La Naturaleza Muerta, también conocida como Bodegón es un tipo de pintura que se caracteriza por la representación interesante de objetos inanimados, tales como: comida, flores, plantas, etc., en un espacio determinado. Si quieres saber un poco más acerca de este maravilloso género pictórico, ¡Quédate y disfruta del contenido que hemos realizado especialmente para ti!

NATURALEZA MUERTA

¿Qué es la Naturaleza Muerta?

El término naturaleza muerta se le atribuye a una corriente artística que se encarga de retratar la manera en la que son percibidos los distintos elementos presentes en la realidad, pero con cierto énfasis en las cosas que remiten en nuestro día a día, profundizando en la interpretación y la dinámica de los sentidos del entorno desde el punto de visto del autor.

De igual forma, al bodegón, como también se le conoce, se le podría definir básicamente como una composición pictórica o fotográfica, en la que se representan objetos inanimados, en especial comida y utensilios de uso doméstico, tales como: frutas, vegetales, vajillas, viandas, etcétera. Por lo general, estos objetos son colocados encima de una mesa.

Asimismo, pero con menor frecuencia, son plasmados en las obras: instrumentos musicales, animales muertos, plantas, rocas, libros, joyas, entre otros. Dicha rama de la pintura, se sirve habitualmente del diseño, el cromatismo y la iluminación de modo que se produzca un efecto de suma serenidad, armonía y bienestar.

A menudo, se le atribuye el título de uno de los géneros más conocidos a lo largo de la historia del arte, y uno de los que otorga mayor libertad creativa a sus artistas. Sus orígenes se remontan a la antigüedad, mucho antes de los años 1700, en donde se tocan tópicos un poco diferentes a los de la actualidad.

Al inicio, esta clase pinturas trataba temas más religiosos con un simbolismo relacionado a los objetos representados. Con el paso del tiempo, fueron evolucionando las técnicas y las temáticas con los bodegones modernistas que rompían todo tipo de barreras dimensionales y hacían uso de la fotografía y la tecnología.

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Incluso, algunos llegaban a contener diversos materiales audiovisuales. Sin embargo, tras los cambios impuestos por sus practicantes, su esencia sigue siendo la misma. Su popularidad ha sido impresionante durante distintos periodos, culturas y movimientos, incluyendo a los talentosos Pablo Picasso y Paul Cézanne como unos de sus exponentes.

Historia de la Naturaleza Muerta

Para conocer más a profundidad el origen de la Naturaleza Muerta, es sumamente importante puntualizar en su historia, la cual se podría dividir en varias etapas. Estas son las siguientes:

Arte antiguo

Existen diversos vestigios que sirven para aseverar que los primeros bodegones encontrados en la historia de la humanidad datan hasta mediados del Siglo XV a.C., en el Antiguo Egipto. Estos consistían básicamente en un modo de adornar el interior de sus tumbas, pues se tenía la creencia de que estas pinturas serían llevadas al más allá.

Es decir, los egipcios creían que cada uno de los objetos que tuviesen relación con la comida y la vida doméstica, iban a poder ser llevados al otro lado, para que así los difuntos pudiesen utilizarlos. El bodegón más celebre de la cultura egipcia fue hallado en la tumba del escriba Menna.

En dicho lugar, todas las paredes se encontraban perfectamente adornadas con muchos detalles de su cotidianidad. Por su parte, los antiguos griegos también se encargaron de demostrar su extraordinaria destreza con pinturas acerca de jarras y representaciones de objetos y animales comunes en su sociedad.

Aunado a ello, otros bodegones similares, un poco más sencillos y con perspectiva realista, han sido hallados en murales de la Antigua Roma y en mosaicos y frescos del siglo I en Pompeya, Herculano y la Villa Boscoreale, como “Bodegón con tazón de vidrio de frutas y jarrones”, por colocar un ejemplo.

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Se empleaban principalmente como una especie de decoración y, además, como una manera de plasmar en los mosaicos la forma de vida que llevaban en cuanto a sus costumbres y tradiciones. De igual modo, también funcionaban como signos duales de la inhospitalidad y la celebración de la vida.

Estos mosaicos decorativos, eran llamados emblemas y tendían a encontrarse en las casas de los romanos de la alta sociedad. Las clases superiores buscaban demostrar al proletariado y para la posteridad, la variedad de alimentos que disfrutaban en sus mesas día a día.

