Entrando en este artículo, podrás conocer con nosotros quiénes fueron los Patriarcas de la Biblia. Descubre, además, cuál era su responsabilidad en su tiempo y qué legado nos dejaron ellos a nosotros.

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¿Qué son los Patriarcas en la Biblia?

La etimología del vocablo patriarca se deriva de la traducción latina patriarcha que proviene del griego antiguo πατριάρχης. Este último vocablo, es una palabra compuesta por dos raíces griegas, a saber:

  • πατριά, πάτερ, transliterado pater: cuyo significado es padre, descendencia.
  • ἄρχω, άρχων transliterado archón: que significa líder, jefe o autoridad.

Patriarca es entonces en el sentido de la sociología, la designación dada a todo aquel varón que lleva la autoridad o lidera a una familia. Es decir, el padre de familia, el que toma las decisiones que corresponden a la familia; y al sistema que guarda esta regla se conoce como patriarcado.

Por su parte en la Biblia el patriarca es la designación dada a los principales jefes o líderes de la etapa en que se forma el pueblo de Israel. Esta etapa se conoce en la Biblia como la era patriarcal.

La era patriarcal la define la Biblia desde el patriarca Abraham hasta su nieto Jacob. Si bien los patriarcas son padres, desde Adán hasta Noé, estos padres no entran en la era patriarcal de la Biblia.

Aunque algunos textos a estos padres de los orígenes los definen como los patriarcas antediluvianos. Adán además de ser el primer hombre también fue el padre de la humanidad.

Si quieres saber más sobre el primer hombre y padre de la humanidad, te invitamos a entrar al artículo Adán y Eva: La primera pareja de humanos en la creación. En esta pareja se concentra el origen de la humanidad, creados por Dios a su imagen y semejanza, como esta escrito en el libro de Génesis.

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La era patriarcal

La era patriarcal es importante para conocer la historia de los hombres de Dios que nos dejaron el rico legado de las bases del fundamento de la fe cristiana. Una fe que se extiende en varios siglos atrás, desde el pueblo hebreo de Dios hasta los tiempos de la gracia en la iglesia universal de Jesucristo.

La historia del pueblo de Israel comenzó hace más de unos 4 mil años atras  con los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob. Estos patriarcas fue una sucesión de tres generaciones: Padre, hijo y nieto.

La era patriarcal está definida en la historia de estos tres patriarcas y estan descritas en la Biblia, en el libro de Génesis en los capítulos del 12 al 50. Un texto bíblico que abre las puertas al conocimiento de Dios como único creador y Señor de todo lo que existe.

Además nos lleva a conocer sobre el tema de la caída del hombre, hasta la historia de los tres principales patriarcas de la Biblia. En este sentido puedes entrar aquí y conocer más sobre el Libro de génesis: capítulos, versículos, e interpretación.

La tradición judía ha mantenido una cronología desde la creación de Adán hasta los reinados de los últimos reyes de Israel y Judá. Según esta cronología de la tradición Rabínica y basado en la fuente antigua judía del Rabino Seder’ Olam Rabbah.

La era patriarcal se ubica aproximadamente en el año 1813 antes de Cristo, con el nacimiento de Abraham; hasta la muerte de su nieto Jacob aproximadamente en el año 1506 antes de Cristo.

Fundamento histórico de los patriarcas

El pueblo de Israel es un pueblo que ha guardado la historia de la formación de su pueblo de generación a generación a través de una tradición esencialmente oral. El fundamento de esta historia, se la atribuye el pueblo de Israel a un hombre que obedeció y fue fiel en todo momento a la voluntad de Dios.

Este hombre es Abraham, quien cree a Dios y obedece su voz dejando su tierra, así como a su familia. Abraham atiende el llamado para comenzar a realizar el plan divino que se le había dado, el cual se enfocaba en la bendición de formar desde el amor y la fe a un pueblo grande y numeroso.

Paradójicamente, Abraham tiene un solo hijo, a Isaac con su esposa Sara, de Isaac nacen dos hijos, Esaú y Jacob. Jacob, el menor de los hijos de Isaac, por actos cometidos tiene que huir de la casa de su padre, posteriormente le toca vivir una experiencia algo extraña con Dios, marcando su vida a partir de ese momento.

