues en algunas oportunidades los destruía.

¿Por qué es importante su trabajo?

Este increíble artista aportó una nueva intensidad emocional a las figuras que pintó, representando sus sujetos, fueran sus amigos, modelos o figuras mitológicas, como una masa retorcida, carnosa, grotesca y emocionalmente expuesta.

Intentó revelar la complejidad que había detrás de la fachada de los seres humanos, la energía, el sufrimiento y el éxtasis. Figuras que con sus miembros borrosos y distorsionados revelaban los impulsos más primarios, quizás por eso en sus producciones en la década de los cincuenta, las representaciones de monos y hombres con frecuencia tienen mucho parecido entre sí.

En su vida y su arte el pintor Francis Bacon encarnó y se alimentó de los extremos, traduciéndolos en imágenes reconocibles cuya tensión demuestra que es producto de una vida que se vive al límite.

Temas de sus trabajos

El pintor Francis Bacon, fue innovador y con un estilo de trabajo poderoso, pero como hemos apreciado anteriormente tenía cierta predilección por algunos temas en específicos para realizar sus obras, que sin lugar a dudas le dieron un gran éxito. Estos incluyen:

La crucifixión

Las imágenes de la crucifixión pesan mucho en la obra de Francis Bacon, pues sobre ella puede colgar y reflejar cualquier cantidad de emociones y sensaciones. Es un espacio en el que se hace daño corporal a una persona y otras se reúnen ante ella para mirar, explorando ciertas áreas de la conducta del individuo.

Este tema fue recurrente en sus primeros trabajos, cuando comenzó a pintar seriamente, cerca de los 30 años. Hacia 1933, Eric Hall le encargó una serie de tres pinturas basadas en el tema, las primeras pinturas fueron influenciadas por exponentes antiguos como Matthias Grünewald, Diego Velázquez y Rembrandt. También por los trabajos de Picasso de finales de los años veinte y principios de los treinta.

Papas

La serie de papas de Bacon, que cita en gran parte el famoso retrato de Velázquez, el Papa Inocencio X de 1650, actualmente en la Galería Doria Pamphili de Roma, son imágenes sorprendentes que desarrollan motivos que ya se encuentran en sus obras anteriores, como el Estudio de tres figuras al pie de una crucifixión y como la boca abierta que grita.

Las figuras de los papas, pictóricamente aisladas por líneas paralelas parcialmente curvas que indican fuerzas y energía interior, son diferentes y parecen alienadas con respecto a su representación original, están en la obra despojadas de su poder y es una metáfora de la humanidad que sufre.

Figuras reclinadas

Muchas de las pinturas de Bacon tienen entre sus habitantes figuras reclinadas, solas o en los trípticos, donde se repiten con ciertas variaciones. La composición de las figuras especialmente desnudas está influenciada por la obra escultórica de Miguel Ángel y las múltiples fases de su interpretación que puede aplicarse también a los modelos en los retratos, es una referencia a la cronofotografía de Eadweard Muybridge.

La boca que grita

Inspirada principalmente en el fotograma de la película muda de Sergei Eisenstein de 1925 El acorazado Potemkin es un motivo recurrente en muchos trabajos de Bacon de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950. Sin embargo, algunos modelos de bocas gritando fueron inspiradas también por varias fuentes, incluidos libros de texto médicos y las obras de Matthias Grünewald, además de los fotogramas de la enfermera en Odessa Steps.

Bacon vio la película El acorazado Potemkin en 1935 y desde entonces la observó con frecuencia, conservando en su estudio una foto fija de la escena, en la que se mostraba un primer plano de la cabeza de la enfermera gritando de pánico y terror, con los anteojos rotos colgando de su rostro manchado de sangre. Una imagen a la que hizo referencia a todo lo largo de su carrera, utilizándola como fuente de inspiración.

Francis Bacon describió la boca que grita como un catalizador de su trabajo e incorporó su forma al pintar la quimera. El uso del motivo se puede apreciar en una de sus primeras obras que se conservan, Abstracción de la forma humana.

Se puede apreciar que a principios de la década de 1950 se convirtió en una preocupación obsesiva y quizás si el espectador pudiera realmente explicar los orígenes e implicaciones de este grito, estaría más cerca de comprender todo el arte de este pintor.

Obras importantes del pintor Francis Bacon

Desde su pequeño estudio de Londres, donde abundaba el material original, botellas de champán y pinturas por doquier, el pintor Francis Bacon dio vida a una serie de pinturas innovadoras e influyentes del siglo veinte. Sus lienzos alojan a una serie de figuras retorcidas, con gestos dramáticos y contorsionadas, que representan desde personalidades del mundo religioso y artístico hasta amigos y amantes desenfrenados.