Poco a poco, comenzando el siglo XVI, las flores y la comida se convirtieron en la clara representación de las estaciones del año y de los cincos sentidos del ser humano. Por otra parte, se empezó a hacer uso de cráneos en las obras para simbolizar la mortalidad y la efimeridad.

Era bastante frecuente que a los cráneos de los bodegones se les acompañará con la inscripción “Omnia mors aequat”, que en español tiene como traducción “La muerte iguala a todos”. A este tipo de arte se le denominaba “Vanitas”, el cual tuvo mayor protagonismo con la llegada de la pintura barroca y los pintores de origen holandés.

En sí, la apreciación popular del realismo en el género es relacionado con una leyenda proveniente de Grecia sobre Zeuxis y Parrasio, dos hombres artistas que compitieron durante toda su vida para ver quién era más capaz de crear objetos que se asemejan a la realidad, siendo ellos parte de las descripciones más antiguas de la técnica del trampantojo.

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Edad Media

Al inicio del siglo XIV, en el Medioevo, la Naturaleza Muerta logró resucitar en pinturas con temáticas religiosas, pero como objetos de la cotidianidad que servían para acompañar a los protagonistas. Se tomaban en cuenta como una forma de decorar las escenas retratadas.

Esta clase de representación pictórica se consideró menor hasta la llegada del Renacimiento, debido a que usualmente era la subalterna a otros géneros, como los retratos o la misma pintura religiosa, lo que ocasionaba que se le asociará con frecuencia con tópicos religiosos y alegóricos.

Tal punto se podía observar mucho en las obras de artistas de Europa del Norte, cuyo encanto por el simbolismo y realismo óptimo era bastante detallado, provocando que se comenzara a prodigar con una extraordinaria atención cuál era el mensaje general de cada una de sus pinturas.

De modo que el bodegón se convirtió en una alternativa para dejar plasmado el simbolismo en los cuadros. De hecho, el desarrollo de la técnica de la pintura al óleo contribuyó a que estos objetos tuviesen un realismo superior. Esto se debía a que el óleo poseía un secado más lento que permitía que fuera trabajado en capas.

Paralelamente, otorga al artista la posibilidad de mezclar y combinar tantos colores desee. De entre sus principales desarrolladores se podría mencionar al pintor flamenco Jan van Eyck, quien solía emplear* distintos elementos del bodegón como parte de lo que él llamaba su programa iconográfico.

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Otro pintor flamenco importante como lo fue Petrus Christus, en 1449 realizó un retrato de una novia y un novio visitando a un orfebre titulado “Un orfebre en su taller”, el más claro ejemplo de lo que se conoce como un bodegón de transición, pues representa tanto un fundamento de carácter religioso como laico.

Pese a que su mensaje podría considerarse primeramente como alegórico, las figuras de la joven pareja son en su totalidad realistas. Además, los objetos que se observan, es decir, el resto de la escena, se describe de una manera bastante minuciosa, sólo que se trata en realidad de una representación del joyero como San Eligio y de unos objetos simbólicos.

Para la Edad Media, las representaciones de naturaleza muerta en cuadros tradicionales pasaron a un segundo plano, ya que pasaron a plasmarse en puertas con un propósito netamente decorativo. De igual manera, otro paso también para su autonomía fue que se comenzó a pintar jarrones con flores o con contenido heráldico y simbólico.

Adicional a ello, un gran número de pintores utilizaron al bodegón como un método de decorar manuscritos ilustrados. Tanto monedas, como conchas marinas y fanegas de frutas, pueden ser conseguidos en los bordes de estos libros. Un ejemplo sería el elaborado texto del siglo XV “Libro de horas de Catalina de Cleves”.

Renacimiento

No cabe dudas que, con la llegada del Renacimiento, el arte tuvo un cambio radical en comparación con lo que se venía haciendo en períodos anteriores. A pesar de que al bodegón se le estaba considerando como un estilo inferior con respecto a las alegorías o el retrato, en ese momento se opta por romper toda clase de relación con lo simbólico y lo religioso.

