Las esculturas gigantes de Neptuno y Venus se instalarán de forma temporal en el Puerto de Málaga tras una fuerte polémica ciudadana

  • El Puerto de Málaga confirma la instalación temporal de las esculturas gigantes de Neptuno y Venus por un máximo de seis meses, sin opción de prórroga.
  • El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria aprueba la exposición por amplia mayoría, pese a votos en contra y una intensa controversia pública.
  • Colectivos culturales y parte de la ciudadanía critican la estética del conjunto, la falta de licencias y la gestión del expediente, mientras las administraciones se reparten competencias.
  • La inversión en pedestales y refuerzos supera los 70.000 euros y el Puerto prevé reutilizar estas estructuras para futuros eventos y proyectos culturales.

Esculturas gigantes de Neptuno y Venus en el Puerto de Málaga

Las esculturas gigantes de Neptuno y Venus, obra del artista ceutí Ginés Serrán-Pagán, se colocarán finalmente en la entrada principal del Puerto de Málaga, junto a la plaza de la Marina, aunque solo durante un periodo limitado. Tras varias semanas de debate público, reproches cruzados y reparos de colectivos culturales, el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria ha dado luz verde a una exposición estrictamente temporal de seis meses, sin opción de alargarla.

La decisión cierra, al menos en el plano institucional, una polémica que ha desbordado el ámbito local, con pronunciamientos de asociaciones culturales, sindicatos, partidos políticos y administraciones diversas. El conjunto, titulado “Las Columnas del Mar”, se convertirá así, durante medio año, en una de las imágenes más visibles del frente marítimo malagueño, entre el Centro histórico y el recinto portuario.

Un Consejo extraordinario y una mayoría clara a favor

El visto bueno definitivo ha llegado en un Consejo de Administración extraordinario celebrado este viernes en la sede de la Autoridad Portuaria. A esta reunión se llegó después de que el presidente del ente, Carlos Rubio, decidiera frenar la colocación de las figuras y volver a someter la cuestión a la valoración de los consejeros, a raíz de la contestación generada en la ciudad y de los informes que se fueron incorporando al expediente.

Según ha detallado Rubio, el órgano de gobierno del Puerto está formado por 15 consejeros y la propuesta de instalación temporal ha salido adelante con una mayoría amplia: once votos favorables, dos en contra, una abstención y un voto particular con matizaciones. Esta vez, a diferencia de la primera decisión adoptada en junio de 2025, no ha habido unanimidad, pero sí un respaldo considerado «muy mayoritario» por la presidencia.

Durante la sesión, cada uno de los consejeros pudo exponer su posición tras analizar la documentación incorporada al expediente: informes jurídicos, dictámenes técnicos, resoluciones de Puertos del Estado, así como recortes de prensa y pronunciamientos de asociaciones culturales y vecinales. El debate, describe Rubio, fue «sosegado», pese a la presión social acumulada en las últimas semanas.

El propio presidente ha recordado que la aceptación en comodato de las esculturas por parte del Puerto ya fue aprobada por unanimidad el 25 de junio de 2025, con una permanencia inicial de 25 años prevista para el conjunto. Sin embargo, el clima generado tras la aparición de los pedestales en la plaza de la Marina hizo que el asunto se reabriera y que se sustituyera esa cesión de largo plazo por una fórmula de exposición acotada a seis meses.

El acuerdo final establece que las figuras de Neptuno y Venus, junto con los dos leones que completan el grupo escultórico, se montarán lo antes posible y permanecerán expuestas durante un semestre «desde el día en que oficialmente comience su exhibición», tal y como ha explicado la Autoridad Portuaria. Una vez concluido ese plazo, se procederá a su desmontaje y a su traslado a otro emplazamiento que deberá ser «consensuado» y que genere un menor impacto en el entorno.

Una instalación temporal sin margen para prórrogas

Uno de los puntos más repetidos por el presidente del Puerto ha sido el carácter taxativamente temporal de la intervención artística. La exposición se autoriza por seis meses improrrogables, de modo que la Autoridad Portuaria se blinda ante nuevas controversias sobre su posible continuidad o sobre la tentación de convertir la presencia de las esculturas en algo semipermanente.

Rubio ha insistido en que, con la nueva votación, el debate interno en el consejo queda cerrado y que la cuestión «ya no está en el ámbito de decisión de la Autoridad Portuaria». La idea es centrar ahora los esfuerzos en la parte operativa: montaje de las figuras, refuerzos de seguridad y coordinación de plazos. El propio presidente no descarta que las obras se puedan ver incluso antes de que termine el mes de marzo, siempre que los servicios técnicos lo permitan.

El conjunto, cedido gratuitamente por Serrán-Pagán, consta de cuatro piezas monumentales en bronce: un Neptuno que alcanza alrededor de 10,5 metros de altura incluyendo el pedestal, una Venus de unos 8,5 metros y dos leones que rondan los 1,9 metros cada uno. Otras fuentes detallan medidas muy similares, con Neptuno superando los 7 metros sin base y Venus en torno a los 5 metros, además de pesos que oscilan entre 1,9 y 2,25 toneladas por figura principal y unos 750 kilos por cada león, lo que da idea del impacto visual y técnico de la instalación.

