Muere Fernando Esteso, figura clave del humor y el cine popular español

  • Fernando Esteso fallece a los 80 años en el Hospital La Fe de Valencia tras sufrir una insuficiencia respiratoria agravada por problemas respiratorios previos.
  • Inició su carrera con seis años como “el Niño de la Jota” y se convirtió en uno de los grandes nombres del cine del destape junto a Andrés Pajares.
  • Combinó cine, televisión, teatro y canción humorística, con éxitos como “Los bingueros” o “La Ramona”, marcando a varias generaciones de espectadores.
  • Pasó sus últimas décadas en Valencia, alejado en parte del foco mediático, y será reconocido con la medalla al mérito cultural de Aragón.

Fernando Esteso humorista español

El mundo del espectáculo español se ha quedado sin una de sus caras más reconocibles: Fernando Esteso ha muerto a los 80 años en Valencia, después de varios días ingresado en el Hospital Universitario La Fe. El actor y cómico aragonés arrastraba problemas respiratorios desde hace años y en esta ocasión no ha podido superar la insuficiencia respiratoria que ha terminado por costarle la vida.

La noticia ha sido confirmada por fuentes sanitarias y por su representante, que han explicado que el intérprete llevaba tiempo con la salud muy tocada y seguía un tratamiento médico continuado. Pese a que en los últimos años había logrado recuperar cierta normalidad, su estado se complicó de nuevo en los últimos días hasta este desenlace que ha dejado en shock a compañeros de profesión, instituciones y a varias generaciones de espectadores que crecieron con su humor.

Ingreso en el Hospital La Fe y causa de la muerte

Fernando Esteso fue ingresado hace unos días en el Hospital Universitario La Fe, en Valencia, tras experimentar un nuevo episodio grave de insuficiencia respiratoria. Según han explicado fuentes cercanas y su propio representante, el cómico llevaba tiempo delicado, con el sistema respiratorio muy castigado por antecedentes de bronquitis e insuficiencia respiratoria que ya le habían obligado a pasar por el mismo centro hospitalario años atrás.

En 2019 y, de nuevo, a finales de 2021, Esteso tuvo que ser atendido en La Fe por complicaciones respiratorias derivadas de una bronquitis, lo que le obligó a retirarse temporalmente de los escenarios. Aquellos episodios marcaron un antes y un después en su día a día: asumió que tenía que bajar el ritmo, seguir un tratamiento estricto y llevar una vida más tranquila, aunque no renunció del todo a apariciones puntuales en cine, televisión y actos públicos.

En los últimos meses, amigos y allegados ya advertían que se encontraba cada vez más frágil. Durante las pasadas Navidades, por ejemplo, dejó de acudir a reuniones que eran una tradición, como la celebración en casa del torero Vicente Ruiz “El Soro”, donde solía coincidir con compañeros como Paco Arévalo. Ese cansancio constante y las ausencias a compromisos habituales fueron la señal más evidente de que su salud estaba empeorando.

La última hospitalización, producida hace apenas un par de días, vino motivada por una nueva insuficiencia respiratoria, según ha trascendido en varios medios. A pesar de los esfuerzos del equipo médico de La Fe, el actor falleció en la madrugada del domingo, dejando tras de sí una trayectoria que forma parte de la memoria colectiva del cine y el humor en España.

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De “el Niño de la Jota” a icono de la comedia española

Nacido en Zaragoza en 1945, Fernando Esteso creció en una familia de artistas de jota y variedades. Su padre se dedicaba al espectáculo y fue quien lo subió por primera vez a un escenario cuando apenas tenía seis años. Desde entonces, el pequeño Fernando se hizo conocido como “el Niño de la Jota”, compaginando la jota con números de humor y payaso en compañías ambulantes y teatros de revista.

Ese contacto tan temprano con el público le permitió desarrollar un estilo muy físico y cercano, con aires de clown, que más adelante se reconocería inmediatamente en sus personajes de cine. Se fogueó en el circuito de revistas, salas de fiesta y espectáculos de variedades, un mundo que moldeó su forma de entender el humor: popular, directo, costumbrista y pensado para llegar a todo tipo de público, sin grandes sofisticaciones, pero con una eficacia enorme.

A los 19 años se trasladó a Madrid decidido a dar un salto en su carrera. En la capital empezó a labrarse un nombre en el teatro y la televisión de los años sesenta y setenta, participando en compañías propias y ajenas, y asomando con frecuencia a la pequeña pantalla en programas humorísticos. Su vis cómica, sus gestos exagerados y su acento aragonés se convirtieron en su sello.