Uno de los primeros en liberarse del yugo religioso en cuanto al arte se refiere, fue el célebre polímata florentino Leonardo da Vinci, quién sería el responsable más tarde de examinar a fondo la naturaleza y plasmarla en lienzos con la técnica que él mismo creó, la acuarela.

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A este se le suma el artista alemán Alberto Durero, cuyo aporte fue también realizar dibujos y pinturas detalladas acerca de la flora y la fauna. El italiano Jacopo de’Barbari, se encargó de dar un paso más allá con su obra “Bodegón con perdiz, guanteletes y flechas de ballesta”.

A la pintura del veneciano, se le conoce como uno de los primeros bodegones trampantojo firmados y datados con un contenido de carácter religioso reducido a lo mínimo posible. De allí proviene la creencia de que en el siglo XVI hubo una explosión en el interés del mundo natural.

Asimismo, existió un aumento significativo en la creación de lujosas enciclopedias botánicas que recopilaban la documentación de los descubrimientos del Nuevo Mundo. Igualmente, hubo un mayor impulso en el inicio de la ilustración científica y en la clasificación de las especies.

Incluso muchos siglos después, aún se le considera como una época de total exploración de lo natural, lo que conllevó a que se expresara de igual manera en la pintura. Los diversos estudios realizados de forma paulatina, se empezaron a emplear como modelo para la búsqueda del realismo en el arte.

Con la llegada de este movimiento artístico, los artistas concebían a los objetos naturales de nuestro entorno como elementos de estudio individuales, apartándolos de cualquier vínculo mitológico o religioso. Aunado a ello, la temprana ciencia de los remedios a base de plantas se tomó como una nueva extensión práctica del conocimiento.

Para financiar las colecciones de especies animales y minerales, los nobles y burgueses europeos dieron inicio a la creación de simples muebles en los que exponían objetos exóticos e interesantes, provenientes de todas partes del mundo. Estos eran llamados “Gabinetes de curiosidades” o “Cuartos de maravilla”.

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A raíz de su desarrollo, los artistas los usaron para inspirarse y buscar el realismo y la innovación que necesitaban. En las residencias de estos patronos de alta sociedad, se coleccionaban y comercializaban frutas, flores, plantas, conchas e insectos raros para los locales.

Un ejemplo de ello podría ser el Tulipán, una flor muy utilizada en los bodegones, motivo por el que se tiene la creencia de que son originalmente de los Países Bajos. Sin embargo, no es así, Turquía es el país de donde provienen y en el cual son un verdadero símbolo nacional.

La ciencia de la horticultura tuvo una impactante explosión cultural que despertó todo el interés del continente europeo. Esta tendencia que surgía, lo pintores más inteligente lograron capitalizarla produciendo cientos de miles de bodegones. Cabe acotar que en función de ciertas regiones o cortes existían intereses particulares.

La poderosa e influyente familia florentina de los Médici, tenía una pasión bastante característica por la representación de los cítricos. Debido a la impactante difusión de los ejemplares naturales y el creciente interés de su ilustración en toda Europa, se produjo la creación de los bodegones modernos para los años 1600.

Ya para la segunda mitad del siglo XVI, el bodegón tuvo una nueva evolución y pasó a ser nombrado como autónomo. De manera gradual, los contenidos religiosos disminuyeron en las pinturas, tanto en tamaño como en lugar. Sólo las lecciones morales seguían estando implícitas en las obras.

Para ejemplificarlo podríamos nombrar “La cocina bien abastecida” (1566) del pintor flamenco, Joachim Beuckelaer, ya que cuenta con una representación realista de las carnes crudas dominando en el primer plano, mientras que la escena al fondo se encarga de transmitir los peligros de la ebriedad y la lascivia.

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Otro sería el cuadro de Annibale Carracci “El tratamiento” (1583) que toca la misma temática, pero comienza a suprimir mensajes morales, tal y como lo hicieron las distintas pinturas de naturaleza muerta de “cocina y mercado” que se crearon a lo largo de este período.

También se popularizó la iconografía de bodegones con muchas flores de la mano de artistas nórdicos. Tradicionalmente, las piezas están presentadas con plantas muy coloridas, originarias de diversas naciones y continentes, todas en un mismo jarrón y en un solo momento de florecimiento.

