La peste porcina africana vuelve a España tras tres décadas: situación en Cataluña, riesgos y medidas

  • Confirmados los primeros casos de peste porcina africana en jabalíes en Barcelona desde 1994
  • Zona de vigilancia de 20 km con 39 explotaciones porcinas afectadas por restricciones
  • Fuerte impacto comercial: bloqueo y limitaciones a exportaciones de porcino español
  • No hay riesgo para la salud humana, pero se extreman las medidas de bioseguridad

peste porcina africana en España

Tras más de tres décadas sin casos, la peste porcina africana (PPA) ha vuelto a aparecer en España y lo ha hecho en un punto especialmente sensible: el entorno de la Universitat Autònoma de Barcelona, en el municipio de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). La detección del virus en varios jabalíes silvestres ha hecho que el país pierda su estatus de libre de la enfermedad ante la Organización Mundial de Sanidad Animal y ha encendido todas las alarmas en el sector porcino.

Se trata de una enfermedad vírica muy contagiosa que afecta exclusivamente a cerdos domésticos y jabalíes, con tasas de mortalidad que en las formas más agresivas pueden rozar el 100 %. Aunque no supone ningún riesgo para las personas ni para la seguridad alimentaria, el golpe potencial para la ganadería, el comercio exterior y muchas comarcas rurales es enorme, por lo que las autoridades han activado sin demora los planes de contingencia.

Primer foco de peste porcina africana en España desde 1994

Los servicios veterinarios de la Generalitat de Catalunya notificaron al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) la aparición de dos jabalíes silvestres muertos en las inmediaciones del campus de Bellaterra de la Universidad Autónoma de Barcelona, hallados los días 25 y 26 de noviembre a aproximadamente un kilómetro de distancia entre sí. Las muestras enviadas al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete (Madrid) confirmaron la presencia del virus de la PPA.

Estos resultados suponen la primera detección de la enfermedad en España desde noviembre de 1994, fecha a partir de la cual el país fue considerado oficialmente libre de peste porcina africana tras más de treinta años de lucha. Pocos días después de los primeros hallazgos se detectaron más jabalíes positivos en la sierra de Collserola, consolidando el foco en esta zona periurbana muy transitada.

El Ministerio ha subrayado que se trata de una enfermedad no zoonósica: las personas no pueden infectarse ni por contacto con animales enfermos ni por consumir productos derivados del cerdo. El problema es, por tanto, de sanidad animal y de impacto económico, no de salud pública.

En paralelo, se han iniciado investigaciones epidemiológicas para tratar de determinar el origen del virus en estos animales salvajes. Entre las hipótesis mencionadas se encuentra la llamada “vía del bocadillo”: restos de productos cárnicos contaminados (por ejemplo, un bocadillo de embutido arrojado a la basura) que acaban siendo ingeridos por jabalíes, un mecanismo ya observado en otros países europeos.

jabalies y peste porcina africana

Zona infectada, confinamiento de explotaciones y control del jabalí

Tras la confirmación de los primeros positivos, se activó el manual práctico de operaciones de lucha contra la PPA. Este protocolo contempla la delimitación de una zona infectada alrededor del punto donde se hallaron los animales y el establecimiento de varias áreas concéntricas con distintos niveles de restricción para minimizar la expansión del virus.

En el entorno más próximo al foco, en un radio de 6 kilómetros, se ha decretado el cierre total del acceso al medio natural: se prohíben las actividades de ocio, la caza, los trabajos forestales y cualquier presencia en zona rústica que no sea estrictamente esencial. También se están instalando barreras físicas y químicas, así como trampas, para limitar al máximo el movimiento de los jabalíes y tratar de mantenerlos dentro del área encapsulada.

Más allá de ese núcleo, se ha definido una zona de vigilancia de 20 kilómetros que abarca unos 64 municipios, entre ellos Sabadell, Sant Cugat del Vallès, Cerdanyola, Terrassa, Rubí o Barberà del Vallès. En este perímetro se han extremado los controles sobre el ganado porcino, restringido los movimientos de animales y reforzado la vigilancia pasiva y activa sobre la fauna silvestre.

