Países más innovadores del mundo: ranking y claves

  • El Índice Mundial de Innovación evalúa más de 130 economías con más de 80 indicadores para medir insumos y resultados de innovación.
  • Suiza, Suecia, Estados Unidos, Corea del Sur, Singapur y China forman el núcleo de países más innovadores, con Asia ganando peso.
  • Europa mantiene muchos líderes, pero Alemania cede terreno frente a China y España se sitúa como innovador moderado.
  • América Latina, con Chile, Brasil y México a la cabeza, sufre una fuerte brecha entre creatividad e innovación efectiva.

Suiza

La innovación se ha convertido en la gasolina del crecimiento económico, la ventaja competitiva y la capacidad de un país para aguantar crisis como pandemias, tensiones geopolíticas o cambios tecnológicos vertiginosos. No hablamos solo de inventar gadgets llamativos: detrás están la inversión en I+D, la calidad de las universidades, el capital riesgo, la solidez institucional y la capacidad de transformar ideas en productos, servicios y empleos de calidad.

Para poner un poco de orden en todo esto, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) publica cada año el Índice Mundial o Global de Innovación (GII), que se ha convertido en el baremo de referencia para responsables políticos, empresas y analistas. A partir de ese índice y de otros estudios como el Bloomberg Innovation Index, podemos dibujar un mapa bastante fino de cuáles son hoy los países más innovadores del planeta, qué características comparten y qué regiones se están quedando atrás, con especial mención a Europa, Asia y América Latina.

Qué es el Índice Mundial de Innovación y cómo se elabora

El Índice Mundial de Innovación (GII/IGI) es una radiografía extensa de 130-140 economías que va mucho más allá de contar patentes o mirar cuánto gasta un país en investigación. La OMPI, junto con socios académicos como INSEAD y Cornell, cruza más de 78-80 indicadores procedentes de fuentes públicas y privadas para medir tanto los recursos que se destinan a innovar como los resultados que se obtienen.

El índice se organiza en siete grandes pilares que agrupan esos indicadores: instituciones; capital humano e investigación; infraestructuras; sofisticación de mercado; sofisticación empresarial; producción de conocimiento y tecnología; y producción creativa. A efectos prácticos, la metodología combina dos grandes subíndices: uno recoge las “aportaciones” (insumos) a la innovación y el otro los “resultados” (outputs) que genera cada economía.

En el apartado de insumos se mide, por ejemplo, la calidad del marco institucional, el nivel educativo, el esfuerzo en I+D y la madurez de los mercados financieros (incluido el capital riesgo). En el bloque de resultados se analizan aspectos como patentes, marcas, modelos de utilidad, exportaciones de alta tecnología, servicios TIC, producción creativa o valor de las marcas.

Un detalle importante es que buena parte de estos indicadores están ajustados al tamaño de la población y de la economía. Es decir, no basta con ser grande: se mira el gasto en I+D como porcentaje del PIB, el número de investigadores por millón de habitantes o la densidad de clústeres de innovación. Esa es la razón por la que Suiza, un país pequeño, lleva años encabezando la clasificación mundial por delante de gigantes económicos.

Además, el GII no se queda en el ranking frío: para cada economía se elabora una ficha que detalla puntos fuertes y debilidades del ecosistema innovador, y el índice pasa por auditorías estadísticas independientes (como la del COIN del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea) para garantizar su robustez metodológica.

Contexto global: la innovación avanza, la inversión se frena

En las últimas ediciones recientes del GII, la OMPI detecta una tendencia preocupante: los indicadores clave de inversión en innovación muestran síntomas de fatiga tras el impulso observado durante la pandemia (2020-2022), cuando muchos países aceleraron el gasto en I+D y digitalización para salir del bache.

Desde 2022-2023 se aprecia una caída significativa del capital riesgo a escala mundial, con descensos acumulados cercanos al 40 % en 2023 respecto a los picos históricos de 2021. El número de operaciones de venture capital también se redujo, en torno al 9-10 %, y la financiación se ha concentrado de nuevo en menos países y sectores, con un claro sesgo hacia Estados Unidos y hacia tecnologías como la inteligencia artificial.