Era bastante común que no incluyesen otros protagonistas. Su máximo apogeo fue a principios del siglo XVII, en el instante justo cuando los pintores nórdicos se interesaron aún más en el desarrollo de múltiples estudios realistas con objetos de la cotidianidad de las sociedades europeas.

En lo que se conoce como la Edad de Oro, los distintos artistas holandeses de ese entonces, llevaron su fascinación por el detallado arte floral a un nivel más elevado con las pinturas “Vanitas”. Estas se encuentran inspiradas en la frase latina “Memento mori”, género pictórico cuyo nombre en español se traduciría como «Recuerda que morirás».

Del mismo modo que sucede con las representaciones memento mori, en este tipo de piezas se tendía a combinar flores con diversos objetos: cráneos humanos, velas, relojes de arena, etc. Estos últimos casi se siempre se plasmaban volcados, para así hacer referencia a un comentario acerca de la naturaleza fugaz de la vida.

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No obstante, al contrario del arte memento mori, las pinturas vanitas se encargaron de incluir otros símbolos adicionales, tales como: instrumentos musicales, botellas de vino y libros, los cuales sirven para recordarnos de manera explícita la vanidad de los placeres y los bienes mundanos.

Siglo XVII

A pesar de que el bodegón ganó mucha popularidad entre los distintos grupos sociales que conformaban la Europa del siglo XVII, durante este período no se pudo igualar de ninguna forma el respeto que se le tenía a los cuadros que representaban hechos históricos, religiosos y míticos.

Iniciando este siglo, académicos de gran renombre, como el italiano Andrea Sacchi, dejaron muy bien en claro que la escena de género y el bodegón no aportan la seriedad que convierte a la pintura en algo grande y trascendental. Paralelamente, artistas italianos con bastante éxito hallaron un mecenazgo importante para su tiempo.

Pese a ello, las pintoras, aunque fuesen muy pocas, usualmente seleccionan o se veían obligadas a pintar temáticas con el bodegón, como sucedía por ejemplo con las barrocas Fede Galizia, Laura Bernasconi y Giovanna Garzoni. Otros diversos artistas de Italia que se destacaban en géneros diferentes, también realizaron unos cuantos bodegones.

En concreto, Caravaggio fue uno de los precursores en representar naturalezas muertas con cierta conciencia de obra pictórica, es decir, trabajó los bodegones en conjunto con su influyente estilo naturalista. Su mejor obra, un claro ejemplo de bodegón puro es “Cesto con frutas” (1599), pues se presenta con su suma precisión y una ubicación a la altura del ojo.

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Dicha pintura fue propiedad del cardenal Carlos Borromeo hasta su muerte, el cual fue apreciado por mucho tiempo tanto motivos estéticos, como por religiosos. El pintor flamenco Jan Brueghel el Viejo, también pintó su cuadro “Gran buqué milanés” (1606) para el cardenal, indicando que la pintura estaba hecha enteramente al natural.

Estos dos formaron parte de la amplia colección de bodegones del cardenal, junto a su colección de curiosidades. Dentro del extenso grupo de bodegones italianos, destaca “La cocinera” de Bernardo Strozzi, una escena de cocina muy bien ejecutada a la forma holandesa.

La obra por un lado representa un retrato detallado de una joven cocinera y, por el otro, la representación de las aves de caza que se van a preparar. De un modo similar, uno de los pocos bodegones de Rembrandt, “Bodegón con pavos reales”, ha combinado un encantador retrato de una jovencita en compañía de aves de caza.

Lo anterior nos da entender que fuera del territorio italiano, de igual forma hubo una exploración en el género, principalmente en países nórdicos. Esto se dio tanto en la Provincia de Holanda Septentrional como en la meridional, en donde surgió múltiples variaciones del género.

Entre ellas resaltan el bodegón de cocina, el de desayuno y el monocrómo. El primero se pinta con objetos de caza como los de Frans Snyders, el segundo como los de Clara Peeters, Jacob Foppens van Es y Osias Beert y el tercero, que surge alrededor de 1625, como los de Pieter Claesz y Willem Heda, sus dos autores más representativos.

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La naturaleza muerta logró su independencia en el innovador clima artístico de los Países Bajos, puesto que se le llamaba “stilleven”, cuyo significado en español es “naturaleza tranquila”. Por su parte, en las lenguas romances y en el ruso, si se le conocía con el término de “naturaleza muerta”.