Jacob con su disposición al trabajo y su confianza hacia el creador, hace que Dios lo establezca como el padre de las doce tribus de Israel. Cada tribu conformada por cada uno de los doce hijos que tuvo con sus dos esposas y las siervas de estas; de las doce tribus de Israel se formaría el pueblo y la cultura judía.

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Originalmente ¿Qué sabía el pueblo de Israel de sus Patriarcas?

Los primeros antepasados del pueblo israelita no dejaron nada por escrito, sobre su historia. De manera, que las generaciones jóvenes sucesivas se iban enterando de los hechos de sus antepasados por el relato verbal de parte de lo más ancianos del pueblo.

De estos relatos surgió la historia de Abraham, en el tiempo que las tribus nómadas hebreas hacían el recorrido con sus rebaños desde el desierto hasta Egipto. En esta historia se contaba la fe de Abraham, se hablaba de su confianza en Dios y la promesa que le hizo de bendecirlo con un pueblo grande.

Los relatos también hablaban de Isaac, el hijo que Dios prometió a Abraham y que fue concebido en la vejez de este y de su esposa Sara. Un relato que manifestaba el prodigio y poder del Dios de Abraham.

Después se encuentra la historia contada de Jacob, a quien consideraban el padre y fundador del pueblo israelí, con las doce tribus, cada una representando a uno de sus hijos. Años después algunos ilustrados de Israel, así como Moisés comenzaron a escribir toda la historia.

La cual quedó plasmada en rollos y manuscritos que aún conservan los judíos. Estas escrituras siglos después fueron transcritas en el libro de Génesis en la Biblia.

Historias que quedaron plasmadas para que hoy todo creyente pueda entender y comprender el origen del plan de Dios. Principalmente se establece el nacimiento del pueblo de Israel, sus rasgos y características; siendo la más importante la fe de este pueblo en un solo Dios.

¿Quiénes fueron los principales patriarcas?

Los personajes de Abraham, Isaac y Jacob, representan a los principales patriarcas o fundadores del judaísmo, así como del cristianismo. La Biblia cristiana en el Antiguo y Nuevo Testamento, se nombra en múltiples ocasiones, haciendo alusión al Dios de los padres (los patriarcas) Abraham, Isaac y Jacob:

Éxodo 4:5 (RVA 2015): -Esto es para que crean que se te ha aparecido el SEÑOR, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Mateo 22:32 (DHH): “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” ¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos!

Conozcamos a continuación un poco sobre quienes fueron estos principales padres de la fe, y los primeros en seguir obedientemente la voluntad de Dios.

Abraham el primero de los patriarcas

La historia de Abraham no es simplemente la historia de alguien, va más allá. Porque es un compendio de lo que es la verdadera fe.

El relato de la vida de Abraham representa los pasos y la pruebas que le tocó vivir, y que, a pesar de ellas siempre permaneció firme en su confianza en Dios. La vida de Abraham representa, además, un ejemplo para cualquier creyente hoy en día, cuando le toca afrontar sus propias pruebas en algún momento de su vida.

La historia de este primer patriarca se inicia con su partida hacia una tierra desconocida, dejando atrás a toda su familia. Viaje que hace atendiendo un llamado de Dios

Génesis 12:1 (DHH): -Un día el Señor le dijo a Abram: -Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar-.

A partir de allí se inicia la fe probada de Abraham, propia del pueblo de Dios. Posteriormente este hombre de fe, hace una gran demostración de bondad al dejar que su sobrino Lot escoja primero entre las tierras del norte y las del sur (Génesis 13:8-9).

Sin saberlo estaba haciendo una demostración de lo que es la tierra buena y verdadera, el verdadero corazón del hombre, donde se establece el Reino de Dios.

Posteriormente Abraham lleno de ansiedad habla con Dios:

Génesis 15:2-4 (RVC): Abrán respondió: -Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme, si no tengo hijos, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? – 3 También dijo Abrán: -Mira que no me has dado descendencia. Mi heredero será un esclavo nacido en mi casa-. 4 Pero vino a él palabra del Señor, y le dijo: -Tu heredero no será éste, sino tu propio hijo-.

