Las pinturas de Juan de Borgoña en la Catedral de Toledo vuelven a brillar

  • Restauradas las pinturas murales de Juan de Borgoña en el zaguán de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo
  • La intervención, de 390.000 euros, ha sacado a la luz un amplio programa renacentista dedicado al Jardín de la Virgen
  • Se han retirado armarios del siglo XVII y recuperado yeserías y artesonado policromado
  • El proyecto se enmarca en los actos del VIII Centenario de la Catedral de Toledo

Pinturas restauradas en la Catedral de Toledo

Las históricas pinturas murales de Juan de Borgoña que decoran el zaguán o antesala de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo ya pueden contemplarse de nuevo con todo su brillo original. Tras una delicada intervención de varios años, este espacio del templo primado abre sus puertas a fieles y visitantes, que ahora se encuentran con una estancia completamente transformada y libre de los armarios que ocultaron durante siglos buena parte del conjunto pictórico.

La actuación, promovida por el Cabildo Primado con el apoyo de la Fundación ACS, ha supuesto una inversión global de 390.000 euros y se integra en el amplio programa de actividades organizado por el VIII Centenario de la Catedral de Toledo. Con la restauración del zaguán se completa la recuperación de uno de los conjuntos del primer Renacimiento más singulares de España, vinculado a la figura del cardenal Cisneros y al gran proyecto artístico de la Sala Capitular.

Un jardín simbólico redescubierto en el corazón de la Catedral

Las pinturas, realizadas en óleo sobre yeso entre 1508 y 1511, recrean lo que se conocía como el Jardín o Huerto de la Virgen, un espacio idealizado en el que se celebraban las reuniones preparatorias de los cabildos antes de acceder a la Sala Capitular. Este programa decorativo, concebido bajo la dirección espiritual del cardenal Cisneros, se inspira en el motivo del Hortus Conclusus del Cantar de los Cantares, una imagen de larga tradición medieval asociada a las virtudes de María.

El conservador-restaurador de la Catedral, Antonio Sánchez-Barriga, explica que en la parte superior de los muros se abren falsos ventanales pintados, a través de los cuales se ven aves en vuelo al amanecer y un paisaje luminoso que se contrapone al recinto cerrado de la zona inferior. Este juego entre lo íntimo y lo abierto refuerza el carácter simbólico del espacio, pensado para la reflexión y el gobierno de la Iglesia toledana.

Uno de los aspectos más llamativos es el detalle naturalista de la vegetación, en el que se han identificado hasta 18 especies distintas de árboles y flores, actualmente en estudio por especialistas en botánica e historia del arte. Ese trabajo desembocará en una publicación monográfica que analizará la flora representada y su lectura espiritual, en línea con la sensibilidad hacia la naturaleza propia del ambiente franciscano de Cisneros.

La restauración ha permitido comprobar, además, que en este zaguán Juan de Borgoña decidió pintar directamente sobre el yeso, sin recurrir a un dibujo preparatorio como hizo en la Sala Capitular. Esta elección confiere a las escenas una frescura poco habitual en la pintura mural de la época y muestra la maestría técnica del artista en el uso del óleo sobre un soporte que no es el tradicional fresco.

Un conjunto renacentista oculto tras armarios siglos XVII

El gran motor de la intervención ha sido la decisión, no exenta de complejidad, de retirar los voluminosos armarios de madera que cubrían la mayor parte de los muros desde el siglo XVII. Estas piezas, entre las que se incluye un mueble del antiguo Sagrario fechado hacia 1550, se adaptaron en su día para custodiar el creciente archivo de actas del Cabildo, pero terminaron por desvirtuar por completo la lectura de la decoración original.

Sánchez-Barriga detalla que, para evitar daños en una carpintería histórica de gran valor, el desmontaje se llevó a cabo de forma modular, pieza a pieza, con un cuidadoso trabajo de documentación y seguimiento técnico. Tras su retirada, los armarios han sido trasladados y recolocados en el Museo de Tapices de la Catedral, donde ahora pueden visitarse en un contexto más adecuado.

Hasta hace poco, solo se conocían con cierta claridad las pinturas situadas en la franja alta de la estancia, en los tramos donde el mobiliario no alcanzaba a tapar los muros. Nadie tenía una idea precisa, sin embargo, del estado de conservación ni de la extensión total de las escenas que podían esconderse tras la madera. La sorpresa llegó cuando, en los trabajos previos al VIII Centenario, el equipo de restauración descubrió nuevas zonas pintadas de Borgoña completamente invisibles hasta entonces.

Ese hallazgo vino a sumarse a otros descubrimientos recientes de obras del mismo autor en Castilla-La Mancha, particularmente en la provincia de Albacete, lo que confirma la amplitud de la presencia de Juan de Borgoña en el territorio y la importancia de seguir revisando espacios aparentemente secundarios en templos históricos.