Mientras que los pintores hallaban una alternativa limitada para crear la iconografía religiosa que tanto se le había prohibido durante mucho tiempo, debido a las restricciones establecida por las Iglesia reformada neerlandesa, la costumbre septentrional de realismo detallado y sus símbolos ocultos empezó a atraer a las crecientes clases medias de todo el país.

Esta poco a poco fue reemplazando a la iglesia y el estado, como lo que se consideraba como los más grandes mecenas del arte en la región. Asimismo, durante este siglo aparece un nuevo subgénero denominado “bodegón floral”, que claramente hace referencia a este tópico.

Surgió a partir del incesante interés por la cultivación de flores, para luego ser tomadas como objetos de carácter estético y religioso, ayudando de manera significativa al desarrollo de este género de naturaleza muerta. Especialmente en Holanda, el bodegón floral se comercializaba en mercados abiertos o en el mismo estudio de sus artistas.

Sin embargo, no era usual que se realizará mediante encargos, razón que influyó a que cada pintor creara obras bastante personales, que estuviesen regidas por sus gustos y estilos característicos. Casi siempre eran simples, pero hermosas representaciones de floreros y guirnaldas.

Tal género tuvo a su disposición un sinfín de especialistas de los que destacan: Daniel Seghers, Jacob Caproens y Jan Brueghel el Viejo por Flandes, Mario Nuzzi y Margarita Caffi por Italia, y Bartolomé Pérez de la Dehesa, Gabriel de la Corte, Juan de Arellano y Pedro de Camprobín por España.

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Tanta fue su popularidad y trascendencia, que una buena parte de la técnica de las pinturas de flores holandesas se codificó en el tratado de 1740 de Gerard de Lairesse, titulado “Groot Schilderboek”. En él se daban muchísimos consejos acerca del color, el arreglo, las pinceladas, la armonía, la composición, la perspectiva, etcétera.

Desde inicios de la época cristiana, la simbología de las flores tuvo una evolución importante. Entre las flores más comunes y sus significados encontramos: rosa (amor), amapola (poder, muerte), aguileña (tristeza), girasol (lealtad, devoción), tulipán (nobleza), lirio (pureza, justicia), violeta (humildad, modestia), entre otros.

Con respecto a los insectos, las mariposas simbolizaban la transformación y la resurrección. Por su parte, las libélulas representaban lo fugaz, mientras que las hormigas, el valor del trabajo duro. Además, los artistas holandeses buscaron especializarse y revivieron con gran éxito el antiguo género griego del bodegón de trampantojo.

Especialmente, lo hicieron como una imitación de la naturaleza o mímesis, nombrándolo como “bedriegertje”, en español “pequeño engaño”. Samuel van Hoogstraten, fue el primero que pintó cuadros con estanterías en los que se representaba a diversos objetos clavados, atados o pegados de una u otra manera a una tabla.

Este tipo de bodegón se haría muy célebre para el siglo XIX en los Estados Unidos. Una vertiente diferente al trampantojo se encargaba de representar objetos asociados a una profesión específica. En “Caballete de pintor con pieza de fruta” del pintor flamenco Cornelis Norbertus Gysbrechts, se plasman cada una de las herramientas del oficio del pintor.

Asimismo, esta vertiente trajo consigo la identificación y el desarrollo por separado de las colecciones alegóricas y la pintura de vanidad o vanitas. En esta última se empleaban espléndidos arreglos frutales y florales, libros, estatuillas, monedas, joyas, jarras, pinturas, vajillas, instrumentos musicales, en compañía de recuerdos simbólicos de lo corta que es la vida.

Se le suma también el uso de cráneos, relojes de arena o de bolsillo, una vela consumiéndose y un libro volcado, para así reflejar el mensaje moralizante de lo efímero de los placeres de los sentidos. Es bastante habitual que algunas frutas y flores se muestren en proceso de pudrirse o decaer, de manera que se insista en la misma consideración.

De igual forma, se popularizó a mediados de este siglo la pintura con un amplio surtido de especímenes de modo alegórico, desde los cinco sentidos hasta los cuatro continentes y las cuatro estaciones, plasmando a una diosa o figura metafórica rodeada por los respectivos objetos naturales o realizados por el ser humano.