Algo parecido ocurre con las publicaciones científicas y las solicitudes internacionales de patentes. Tras el boom asociado al COVID-19, los artículos científicos se han estabilizado y las solicitudes de patentes bajo el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) registraron incluso descensos puntuales cercanos al 2 %, el primer retroceso desde la crisis financiera de 2009.

En lo que respecta al gasto global en investigación y desarrollo, los datos apuntan a un crecimiento real más moderado de la I+D. Tras tasas en torno al 5 % en 2022, las previsiones para 2023-2025 hablan de incrementos cercanos al 2-3 %, el nivel más bajo en más de una década. El freno es particularmente evidente en sectores manufactureros tradicionales (automoción, bienes de consumo), afectados por la inflación y la caída de ingresos.

Países más innovadores del mundo: ranking y claves

Pese a ello, el avance tecnológico no se ha detenido: áreas como la secuenciación genómica, la potencia de cálculo, la baterías eléctricas, el 5G, la robótica y los vehículos eléctricos siguen evolucionando rápido. Eso sí, el progreso en tecnologías verdes muestra signos de ralentización, especialmente en la reducción del consumo energético de los superordenadores y en la bajada de precios de las baterías, lo que complica los objetivos climáticos.

El podio: Suiza, Suecia y Estados Unidos como referentes

Cuando se mira la parte alta del ranking, aparece un grupo de economías que llevan años consolidadas como líderes en innovación. Suiza, Suecia y Estados Unidos figuran de manera recurrente en las primeras posiciones del GII, y otros índices como el de Bloomberg también los sitúan en el núcleo duro de la vanguardia tecnológica mundial.

Suiza encabeza el índice de forma casi crónica, gracias a la combinación de un entorno institucional estable, una protección muy sólida de la propiedad intelectual, universidades y centros de investigación de altísimo nivel y una fuerte conexión entre ciencia y empresa. Destaca en producción de conocimiento y tecnología, intensidad de activos intangibles, sofisticación empresarial y resultados creativos.

En el caso de Suecia, el capital humano y la apuesta por la sostenibilidad son claves. Su sistema educativo, el apoyo a la investigación básica y la colaboración internacional le permiten liderar sectores como la energía limpia, la biotecnología o el diseño industrial. Además, dentro de la Unión Europea se sitúa entre los líderes absolutos en innovación, muy por encima de la media comunitaria.

Estados Unidos, por su parte, domina en capital riesgo, clústeres de innovación y ecosistemas de startups. Con más de una veintena de polos tecnológicos de referencia —desde Silicon Valley hasta Boston o la costa este—, el país puntúa muy alto en inversión corporativa en I+D, publicaciones científicas de impacto (índice H), valoración de unicornios y generación de ingresos por propiedad intelectual.

Además del podio, otros países desarrollados como Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Finlandia, Alemania o Israel se mantienen de forma habitual entre los diez o quince primeros puestos, aunque con movimientos relevantes en los últimos años, como la salida de Alemania del top 10 ante el empuje de China.

El empuje de Asia: Corea del Sur, Singapur y la irrupción de China

Corea del Sur

Corea del Sur

Si hay una región que está cambiando el mapa de la innovación mundial es, sin duda, Asia oriental y el sudeste asiático. Lo que durante décadas fue un territorio dominado por Europa y Norteamérica se está transformando en un escenario mucho más multipolar, con varios países asiáticos compitiendo de tú a tú con las potencias tradicionales.

Corea del Sur figura entre las economías más innovadoras del mundo tanto en el GII como en el índice de Bloomberg, donde llegó a ocupar el primer puesto. Su modelo se basa en un gasto empresarial en I+D altísimo, la presencia de grandes conglomerados tecnológicos (semiconductores, electrónica, automoción, robótica) y una conectividad digital de primer nivel. También destaca en patentes, fabricación avanzada y despliegue de redes 5G.

Singapur se ha convertido en un hub tecnológico clave en Asia. Con una superficie y población muy reducidas, concentra un talento científico y técnico espectacular, un entorno regulatorio ágil y muy favorable a los negocios, y una infraestructura digital puntera. Lidera indicadores como exportaciones de servicios TIC, facilidad para hacer negocios e intensidad de activos intangibles.

