El libro ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó, publicado por Anagrama
El libro 86 cuentos, de Quim Monzó, publicado por Anagrama

Los Ochenta y seis cuentos de Quim Monz√≥ es uno de esos libros que uno no olvida con facilidad si tiene la suerte de leerlo en sus a√Īos j√≥venes. Fue mi caso. No tendr√≠a m√°s de diecisiete o dieciocho. La vida conservaba intacto el precinto, Borges y Cort√°zar no exist√≠an, y el c√©sped de la facultad era la certeza de la eternidad. Junto a m√≠, derrumbado sobre la alfombra verde de una ma√Īana cualquiera, al bueno de Yeye le dio por decir que se estaba leyendo un libro donde un tipo se alimenta de letras. Curiosidad y miradas de interrogaci√≥n. Dec√≠a la verdad.

ūüďĖ 86 cuentos de Quim Monz√≥, rese√Īa

Más de una década después, con la vida mutada en manojo de preguntas y los argentinos puestos en su evidente pedestal, no he dudado ni un suspiro en volver a comprar uno de los libros que más me han marcado en el rato que llevo respirando: los Ochenta y Seis cuentos del catalán, periodista, articulista de La Vanguardia y adicto a Twitter Quim Monzó. Por humanidad y respeto, el colorado Anagrama compacto de bolsillo no toleraba ya más manoseo y amputación.

Un libro donde un tipo se alimenta de letras. En efecto, ¬ędescubri√≥ que las sans serif eran m√°s digestivas que las avec serif; que, de √©stas, la √©gyptienne era la m√°s pesada, tanto que, comida antes de dormir, produc√≠a insomnio o pesadillas estremecedoras¬Ľ. Los 86 cuentos de Quim Monz√≥ contiene los cinco vol√ļmenes de relatos Uf, dijo √©l (1978), Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury (1980), La isla de Maians (1985), El porqu√© de las cosas (1993) y Guadalajara (1996) y constituyen uno de los m√°s notables ejercicios de la historia del cuentismo en catal√°n y castellano.

ūüíĒ 86 relatos de fantas√≠a y realidad

Abunda lo fantástico, sí, pero este libro tiene poco que ver con J.K. Rowling. A pesar de que en otro cuento haya un hombre que después del orgasmo se transforma en papagayo y se va a vivir a la selva tropical que su amante atesora entre los pechos, la fantasía sólo es el vehículo con el que Monzó nos introduce en su particular mundo de enredos y desencuentros. Con Barcelona como escenario, escenas de familiaridad extrema como argumento, y un fondo dominado por el ser humano, puesto en evidencia. Aquí de lo que estamos hablando es de un banco de pruebas de la psicología humana.

Sirviéndose de una narración sencilla colmada por un giro o doble giro, Monzó juega a poner sobre el tapete de lo cotidiano a miserables corrientes con ambiciones corrientes que se ven enfrascados en atolladeros inesperados.

Desgraciados que, armados de una ristra de principios presuntamente inamovibles, se replantean su escala de valores cuando la fatalidad o la simple arbitrariedad de la vida hacen tambalear su fe en su particular orden de las cosas: recibir llamadas sexuales y desagradables de un anónimo para descubrir, sólo cuando han cesado, que se echan de menos, o divisar en una misma tarde a la misma mujer en cine, librería y restaurante.

Dilema constante √† la Monz√≥: ¬Ņqu√© hacer ahora?

Planteamiento de tres de los Ochenta y seis cuentos de Quim Monzó:

  • ¬ŅQu√© debe hacer aquel que lleva 50 a√Īos escribiendo la obra de su vida y descubre que la tinta de los primeros vol√ļmenes empieza a borrarse?
  • ¬ŅPor qu√© un enfermo de la puntualidad acostumbrado a presentarse a las citas con una hora de antelaci√≥n es capaz de aguantar hasta tres horas m√°s antes de aceptar que le han dejado plantado?
  • ¬ŅCu√°ndo el hombre que jam√°s termin√≥ de leer un libro por miedo a que el final le decepcione reunir√° el valor para ¬ędejar de aplazar la decisi√≥n final¬Ľ?

 

ūü§™ Deconstrucci√≥n fr√≠a de los sinsabores de la vida

Monzó tiene una entrevista estupenda en JotDown donde se define como un ser asocial que no entiende las relaciones entre personas, ni la amistad y, no digamos ya, la felicidad. Sus cuentos tienen algo de esto. Son una deconstrucción de las escenas y los roles habituales que estamos acostumbrados a ver en cualquier tipo de ficción, y nos presenta a personajes que hacen lo que hacen sin saber muy bien por qué lo hacen, más atentos al instinto que al raciocinio. Y eso es los que los dota de humanidad.

Hombres inseguros, mujeres posesivas. Seres humillados, tristes y solitarios que, quitando sus verdades insoslayables, sienten miedo, quieren ser aceptados y viven en la mentira y el descontento. Monzó conmueve a pesar de la narración fría y las descripciones analíticas.

Cada cuento nos habla de ilusiones por colmar, retratando el absurdo y el esperpento al que todos nos plantearíamos descender con tal de arrimarnos un poco más a eso que pensamos que nos hará felices:

¬ęLa enfermera jefe mira el reloj. No le va nada bien que se le haya muerto un paciente de en este momento. Le falta un cuarto de hora para irse, y hoy m√°s que nunca le interesa salir puntual porque por fin ha conseguido que el novio de su mejor amiga le haya dicho que se vieran, con la excusa de hablar, justamente, de su amiga.¬Ľ

La secci√≥n dedicada al amor y la pasi√≥n es la mejor. Adulterios, matrimonios, noviazgos de una noche…todas las f√≥rmulas posibles son escrutadas por una pluma realista e ir√≥nica (y dosis de humor reguladas con precisi√≥n) que transporta al lector a una inc√≥moda sensaci√≥n de familiaridad. Ochenta y seis cuentos, como todo buen libro, no brinda ninguna respuesta. El lector que se enfrenta a sus p√°ginas s√≥lo las abandona con m√°s interrogantes.

Quim Monzó, Ochenta y seis cuentos
Traducción de Javier Cercas
Anagrama, Barcelona 1999
500 p√°ginas | 10 Euros