A raíz de esto, se difundió rápidamente a otras zonas del mundo: Alemania, España y Francia. La naturaleza muerta de los alemanes se encargó de seguir más de cerca los modelos con el que comenzaron los holandeses. Georg Flegel fue uno de los pintores pioneros para ello.

El alemán creó bodegones puros sin ningún tipo de figuras, y la innovadora compositiva de colocar objetos detallados en gabinetes, armarios y mostrar cajas. A su vez, producía puntos de vista múltiples de manera simultánea. En la región de España, los bodegones adquirieron una mayor importancia hasta hace pocos años.

No obstante, sus orígenes se remontan a este período, sólo que ha existido a lo largo de la historia una deficiente representación de bodegones pintados por artistas de origen español en colecciones reales. Por consiguiente, también una poca representación en los primeros años de la inauguración del Museo Nacional del Prado.

Esto trajo como consecuencia, el olvido tan determinante que pesó sobre este género en dicho país y el resto del continente hasta la llegada del siglo XX. Puntualmente, la revalorización empezó en 1935 con una exposición organizada por la Sociedad de Amigos del Arte, titulada “Floreros y bodegones en la pintura española”.

En ella destaca muchísimo la presentación de la obra del discípulo del célebre Blas de Prado, Juan Sánchez Cotán, “Bodegón de caza, hortalizas y frutas”. El reconocimiento continuó seis años después cuando llegó al Prado por medio de donaciones, “Bodegón de cacharros” de Francisco de Zurbarán.

Los seguidores del dictador Francisco Franco encontraron en los bodegones de Sánchez Cotán y de Zurbarán, un estímulo especial para la visión esencialista que tenían para España, profundizando fervorosamente en las diferencias existentes en relación a las naturalezas muertas holandesas o flamencas.

Además, los franquistas insistían en lo impactante que es la naturaleza mística del bodegón de su país, vinculándolo con la literatura mística de lo que se conoce como el Siglo de Oro, y lo que desearían que fuese la identidad colectiva y permanente del ciudadano español.

Contradictoriamente, los tópicos desarrollados por la literatura nacionalista con mayor conservadurismo a la simple vista de un número reducido de bodegones, fue adoptado por gran parte de los estudiosos extranjeros, los cuales pese a que eran muy buenos no representaban el conjunto de la pintura de bodegón practicada en territorio español.

Un ejemplo de ello fue Sybille Ebert-Schifferer, quien insistió en la sencillez y diferencias que poseían los españoles con respecto a los holandeses, explicando que inclusive cuando ambos contaban con un propósito moral implícito, esa austeridad cercana a la desolación española rechazaba la plenitud, los lujos y los placeres sensuales del holandés.

Este no es el caso de Peter Cherry, pues siguiendo al historiador de arte alemán August L. Mayer, ha sabido apreciar bastante la rica versatilidad de la naturaleza muerta de la que provee España. Sus bodegones tenían su propio toque particular, tan característico e interesante.

Así como sucedió en Italia y Francia, en España los tratadistas en el ámbito de la pintura, como Antonio Palomino y Francisco Pacheco, nombraron a este tipo de pintura como un simple género secundario, pues ubicaron a las representaciones de la figura humana en la cima más alta de la representación artística.

Pese a ello, los inventarios de pintura que usualmente se realizaban con fines testamentarios, se encargaron de revelar que los bodegones estaban muy bien representados en cada una de las colecciones pictóricas de todos los grupos sociales que conformaban la nación.

Para el siglo XVII, la ciudad de Toledo, alejada del esplendor que una vez conoció en el pasado, Paula Revenga analizó en más de 200 inventarios que de 13.000 pinturas que se realizaban allí, 1.000 eran naturalezas muertas, es decir, el 7%. Cabe destacar que este porcentaje aumentaba en ciertos grupos sociales, más en el de bajo clero.

Por lo tanto, era relativamente practicada por algunos pintores de gran renombre en otros géneros, como Juan Sánchez Cotán y Blas de Prado, concebidos como los precursores de ella en España. También se podría mencionar a Mateo Cerezo, Francisco de Zurbarán y Antonio de Pereda quienes cultivaron múltiples vanitas.