El gran cambio de guion lo protagoniza China, que ha entrado por primera vez en el top 10 de países más innovadores según el GII reciente, desplazando a Alemania al puesto 11. Y lo hace, además, como única economía de renta media dentro de las treinta primeras posiciones mundiales, algo que rompe la lógica habitual de que solo los países de altos ingresos pueden liderar en innovación.

El peso de China se aprecia en varios frentes: de allí procede aproximadamente una cuarta parte de todas las solicitudes internacionales de patentes, mantiene el mayor número de clústeres de innovación entre los cien más importantes del planeta y se acerca rápidamente a Estados Unidos como potencial mayor inversor en I+D, sobre todo gracias al tirón del sector privado.

Lo relevante es que sus resultados en innovación son mejores de lo esperado para su nivel de renta. La OMPI subraya que el país no solo inyecta dinero y personal, sino que ha mejorado mucho la eficiencia con la que convierte esos insumos en patentes, exportaciones de alta tecnología, marcas y valor de marca global. Esa transformación ha hecho que el viejo estereotipo del “dragón tecnológico gordo” —consumidor de recursos pero poco creativo— haya quedado claramente desfasado.

Europa: muchos líderes, pero con señales de alerta

Europa sigue siendo la región con mayor concentración de países en la parte alta del ranking de innovación. En torno a quince economías europeas se sitúan habitualmente entre las veinticinco más innovadoras del mundo, y siete de ellas logran colarse en el top 10 según distintas ediciones del GII: Suiza, Suecia, Reino Unido, Países Bajos, Finlandia, Dinamarca y, en ocasiones, Alemania.

Dentro de la UE, el cuadro europeo de indicadores de la innovación distingue entre líderes, innovadores fuertes, moderados y emergentes. En el primer grupo aparecen países como Dinamarca, Finlandia, Bélgica, Países Bajos o la propia Suecia, todos ellos muy por encima de la media comunitaria gracias a su fuerte tejido innovador, sus sistemas educativos y su inversión en I+D.

Un escalón por debajo están los innovadores fuertes, donde figuran Alemania, Austria, Luxemburgo, Francia, Irlanda o Chipre. Son economías con resultados cercanos o superiores a la media europea, pero que no alcanzan todavía el rendimiento de los líderes. Alemania, en particular, ha visto cómo su posición relativa se resiente en el ámbito global, sobre todo ante la entrada de China en el top 10.

A continuación aparece el grupo de innovadores moderados, entre los que se encuentra España, acompañada por Chequia, Estonia, Portugal, Eslovenia, Grecia, Italia, Lituania o Malta. Estos países se sitúan por debajo de la media de la UE en desempeño innovador, pese a contar con buenas capacidades científicas y talento.

El último bloque, el de innovadores emergentes, incluye a Croacia, Eslovaquia, Letonia, Polonia, Hungría, Bulgaria y Rumanía. Sus resultados están bastante por debajo de la media, aunque algunos de ellos están mejorando puestos poco a poco gracias a la captación de inversión industrial y a la integración en cadenas de valor europeas.

Alemania, la robótica y el sorpasso de China

El caso de Alemania merece mención aparte porque sigue siendo una potencia tecnológica e industrial, pero ha perdido presencia en la cúpula del ranking global. Tradicionalmente asociada a la ingeniería y a la innovación aplicada, la economía alemana ha sido desplazada del top 10 por China en las últimas ediciones recientes del GII.

Conviene matizar que este descenso al puesto 11 no implica un desplome, ni significa que el ecosistema innovador alemán esté en decadencia. Entre otros motivos, los datos del índice no recogen aún el impacto pleno de decisiones políticas como las guerras arancelarias de la administración Trump o los ajustes industriales posteriores. Además, Alemania mantiene un músculo espectacular en sectores como el automóvil, la maquinaria o la robótica.

Según la Federación Internacional de Robótica, Alemania es el mayor mercado de robots industriales de Europa, con más de 230.000 unidades operativas y unas 26.000 nuevas instalaciones anuales (cifras en torno a 2022). La economía alemana acumula aproximadamente un tercio de todos los robots instalados en el continente, lo que refleja su alto nivel de automatización y su apuesta por la industria 4.0.

