La red de calzadas romanas: 300.000 kilómetros de ingeniería que aún guardan secretos

  • Un nuevo catálogo digital cifra en casi 300.000 km la red de calzadas del Imperio romano.
  • Solo se conoce con certeza el 2,7% de su trazado, según el proyecto Itiner-e.
  • El ingeniero Isaac Moreno Gallo sostiene que la caída de Roma provocó un letargo técnico de más de mil años.
  • En España, no se recuperó una red comparable hasta el siglo XIX.

Imperio romano

La red de calzadas del Imperio romano es una de las mayores obras de ingeniería de la antigüedad. Un nuevo catálogo digital ha cifrado en casi 300.000 kilómetros la extensión total de estas vías, según publica la revista Scientific Data. Sin embargo, lo más llamativo no es la cifra, sino lo poco que sabemos de ella: solo se conoce con certeza el 2,7% de su trazado.

Este proyecto, bautizado como Itiner-e, ha cartografiado 103.478 kilómetros de vías principales, pero sus autores advierten de que la mayoría de los caminos siguen siendo un misterio. La infraestructura que conectaba todo el Mediterráneo con el norte de Europa apenas ha dejado rastros identificables, y los expertos llevan años debatiendo por qué.

Un catálogo con cifras sorprendentes

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mapa digital de carreteras más detallado del Imperio romano
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El catálogo Itiner-e, publicado en noviembre de 2025, es el más completo hasta la fecha. Reúne datos de miles de yacimientos y documentos históricos para reconstruir el mapa viario del Imperio. A pesar de su ambición, los investigadores reconocen que la incertidumbre es enorme: de los 300.000 kilómetros estimados, apenas podemos señalar con seguridad dónde estaban unos 8.000.

Esta falta de conocimiento no es casual. La mayoría de las calzadas romanas fueron reutilizadas, destruidas o simplemente abandonadas tras la caída del Imperio. En muchos casos, los trazados se perdieron bajo carreteras modernas o campos de cultivo, y solo quedan pequeños tramos aislados.

La caída de Roma y el frenazo técnico

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El ingeniero Isaac Moreno Gallo, experto en obras públicas romanas, lleva años defendiendo una tesis polémica: la desaparición del Imperio no solo supuso un cambio político, sino un retroceso técnico brutal. En sus entrevistas, cita una frase atribuida al astrónomo Carl Sagan: «Si el Imperio romano no hubiera caído, el hombre habría llegado a la Luna en el año 1000».

Moreno Gallo explica que la fragmentación política tras el colapso dejó a los reinos sin capacidad para mantener las infraestructuras. Un acueducto sin mantenimiento se estropea en pocos años, y una carretera desaparece aún más rápido. El resultado fue un letargo técnico que duró más de mil años, hasta que en el siglo XIX se recuperó el nivel de conocimiento.

La recuperación en el siglo XIX

En España, la red de calzadas no volvió a planificarse de forma comparable hasta la Ley de Carreteras de 1857. En solo ocho años, los kilómetros construidos pasaron de 11.277 a 17.503, según los datos históricos. Este resurgir coincidió con la creación de la Escuela de Ingenieros de Caminos, que formó a los técnicos capaces de abordar semejante empresa.

Moreno Gallo, que ha reconstruido instrumentos como el corobate y la dioptra, insiste en que la ingeniería romana era mucho más avanzada de lo que se cree. Sus investigaciones sobre el terreno demuestran que las vías estaban diseñadas para carros, con pendientes suaves y firmes duraderos, algo que no se volvió a ver hasta la era industrial.

En definitiva, el legado de las calzadas romanas sigue siendo un misterio en gran parte. El catálogo Itiner-e ha dado el primer paso para mapear una red que marcó el desarrollo de Europa, pero aún queda mucho por descubrir. Mientras tanto, la tesis de Moreno Gallo nos recuerda que el progreso no es lineal, y que a veces, como él dice, «cuanto más descubres, más lejos ves el fin».


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