Este país le otorgó al mundo auténticos especialistas en la materia: Antonio Ponce, Diego Velázquez, Francisco Barrera, Francisco de Burgos Mantilla, Ignacio Arias, Juan van der Hamen, Juan de Espinosa, Pedro de Camprobín, Pedro de Medina Valbuena, Tomás Yepes, etcétera. Un claro ejemplo es Juan Fernández el Labrador, cuyo talento llegó hasta la corte británica.

En líneas generales, en la Europa meridional hubo una preferencia en el naturalismo de Caravaggio por encima del exhaustivo detallismo característico de la Europa Septentrional. En Francia, los pintores de naturaleza muerta sí se vieron un poco influenciados por la escuela del norte y del sur, tomando como préstamo algunas características de cada uno.

Siglo XVIII

Con la llegada del nuevo siglo, las connotaciones religiosas y alegóricos se dejaron a un lado completamente. Asimismo, los bodegones de mesa de cocina evolucionaron a un punto en qué se convirtieron en representaciones de diversos colores y formas, plasmando así comidas de la cotidianidad.

A diferencia de periodos pasados, este tipo de pinturas eran encargadas a los artistas para que ejecutase cuadros de espléndidas y extravagantes naturalezas muertas que honraran las mesas de la aristocracia francesa. Al igual que lienzos que no tuviesen el mensaje moralista que solían tener las vanitas holandesas.

El encanto Rococó por el artificio, tuvo su máximo apogeo en la apreciación francesa por el trampantojo, denominado en francés como ‘trompe l’oeil’, “engañar el ojo”. Jean Siméon Chardin, considerado como uno de los más importantes pintores de su nación en el siglo XVIII, empleó un sinfín de técnicas variadas entre el realismo holandés y las armonías suaves.

Durante su período revolucionario, en los Estados Unidos los artistas que estudiaron en el extranjero aplicaron el estilo europeo a los retratos y los bodegones. Esto lo hacían añadiéndole otros elementos, como las flores y los pájaros, y trabajando la pintura nostálgica y el hiperrealismo mostrado por medio de objetos cotidianos.

El naturalista Charles Willson Peale, se dio a la tarea de fundar una familia de importantes pintores de EE. UU., junto con una asociación para la formación de jóvenes artistas y un museo de curiosidades naturales. Raphaelle, su hijo, fue miembro de un prominente grupo de bodegonistas, acompañado de John F. Francis, John Johnston y Charles Bird King.

Siglo XIX

Con la aparición de las academias europeas, destacando por mucho la Academia Francesa, la cual tuvo un trascendental protagonismo en el arte académico, el bodegón empezó a perder importancia y pasó a un segundo plano. Las academias de todo el continente fueron las responsables de fijar una jerarquía de los géneros.

Dicha jerarquía establecía que el mérito artístico de una obra radicaba antes que nada en su temática. Es decir, que en base a lo que se expresa en el sistema, la forma más elevada de pintura era aquella que tocaba tópicos alegóricos, de historia, religión o mitología, desplazando a la naturaleza muerta a un escalón mucho más bajo en el reconocimiento artístico.

En vez de utilizar al bodegón para la representación de la naturaleza, unos cuantos artistas, como Camille Corot y John Constable, optaron por la elección de relacionar a estos con imágenes de paisajes, adelantándose a movimientos que surgirían después como el impresionismo.

Con la debacle del neoclasicismo, en torno a 1830, la pintura de género y el retrato empezaron a ser los géneros predilectos de las corrientes artísticas del Romanticismo y el Realismo. A partir de ellas, artistas de gran renombre para la época incorporaron al bodegón en sus lienzos.

Varias obras de naturaleza muerta de Eugène Delacroix, Gustave Courbet y Francisco Goya, llevan consigo una intensa corriente emocional en la que se preocupan menos de la exactitud de lo que se está haciendo y se encuentran más interesados en cuál es su estado de ánimo.

Pese a que se siguió con el modelo de los bodegones de Jean Siméon Chardin, las creaciones de Édouard Manet fueron bastante tonales, de un modo en el que se apuntaba al impresionismo mayormente. El talentoso Henri Fantin-Latour, con el uso de técnicas más tradicionalistas, tuvo mucha fama por sus pinturas florales, con muchos clientes que las coleccionaban.

