Lejos de plantearse como una exposición de “arte religioso” al uso, el proyecto indaga en cómo el pintor malagueño, ateo confeso pero criado en un entorno profundamente católico, se sirvió de símbolos sagrados, escenas bíblicas y modelos devocionales para construir un lenguaje propio. El resultado es un recorrido amplio por su obra que, sin perder rigor, invita a mirar a Picasso desde una perspectiva quizá menos conocida: la de su dimensión espiritual, humanista y trascendente.
Inauguración institucional y apoyo de la Iglesia y las administraciones
La exposición ha sido inaugurada oficialmente en la sala Beato Valentín Palencia de la Catedral por Su Majestad la Reina Sofía, cuya presencia ha subrayado el peso cultural del proyecto y ha situado a Burgos en el circuito internacional del arte contemporáneo. Junto a ella han participado en el acto el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, y Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista y copresidente de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte (FABA), acompañados por Almine Rech.
El arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, dio la bienvenida a los asistentes a través de un vídeo, en el que definió la exposición como un nuevo capítulo en el histórico diálogo entre la Catedral de Burgos y la cultura. Recordó que el templo, desde la colocación de su primera piedra por San Fernando, ha asumido sucesivos estilos artísticos como un “organismo vivo” y que ahora se abre también a la creación contemporánea de la mano de un autor capital como Picasso.
Al acto de apertura se sumó una nutrida representación institucional: el arzobispo emérito Fidel Herráez Vegas, el delegado del Gobierno en Castilla y León Nicanor Sen Vélez, la alcaldesa de Burgos Cristina Ayala Santamaría, el consejero de Cultura de la Junta Gonzalo Santonja Gómez-Agero, el fiscal superior de Castilla y León Santiago Mena Cerdá y el presidente de la Diputación de Burgos Borja Suárez Pedrosa, además de miembros de la Corporación Municipal, autoridades judiciales, militares y representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
El tejido empresarial también estuvo presente, con la asistencia de Antonio Garamendi Lecanda, presidente de la CEOE, y de responsables de las entidades patrocinadoras: Fundación Caja de Burgos, Fundación Caixabank, AC Hotels y Recoletas Salud. Todos ellos respaldan una iniciativa que se integra en los actos del 950 aniversario del traslado de la sede episcopal de Oca a Burgos, dotando a la ciudad de una oferta cultural con proyección europea.
Una muestra inédita: Picasso entra en la Catedral
La selección de obras presentada en Picasso. Raíces bíblicas está compuesta por 44 piezas entre pinturas, dibujos y esculturas, procedentes de distintas etapas de la trayectoria del artista, desde su juventud hasta comienzos de los años sesenta. De ellas, 31 pertenecen a la Fundación FABA, mientras que las restantes han sido prestadas por el Musée National Picasso-Paris, el Museu Picasso de Barcelona, el Museo Picasso Málaga, el Museo Reina Sofía, el Museo Nacional Thyssen‑Bornemisza, el Museo de Montserrat y una colección particular.
La jefa de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen, Paloma Alarcó, es la comisaria de la exposición y ha subrayado el carácter pionero de esta propuesta: es la primera vez que se organiza una gran muestra de Picasso en una catedral. Según explica, su intención no es etiquetar la producción picassiana como “religiosa”, sino poner el foco en cómo la iconografía cristiana y las referencias bíblicas se entrelazan con sus historias personales y sus búsquedas artísticas.
Las obras se exhiben en la sala Beato Valentín Palencia y parte del claustro bajo, un espacio que ha sido equipado con avances técnicos para acoger exposiciones de máximo nivel. El público puede visitar la muestra desde el 3 de marzo hasta el 29 de junio de 2026, con un horario amplio, de lunes a domingo, de 9:30 a 18:45 horas, lo que facilita la llegada tanto de visitantes locales como de turistas nacionales e internacionales.
La presidencia de la reina Sofía y el respaldo del Cabildo Metropolitano, la Archidiócesis de Burgos, la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento y la Diputación refuerzan la vocación de esta muestra como proyecto colectivo, en el que convergen las instituciones eclesiales, las administraciones y la iniciativa privada en torno a un mismo objetivo: acercar el legado de Picasso al gran público desde un ángulo novedoso.
Seis capítulos para leer la Biblia en la obra de Picasso
El recorrido expositivo se articula en seis capítulos temáticos que funcionan como una especie de “mosaico” de motivos bíblicos y cristianos en la trayectoria de Picasso. Paloma Alarcó ha concebido esta estructura para mostrar cómo, a lo largo de décadas, el artista fue reinterpretando la tradición religiosa mientras experimentaba con nuevos lenguajes plásticos.
El primer ámbito, Educación religiosa, se centra en los años de formación, cuando un joven Pablo Ruiz, educado en una familia católica en la España de finales del XIX, aprendía con maestros como José Garnelo Alda, pintor de temas sagrados. Obras como El monaguillo (1896), donde representa a un acólito con sotana y sobrepelliz en plena liturgia, dan cuenta de ese contacto directo con la imaginería devocional y el ceremonial católico.
