Naturaleza de la novela es un ensayo sobre la supuesta muerte de la literatura escrito por Luis Goytisolo
Naturaleza de la novela es un ensayo sobre la supuesta muerte de la literatura escrito por Luis Goytisolo

El escritor Luis Goytisolo armó importante pajarraca cuando en abril de 2014 tuvo el gesto de informarnos a todos de que el fin de la novela estaba próximo. Inminente. Cuando leí la entrevista, me imaginé a Goytisolo con las maneras y el ya mítico jersey amarillo de Fernando Arrabal cuando éste anunció la inminente llegada del milenarismo en aquel programa de Fernando Sánchez Dragó en el que Campillo tan bien supo sujetar la mesa para que no se venicese.

Naturaleza de la novela: reseña, análisis y opinión

Sucedió, cosa lógica, que los titulares tiraron por ahí. El tema tenía su miga. Tanta que, como ya he hecho otras veces, decidí esperar y dejar correr un poco el tiempo, dejar asentar las aguas (Premio Anagrama de Ensayo 2013) y enfrentarme al fin del mundo cuando de verdad éste hubiera pasado. O, al menos, desaparecido de la sección cultural de los periódicos. Y lo que ha ocurrido, para mayor sorpresa, es que me he encontrado con un libro delicioso y bastante alejado de ese espíritu tan cataclíptico.

Naturaleza de la novela es un bello e interesante repaso a la historia de un género. Mediante ligeras (que no superficiales) pinceladas de letra grande y ancho margen (se lee en un tris), Goytisolo nos brinda una excelente recopilación de autores y obras de la más alta literatura.

Lo mejor que la humanidad ha sido capaz de parir. en materia de ficción literaria Y he aquí la primera virtud de Naturaleza de la novela: a su autor se le entiende todo y puede ser disfrutado tanto por neófitos del mundo de la narrativa como por lectores compulsivos de Zafones, Falcones o Nabokovs y Kafkas.

La muerte de la literatura

También me encontré, ojo, con que dicho fin del mundo literario se despachaba al final de la obra, en cosa de cinco páginas, y con argumentos no del todo convincentes. Alberto Olmos, al menos, le dedicó una novela entera al asunto (Alabanza). Pero no nos adelantemos. Vayamos primero a aquello de lo que se habla en las primeras 160.

Gran parte de Naturaleza de la novela ha sido escrita por Platón, Julio César, Dante, Rabelais, Cervantes, Montaigne, Shakespeare, Stendhal, Balzac, Flaubert, Dickens, Tolstói, Dostoievski, Melville, Proust, Mann, Joyce, Scott Fitzgerald, Hemingway y Faulkner.

En total hay extractos, nada cortos, de 40 obras distintas de tantos autores. Y el índice onomástico es como para fotocopiarlo y llevarlo encima ya para siempre en la cartera o en el monedero de camino al taller de escritura creativa.

Si bien no debería resultar condenable que haya tantísimos entrecomillados, pues facilitan en extremo la comprensión de lo que se nos cuenta, si que es llamativo. Me atrevo a decir que la mitad, si no más, del libro se compone de citas.

Como no podía ser de otro modo, Naturaleza de la novela comienza con la Biblia. Se establece una comparación entre el Antiguo y Nuevo Testamento que más adelante será utilizada para clasificar a los grandes autores posteriores en bíblicos y evangélicos.

  • Autores bíblicos: aquellos que “se caracterizan por remitirnos a un plano superior […] a la vigencia de un acontecimiento mítico o de una inamovible realidad presente ante la cual cuanto haga el individuo para escapar a su influjo tendrá un valor puramente simbólico”.
  • Autores evangélicos: aquellos “que se centran más bien en la misión o tarea que emprende el protagonista, una prueba tan dura como insoslayable si quiere alcanzar el objetivo propuesto; un futuro que hay que ganarse, un difícil camino cuyo mero recorrido supone ya en sí mismo la redención y, en cierto modo, el desenlace”.

Pausa para tomar el aire

A mí me parece que esto es hilar muy fino, y que un libro es un libro, en fin, igual que una botella es una botella. Cada cual que analice en el plano de profundidad que le salga del agapito, vamos a respetarnos. Párrafo con un cambio de tono inesperado e inexcusable. ¿Esto dentro de qué clasificación entra, Goytisolo? ¿Por qué si Antagonía es tan buena nadie habla nunca de ella en los bares?

Seguimos:

Se nos dice que algunos ejemplos de autores bíblicos serían Goethe, Faulkner o Dostoievski, mientras que son evangélicos Rousseau, Joyce o Proust. Goytisolo añade que Cervantes y Kafka serían los máximos representantes, el “paradigma”, de cada escuela. Ya, si habéis pillado la idea, sabréis determinar a cuál pertenecería cada uno. Si no, a leerse otra vez el párrafo árido. O cerrar el navegador. Yo qué sé.