Dentro de este radio de 20 km se han identificado 39 explotaciones porcinas de producción y reproducción sujetas a restricciones operativas y comerciales: cinco granjas se sitúan en los primeros 10 km y 34 entre los 10 y los 20 km. En todas ellas se han implantado limitaciones a la entrada y salida de animales, inspecciones clínicas, análisis epidemiológicos y revisiones exhaustivas de las medidas de bioseguridad.

Las autoridades calculan que en la zona inmediatamente afectada existe una población de jabalíes moderada, rodeada de áreas boscosas, infraestructuras viarias y núcleos residenciales. El objetivo ahora es evitar que estos animales se desplacen hacia áreas con mayor densidad, como el Parque Natural de Collserola más próximo a la ciudad de Barcelona, donde un eventual salto del virus complicaría notablemente el control.

zona infectada por peste porcina africana

Impacto económico y comercial para el porcino español

La reaparición de la PPA se produce en un momento en el que España es el mayor productor de porcino de la Unión Europea y uno de los principales actores mundiales. Solo en 2024 se sacrificaron en el país alrededor de 54 millones de cerdos, lo que supone en torno al 24 % de la producción comunitaria, y el porcino representa cerca del 40 % de toda la actividad ganadera nacional.

El sector tiene una marcada orientación exportadora. España envía productos del cerdo a más de un centenar de países y genera casi 9.000 millones de euros anuales en exportaciones, de los que una parte muy significativa procede de Cataluña. La carne y elaborados porcinos representan en torno al 19 % de las exportaciones de alimentos y bebidas de esta comunidad, con especial peso en las comarcas centrales (Osona, Bages, Berguedà), donde se concentran centenares de granjas e industrias.

La notificación del brote ha provocado el bloqueo preventivo de más de un centenar de certificados sanitarios de exportación correspondientes a distintos productos porcinos y destinos. Países como Japón o México han optado por suspender la importación de carne de cerdo procedente de toda España, mientras que otros socios comerciales aceptan limitar las restricciones a la zona afectada.

China, principal comprador de porcino español en 2024, había firmado el 12 de noviembre con España un protocolo de regionalización para la peste porcina africana. Gracias a este acuerdo, Pekín ha decidido vetar únicamente las importaciones procedentes de la provincia de Barcelona, en lugar de imponer un bloqueo total. No obstante, esta medida sigue siendo un golpe considerable para la industria local, y se ha informado de la suspensión de la compra de determinadas partidas específicas, como las tripas para calibración.

Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur y otros mercados también han mostrado disposición a aplicar la regionalización, aunque en el caso británico se ha anunciado una pausa temporal más amplia mientras se evalúa la situación. El Ministerio de Agricultura reconoce que, en los socios más exigentes, las restricciones podrían prolongarse durante varios meses, pese a los esfuerzos diplomáticos para ir recuperando paulatinamente el acceso.

impacto economico peste porcina africana

Bioseguridad reforzada y papel del sector y la caza

La PPA está catalogada en la Unión Europea como enfermedad de categoría A, lo que implica la obligación de adoptar medidas estrictas para su rápida contención y erradicación en las zonas afectadas. El Ministerio de Agricultura ha hecho un llamamiento explícito al sector para extremar las medidas de bioseguridad tanto en explotaciones de porcino doméstico como en el manejo de jabalíes y en el transporte de animales.

Entre las recomendaciones figuran el control estricto de accesos a granjas, la mejora y mantenimiento de vallados perimetrales, la limpieza y desinfección exhaustiva de vehículos y equipos, la correcta gestión de subproductos y la limitación de visitas externas. Se insiste en que cualquier sospecha clínica, tanto en cerdos como en jabalíes, debe comunicarse de inmediato a los servicios veterinarios oficiales de las comunidades autónomas.

Organizaciones sectoriales como la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca han destacado que la rápida detección de los casos demuestra el elevado nivel de vigilancia sanitaria existente en España y la coordinación entre administraciones. Al mismo tiempo, asociaciones agrarias reclaman desde hace años un mayor control de la fauna silvestre, señalando al jabalí como reservorio de múltiples enfermedades y subrayando que su sobreabundancia aumenta el riesgo de transmisión.

La Federación Española de Caza ha recordado a los cazadores la necesidad de aplicar escrupulosamente las normas de bioseguridad en la manipulación de piezas, la gestión de subproductos de caza y la desinfección de material y vehículos, evitando el desplazamiento de restos biológicos fuera de los puntos autorizados. El colectivo cinegético se considera una pieza importante en la detección temprana y vigilancia de la enfermedad en poblaciones de jabalí.