Su debut en el cine llegó en los años setenta con títulos como Celos, amor y mercado común (1973) y, poco después, su primer papel protagonista en Onofre (1974), una comedia en la que compartió cartel con intérpretes tan populares como Luisa María Delgado, Bárbara Rey y Ágata Lys. Aquellas primeras experiencias en la gran pantalla anticipaban la enorme popularidad que alcanzaría poco después.

El tándem con Andrés Pajares y el auge del cine del destape

El gran salto de Esteso se produjo en la segunda mitad de los años setenta, tras la muerte de Franco, cuando se consolidó el llamado cine del destape. En ese contexto, su unión artística con Andrés Pajares, de la mano del director Mariano Ozores, dio lugar a uno de los dúos cómicos más recordados y rentables del cine español.

Juntos protagonizaron una larga lista de comedias que arrasaron en taquilla: Los bingueros (1979), Los energéticos (1979), Yo hice a Roque III (1980), Los chulos (1981), Los liantes (1981), Todos al suelo (1982), Padre no hay más que dos (1982), El currante (1983), Agítese antes de usarla (1983) o La Lola nos lleva al huerto, entre otras. En muchas de ellas se mezclaban sátira social, erotismo ligero y un humor muy sencillo y directo, reflejo de una España en plena Transición, ansiosa de libertades y de reírse de sí misma.

En estas películas, Esteso y Pajares encarnaban a menudo a perdedores entrañables, pícaros ingenuos o amigos metidos en enredos absurdos. El aragonés explotaba su vis cómica corporal, sus caras imposibles y un punto ingenuo que conectaba con el público familiar, mientras los guiones jugaban con dobles sentidos y situaciones disparatadas que, por aquel entonces, llenaban cines en todo el país.

El propio Fernando describía su estilo como un humor “limpio, blanco, sin complicación, un humor de la calle que no busca la carcajada estruendosa sino la sonrisa continua”. Esa fórmula, que hoy puede verse como hija de su tiempo, fue clave para entender por qué sus películas se convirtieron en auténticos fenómenos sociales, especialmente a finales de los setenta y principios de los ochenta.

Con el paso de los años, tanto él como Pajares confesaron haberse sentido algo encasillados en ese tipo de papeles, con la sensación de que en ocasiones repetían esquemas similares película tras película. Aun así, el impacto cultural de ese periodo es indiscutible: siguen siendo títulos de referencia cuando se habla del cine popular español de la Transición.

Canciones, televisión y una carrera más allá del destape

La faceta de Fernando Esteso no se limitó al cine. También triunfó como cantante humorístico, aprovechando su voz potente y su instinto para el chiste. Temas como “La Ramona” o “El Bellotero” se convirtieron en clásicos de verbenas, fiestas populares y emisoras de radio, sonando durante décadas y manteniendo viva su figura incluso entre quienes no habían visto sus películas en el cine; su recuerdo perdura además en podcasts de humor que repasan el legado del cómico.

A finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando el cine comercial que le había hecho famoso perdió fuelle, Esteso diversificó aún más su actividad escénica. En 1987 escribió, dirigió y protagonizó la película Viva la risa, y ese mismo año compartió tablas con Pajares en la obra teatral La extraña pareja, de Neil Simon, demostrando que también podía defenderse con soltura en el escenario teatral clásico.

Su relación con la televisión fue igualmente intensa. En los años noventa fue fichado por Telecinco, donde presentó programas como La ruleta de la fortuna y Veraneando (ambos en 1993), junto a Bertín Osborne y Remedios Cervantes. La aventura televisiva terminó en conflicto contractual y acabó en los tribunales, donde la justicia le dio la razón varios años después, condenando a la cadena a indemnizarle con una importante cantidad económica por daños y perjuicios.

Con el tiempo, su nombre volvió a resonar entre las generaciones más jóvenes gracias a la cultura popular y a la televisión. La serie La que se avecina jugó con su figura a través del personaje de Estela Reynolds, que alardeaba en tono cómico de haber tenido una relación con el propio Esteso, con frases tan repetidas como “Fernando Esteso me chupó un pezón”, que reavivaron el recuerdo de aquella España del destape entre los espectadores más jóvenes.

Ya entrado el siglo XXI, directores como Santiago Segura le recuperaron para la gran pantalla en títulos como Torrente 4: Lethal Crisis (2011) y Torrente 5: Operación Eurovegas (2014), y el cineasta Agustí Villaronga le ofreció registros más serios en Incierta gloria (2017) y Loli Tormenta (2023), su último trabajo cinematográfico estrenado en salas. Segura siempre le definió como “actor con verdad, cómico de primera, excelente cantante, genial imitador y, sobre todo, amigo entrañable”.