Su trabajo encarna una serie de incomodidades y angustias culturales de la época posterior a la guerra, así como los demonios y manías del propio artista.

Francis Bacon dio vida a imágenes y figuras icónicas que dejaba ver lo increíblemente herida y traumatizada que se encontraba la sociedad después de la guerra. El artista logró, inspirándose en el surrealismo y fuentes como el cine, la fotografía y otros artistas, forjar un estilo característico que le transformó en uno de los exponentes más famosos y admirados del arte figurativo en las décadas del cuarenta y cincuenta.

Bacon concentró sus energías en el retrato, representando a los clientes habituales de los bares y clubes del barrio de Soho, como sujetos violentamente distorsionados, casi trozos de carne, almas aisladas aprisionadas y atormentadas por dilemas existenciales.

Pero, aun mucha gente se pregunta ¿cuál era su secreto para crear estas imágenes y figuras enigmáticas? ¿Qué lo hacía tan fascinante y sorprendente? Con pinturas profundamente conmovedoras, un poder sulfuroso que ha perdurado y obras subastadas por cantidades exorbitantes, definitivamente su influencia no se desvanecerá pronto.

El pintor Francis Bacon era un hombre muy complejo, cuyo trabajo refleja la maraña de relaciones intensas, fijaciones histórico-artísticas y un buen número de vicios que poseía, creando muestras artísticas realmente fascinantes:

Crucifixión (1933)

La crucifixión es el trabajo que puso al artista en el centro de la atención pública y a la cual siguieron otros éxitos mucho mayores de los años de la posguerra.

Este tríptico puede haberse inspirado en la conocida obra de Rembrandt de 1655 Le Boeuf écorché (El buey desollado), pero con influencia del estilo surrealista de Picasso. Recrea tres formas de muerte violenta, figuras derrotadas, masacradas tendidas en camas y colgadas boca abajo.

La blancura translúcida sobre el marco corporal en esta obra da cierto aire fantasmal, generando una composición bastante inquietante, donde se expone el dolor y el miedo como una de las ideas fijas y obsesivas del pintor.

La Crucifixión, elaborada en  1933, mide unos 197,5 x 147 centímetros y fue exhibida por primera vez en una época donde aún estaban latentes las tristezas, las brutalidades y los horrores de la Primera Guerra Mundial, reflejando lo que todos sabían, cómo la crueldad y la atrocidad cambiaron al mundo para siempre.

Sé que, para las personas religiosas, para los cristianos, la crucifixión tiene un significado totalmente diferente. Pero como no creyente, fue solo un acto del comportamiento de un hombre hacia otro.

La figura en el paisaje (1945)

Figure in a Landscape es una obra realizada en óleo sobre lienzo de ligamento tafetán, que se presume está inspirada en una fotografía del amante de Bacon para la época, Eric Hall y que se encuentra ataviado con un traje de franela, medio dormido en un asiento en Hyde Park.

Se ha pintado de oscuro una parte sustancial del cuerpo, lo que sugiere un vacío, pudiéndose discernir una boca abierta, algo que hace recordar de cierta manera a un líder dando un discurso y que se dice está inspirado en fotografías de los nazis dirigiéndose a sus seguidores. Esta imagen rodeada de un entorno pastoral, dejan ver un gran contraste  entre la violencia y agresión y la realidad cotidiana del artista.

Pintura (1946)

Las imágenes en capas de esta enigmática pintura se mezclan entre sí, dándole una apariencia de pesadilla. Es impresionante apreciar desde arriba, las alas extendidas de un esqueleto de pájaro que parecen posarse sobre un cadáver colgante, este último motivo influenciado, como la Crucifixión en 1933, por los trabajos de Rembrandt.

En primer plano, un hombre bien vestido bajo un paraguas se sienta en un recinto circular que podría estar decorado con más huesos y otro cadáver. La extraña composición de esta obra que asemeja a un collage, revela el método de Bacon para este cuadro. Fue simplemente un accidente, pues solo quería recrear la imagen de un pájaro se posara en un campo, diría un poco más tarde el pintor.

Este óleo y pastel sobre lino, fue catalogado por su creador como una serie de accidentes que se acumularon uno tras otro y si bien pudo haber estado relacionado de alguna manera con las tres formas anteriores, las líneas que dibujó sugirieron algo totalmente diferente y como tales la imagen se levantó de una manera totalmente distinta.

El pintor afirmó que su intención no fue realizar esta película extraña, nunca la imagino así, simplemente ocurrió. Lo cierto es que intencional o no, fue una obra que como muchas de las otras de Bacon, creó mucha expectativa y revuelo.

Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión (1944)

Esta obra simplemente le da a Bacon reputación a mediados de la década de 1940 y muestra la importancia del surrealismo biomórfico para forjar su estilo inicial. Es un tríptico de estilo surrealista, con una medida de 74 x 94 centímetros por cada panel.

Él pudo haber tenido la intención originalmente de incorporar las figuras en una crucifixión, pero su referencia a la base de tal composición sugiere que las imaginó como parte de una predela. Los cuerpos retorcidos y distorsionados resultan de cierta manera más aterradores por sus formas humanas vagamente familiares, que parecen extenderse hacia el espectador con dolor y cierto aire de agonía y súplica.

Las figuras están basadas en las Furias, diosas de la venganza de la mitología griega que juegan un papel importante en la Oresteia, una tragedia en tres partes de Esquilo, siendo posible que Bacon se sintiera atraído por los temas de culpa y obsesión de la obra. Esta increíble pieza influyó profunda y radicalmente en las imágenes del cuerpo en el arte británico de posguerra.

Estudio del Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez (1953)

Aunque la figura de esta imagen deriva de un retrato de 1650 del Papa Inocencio X elaborado por el artista Diego Velázquez, el pintor Francis Bacon evitó ver la pintura original y prefirió trabajar a partir de reproducciones. Despliega un marco en forma de jaula que rodea la imagen que personifica al Papa, introduciendo además un cepillado vertical en la superficie de la pintura, elemento que describió como una cortina, relacionando la figura con un objeto precioso que requiere un espacio protegido.

Sin embargo, los trazos lineales son destructivos para la imagen y se parecen más a los barrotes de una celda de la cárcel que a una cortina. Las líneas casi parecen vibrar y los tonos complementarios de púrpura y amarillo se suman a la tensión de la composición.

El pintor Francis Bacon no era un hombre afín al cristianismo, nunca se consideró religioso, sin embargo, su obra demuestra atracción hacia símbolos como la Crucifixión y el Papa, inspirándose en ellas para desplegar un gran abanico de emociones y sentimientos.

Con un rostro desencajado y el famoso grito, el pintor asegura que no era la forma como lo quería, pensó más bien en algo que asemejara una puesta de sol de Monet. No obstante, su enigmático gesto lleno de brutalidad, demuestra algo innegablemente hermoso y sereno.

Esta pintura de Bacon tiene ese particular y cautivador estilo de exhibir temas horribles de una forma que los hacen compatibles con los salones lujosos en los que muchos de ellos colgaban.  Este cuadro en óleo de 153 x 118 centímetros, cuyo nombre original es Study after Velázquez’s Portrait of Pope Innocent X, se exhibe actualmente en el museo Des Moines Art Center, Iowa (Estados Unidos).

Retrato de George Dyer en un espejo (1968)

El pintor Francis Bacon tenía 60 años cuando conoció al joven George Dyer, la relación, aunque romántica, siempre tuvo un estilo más de padre-hijo, pues Dyer necesitaba constantemente atención y tranquilidad.

Inspirándose en los retratos de Picasso de mediados del siglo XX, el pintor irlandés logra capturar de manera sorprendente el conflicto interno de este ser humano, quien fue su compañero sentimental por muchos años. La obra exhibe a George Dyer, sentado en una silla giratoria, que a su vez esta frente a un espejo sobre un mueble de forma bastante particular.

La imagen con su cuerpo y rostro distorsionado reflejado en el espejo, está separado en dos partes por un espacio de luz, pero este aun así no sufre las mismas distorsiones, pues ambos pedazos del reflejo unidos proporcionarían un retrato bastante realista del hombre. Este óleo sobre lienzo de unos 200 cm × 150 centímetros, cuyo título original es Portrait of George Dyer in a Mirror pertenecen actualmente a una colección particular.

Retrato de George Dyer hablando (1968)

Portrait of George Dyer Talking tiene colores tenues comparados con otros trabajos, aunque los reflejos rojos y verdes insinúan una lucha interna, quizás reflejando la adicción de por vida a las drogas y el alcohol que George Dyer padeció. Aunado a los colores la figura pintada mirando hacia abajo en un abismo central es quizás la mejor expresión de ese tormento.

La obra aloja a un George Dyer sentado en un taburete giratorio, similar a los de una oficina en una habitación de colores, exhibiendo el cuerpo y el rostro retorcido, como una especie de contorsionista. Los miembros inferiores esta cruzados de forma muy apretada y la cabeza parece estar dentro de un marco. Esta figura humana está bajo una bombilla que cuelga solitaria y a sus pies hojas aparentemente desechadas están esparcidas a su alrededor. El cuerpo de la figura está posicionada en primero y segundo plano,

Dos figuras (1953)

Debido a sus connotaciones homosexuales, la exposición inaugural de Dos figuras causó bastante revuelo. Inspirada en dibujos anatómicos y la fotografía en movimiento de Eadweard Muybridge, el cuadro es una exploración del cuerpo en acción, mediante una representación del acto físico del amor. Las dos figuras entrelazadas en la cama están cubiertas por la «cortina» de líneas estriadas creada por el pintor Francis Bacon, la que de alguna manera obstruye la vista y realza el movimiento de las figuras.