El segundo capítulo, Maternidad, gira en torno al nacimiento de su hijo Paulo y el papel de su esposa Olga Khokhlova como modelo recurrente. En piezas como Maternidad (1921), elegida como imagen emblemática de la muestra, Picasso plasma a Olga con el niño en brazos, retomando la iconografía clásica de la Virgen con el Niño que encontramos en maestros como El Greco, Murillo o Alonso Cano, pero filtrada por una mirada íntima y contemporánea.
Bajo el epígrafe Vanitas, el tercer capítulo se adentra en las naturalezas muertas como terreno para reflexionar sobre el paso del tiempo, la muerte y la fragilidad humana. La obra Naturaleza muerta con calavera y tres erizos (1947) retoma el tradicional memento mori desde una perspectiva moderna, en clave cubista. Sobre la mesa se disponen una calavera y erizos de mar que algunos especialistas vinculan simbólicamente con la corona de espinas de Cristo, en un diálogo entre austeridad formal y carga alegórica.
El cuarto ámbito, Gólgota, aborda el tema de la Crucifixión y la Pasión de Cristo a través de obras influenciadas por el suicidio de su amigo Carles Casagemas y por referencias como la Crucifixión de Matthias Grünewald. En estas piezas, Casagemas aparece representado casi como un Cristo ensangrentado, en escenas de gran dramatismo que anticipan el imaginario que cristalizará en Guernica. Dibujos como Madre con niño muerto (1937) condensan la iconografía de la Pietà en clave de denuncia de la violencia de la guerra, con madres y niños como víctimas.
El quinto capítulo, Vera Icon, se ocupa de los retratos y de la obsesión de Picasso por el rostro humano, especialmente en sus últimos años. Obras como Cabeza de un hombre (1971) muestran cómo descompone y recompone las facciones mediante tramas geométricas, como si cada retrato fuera un paño que guarda una huella, evocando el velo de la Verónica. La exposición sugiere que retratar, para Picasso, es una forma de aferrar la presencia frente a la pérdida.
El último apartado, Esperanza, se centra en los años de la Europa en guerra, con la ocupación nazi de París de fondo. En este contexto, Picasso elabora dibujos y esculturas del hombre con un cordero en brazos, reinterpretación moderna del Buen Pastor paleocristiano, convertida en alegoría de la paz y la salvación. Junto a estos trabajos, se presentan sus célebres palomas, que remiten al episodio del Arca de Noé y a la idea de un nuevo comienzo; una de ellas, La Paloma en Vuelo, sirvió como imagen para los Congresos de la Paz, consolidando la paloma como símbolo universal de reconciliación.
Un diálogo fecundo entre fe, cultura y arte contemporáneo
En su intervención, el cardenal José Tolentino de Mendonça insistió en que, medio siglo después de la muerte del artista, una de las facetas menos exploradas de Picasso es su interrogación radical sobre la trascendencia. Aun declarándose sin fe, nunca se desprendió del “sustrato simbólico” de la tradición bíblica y cristiana, que actúa como estructura profunda de su sensibilidad, alimentada por la liturgia, las imágenes sagradas y el imaginario católico de su niñez.
Para el prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, la exposición que acoge la Catedral de Burgos es un ejemplo de diálogo cultural auténtico: el templo y la obra de Picasso, lejos de enfrentarse, se iluminan mutuamente al plantear preguntas de fondo sobre el sentido de la vida, el sufrimiento, la fraternidad y la esperanza. Señaló que, en piezas como Guernica, el cuerpo de Cristo se convierte en arquetipo del dolor humano, y que muchas maternidades picassianas remiten a la iconografía de la Theotokos, la Madre de Dios.
El cardenal subrayó que el itinerario concluye precisamente con el tema de la esperanza, representado por figuras como el Homme au mouton y por las palomas, que atraviesan la obra de Picasso como metáforas de paz y reconciliación. En nombre del Papa, alentó a seguir promoviendo este tipo de iniciativas que vinculan las raíces cristianas con la cultura contemporánea, convencido de que una “mirada larga” es indispensable para reconocer la profundidad espiritual presente incluso en creadores que se definen como no creyentes.
Por su parte, Mario Iceta destacó que la sala Valentín Palencia, renovada con criterios museográficos actuales, es signo de la voluntad de la Iglesia burgalesa de abrirse a nuevas formas de diálogo con el arte. Definió la exposición como un espacio para el encuentro entre fe y cultura, belleza y verdad, arte y alma, en plena sintonía con el papel histórico de la Catedral como foco de creación artística.
También Bernard Ruiz-Picasso quiso poner el acento en la relación de su abuelo con el pasado. A su juicio, Picasso “se alimentaba de sus orígenes para crear un presente abierto al futuro” y, aunque se rebeló contra la religión institucional, mantuvo una actitud de búsqueda espiritual y de compromiso con la paz y la convivencia. El paso del tiempo, señaló, permite ahora acercarse a su obra desde esta óptica trascendente, que durante años quedó en un segundo plano.