En el plano institucional, el Ministerio ha convocado al Comité de la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (RASVE) y ha informado del foco tanto a la Unión Europea como a la Organización Mundial de Sanidad Animal. Las autoridades insisten en que, a pesar de la gravedad del episodio, una actuación contundente y rápida puede permitir controlar el brote, como ya han demostrado casos de erradicación en países como Bélgica, Suecia o la República Checa tras incursiones puntuales del virus.

Qué es la peste porcina africana y cómo se transmite

La peste porcina africana es un virus hemorrágico de alta virulencia que afecta a cerdos domésticos y jabalíes. Presenta varias formas clínicas (hiperaguda, aguda, subaguda y crónica), pero en su versión más agresiva provoca fiebre alta, trastornos respiratorios, hemorragias internas y muerte en un plazo de entre seis y veinte días en la mayoría de los animales afectados.

No existe vacuna comercial ni tratamiento específico, por lo que la única herramienta eficaz es la prevención y el control estricto de movimientos. Cuando el virus entra en una explotación, el protocolo habitual es el sacrificio sanitario de todos los animales infectados o en contacto, una desinfección intensiva y la creación de zonas de protección y vigilancia con fuertes limitaciones a los desplazamientos de cerdos y productos.

La transmisión puede producirse tanto por contacto directo entre suidos infectados como de forma indirecta a través de material, vehículos, ropa, calzado, herramientas, piensos o restos de comida contaminados. En determinadas regiones, algunas especies de garrapatas también actúan como vectores, manteniendo el virus en ciclos silvestres.

Una de las características que más preocupan a los expertos es la resistencia ambiental del virus: puede permanecer viable durante largos periodos en carne fresca, congelada, productos curados o ahumados, sangre refrigerada e incluso en cadáveres de jabalíes en zonas frías. Esta capacidad de persistencia hace que un simple desecho mal gestionado o un movimiento de productos sin control pueda desencadenar un foco en un país hasta entonces libre.

A nivel global, la PPA es endémica en amplias zonas del África subsahariana, pero desde 2007 se ha expandido con fuerza por Eurasia tras su entrada en Georgia y posterior salto a Rusia, China y el este de Europa. En la Unión Europea, actualmente está presente en poblaciones de jabalíes y, en algunos casos, en granjas de cerdos domésticos de 13 Estados miembros, entre ellos Alemania, Italia, Polonia o Rumanía.

Situación en Europa y antecedentes en España

En la UE, la peste porcina africana se introdujo en 2014 a través de los países bálticos y Polonia, procedente de Rusia. Desde entonces, se ha extendido a Italia, Alemania, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Grecia, Rumanía, Bulgaria y Croacia. Algunos de estos países mantienen el virus principalmente en jabalíes silvestres, mientras que otros han sufrido también brotes en explotaciones comerciales.

Pese a este panorama, varios Estados han logrado erradicar la enfermedad tras incursiones puntuales aplicando medidas drásticas de control y vigilancia. Es el caso de Bélgica, Suecia y la propia República Checa, que consiguieron recuperar su estatus de libres después de años de trabajos en zonas forestales, intensa búsqueda de cadáveres y fuertes restricciones a la movilidad en áreas afectadas.

España conoce bien la dureza de esta enfermedad. El virus llegó a la península Ibérica a finales de los años cincuenta, tras su entrada inicial en Portugal en 1957, y el primer caso español se declaró en 1960. La erradicación definitiva no se alcanzó hasta mediados de los noventa, después de más de tres décadas de esfuerzo con medidas de sacrificio, control de movimientos y mejora de la sanidad animal.

En los últimos años, distintos equipos científicos habían advertido del riesgo creciente de reintroducción por el aumento de casos en Europa del Este y la fuerte expansión de las poblaciones de jabalí en España. Investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos elaboraron incluso un mapa de riesgo de entrada de la PPA en el país, en el que la zona de Barcelona y su entorno aparecía marcada como un punto especialmente sensible, algo que los recientes acontecimientos han confirmado.

A nivel mundial, la Organización Mundial de Sanidad Animal estima que, desde enero de 2022, la PPA ha provocado la muerte de más de dos millones de cerdos en 69 países y territorios. Europa figura entre las regiones más afectadas en términos de número de focos y animales sacrificados, con pérdidas acumuladas que superan ampliamente el millón de suidos.