Dios hace alianza con Abraham

Abraham ante esta promesa le cree a Dios demostrando su fe al confiar en una promesa que en el pensamiento del hombre es irrealizable. A partir de ese día Dios establece una alianza con Abraham y se inicia una amistad entre ambos.

Dios aprobó a Abraham porque al decirle “No temas”, la respuesta de este hombre fue depositar su confianza en el Señor. La alianza queda sellada según la costumbre de ese tiempo, que consistía en pasar entre las dos mitades de un animal sacrificado, (Génesis 15:9-21)

Jeremías 34:18 (RVC): -A los que transgredieron mi pacto y no cumplieron sus términos, los cuales pactaron en mi presencia, los voy a partir en dos, del mismo modo que se partió en dos el becerro con el que se selló el pacto. Voy a partir en dos.

Esto nos da una enseñanza y es que la fe nos hace amigos de Dios, y el ser amigo representa ser íntimo del Señor. Dios da a su amigo Abraham al hijo de la promesa a Isaac, conoce aquí sobre Intimidad con Dios: ¿Cómo desarrollarla?

La promesa de Dios a Abraham

Génesis 17:5-9 (TLA): Al oír esto, Abram se inclinó en señal de respeto. Entonces Dios le dijo: – En este pacto que hago contigo, te prometo lo siguiente: De ti nacerán muchas naciones. Por eso ya no vas a llamarte Abram, sino Abraham, porque serás el padre de muchas naciones, y muchos de tus descendientes serán reyes. Este pacto que hago contigo, lo hago también con tus descendientes, y no tendrá fin. Yo soy tu Dios, y también seré el Dios de tus descendientes. La tierra de Canaán, donde ahora vives como extranjero, te la daré a ti para siempre, y también a tus descendientes-.

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El segundo patriarca Isaac

Después de la promesa de Dios a Abraham al pasar de los años, se le presenta Sara como lo había anunciado. De manera que después de muchos años Dios cumple, siendo Isaac el hijo de la promesa.

Isaac nació contra toda esperanza o razonamiento humano, que se pudiera cumplir esta promesa de Dios en las condiciones en las que se encontraban sus padres. Sara siendo una mujer muy anciana, da a luz al hijo de Abraham.

Isaac el segundo patriarca recibe en herencia la promesa de Dios a Abraham para sus descendientes. Dios lleva a cabo su plan con firmeza, pero sin agraviar a nadie.

Dios pone a prueba a Abraham con su hijo Isaac, pero después de la prueba, él comprende que ama a su hijo de la manera que Dios quiere que lo ame. Puesto que prefirió a Dios aún antes que, a su propio hijo, al que había esperado por muchos años.

Esto nos enseña que a Dios le agrada y aprueba nuestra dedicación o a la obediencia que tengamos con Él. Esto es, si en alguna oportunidad, le demostrado que estamos dispuestos a dejar o entregar algo, porque él lo haya pedido o demandado.

En el pedido que Dios le hizo a Abraham, tanto el padre como el hijo Isaac se unían en un mismo sacrificio. Isaac, por su parte aceptó su destino como sacrificio a Dios, llevando la madera que debía alimentar el fuego debajo de él.

No obstante, Dios lo salvó por la fiel obediencia de su padre Abraham y lo bendijo juntamente con sus descendientes.

El tercer patriarca Jacob

Isaac hijo de Abraham tiene dos hijos llamados Esaú y Jacob. El tercer patriarca sería Jacob que, a diferencia de Abraham, tomaría conciencia desde joven de su llamado.

Jacob, primeramente, le compra a Esaú su primogenitura, ya que lo juzgó y lo consideró irresponsable. No obstante, no sabía el precio que conllevaba la bendición de Dios a sus padres.

Jacob necesito que su madre lo animara a que se expusiera a robar la bendición, de esta forma se dejó convencer. Solamente después de llevar a cabo el hecho, fue que comprendió las consecuencias de su acto, teniendo que huir para salvar su vida.

Pero desde que Jacob le toca llevar la vida de un forastero fugitivo, es que tiene su encuentro con Dios. Allí toma conciencia de la responsabilidad asumida, al ser el único heredero de las promesas de Dios.

La Biblia muestra al patriarca Jacob, como un hombre esforzado, astuto y de gran confianza en las promesas de Dios. Las bendiciones de Dios acompañan a Jacob en su vida fugitiva, siendo un trabajador perseverante.

