Orcas y delfines cazan juntos: la sorprendente alianza del Pacífico

  • Investigadores canadienses documentan por primera vez a orcas y delfines cazando de forma coordinada.
  • El estudio muestra cambios de rumbo de las orcas para seguir a delfines durante inmersiones de alimentación.
  • La presa clave es el salmón Chinook, demasiado grande para los delfines, pero compartido tras la captura.
  • Los datos apuntan a una relación de posible cooperación con beneficios para ambas especies.

orcas y delfines cazan juntos

Durante años se asumió que las orcas y los delfines mantenían sobre todo relaciones tensas, marcadas por la competencia e incluso la depredación. Sin embargo, un conjunto de observaciones recientes frente a la costa del Pacífico norte está cambiando por completo esa idea al mostrar escenas de caza compartida entre ambas especies.

Un equipo internacional de especialistas ha conseguido registrar por primera vez a ballenas asesinas y delfines de flancos blancos del Pacífico cazando de manera coordinada y compartiendo partes de sus presas. Este comportamiento, documentado en aguas de la Columbia Británica (Canadá), sugiere la existencia de una relación mucho más compleja, que podría ir desde el oportunismo hasta una cooperación estratégica.

Una escena inédita frente a la costa de Canadá

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Las imágenes fueron obtenidas en las aguas cercanas a la Isla de Vancouver, en la costa del Pacífico canadiense, donde convergen poblaciones de orcas residentes del norte (Orcinus orca) y delfines de flancos blancos del Pacífico (Lagenorhynchus obliquidens). Lo que hasta ahora se había descrito como simples encuentros entre especies ha pasado a interpretarse como algo mucho más elaborado.

Según detallan los investigadores, las grabaciones muestran a grupos de orcas y delfines buceando prácticamente al unísono, persiguiendo las mismas presas y permaneciendo juntos durante distintas fases de la caza. No se aprecia huida, persecución hostil ni intentos de ahuyentarse mutuamente, sino patrones de movimiento que encajan con una actividad de búsqueda de alimento compartida.

Hasta el momento, era frecuente ver a los delfines blancos del Pacífico alimentándose en las mismas zonas que las orcas, pero no se había descrito que actuaran como un grupo mixto. Tradicionalmente, las ballenas asesinas reparten su comida casi exclusivamente con miembros de su propia manada, por lo que este nuevo escenario supone un giro llamativo en la forma de entender sus relaciones sociales.

La investigación ha sido liderada por científicos de la Universidad de Dalhousie y la Universidad de Columbia Británica (UBC), en colaboración con el Instituto Hakai (Canadá) y el Instituto Leibniz (Alemania). Sus resultados se han dado a conocer en la revista Scientific Reports, donde se destaca el carácter pionero de estas observaciones.

Para los autores, lo más relevante no es solo la cercanía física entre orcas y delfines, sino que ambas especies parecen tolerarse e incluso coordinarse en momentos clave de la caza, algo que hasta ahora no se había registrado en esta población.

Cómo se estudió la caza conjunta de orcas y delfines

El trabajo de campo se llevó a cabo en agosto de 2020 en torno a Vancouver Island, un área muy transitada por cetáceos que se alimentan de grandes bancos de peces. El equipo de investigación combinó varias técnicas para obtener un nivel de detalle inusual sobre la conducta de las orcas y su relación con los delfines presentes en la zona.

Por un lado, se emplearon drones para registrar imágenes aéreas de alta resolución, lo que permitió seguir los desplazamientos de orcas y delfines en superficie y observar cómo se organizaban antes de cada inmersión. Por otro, se colocaron etiquetas de biologging con ventosas en el lomo de nueve orcas residentes del norte, que se desprendían de forma segura tras el periodo de estudio.

Estas etiquetas recogieron datos cinemáticos en 3D, información de profundidad, sonido y vídeo, ofreciendo una visión en primera persona de lo que hacían las ballenas asesinas bajo el agua. Gracias a este sistema, los científicos pudieron reconstruir inmersiones completas, desde el inicio del descenso hasta el momento en que se producía la captura de las presas.

A lo largo del estudio se registraron centenares de encuentros entre orcas y delfines, muchos de ellos vinculados directamente con comportamientos de búsqueda o consumo de alimento. Esta combinación de observación aérea y monitoreo directo permitió descartar que se tratara de contactos puntuales o meras coincidencias.

La información acústica fue igualmente clave, ya que las etiquetas captaron tanto las vocalizaciones de las orcas como los sonidos relacionados con la alimentación, esenciales para entender cuándo estaban explorando el entorno y cuándo se producía una captura exitosa.

25 cambios de rumbo y un objetivo común: el salmón Chinook

Uno de los hallazgos que más llamó la atención del equipo fue que, en al menos 25 ocasiones documentadas, las orcas alteraron su trayectoria justo después de cruzarse con grupos de delfines de flancos blancos del Pacífico. En vez de ignorarlos o alejarse, las ballenas asesinas comenzaron a seguirlos y a sumergirse al mismo tiempo que ellos.