Vida personal, familia y arraigo a Valencia

Más allá de los focos, Fernando Esteso llevó una vida muy ligada a Valencia en sus últimas décadas. Aunque nació en Zaragoza y siempre presumió de sus raíces aragonesas, se instaló desde hace años en la capital del Turia, donde se integró por completo en la vida cotidiana y cultural de la ciudad. Era habitual verlo pasear por el centro histórico o participar en actos relacionados con las Fallas.

Las autoridades y la ciudadanía terminaron por considerarle “valenciano de adopción”, y su presencia se volvió recurrente en la programación de teatros locales como el Olympia, donde regresaba de manera periódica con espectáculos de comedia y revista que seguían despertando el cariño de un público que lo sentía cercano.

En el plano personal, su biografía estuvo marcada por su matrimonio con María José Egea, con quien compartió unos veinte años de vida en común y dos hijos: Fernando y Arancha. Aunque la pareja se separó a finales de los noventa y el divorcio fue complicado, el actor siempre habló de su exmujer con gran respeto. Tras el fallecimiento de María José en 2003, llegó a definirse públicamente como “viudo”, pese al tiempo que habían llevado distanciados.

Sus hijos se convirtieron en su apoyo fundamental, especialmente cuando el éxito cinematográfico empezó a diluirse y llegaron los problemas de salud. Esteso se trasladó a vivir con ellos en Valencia y llevaba una vida sencilla, centrada en su círculo más íntimo y en encuentros tranquilos con amigos de toda la vida. La imagen de un hombre cercano, humilde y muy familiar se fue imponiendo sobre la del ídolo de taquilla de los años setenta y ochenta.

En entrevistas recientes, como la que concedió a Sonsoles Ónega en televisión, el actor habló abiertamente de sus problemas de adicción al alcohol, al tabaco y a otras sustancias. Reconocía que había probado cosas de las que no se sentía orgulloso, pero insistía en que lo importante era no repetir esos errores más que recrearse en el arrepentimiento. Esa sinceridad, combinada con su habitual ironía, reforzó la imagen de un artista capaz de reírse también de sus propios tropiezos.

Retirada gradual, reconocimientos y legado en la cultura popular

Durante la última década, Fernando Esteso fue reduciendo poco a poco sus apariciones públicas. Los problemas respiratorios, las hospitalizaciones y el desgaste físico le obligaron a apartarse del ritmo de trabajo que había mantenido durante más de medio siglo, aunque siguió participando en homenajes, entrevistas puntuales y proyectos muy seleccionados.

En 2023, por ejemplo, volvió a subir al escenario del cine español al entregar el Goya al mejor corto documental, en una gala en la que recordó a amigos como Agustí Villaronga o Carlos Saura. Con su habitual tono socarrón, bromeó diciendo que quizá ya estarían “escribiendo el guion de su próxima película” y que esperaba reencontrarse con ellos más pronto que tarde, unas palabras que hoy suenan casi premonitorias.

También en los últimos años se prestó a iniciativas más curiosas, como la presentación en 2024 de un vino que llevaba su nombre, lanzado por Bodegas Falcón. En ese acto reunió a un buen número de amigos del mundo del cine, la radio y la televisión, entre ellos Andrés Pajares, el locutor Carlos Herrera o el propio Santiago Segura, que no han tardado en expresar en redes sociales su pesar por la pérdida del cómico.

La Academia de Cine se ha sumado igualmente a los mensajes de condolencia, subrayando la amplitud de su filmografía, su papel protagonista en el cine popular de la Transición y su capacidad para reinventarse en etapas posteriores. Se le reconoce como uno de los grandes nombres que ayudaron a construir el imaginario colectivo del humor español en la segunda mitad del siglo XX.

Desde Aragón, su tierra natal, las muestras de afecto también han sido inmediatas. El presidente de la comunidad, Jorge Azcón, ha anunciado la concesión de la medalla al mérito cultural de Aragón a título póstumo, destacando la forma en que Esteso llevó “el acento aragonés y esa jovialidad” a todo el país. Un reconocimiento institucional que se suma al cariño popular acumulado durante décadas.

Con su muerte, se cierra una etapa del entretenimiento español marcada por un humor pícaro, costumbrista y profundamente popular, asentado en una época de grandes cambios sociales. Desde aquel niño de la jota que recorría pueblos con compañías itinerantes hasta el actor recuperado para películas de autor y la televisión contemporánea, la trayectoria de Fernando Esteso traza el viaje de todo un país. Su figura deja un hueco difícil de llenar, pero permanece viva en películas, canciones, recuerdos familiares y en la memoria de quienes, durante años, encontraron en sus historias una forma sencilla y directa de reírse de la vida.