Países más innovadores del mundo: ranking y características clave

No obstante, en el escenario global está perdiendo fuelle frente a países asiáticos. Corea del Sur y China superan a Alemania en densidad y ritmo de instalación de robots, y están tirando de la frontera tecnológica en ámbitos como semiconductores, electrónica de consumo o vehículos eléctricos. Ese cambio de equilibrio se refleja tanto en el GII como en otros indicadores sectoriales.

Aun así, todo apunta a que Alemania conserva un enorme potencial innovador a largo plazo. Su red de institutos de investigación aplicada, la fortaleza de su Mittelstand tecnológico y su capacidad para liderar nichos de alto valor añadido la mantienen como un actor clave en la carrera global, aunque el tablero esté mucho más apretado.

España: país creativo que no termina de convertir en innovación

España suele aparecer en el entorno del puesto 28-31 del Índice Mundial de Innovación, y en posiciones similares en el Bloomberg Innovation Index. Es decir, se sitúa en el grupo de innovadores moderados dentro de la UE, lejos del pelotón de cabeza donde están los países nórdicos, Alemania, Países Bajos o Suiza.

La paradoja es que España es un país con una producción científica muy notable. El número de publicaciones y documentos científicos crece año tras año, y existen ejemplos de éxito internacional rotundos, como la participación española en misiones espaciales a Marte (con varias estaciones meteorológicas en el rover Perseverance y misiones anteriores, desarrolladas por el Centro de Astrobiología y el INTA).

Sin embargo, el sistema tiene un problema de conversión de creatividad en innovación comercial. Es decir, hay buenas ideas, buena ciencia y talento, pero cuesta transformarlo en patentes, empresas tecnológicas escalables, productos de alto valor añadido y, en general, resultados medibles por los indicadores del GII.

Entre las fortalezas del ecosistema español destaca la existencia de incentivos fiscales y ayudas a la I+D+i, un entorno razonablemente seguro para la propiedad intelectual, un mercado laboral con buen nivel de formación y un número creciente de registros de patentes y proyectos innovadores. También se está incrementando la financiación pública para ciencia y tecnología en los Presupuestos Generales del Estado.

Por el lado débil, pesan factores como la fuga de investigadores al extranjero, la inestabilidad de la carrera científica, la burocracia y la baja I+D empresarial en comparación con otros países europeos punteros. Desde la UE se insiste en la necesidad de reformas estructurales, mayor inversión sostenida en conocimiento, cambios en la estructura productiva y más estímulos para que el sector privado apueste de verdad por la I+D.

América Latina: avances puntuales y una gran brecha de resultados

Cuando miramos el mapa mundial de la innovación, América Latina brilla menos de lo que podría. La región no coloca a ningún país entre los 50 primeros más innovadores en las ediciones más recientes del GII, y sufre una brecha notable entre los recursos destinados a innovar y los resultados que finalmente obtiene.

Chile suele ser el país latinoamericano mejor posicionado, situado en torno a los puestos 38-60 según la edición y la fuente. Destaca por su alta matrícula en educación terciaria, la capitalización bursátil y la sofisticación de su mercado, lo cual crea un terreno bastante favorable para la innovación privada. Sin embargo, sus resultados en patentes, tecnología y producción creativa quedan por debajo de lo deseable, lo que señala un problema de eficiencia.

Brasil y México son los otros dos grandes motores regionales. Brasil sobresale en producción científica y en cierta inversión privada en I+D, mientras que México presenta fortalezas claras en manufactura avanzada, exportaciones de bienes y servicios de alta tecnología y participación en cadenas de valor industriales globales. Pero ambos arrastran debilidades institucionales, dificultades de acceso a financiación y una limitada colaboración universidad-empresa.

El caso de la República Dominicana ilustra bien los retos de la región. A nivel global se sitúa alrededor del puesto 97, y cerca del décimo lugar regional en América Latina. Mejora en algunos indicadores de insumos (instituciones, infraestructura, cierto grado de sofisticación empresarial), pero sus resultados de innovación se quedan muy atrás, lo que evidencia una baja eficiencia del sistema.

En general, América Latina sufre una brecha insumo-resultado muy marcada. Aunque existe inversión (aunque insuficiente) y la producción de artículos científicos ha crecido con fuerza en la última década, el capital riesgo se ha desplomado y la región no logra traducir el esfuerzo en un volumen significativo de patentes, startups tecnológicas de escala global ni exportaciones de alta tecnología comparables a otras regiones.

