El Grupo Armani ha comunicado el fallecimiento de Giorgio Armani, quien murió de forma serena, rodeado de sus seres queridos, tras una vida dedicada a su casa y a la creación. La firma subraya que el diseƱador, al que sus colaboradores llamaban con respeto āIl Signor Armaniā, mantuvo el trabajo hasta sus Ćŗltimos dĆas y estaba atento a los proyectos presentes y futuros.
La compaƱĆa ha informado de que la capilla ardiente se habilita en el Armani/Teatro, en Via Bergognone 59 (MilĆ”n), en horario de 9:00 a 18:00, y que el funeral serĆ” privado, tal y como dejó dispuesto el propio modisto. En los Ćŗltimos meses, Armani se ausentó de varios desfiles por motivos de salud y los supervisó por videoconferencia; en su Ćŗltima entrevista publicada por HTSI (Financial Times) confesaba: āMi gran debilidad es que lo controlo todoā.
Un legado que redefinió la elegancia
Trabajador incansable y esteta de principios firmes, Armani revolucionó el traje al desestructurar las chaquetas, suavizar las lĆneas y conjugar comodidad con sofisticación, una idea que cruzó gĆ©neros y tiempos. Su propuesta, de aire andrógino y elegancia atemporal, dio a las mujeres un uniforme poderoso para el trabajo y liberó al hombre de rigideces heredadas.
La sastrerĆa fluida, los tonos grises, beis y azul marino y su precisa lectura del cuerpo y del tejido configuraron un código de estilo universal. En paralelo, su mirada comercial supo hablar en blanco y negro: campaƱas depuradas que hoy son parte de la memoria visual de la moda.
Hollywood fue su altavoz global. La irrupción de American Gigolo (1980) con Richard Gere vestido de Armani consagró un nuevo imaginario de seducción contemporĆ”nea. DespuĆ©s llegarĆan Los intocables, El aviador, El lobo de Wall Street u Oceanās Thirteen, asĆ como una presencia constante en alfombras rojas junto a Julia Roberts, Cate Blanchett, Lady Gaga o Zendaya, y esmóquines impecables para George Clooney.
Con Armani, el traje dejó de ser armadura y pasó a ser segunda piel, un lenguaje que hoy continúa vivo en la proliferación de blazers amplias y hombros modulados que pueblan oficinas y pasarelas en todo el mundo.

De Piacenza al mundo: los inicios
Nacido en Piacenza (Italia) en 1934, Armani probó primero la medicina en la Universidad de MilĆ”n y cumplió el servicio militar antes de dar con su vocación: el diseƱo. Empezó como escaparatista en La Rinascente, donde aprendió a leer el deseo del cliente y a conocer las telas con una precisión que marcarĆa su carrera.
A comienzos de los sesenta pasó a Nino Cerruti, experiencia decisiva que pulió su ojo para la sastrerĆa industrial de alta calidad. En 1975, junto al arquitecto Sergio Galeotti, lanzó su firma homónima y presentó colecciones para hombre y mujer que cuestionaban los códigos tradicionales mediante estructuras aligeradas y proporciones nuevas.
Armani preferĆa el orden, el mĆ©todo y el vestir funcional. Ćl mismo adoptó un āuniformeā de camiseta azul marino para no distraer del mensaje de su trabajo. Como contó en el documental Made in Milan de Martin Scorsese (1990), la sobriedad fue siempre herramienta y argumento.
Su fascinación temprana por el cine clĆ”sico āCary Grant entre sus referenciasā y la Italia industrial en expansión confluyeron en un estilo que encarnó el Made in Italy moderno, mĆ”s milanĆ©s que costumbrista y destinado a durar.

Un negocio global, fiel a su independencia
Armani dominó el arriesgado universo de las licencias y la diversificación sin perder control creativo: de la alta costura (Armani PrivĆ©) y el prĆŖt-Ć -porter (Giorgio Armani, Emporio) a relojes, belleza, hogar y decoración, pasando por gastronomĆa y hoteles. En 2010 inauguró el Armani Hotel en el Burj Khalifa de DubĆ”i, con interiores diseƱados por Ć©l mismo.
Su aportación no se limitó al producto. Apostó por la responsabilidad: en 2006 marcó un hito al vetar modelos con bajo peso en sus desfiles, desde 2016 eliminó las pieles de sus colecciones y en 2020 donó mĆ”s de un millón de euros para la lucha contra la COVIDā19. TambiĆ©n fue nombrado embajador de buena voluntad de ACNUR en 2002.
Su imperio siguió creciendo sin vender su alma: incluso en una era de conglomerados, la empresa se mantuvo independiente. En 2024, el grupo comunicó una facturación superior a 2.300 millones de euros, en un contexto desafiante para el lujo, con retrocesos puntuales en beneficios.
MĆ”s allĆ” de la moda, su firma vistió a equipos y selecciones, del Chelsea a Inglaterra, y diseñó los uniformes del equipo olĆmpico italiano (2012). La exposición del Guggenheim (2000) reivindicó su impacto cultural y sentenció que el diseƱo de moda tambiĆ©n podĆa ser arte.

Ćltimos aƱos, sucesión y lo que viene
El creador se ausentó por primera vez de desfiles en MilĆ”n y ParĆs por problemas de salud, aunque siguió dirigiĆ©ndolos a distancia. Planeaba sumarse a las celebraciones por las cinco dĆ©cadas de su casa con una muestra en la Pinacoteca di Brera. En plena pandemia lanzó un mensaje contra el ritmo frenĆ©tico del sector: āya no quiero trabajar asĆ, es inmoralā, criticando la caducidad acelerada de las colecciones.
Firme defensor de la continuidad ordenada, dejó trazado un plan de sucesión: una transición gradual de sus responsabilidades hacia Leo DellāOrco (histórico responsable de la lĆnea masculina), miembros de su familia y el equipo directivo. La empresa recalca que su compromiso es proteger lo construido y proyectarlo al futuro con respeto y responsabilidad.
La capilla ardiente se celebra en el Armani/Teatro de MilĆ”n (Via Bergognone 59), abierta al pĆŗblico en horario de maƱana a tarde durante dos dĆas, y el funeral, por expreso deseo del diseƱador, serĆ” en la intimidad. Colegas, clientes y la industria del lujo han expresado condolencias por la pĆ©rdida de una figura clave del Ćŗltimo medio siglo.
Queda la obra: un sistema de marcas cohesionado, una estética que equilibra rigor y naturalidad, y una ética de trabajo que convirtió lo extraordinario en cotidiano. Su impronta estÔ en armarios y ciudades, en la cultura pop y en la idea misma de elegancia del mundo contemporÔneo.
La coherencia define el relato de Armani: un estilo inconfundible y una disciplina férrea. Entre pasarelas, hoteles, perfumes y trajes que siguen hablando por sà solos, su legado queda vivo en cada prenda bien cortada, en cada alfombra roja y en ese gesto silencioso de la elegancia que no grita, pero siempre se recuerda.