Sobrepoblación de jabalíes y riesgo sanitario

Uno de los factores que más preocupan a los expertos es la sobreabundancia de jabalíes silvestres en buena parte de España. Se calcula que en la última década el número de ejemplares prácticamente se ha duplicado, situándose en torno a los dos millones. Esta elevada densidad genera conflictos agrícolas, accidentes de tráfico y, además, incrementa el riesgo de difusión de enfermedades.

La PPA se considera una enfermedad densodependiente, es decir, cuanto mayor es la concentración de animales en un territorio, más sencillo resulta que el virus se mantenga y se propague de un individuo a otro, especialmente si existen abundantes cadáveres o restos que puedan ser consumidos por otros jabalíes.

El jabalí no solo preocupa por la peste porcina africana. Su comportamiento y su capacidad de adaptación lo convierten en un reservorio de múltiples patógenos de interés veterinario, como la tuberculosis, la enfermedad de Aujeszky o incluso agentes zoonósicos que sí pueden llegar a las personas. De ahí que muchas organizaciones agrarias y científicas lleven tiempo reclamando una gestión más activa de la fauna silvestre y un mayor control poblacional.

En el contexto actual, las autoridades autonómicas han optado por confinar los jabalíes del área boscosa donde se localizaron los positivos, mediante vallas y cierres de pasos, para impedir que el foco se desplace hacia zonas con aún mayor densidad de animales. Además, se ha puesto en marcha un dispositivo de búsqueda de cadáveres en el que participan agentes rurales, cuerpos policiales y servicios veterinarios.

La colaboración ciudadana también resulta clave: se pide no acercarse ni tocar animales muertos o con síntomas y avisar a los servicios de emergencia (teléfono 112) en caso de encontrarse con un jabalí fallecido en el medio natural, evitando cualquier contacto directo o indirecto con el cuerpo.

Sin riesgo para las personas, pero con efectos duraderos en el sector

Las autoridades sanitarias y el propio sector porcino insisten en lanzar un mensaje de tranquilidad a la población: la peste porcina africana no se transmite a los seres humanos ni por contacto con animales infectados ni por el consumo de carne o productos derivados del cerdo. No es una zoonosis y no supone un problema de seguridad alimentaria.

El consumo de carne de cerdo procedente de canales controladas se considera plenamente seguro, y el abastecimiento en los mercados españoles está garantizado. La preocupación se centra, por tanto, en la sanidad de las cabañas porcinas, en la situación de las granjas próximas a la zona afectada y en el impacto comercial y económico asociado a las restricciones de exportación.

Expertos en sanidad animal recuerdan que, una vez declarado un foco en jabalíes, la vigilancia obligatoria se prolonga al menos 6 y 12 meses, por lo que el retorno a la normalidad puede alargarse en el tiempo. El propio ministro de Agricultura ha apuntado que la etiqueta de país oficialmente libre de peste porcina africana no se recuperará, en el mejor de los casos, hasta pasado un año.

En el caso de que la enfermedad entrara en una explotación de cerdos domésticos, los tiempos de recuperación de la actividad serían también largos: tras el sacrificio y la desinfección, se puede contemplar la reposición de animales pasadas unas seis semanas, pero siempre sometida a análisis continuos que certifiquen la ausencia del virus.

Mientras tanto, tanto el Gobierno central como la Generalitat de Catalunya insisten en la necesidad de prudencia, coordinación y responsabilidad compartida. Aseguran que las granjas catalanas cuentan con altos estándares de modernización y seguridad, y confían en que una respuesta firme y bien organizada permita que este episodio se quede en una incursión puntual, evitando que el virus salte al ganado doméstico y minimizando las repercusiones a largo plazo para uno de los pilares de la economía agroalimentaria española.

La reaparición de la peste porcina africana ha devuelto a España al mapa de riesgo zoosanitario europeo en un momento clave para su sector porcino, y supone una llamada de atención sobre la importancia de la bioseguridad, la gestión de la fauna silvestre y la cooperación internacional; lo que ocurra en los próximos meses, desde el control del foco en Collserola hasta la recuperación de los mercados exteriores, marcará el futuro inmediato de un modelo productivo que se había consolidado como referencia mundial.

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