El ensayo navega por una selección cronológica de grandes autores que se detiene con los últimos coletazos de la generación perdida de Hemingway y de un tal James Scott Fitzgerald (sic de campeonato). Entonces, cuando ya piensas que todo acaba más o menos bien después de un agradable paseo que deja las puertas abiertas a la incerteza, pero también a la posibilidad, a Goytisolo le da por sembrarlo todo de mal rollito.

Luis Goytisolo se enfada

Goytisolo protesta porque llevamos demasiados años sin grandes apellidos refrendados por el tiempo y, repito, a falta de cinco páginas, coitus interruptus:  ”La novela como género literario ha durado alrededor de cuatro siglos. Un ciclo vital de amplitud algo mayor que el de la música, cuyo comienzo es algo posterior y, tras unos siglos de gloria, empezó a esfumarse después de la Gran Guerra”. Se ve que Goytisolo no se ha escuchado el último de The Strokes.

Luego también establece la comparación con la pintura, pero a mí lo que me choca es el uso del pretérito perfecto compuesto. Ese “ha durado”. ¿Sí? ¿De verdad? ¿No sacó Toteking libro hace unos días? Veamos qué argumentos nos da Goytisolo:

  • Cambios de hábitos: “La proliferación de canales empezó ya a propiciar un cambio en esos hábitos, pero el verdadero vuelco se produjo con la aparición de los juegos de consola, de los juegos de ordenador, de la oferta ilimitada de internet, con el móvil a modo de relación de todo ello”.
  • Silencio: “Hacia mediados del siglo XX, y por más que la novela sea un género en constante expansión en lo que a su cultivo y su consumo se refiere, se da la paradoja de que, visto el conjunto retrospectivamente, filtrado por el tiempo, muchas figuras en su momento relevantes no tardan en diluirse, en ser más recordadas que leídas”. Y menciona, entre otros, a Céline, Camus, Huxley, Borges o Juan Rulfo.
  • Estrategia de las editoriales: “Lo que no se puede hacer es negar evidencias. Precisamente lo que hizo buena parte del mundo editorial -su sector más mercantilizado- mientras, con todo y negar la crisis, se lanzó a recuperar al lector a través de la fórmula bestseller, con lo que no consiguió sino marginar más todavía a la novela propiamente dicha”.

¿De verdad ha muerto la novela?

Me niego a creer que no haya salido nada de literatura de calidad en los últimos cincuenta años. Otra cosa es que tengamos la nota de corte más alta que la media, Goytisolo, pero ahí están Cortázar, obviamente Borges o, qué se yo, Bolaño o Foster Wallace. Gentes que te podrán gustar más o menos, pero que han hecho exactamente la misma cosa que se elogian a lo largo de la ristra de autores que citan en Naturaleza de la novela: renovar, reformular, jugar con el lector, buscar nuevos modos de transmitir un mensaje y también buscar nuevos mensajes.

Me parece muy llamativo que se ventile de semejante manera acontecimientos como el llamado boom latinoamericano, al que apenas se le dedican líneas en Naturaleza de la novela.

A escribir no se enseña pero se aprende, y tengo bastante claro que va a seguir existiendo una élite a la que la próxima portada/reportaje trampa de El Cultural no se la va a colar. Élites que van a seguir sabiendo a donde acudir y qué leer. Faltaría.

Una cosa es que la gente no vaya en masa a comprar buena literatura como en los tiempos de Scott Fitzgerald, y otra es hablar en términos de extinción de un género. Tres cuartos de lo mismo con lo de la sociedad de las pantallas. Quiero pensar que el individuo sigue teniendo una mínima capacidad de ser no ya dueño de su destino, pero sí de decidir qué usos va a darle a estas nuevas tecnologías. Ahí está Javier Marías, sin teléfono móvil el tío.

Pero claro, para Goytisolo hasta la creación músical se ha acabado, por lo que creo que todos tenemos claro desde hace un buen rato a qué se refiere con lo del fin de la novela. Se puede estar de acuerdo o no con la tesis del casi octogenario escritor. A mí me ha recordado, en fondo y forma, al Canon occidental de otro que tal baila(ba), Harold Bloom. Sea como sea, el tiempo dirá.

Mientras tanto, el lector tiene una excelente oportunidad de disfrutar ampliando su biblioteca con la estupenda muestra de autores y textos que se citan. Y si no, pues con bestsellers. La clave está, creo, en no olvidarse de pasarlo bien. Y en relajarse, en general. Que bastante problemas tenemos ya.

Luis Goytisolo, Naturaleza de la novela
Anagrama, Barcelona 2013
190 páginas | 16 Euros