Alcance de la restauración: pinturas, yeserías y artesonado

El proyecto no se ha limitado a las escenas murales, sino que ha abarcado el conjunto completo del zaguán como unidad artística. En total se han intervenido aproximadamente 150 metros de pinturas murales, unos 10 metros de yeserías decorativas y cerca de 75 metros de artesonado policromado, recuperando la lectura integral de este espacio de acceso a la Sala Capitular.

Para llevar a cabo una actuación de esta envergadura ha sido necesario coordinar un equipo multidisciplinar formado por catorce especialistas: restauradores, químicos, yeseros, vidrieros, archiveros e historiadores, además de empresas dedicadas a la construcción, el andamiaje y la iluminación. Esta combinación de perfiles ha permitido abordar tanto las cuestiones artísticas como los problemas estructurales y de conservación preventiva.

La intervención sobre las yeserías ha devuelto volumen y legibilidad a motivos ornamentales que se encontraban parcialmente colmatados por polvo, barnices antiguos y repintes. En paralelo, el artesonado de madera, que conserva restos de policromía original, ha sido objeto de una limpieza muy controlada y de consolidaciones puntuales para frenar el deterioro de la capa pictórica.

El resultado es una estancia diáfana, donde por primera vez en siglos se puede apreciar la arquitectura y la decoración renacentista tal y como fueron concebidas: un preámbulo solemne y a la vez íntimo antes de acceder a la gran Sala Capitular, cuya restauración integral ya se había completado en una fase anterior del mismo programa.

Un desafío técnico: hasta 17 capas de intervenciones previas

Uno de los mayores retos para el equipo ha sido el estado de las pinturas, marcadas por siglos de intervenciones superpuestas. Los restauradores han identificado hasta 17 capas distintas de añadidos, que incluían repintes, ceras, barnices de colofonia y otros materiales que alteraban por completo la lectura de la pincelada original de Borgoña.

El proceso de limpieza se ha desarrollado de forma muy lenta y progresiva, combinando técnicas físicas y químicas adaptadas a cada zona. El objetivo era eliminar los estratos ajenos a la obra sin poner en riesgo el óleo sobre yeso, un soporte especialmente sensible. A ello se sumaban las “calvas” y lagunas de pintura provocadas por los puntos de apoyo de los antiguos armarios, así como los agujeros realizados en su día para el anclaje del mobiliario.

Una vez eliminados los materiales impropios y estabilizado el soporte, se ha recurrido a una integración cromática mediante técnica de aguada. Este sistema permite ofrecer al visitante una percepción unitaria del conjunto, sin recrear de forma mimética las partes perdidas y manteniendo visible la huella del paso del tiempo, de acuerdo con los criterios actuales de conservación del patrimonio.

La investigación sobre los procedimientos de Borgoña ha revelado también que, a diferencia de lo que ocurre en la Sala Capitular, en este zaguán el pintor renunció a los dibujos preparatorios o sinopias. La decisión de abordar directamente el color y la composición sobre el yeso ha sido interpretada por los especialistas como un signo de confianza en su propia técnica y como una apuesta por una pintura más espontánea y naturalista.

La mirada del Cabildo: patrimonio, visita y VIII Centenario

El deán de la Catedral de Toledo, Juan Pedro Sánchez Gamero, ha subrayado la importancia de esta recuperación, que considera un hito para el patrimonio cultural español. En sus palabras, el zaguán restaurado deja al descubierto “una belleza propia del primer Renacimiento en España”, hasta ahora difícilmente apreciable debido a la presencia de los armarios y a las alteraciones acumuladas en las pinturas.

El espacio ya se encuentra incorporado al circuito de visita habitual de la Catedral, de manera que los turistas y fieles pueden acceder a la antesala y contemplar de cerca el Jardín de la Virgen de Borgoña. Esta apertura se produce en plena celebración del VIII Centenario de la Catedral de Toledo, lo que otorga a la inauguración un valor simbólico adicional dentro de la programación conmemorativa.

Entre los actos previstos para este aniversario destaca también la organización de una gran exposición bajo el lema “Primada”, que se inaugurará el 25 de mayo y mostrará algunos de los grandes tesoros artísticos del templo, incluidos aquellos que durante siglos han permanecido ocultos a la vista del público. La restauración del zaguán se integra así en una estrategia más amplia de puesta en valor de los fondos históricos de la Catedral.

Mientras tanto, el Cabildo ha anunciado que los trabajos de conservación continuarán en otras zonas del edificio, con especial atención a las pinturas del Transparente de la Catedral, donde ya se han instalado andamios para iniciar nuevas campañas de intervención. La experiencia acumulada en el proyecto del zaguán servirá de base metodológica para estas futuras actuaciones.

Con la recuperación del Jardín de la Virgen de Juan de Borgoña, la Catedral de Toledo suma un nuevo atractivo a su ya extenso patrimonio y ofrece una visión más completa de la transición del gótico tardío al Renacimiento en la península. La combinación de investigación histórica, restauración rigurosa y apertura al público convierte esta actuación en un referente de cómo devolver la vida a espacios aparentemente secundarios que, una vez liberados y estudiados, se revelan como piezas clave para entender la historia del arte europeo.


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