Paralelamente, el Puerto ha reservado un presupuesto de en torno a 70.000 euros para la preparación del espacio y la construcción de pedestales reforzados, con el objetivo de garantizar la estabilidad de las piezas frente a episodios de fuertes vientos y otras inclemencias. Estas estructuras, recalca la Autoridad Portuaria, no se limitarán a este proyecto: en el futuro podrán ser cedidas a la Junta de Andalucía o al Ayuntamiento de Málaga para utilizarlas como plataformas en actos culturales u otras iniciativas artísticas.

Críticas estéticas, licencias en duda y una ciudad dividida

Más allá de la cuestión técnica, lo que ha marcado la discusión es el encaje estético y urbano de “Las Columnas del Mar”. Desde el momento en que comenzaban a levantarse los pedestales en la zona de acceso al puerto por la plaza de la Marina, distintas voces alertaron de que se estaba configurando un fondo monumental desproporcionado para la imagen del Centro histórico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y considerado uno de los principales símbolos de la relación de Málaga con el mar.

La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo fue una de las primeras instituciones en fijar una postura tajante, calificando las esculturas de «monumentalidad ampulosa y anacrónica» y comparando su estética con la de ciertos personajes del universo de cómic y superhéroes. Para este colectivo, la propuesta no dialoga con el patrimonio circundante y proyecta una imagen que poco tiene que ver con la tradición artística de la ciudad.

Las críticas no se detuvieron ahí. El Ateneo de Málaga, la Sociedad Económica de Amigos del País, la Academia Malagueña de Ciencias y otros organismos insistieron en que la entrada al puerto no es un lugar adecuado para unas figuras de este tamaño y de estas características. Algunos portavoces llegaron a hablar de «escarnio» hacia un ecosistema cultural que consideran frágil y único, y que podría verse alterado por un elemento tan dominante en el paisaje urbano.

En paralelo, varias plataformas ciudadanas y agentes culturales pusieron el foco en la falta de licencias municipales y de una consulta pública previa para una intervención de esta escala. Esa sensación de opacidad desembocó en una recogida de firmas en Change.org con el objetivo de parar el proyecto, y animó a numerosos colectivos a solicitar que, en todo caso, se buscara una ubicación alternativa dentro del propio puerto que no afectara a la puerta de entrada del casco histórico.

La controversia llegó incluso a los medios internacionales: el diario británico The Times se hizo eco del asunto con un titular en el que describía las figuras como «dioses romanos que parecen superhéroes de cómic», una frase que alimentó el debate sobre el arte público y la imagen que la ciudad proyecta al exterior. Para la Autoridad Portuaria, sin embargo, la intención inicial era justo la contraria: embellecer el acceso marítimo y dotarlo de un elemento distintivo.

Posicionamiento de las administraciones: respeto, cautela y desacuerdos

Mientras el debate artístico y ciudadano se intensificaba, las distintas administraciones implicadas han ido fijando posturas, en ocasiones con mensajes muy medidos para evitar choques institucionales. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha optado en reiteradas ocasiones por mantenerse al margen de la decisión de la Autoridad Portuaria, insistiendo en que el Ayuntamiento no tiene competencia directa sobre el interior del recinto portuario.

De la Torre ha subrayado que el Consistorio «respetará la decisión» que adopte el consejo del Puerto, y que lo importante es que las esculturas, una vez instaladas, puedan ser vistas por la ciudadanía para que cada cual forme su propia opinión. El alcalde ha evitado pronunciarse sobre gustos personales y ha situado la discusión en un plano más institucional, defendiendo una «Málaga plural y abierta» en la que convivan sensibilidades muy diversas en torno al arte público.

Desde la Junta de Andalucía, la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, ha despejado cualquier intervención directa de su departamento en el proceso. La responsable autonómica ha explicado que la zona concreta donde se ubican los pedestales está fuera de los límites del BIC del Centro histórico, y que en la propia declaración de ese conjunto protegido no se definió un entorno específico de protección. Por tanto, al tratarse de espacio de dominio público portuario adscrito al Estado, no se requiere autorización de Cultura para la colocación de las esculturas.

Esta interpretación ha sido contestada por parte de la oposición en el Parlamento andaluz, que denuncia una supuesta «contaminación visual» del entorno histórico y cuestiona que la ausencia de un entorno delimitado en la declaración BIC deje totalmente sin protección el paisaje inmediato. El parlamentario socialista Josele Aguilar ha criticado que la Junta «mire hacia otro lado» y ha descrito la operación como una «agresión» a la imagen del centro de la ciudad.

En la esfera estatal, el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, ha ido más allá y ha expresado públicamente su oposición a la instalación. Durante el Consejo extraordinario, Salas pidió aplazar la decisión para recabar nuevos informes y conocer la posición formal de la Junta, del Ayuntamiento y de organismos como la Real Academia de San Telmo. A su juicio, antes de tomar una determinación debía haberse analizado con más tiempo el impacto cultural y paisajístico de la operación.

