La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska ha otorgado el Premio de Fisiología o Medicina a Mary E. Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi por desentrañar la tolerancia inmunológica periférica, el sistema de frenos que impide que nuestras defensas ataquen al propio organismo. El galardón reconoce décadas de trabajo que han cambiado el enfoque de la inmunología moderna.
El sistema inmune es formidable, pero sin control puede volverse contra nosotros. Por eso, la investigación premiada identificó a las células T reguladoras (Treg) como las “guardianas” que mantienen el equilibrio: evitan respuestas autorreactivas y sostienen la paz con los tejidos propios, incluso cuando la vigilancia central del timo no basta.
Los descubrimientos que cambiaron las reglas

En 1995, Shimon Sakaguchi demostró que existía un tipo de linfocito con función moduladora, las células T reguladoras. Su hallazgo cuestionó la visión dominante de que la tolerancia se explicaba solo por la eliminación de células peligrosas en el timo (tolerancia central) y describió un segundo nivel de control fuera de ese órgano.
Seis años después, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell localizaron en ratones “scurfy” una mutación clave en el gen FOXP3 y, en paralelo, demostraron que alteraciones en su equivalente humano causan el síndrome IPEX, una enfermedad autoinmune grave ligada al cromosoma X que debuta en la infancia.
En 2003 llegó la pieza que faltaba: se probó que FOXP3 gobierna el desarrollo y la función de las Treg. Con ello se unieron las líneas de evidencia celular y genética que explican cómo el organismo evita ataques contra sus propias estructuras cuando fallan los filtros del timo.
El Comité Nobel destacó que estos descubrimientos han sido decisivos para comprender cómo se mantiene a raya el sistema inmunitario y por qué no todos sufrimos autoinmunidad severa. No es solo una aportación conceptual; ha abierto un campo terapéutico con implicaciones médicas directas.
El premio está dotado con 11 millones de coronas suecas (en torno a un millón de euros), a repartir a partes iguales entre los tres científicos, cuyas contribuciones han cimentado un nuevo lenguaje de intervención inmunológica.
Del laboratorio a la clínica: terapias en marcha

Las Treg permiten pensar tratamientos a dos bandas: potenciarlas cuando sobra inflamación (autoinmunidad o rechazo de injertos) o modular/inhibir su actividad cuando frenan en exceso la respuesta antitumoral. Varias de estas estrategias, tanto farmacológicas como celulares, se evalúan en ensayos clínicos internacionales.
Un ejemplo pionero es el caso de una niña española trasplantada de corazón a la que se administraron células T reguladoras procedentes de su propio timo, preservado durante la cirugía. El equipo del Hospital Gregorio Marañón, liderado por Rafael Correa, ha mostrado que esta aproximación puede evitar el rechazo agudo y restaurar la tolerancia, y la está extendiendo a más pacientes en protocolos clínicos.
La repercusión del hallazgo también se nota en los laboratorios. En el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Giovanna Roncador desarrolló en 2005 anticuerpos que facilitan la detección de FOXP3, una herramienta adoptada por grupos de inmunología de todo el mundo y crucial para estudiar las Treg en tejidos humanos y en patología.
En el ámbito empresarial y traslacional, Fred Ramsdell asesora el desarrollo de terapias con Treg en Sonoma Biotherapeutics, mientras que Mary E. Brunkow trabaja en el Institute for Systems Biology en Estados Unidos, reflejando cómo la ciencia básica se traduce en programas clínicos y plataformas de innovación.
La oncología explora vías para contrarrestar a las Treg dentro del microambiente tumoral y desbloquear la inmunoterapia. Como advierten clínicos e investigadores, la estrategia muestra actividad antitumoral, pero requiere prudencia por el riesgo de desencadenar fenómenos autoinmunes, un equilibrio fino que deberá confirmarse con datos de seguridad robustos.
Más allá de sus aplicaciones, el Nobel consagra una idea de fondo: la inmunidad es un malabarismo entre ataque y tolerancia. La tolerancia periférica, personificada en las Treg bajo el mando de FOXP3, explica por qué la mayoría de respuestas se apagan a tiempo y qué sucede cuando ese freno falla.
Durante años, la existencia de células con función supresora generó escepticismo. La acumulación de pruebas —desde el fenotipo de los ratones scurfy hasta la ausencia de Treg cuando falta FOXP3— consolidó el concepto y lo colocó en el centro de la inmunorregulación, abriendo rutas terapéuticas antes inalcanzables.
El efecto de este trabajo se extiende a trasplantes de órganos y de células madre, enfermedades autoinmunes frecuentes (diabetes tipo 1, inflamación intestinal, alergias) e incluso a condiciones neuroinflamatorias. Son áreas donde la manipulación precisa de las Treg puede marcar la diferencia en resultados clínicos.
Lo premiado no es solo la identificación de un tipo celular, sino la articulación de un marco operativo que permite intervenir sobre la tolerancia periférica de forma selectiva. Este enfoque, ya en evaluación clínica, aspira a lograr tratamientos más eficaces y seguros ajustando el termostato del sistema inmune y no únicamente pisando el acelerador de la respuesta.