En su Ćŗltima novela, La Desaparición de Stephanie Mailer (2018), los responsables de Penguin Random House Mondadori Alfaguara II & Hermanos (bis) eligieron una portada fabulosa en homenaje a uno de los mĆ”s grandes pintores realistas americanos contemporĆ”neos. En Postposmo nos gusta la pintura, pero no tanto como el cine, la literatura y la mĆŗsica. No podemos considerarnos apasionados de la pintura. Pero nos gustan mucho las obras de Edward Hopper. Casi puede decirse que nos leĆmos el anterior bombazo de Dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert, mĆ”s por el estilo de la portada que por el deseo de unirnos a los cuatro millones de felices lectores que ya habĆan descubierto quiĆ©n fue el que mató a la niƱa esa.
De la tĆ©cnica de Edward Hopper siempre se han dicho cosas como que usaba luz cinematogrĆ”fica o que era un fotógrafo sin saberlo. Seguramente en alguna esquina de estas ideas se pueda encontrar la razón de ser de este artĆculo. Hay mundo mĆ”s allĆ” de Nighthawks. y La autómata. Nos gusta tanto Hopper que hasta vemos cine austriaco: https://www.youtube.com/watch?v=KqlS_GL8DyU
La portada de La Desaparición de Stephanie Mailer, recuerda a la formidable colección de fotografĆasĀ Ć la Hopper de . Merece la pena echarles un buen vistazo, el hombre es un fuera de serie: primero monta y pinta pequeƱas maquetas tamaƱo juguete del escenario de la fotografĆa, y luego inserta a los modelos en la imagen con Photoshop. Los resultados son de puro genio.
AquĆĀ Morning SunĀ (1954) junto a su interpretación fotogrĆ”fica:
FotografĆa de Richard Tuschman (izquierda) junto al āSol de maƱanaā original de Hopper.
AsĆ pues, fue una genial noticia que el aƱo pasado el bueno de Richard Tuschman hubiese logrado un nuevo escaparate para su talento creativo, esta vez en la cubierta de un mega lanzamiento editorial para Alfaguara. Como las obras de Hopper, sus imĆ”genes casan muy bien con lo que viene siendo el cometido principal de una novela. Ćl mismo lo explica mejor que nadie en su web:
āSiempre me ha gustado el modo en que los cuadros de Hopper son capaces de hablarnos, con muy pocos medios, de las complejidades y misterios de la naturaleza humanaā
No obstante, y tras darnos una vuelta por su portfolio para ver el original que ahora ilustra la cubierta de la nueva novela de Joel Dicker y la fotografĆa no estĆ”. La fotografĆa no es suya. Entre sus trabajos hay un Morning sunĀ similar, pero ni rastro de la fotografĆa de Random House Alfaguara entre la colección de Richard.
FotografĆa de Ed Lachman inspirada en el cuadro āMorning sunā de Edward Hopper.
Tras una breve investigación, nos topamos con la fotografĆa en la web del museo Thyssen de Madrid, en una pĆ”gina dedicada a una muestra de Edward HopperĀ en la que el especialista en iluminación cinematogrĆ”fica Ed Lachman recreó en un set real el famoso cuadroĀ Sol de maƱana. Esta relación con el arte visual se entrelaza con el interĆ©s por Edward Hopper en la literatura, ya que su estilo ha influido en muchas narrativas contemporĆ”neas.
La fotografĆa usada en la cubierta de la novela figura en esta web en forma de mini miniatura sin tĆtulo. En la solapa del libro estĆ” atribuĆda a Ed Lachman, si bien Uly Martin (fotógrafo de El PaĆs)Ā tiene una versión muy similar, aunque tomada desde un Ć”ngulo que no es cien por cien frontal. La imagen habla por sĆ sola y queda fetĆ©n en la portada, a pesar de la extraƱeza que provoca ese contraste entre la luz dura que cae sobre la modelo, perfectamente nĆtida, y ese fondo pastel de pared verdosa hecha a base de pinceladas.
Dada la naturaleza casi cuadrada de la imagen y el formato vertical del libro, los responsables de arte de la editorial se han servido de la herramienta de tampón clonador (muy respetuoso) para rellenar la parte superior de la habitación:
La desaparición de Stephanie Mailer, por Joel Dicker y publicado en Alfaguara.
Antes de este lanzamiento, Alfaguara ya habĆa usado Haskellās houseĀ para ilustrar la cubierta deĀ El libro de los Baltimore y Portrait of OrleansĀ paraĀ La verdad sobre el caso Harry Quebert.Ā TambiĆ©n podemos encontrar al pintor americano en la cubierta deĀ Los amores confiadosĀ de LuisgĆ© MartĆn, de nuevo en Alfaguara. En esta ocasión, el cuadro es Verano en la ciudad,Ā el cual estĆ” en versión fotogrĆ”fica en la cubierta deĀ Un libro de mĆ”rtires americanos, por Joyce Carol Oates.Ā Esta vez, la fotografĆa corresponde a otra entusiasta de Hopper, la holandesa Laetitia Molenaar (cuya obra fotogrĆ”ficaĀ es igualmente digna de estudio).
Llegados a este punto, podemos empezar a volvernos locos en Google: la enumeración de obras de Edward Hopper en portadas de libros es casi interminable y, ni mucho menos, coto exclusivo de Random House Alfaguara. Esta tendencia hacia la inclusión de Hopper en la literatura resuena con el anÔlisis que se puede encontrar en .
Hopper, Hopper everywhere.
No es de extraƱar que el estilo de las obras de Edward Hopper guste tanto entre los editores. La lectura, como acto privado, es un acto solitario. Si, encima, es de novela, casi siempre se trata de un ejercicio de bĆŗsqueda, de autorrealización, de meditación y de preguntas sin resolver, todo con la cara muy de haber estado comiendo clavos y los ojos a media persiana, nostĆ”lgicos de los dĆas en los que la vida no parecĆa tan perra.
Eso es Hopper. O si no, que se lo digan a la mujer de Hotel Room, tan angustiada la pobre, sin saber que el futuro le deparaba un estrellato eterno de anaquel de biblioteca. Lo cuenta de manera muy resueltaĀ Javier Coria en una entrada repleta de portadas clonadas.
Lo sospechÔbamos y nos vemos condenados a confirmar: que te gusten las obras de Edward Hopper es muy mainstream. A nadie puede no gustarle porque, en el fondo, somos todos unos llorones come clavos. En el fondo, no tenemos ni idea de pintura.