Pese a sus advertencias, la mayoría de los miembros del Consejo de Administración decidió seguir adelante con el plan de exposición temporal. El subdelegado votó en contra, al igual que el representante de UGT, mientras que CCOO optó por la abstención. También se registró un voto particular de la Abogacía del Estado, que introdujo matices jurídicos al acuerdo, aunque sin impedir su aprobación.

Costes, expediente bajo lupa y percepciones enfrentadas

Otro de los frentes de discusión tiene que ver con el coste global de la intervención y la forma en que se ha tramitado el expediente. Aunque el escultor ha cedido gratuitamente las obras, distintos colectivos y sindicatos han cuestionado la cifra final que supondrá adecuar el espacio, instalar los pedestales, realizar estudios técnicos y contratar seguros y vigilancia.

El presidente del Puerto ha hablado de una inversión de unos 70.000 euros destinada fundamentalmente a los soportes y refuerzos necesarios para sostener las figuras, además de los informes requeridos. Sin embargo, UGT ha elevado esa cuantía, apuntando que a los cerca de 67.000 euros ya gastados en pedestales y alrededor de 8.000 euros del informe técnico habría que sumar otros conceptos no detallados públicamente, lo que, a su juicio, demuestra una falta de transparencia en el desglose económico.

El sindicato también ha denunciado que el informe emitido por Puertos del Estado no entraría con suficiente claridad en un aspecto clave: si es jurídicamente posible ceder un suelo público portuario, sobre el que se ha ejecutado una obra de carácter permanente, sin la correspondiente concesión administrativa que respalde el uso continuado del espacio. Este tipo de dudas ha contribuido a la sensación de que el procedimiento se fue construyendo «sobre la marcha».

A ello se suma la controversia en torno a la información técnica remitida a los especialistas que evaluaron la capacidad de las columnas para soportar el peso de Neptuno y Venus. Determinados informes apuntan a que el Puerto habría facilitado datos imprecisos o incompletos, algo que la Autoridad Portuaria no comparte, pero que ha alimentado la desconfianza de parte de la ciudadanía y de los colectivos críticos con el proyecto.

En el plano político y social, plataformas como UGT consideran que la propuesta de limitar la instalación a seis meses es una «maniobra de distracción», un intento de «lavado de cara» frente a la presión cultural y mediática que no soluciona las «presuntas irregularidades» del expediente. Para estos grupos, el problema de fondo no es solo cuánto tiempo vayan a estar las esculturas visibles, sino cómo se toman las decisiones sobre el espacio público y qué papel se otorga a la participación ciudadana.

Desde la Autoridad Portuaria, en cambio, se defiende que el trabajo se ha realizado con informes jurídicos y técnicos suficientes y que la solución de los seis meses sin prórroga busca precisamente mitigar el impacto sobre quienes rechazan la intervención, a la vez que se da la oportunidad de que la ciudad pueda conocer las piezas y formarse un juicio propio durante un tiempo limitado.

Un debate sobre arte público que rebasa Málaga

El caso de las esculturas de Neptuno y Venus ha terminado por convertirse en un símbolo del debate contemporáneo sobre el arte en el espacio público en España y, por extensión, en Europa. A través de redes sociales, artículos de opinión y coberturas en medios nacionales e internacionales, se ha discutido no solo la calidad artística del conjunto, sino también quién decide qué se exhibe en lugares tan sensibles como las puertas de entrada a un centro histórico protegido.

Para algunos defensores del proyecto, la presencia de estas figuras gigantes en el Puerto de Málaga representa una oportunidad de proyección internacional y una manera de reforzar la identidad marítima de la ciudad mediante un icono reconocible. Ven en «Las Columnas del Mar» una intervención que puede generar conversación, atraer miradas y configurar una postal distinta del litoral malagueño.

Para buena parte de los detractores, por el contrario, el conjunto refuerza un modelo de turistificación y espectáculo que se aleja del trabajo cotidiano de los creadores locales y de las instituciones culturales que llevan años consolidando el tejido artístico de la ciudad. Temen que la instalación, aunque sea temporal, eclipse otras propuestas más integradas con el entorno y con la historia del puerto, y se quejan de no haber sido consultados con antelación.

En medio de esas posiciones enfrentadas, el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria ha optado por una fórmula intermedia: no renunciar al proyecto, pero acotarlo en el tiempo, dejar claro que no habrá prórroga y abrir la puerta a que, transcurridos los seis meses, se busque una ubicación diferente, ya sea en otra zona del puerto o en otra ciudad interesada en acoger las esculturas.

Lo que ocurra en los próximos meses servirá, en gran medida, para medir el pulso de la opinión pública: si la presencia de Neptuno, Venus y los dos leones se percibe como un atractivo monumental o como una imposición ajena al carácter de Málaga. El Puerto se ha comprometido a informar próximamente de las fechas exactas de montaje y desmontaje, mientras asociaciones y administraciones seguirán observando con lupa un proyecto que ha pasado, en muy poco tiempo, de ser un asunto aparentemente «pacífico» a uno de los debates culturales más sonados de la ciudad.

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