Asia central, Oriente Medio y África: los otros focos emergentes

Más allá de las potencias clásicas y de Asia oriental, el GII muestra varios focos de dinamismo innovador en Asia central, Asia occidental y África, donde ciertos países se sitúan muy por encima de lo que cabría esperar por su nivel de renta.

En Asia central y meridional, India lidera con claridad la región y se consolida como la economía de renta media-baja más destacada en innovación. Sus puntos fuertes incluyen la exportación de servicios informáticos (donde roza el liderazgo mundial), la recepción de capital riesgo, la intensidad de activos intangibles y un ecosistema de unicornios que la coloca entre los diez primeros países por valor de estas empresas.

Países más innovadores del mundo: ranking y claves

En Oriente Medio y el norte de África, países como Israel, Chipre, Emiratos Árabes Unidos o Türkiye encabezan la clasificación regional. Israel sigue siendo un referente en inversión en I+D como porcentaje del PIB, capital riesgo recibido y exportaciones de servicios informáticos, mientras que Türkiye sobresale en marcas, diseños industriales e intensidad de activos intangibles, situándose entre las economías de renta media-alta con mejor rendimiento.

En el África subsahariana, el liderazgo regional recae en Mauricio, Sudáfrica, Botswana, Cabo Verde o Senegal, con varios países mostrando avances llamativos en recepción de capital riesgo, formación de capital, exportaciones de servicios TIC y crecimiento de la productividad. Economías como Kenya, Rwanda o Madagascar destacan además en indicadores concretos de innovación, situándose por encima de lo esperable para sus niveles de renta.

Estas trayectorias apuntan a que cada vez más países, incluso de ingresos bajos o medios, están utilizando la innovación como palanca de desarrollo. El reto para ellos es construir ecosistemas integrales —desde la educación hasta la financiación y la regulación— que permitan que las buenas ideas escalen y generen impacto social y económico real.

Latinoamérica, España y el reto de pasar de la creatividad a la innovación

Tanto en España como en múltiples países latinoamericanos se repite un patrón: no falta creatividad ni talento científico, pero sí mecanismos eficaces para convertir esa creatividad en innovación medible, sostenida y rentable. El GII y otros informes lo reflejan con claridad al mostrar buenos resultados en producción científica, pero cifras discretas en patentes, empresas tecnológicas o exportaciones de alta tecnología.

La diferencia entre creatividad e innovación es clave. La creatividad es un proceso mental, flexible y difícil de cuantificar; la innovación, en cambio, es un proceso productivo que implica transformar ideas en soluciones concretas, escalables y con impacto. Se puede ser inmensamente creativo sin que eso se traduzca en indicadores de innovación, porque para innovar hacen falta recursos, organización, financiación, apetito de riesgo y un entorno que acompañe.

Además, la innovación es medible y requiere capital, infraestructuras, equipos multidisciplinares y, en muchos casos, tiempos de maduración largos. Por eso, los países que mejor convierten insumos en resultados suelen ser los que han logrado un equilibrio entre inversión pública, iniciativa privada, buenas instituciones, estabilidad normativa y una cultura que tolera el fracaso emprendedor.

En el caso de España, los diagnósticos coinciden en la necesidad de reforzar los sistemas nacionales de investigación e innovación, incrementar la I+D privada, simplificar la burocracia, estabilizar las carreras científicas y detener la sangría de talento que se marcha fuera. Es un reto similar al de varios países latinoamericanos, que también necesitan políticas a largo plazo y ecosistemas más robustos.

Mirando el conjunto del mapa que dibujan el GII y otros índices, queda bastante claro que la innovación es ya el factor diferencial que separa a las economías que lideran la agenda global de las que van a remolque. Países como Suiza, Suecia, Estados Unidos, Corea del Sur, Singapur o China muestran que combinar inversión en I+D, capital humano, instituciones fuertes y apertura internacional permite escalar posiciones con rapidez, mientras que buena parte de Europa meridional y América Latina se juegan en la próxima década su capacidad de dar el salto desde la creatividad abundante a una innovación sistemática y sostenible.

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