Ya con el descenso final de la jerarquía académica en toda Europa, y el apogeo de un sinnúmero de artistas impresionistas y postimpresionistas, tanto la técnica como la armonía del color triunfaron por encima de la temática. Por lo tanto, el bodegón volvió a considerarse para ser versionado en función de las nuevas corrientes pictóricas.

Claude Monet, en sus primeros bodegones mostraba cierta inspiración en Fantin-Latour, pero fue uno de los primeros que osó por romper con la tradición del uso de fondos y lo sustituye por colores vibrantes y llamativos, para así otorgar una mayor luminosidad. Pierre-Auguste Renoir también innovó con “Bodegón con ramo y abanico” y su brillante fondo naranja.

En la naturaleza muerta impresionista, los contenidos de carácter religioso y mitológico estaban ausentes en su totalidad, más bien se intentaba importar una armonía cromática y tratamiento luminoso superior. Resultaba bastante curioso ver la forma en la que estos artistas hacían sus impresionantes creaciones.

A pesar de que se inspiraban en los colores que componen la naturaleza, interpretaron magníficamente la visión de los mismos, de manera que en algunas oportunidades sus cuadros parecieran marcados de una forma antinatural. Tal y como lo afirmó Paul Gauguin una vez, “los colores disponen de sus propios significados”.

Otros de los intentos en variar las perspectivas tradicionales se pude observar en la obra “Fruta mostrada en un perchero” de Gustave Caillebotte, una pintura de la cual se burlaron muchísimo en la época. Por otro lado, una de las que recibió mucho reconocimiento en todo el mundo fue “Los girasoles” de Vincent van Gogh.

Su autor hizo uso de diversos tonos de amarillos y ocres para realizar una representación plana que con los años se convertiría en una notable contribución a la historia del género. Esto se debía a que que se plasmada de un modo original elementos de la cotidianidad.

van Gogh y su “Bodegón con tablero de dibujo” (1889) es un claro ejemplo del retrato de la cotidianidad en los bodegones, dibujado con objetos personales, en donde se incluyen pipas, comida, libros, cartas, sin que la imagen de él esté reflejada. Aunado a ello, este también creó su variante de las vanitas con “Naturaleza muerta con Biblia” (1885).

Arte moderno y contemporáneo

Los siglos XX y XXI fueron de gran trascendencia para el arte, ya que durante sus primeros años se le dio cabida a una veloz evolución al arte diferente. Cada uno de los géneros pictóricos, incluyendo al bodegón, continuaron su proceso evolutivo para dejar muy atrás a lo figurativo y por fin alcanzar aquello que llamamos abstracción total.

Poco a poco se empieza a añadir elementos provenientes de Japón, se trabaja con fondos multicolores y, de igual manera, se explora más en el concepto abstracto con figuras geométricas. Esto realmente hizo una gran diferencia entre el bodegón moderno y el ortodoxo.

Otros pintores en busca de rechazar el movimiento del cubismo decidieron emplear el bodegón, pero en tres dimensiones, para así tratar de regresar a lo convencional. Además, en la pintura surrealista se incorporaron unos cuantos objetos característicos de lo que concebimos como naturaleza muerta.

En cuanto al arte latinoamericano se refiere, en él también fue explorado el bodegón. Entre sus representantes se podría mencionar a la mexicana Frida Kahlo y a otros artistas contemporáneos que se dieron a la tarea de trabajar el surrealismo, integrando comidas y símbolos propios de su cultura.

Ya más adelante, específicamente en las décadas de los 60 y los 70, aparece el Pop Art, con Andy Warhol y Roy Lichtenstein como sus máximos exponentes. Aunque destacaron a su modo, ambos realizaron con objetos cotidianos, platos con frutas, botellas de vino y sopas enlatadas, sus versiones individuales de un bodegón.

Por último, cabe destacar que, con la incursión de la fotografía en el arte moderno y contemporáneo, la naturaleza muerta tradicional y simple no pudo ser más que desplazada. Sin embargo, esto no necesariamente significó su desaparición total, puesto que múltiples artistas de igual manera se dedicaron a retratar la realidad de esta forma.

La naturaleza muerta es continua y estará por siempre presente en la actualidad, puesto que el papel de la luz, el sentido de la armonía plena y el cromatismo tácito, se han convertido en un aspecto implícito en el arte de pintar, indiferentemente de cuál sea el momento histórico y de su creador.

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