Luego de transcurrir quince años, Jacob cuenta con dos esposas, doce hijos y gran fortuna material. En ese momento es cuando regresa a la tierra de sus padres y se prepara para afrontar a su hermano Esaú, Jacob finalmente conformaria la nación de Israel.

El legado o mensaje de los patriarcas para hoy

La humanidad toda en mayor o menor grado cree en algo, puede que, en algunos eso en lo que creen los llegue a tranquilizar. Esa acción de creer se llama fe, creer en algo o tener fe en algo da confianza, pero, ¿genera un compromiso?

Quizás la fe como la ve el mundo no, un ejemplo son las personas ateas. Ellas no creen en Dios, pero si tienen sus propias creencias, no asumen ningún compromiso, aparte del que tengan con sus propios razonamientos humanos.

Mientras que la fe de la que nos habla la Biblia, se fundamenta en creer en alguien que nos hace un llamado para caminar un camino junto a Él. Ese alguien es Dios, creador del cielo y de la tierra y de todo lo que hay en ella.

Cuando como creyentes respondemos al llamado de Dios, asumimos también el compromiso de seguir el camino que Él trazó según su propósito para cada uno de nosotros.  Comenzamos a vivir y entrar en una historia confiando plenamente en Dios y en un caminar junto a Cristo.

Legado de Abraham

La fe bíblica se inicia precisamente con el Patriarca Abraham, el apóstol Pablo reconoció y nos muestra a Abraham como el prototipo mismo de la fe. Abraham no se hizo justo ante Dios por lo que hizo o no hizo, sino que deposito toda su confianza en el Señor, (leer Romanos 4:1-25):

Romanos 4:3 (TLA): La Biblia dice: -Dios aceptó a Abraham porque Abraham confió en Dios-.

Dios le hace el llamado a Abraham con autoridad en la misma forma que lo hizo con los profetas en su tiempo. En nuestro tiempo de igual forma nuestra fe nace de un llamado de Dios.

Al creer, Dios nos da una medida de fe, nosotros no hicimos nada para merecerla. Esa medida de fe es igual para todos, pero la responsabilidad de cada uno es hacerla crecer y que madure.

Abraham por el mismo no tomó la decisión de partir de su tierra a otra, ni busco una nueva forma de servir a Dios. El Señor pone a prueba a los que reciben el llamado para que puedan crecer en la fe.

Dios reserva sus mayores dones a los que permanecen firmes en el llamado de la fe, aun en los momentos de prueba.

1 Pedro 1:7 (NTV): Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.

Legado de Jacob

Jacob nos enseña con su oración a Dios (Génesis 32:9-12) que el orar no es solo pedir se cumpla su voluntad en nosotros y pedir, nos de la fuerza necesaria para aceptarla. Orar también es retar a Dios, confiando en sus promesas y sabiendo que el atiende nuestras suplicas.

Jacob de igual forma nos enseña que aun cuando las promesas de Dios parecen desvanecerse, debemos crecer en amor y fe para proseguir en la búsqueda de su voluntad. Dios le pide a Jacob el sacrificio de que se volviera a su tierra y a su parentela, para que sirviera de ejemplo a otros padres.

Jacob le cumple al Señor a pesar del miedo que tenia de enfrentar a su hermano Esaú, porque sabía la promesa que estaba depositada en él como descendiente de Abraham. Asimismo, cada uno de nosotros vamos descubriendo nuestro deber y nuestra misión en el servicio con Cristo, como miembros de su Iglesia.

No obstante, eso no quiere decir que el realizar nuestra misión conlleve a hacerla sin ningún esfuerzo o que todo va a ir bien. Porque tal como pasó con Jacob, nosotros debemos de tener el deseo y la voluntad de ir forjando nuestras vidas acordes a los propósitos de Dios.

Además de no perder la fe, y que al final de todo se cumplirá lo prometido por Dios. En la actualidad muchos creyentes estamos conscientes de lo que se debería hacer para que el mundo en que vivimos sea mejor y más justo.

Pero no hacemos ningún esfuerzo para llevarlo a cabo. No tomamos la decisión de convertirnos en luchadores como lo fue Jacob en su momento, que arrebató la bendición prometida por su Dios.

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