La huella de la educación católica y el viaje “de incógnito” a Burgos
Buena parte de las claves de Picasso. Raíces bíblicas se encuentran en la propia biografía del artista. Antes de convertirse en uno de los grandes nombres del arte del siglo XX, pionero del cubismo y figura central de la vanguardia, Pablo Ruiz Picasso fue un niño educado en un ambiente profundamente católico. Asistía con su madre a misa en Málaga y, ya en Barcelona, su formación en la escuela de La Llotja se desarrolló en un contexto en el que la iconografía religiosa seguía teniendo un peso notable.
La comisaria, Paloma Alarcó, recuerda que en el arte de Picasso “nada es puro”, sino profundamente híbrido: mitos grecorromanos, tradición judeocristiana, cultura popular y experiencias personales se entrelazan sin jerarquías rígidas. De ahí que muchas obras que podrían leerse como seculares contengan resonancias bíblicas o ecos de la imaginería devocional que conoció en su juventud.
La elección de Burgos como sede de esta muestra no es casual. El artista visitó la ciudad en 1934, en un viaje discreto en el que recorrió, entre otros lugares, la Catedral de Burgos. Aquel desplazamiento, del que se conserva una fotografía con su esposa Olga y su hijo Paulo, formó parte de su último regreso a España, en un itinerario que incluyó también San Sebastián, Madrid, Toledo y Barcelona. Hoy, más de nueve décadas después, sus obras regresan a la seo burgalesa para entablar un diálogo directo con su arquitectura gótica y su patrimonio religioso.
Varios testimonios, entre ellos el de su nieto, apuntan a que Picasso documentaba con esmero momentos significativos de su vida, lo que explica que se conserve el recuerdo gráfico de aquella visita. Sin embargo, apenas hay rastro en la prensa de la época, lo que alimenta la idea de un viaje “de incógnito” que ahora adquiere un nuevo sentido a la luz de esta exposición.
En palabras de los organizadores, la muestra también pretende situar a Burgos en el mapa internacional del turismo cultural, aprovechando la potencia simbólica de la Catedral —Patrimonio de la Humanidad— y la enorme proyección de Picasso en Europa y en todo el mundo. La combinación de un icono del arte contemporáneo con uno de los grandes templos góticos del continente ofrece un reclamo singular para visitantes españoles y extranjeros.
Humanismo, guerra y esperanza: un Picasso atravesado por lo sagrado
Quienes se acerquen a la sala Valentín Palencia encontrarán un discurso que no oculta las contradicciones del artista. Picasso fue comunista, se declaró no creyente y se mostró crítico con determinados aspectos de la cultura católica, pero al mismo tiempo sus obras están atravesadas por una intensa preocupación espiritual y ética. La comisaria habla incluso de un “ateo muy piadoso”, que transforma las tensiones entre fe y escepticismo en materia artística.
La exposición incide en varios grandes ejes: la maternidad y la feminidad, la transitoriedad de la vida, la violencia de la guerra, la muerte y la identidad personal y, finalmente, la esperanza. En el tránsito desde las maternidades serenas hasta las madres que sostienen hijos muertos en el contexto de Guernica, puede leerse una reflexión amarga sobre el siglo XX europeo, lleno de conflictos y totalitarismos.
El capítulo de Gólgota y las obras relacionadas con el bombardeo de Guernica muestran muy bien esta dimensión. Las figuras deformadas, los gritos silenciados y los cuerpos fracturados remiten con claridad a la iconografía de la Pasión, pero trasladada al escenario devastado de la guerra moderna. La curadora subraya que esa mirada mantiene plena vigencia, hasta el punto de que “lo que Picasso pintó entonces lo seguimos viendo hoy en los periódicos”.
En contraste, la sección dedicada a Esperanza reivindica la capacidad del arte para señalar caminos de reconciliación. Las imágenes del Buen Pastor y las palomas que surcan los dibujos y litografías de Picasso no son simples motivos decorativos: condensan una apuesta por la paz y por un futuro distinto para Europa tras la devastación bélica. De este modo, la exposición concluye con un mensaje que, sin ser propiamente religioso, conecta estrechamente con el horizonte bíblico de salvación y nuevo comienzo.
Los responsables del proyecto insisten en que Picasso. Raíces bíblicas no solo es una gran cita artística, sino también una invitación a pensar nuestro propio tiempo: la mezcla de tradición y ruptura, la tensión entre lo sagrado y lo profano, y la búsqueda de sentido en medio de la incertidumbre siguen siendo cuestiones vigentes. En la Catedral de Burgos, esas preguntas resuenan entre vidrieras, retablos y bóvedas góticas, mientras las obras de Picasso plantean, sin dogmatismos, nuevas formas de mirar la fe, la historia y la condición humana.