Este patrón repetido sugiere que las orcas podrían estar aprovechando la capacidad de ecolocalización de los delfines para localizar con mayor precisión los bancos de peces. En concreto, el objetivo principal de estas inmersiones conjuntas era el salmón Chinook (Oncorhynchus tshawytscha), una especie de gran tamaño y alto contenido energético.

Para las orcas residentes del norte, el salmón Chinook constituye uno de los pilares de su dieta, mientras que para los delfines se trata de una presa demasiado grande para ser cazada y consumida de manera eficiente por un individuo. Este desequilibrio de capacidades explicaría por qué ambos animales pueden salir beneficiados de una interacción tan inusual.

Los científicos documentaron al menos ocho capturas exitosas de salmón por parte de las orcas, algunas de ellas con la presencia constante de delfines durante todo el proceso. En cuatro de estos eventos, los delfines permanecieron en las inmediaciones desde la búsqueda hasta el momento en que las orcas comenzaron a alimentarse.

En uno de los episodios más reveladores, las ballenas asesinas desgarraron el cuerpo de un salmón Chinook adulto, dejando restos suficientes para que los delfines pudieran alimentarse. Esta escena se interpreta como un claro indicio de reparto de presas, muy poco habitual entre especies distintas de grandes depredadores marinos.

¿Cooperación real o simple oportunismo?

La gran pregunta que plantean estos resultados es si estamos ante un caso de cooperación intencional entre orcas y delfines o, por el contrario, frente a una relación más oportunista en la que cada especie simplemente aprovecha las circunstancias. Por ahora, no existe un consenso rotundo entre los expertos.

Algunos investigadores sostienen que los delfines podrían estar comportándose como aprovechados que se mantienen cerca de las orcas para beneficiarse de los restos de sus capturas, sin aportarles una ayuda directa. En esta lectura, las ballenas asesinas tolerarían su presencia porque el coste de expulsarlos sería mayor que el de permitirles comer las sobras.

Otros especialistas defienden que el estudio apunta a una interacción más sofisticada: las orcas parecen modificar su conducta de buceo y reducir sus sonidos cuando se encuentran con delfines, posiblemente para escuchar mejor las señales de ecolocalización de estos últimos y así localizar salmón con mayor eficacia.

El hecho de que las ballenas asesinas cambien de rumbo en numerosas ocasiones tras cruzarse con los delfines y que ambas especies se sumerjan de forma sincronizada durante las maniobras de caza refuerza la idea de que no se trata de encuentros fortuitos. Aun así, los autores insisten en que hacen falta más estudios para determinar hasta qué punto hay planificación o aprendizaje social detrás de este comportamiento.

En cualquier caso, el trabajo muestra que las relaciones entre grandes depredadores marinos son mucho más complejas de lo que se asumía, y que la frontera entre cooperación y oportunismo puede ser más difusa de lo que parece a primera vista.

Beneficios para orcas y delfines en un océano cambiante

Más allá del debate terminológico, los datos indican que ambas especies obtienen ventajas claras de estas interacciones. Por un lado, los delfines ganan acceso a fragmentos de salmón Chinook que, de otro modo, les resultaría complicado capturar. También podrían beneficiarse de la presencia de un depredador de gran tamaño, que disuade a otros posibles atacantes.

Por otro lado, las orcas residentes del norte podrían estar ahorrando energía al seguir a los delfines, en lugar de rastrear por sí solas extensas áreas en busca de presas. En este sentido, los delfines actuarían como una especie de “exploradores”, capaces de localizar peces mediante ecolocalización constante, mientras las orcas aprovechan esta información para concentrar sus esfuerzos donde realmente hay alimento.

Uno de los investigadores implicados en el estudio ha descrito esta dinámica como una “alianza estratégica extraordinaria”, en la que las orcas utilizan a los delfines como si fueran un sistema de radar vivo para detectar salmones a mayor profundidad. A cambio, los delfines obtienen seguridad relativa y acceso a un recurso muy valioso.

Este tipo de colaboración encaja con una visión de los cetáceos como animales altamente inteligentes y adaptables, capaces de modificar su comportamiento según las oportunidades que ofrece el entorno. En un océano donde los recursos pueden fluctuar por causas naturales o derivadas de la actividad humana, contar con estrategias flexibles puede marcar la diferencia.

La investigación también abre la puerta a estudiar si comportamientos similares podrían estar produciéndose en otros puntos del planeta, incluidas aguas europeas donde conviven distintas poblaciones de cetáceos

El caso de las orcas y delfines cazando juntos en la costa del Pacífico se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos de cómo las relaciones entre depredadores marinos pueden ir mucho más allá de la simple competencia. Ya sea cooperación plena, oportunismo inteligente o una mezcla de ambas cosas, las escenas registradas con drones y etiquetas submarinas muestran un océano socialmente mucho más sofisticado de lo que imaginábamos, y recuerdan que aún queda mucho por descubrir sobre las alianzas invisibles que se tejen bajo la superficie.