Sin embargo, a pesar de representar el acto físico del amor, es un trabajo que no evoca precisamente el romance que puede haber en una cita nocturna, el colorido un tanto oscuro nos hacen pensar en un momento siniestro.

Muchos interpretan la obra como una expresión de los supuestos gustos masoquista del artista, que podía deberse a la crueldad en la que creció. Era frecuente que algunas pinturas exhibieran el abuso al que se exponía en sus relaciones agresivas. Este óleo sobre lienzo forma parte de una colección particular en Londres.

Serie Cabezas (1948 -1949)

Entre los años 1948 y 1949, el pintor Francis Bacon estudió intensamente y creó un grupo de seis pinturas a las que se le conoce como la serie Heads (Cabezas), colocando algunas de estas en particular entre las obras más importantes y raras del artista, siendo la serie que sentó las bases de muchas de sus exploraciones del retrato durante las próximas décadas.

Todas de tamaño idéntico y con una paleta de colores equilibrada y similar en tonos grises y blancos fríos, estos trabajos causaron un gran revuelo, hasta el punto que Head III, creada en 1949 fue vendida en una subasta por 10,442,500 de libras esterlinas en 2013, el récord mundial actual por una obra de Bacon de la década de los cuarenta.

PINTOR FRANCIS BACON

La segunda mitad de esta década representa un cambio importante en el reconocimiento internacional del artista, iniciando una exitosa colaboración con Erica Brausen, propietaria de la Hanover Gallery. La galerista londinense donó una obra del artista a Alfred Barr para el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1948, lo que se puede tomar como un excelente inicio para su carrera mundial.

La primera exposición individual se llevó a cabo en la Galería de Hannover solo un año después, en noviembre de 1949, con esta importante serie de seis cabezas. Valiéndole al artista muy buenas críticas, que lo consideraron uno de los artistas más poderosos de Europa.

Estudio para Desnudo Agachado (1952)

Study for Crouching Nude es una obra elaborada en óleo y arena sobre lienzo, que mide 198,1 x 137,2 centímetros y actualmente se localiza en el Detroit Institute of Arts. 

Un efecto parecido a unas rejas separa al sujeto encarcelado del espectador curioso, una escena que parecen estar exhibida dentro de paredes de vidrio imaginarias que crean un aura de asfixia, quizás relacionada por muchos con la condición asmática del artista.

Las fuentes que inspiraron las imágenes de Bacon son sorprendentemente diversas, como los fotogramas de películas de Eisenstein, las escenas de la corte de Velázquez y los escritos serpenteantes de Joyce, así como los libros de texto de medicina.

Pero para Study for Crouching Nude elaborado en la primavera de 1952 es posible que tomara algunas ideas de los tabloides y los experimentos fotográficos en movimiento del fotógrafo e investigador británico, Eadweard Muybridge. La obra que muestra una figura que se encuentra alzado sobre algo puede derivarse de El hombre realizando un salto de pie, de este británico.

La pintura fue presentada por primera vez en Recent Trends in Realist Painting, que fue organizada por Robert Melville y David Sylvester, en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, en 1952.

PINTOR FRANCIS BACON

Tres figuras en una habitación (1964)

Es un trabajo compuesto por tres paneles pintados al óleo de unos  198 × 147 centímetros,  formando uno de sus famosos trípticos. En esta obra muestra por primera vez a su enamorado George Dyer como modelo, sin embargo no sería la última. Dyer a quien el pintor Francis Bacon conoció en 1963 fue el protagonista de muchas de sus pinturas.

En Three Figures in a Room exhibe de nuevo su constante interés por mostrar un tema desde distintos ángulos, pues aun cuando está elaborada en tres lienzos apartes, cada cuadro tiene el mismo tamaño, destacando un piso elíptico café, paredes en un tono amarillo y la presencia de un solo modelo que se repite en cada panel, con posiciones torcidas.

Se presume que la obra está inspirada en varias fuentes, que incluyen el dibujo realizado por Edgar Degas, la Mujer secándose después del baño (After the Bath, Woman Drying Herself), en el Torso de Belvedere. las esculturas de Miguel Ángel en la Capilla de los Medici y Bañistas con una tortuga de Henri Matisse.

Tres figuras en una habitación, fue comprada por el gobierno de Francia a finales de la década de los sesenta  y es parte de la colección del Centre Georges Pompidou desde 1976.

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