La NASA ha dado luz verde al primer gran viaje tripulado hacia la Luna en más de medio siglo. La misión Artemis II, que llevará cuatro astronautas hasta la órbita lunar, tiene ya marcada en rojo la fecha del 1 de abril como día previsto de lanzamiento, después de superar una larga lista de revisiones técnicas y retrasos acumulados desde su anuncio inicial.
Este vuelo será el primer ensayo tripulado del cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) y de la cápsula Orion en el espacio profundo, un paso clave dentro del Programa Artemis con el que Estados Unidos pretende retomar la exploración lunar y preparar futuras misiones hacia Marte. Para Europa, que participa a través de la Agencia Espacial Europea (ESA) en el módulo de servicio de Orion, el despegue supone también un hito tecnológico y estratégico.
Lanzamiento previsto y ventanas de oportunidad
Según los responsables del programa, la NASA trabaja con el objetivo de colocar el cohete en la rampa del Centro Espacial Kennedy, en Florida, de cara a un despegue el 1 de abril a las 18:24 EDT, lo que se corresponde con las 23:24 en España peninsular. La agencia ha fijado además una segunda oportunidad de lanzamiento al día siguiente, a las 19:22 EDT (00:22 en España).
En las últimas semanas, el cohete y la cápsula fueron retirados de la plataforma para realizar una batería de inspecciones y reparaciones en el denominado Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB). Allí se han llevado a cabo las correcciones derivadas de las fugas de combustible detectadas en los ensayos previos. El regreso del conjunto SLS-Orion a la rampa de lanzamiento está marcado para el 19 de marzo.
Durante la rueda de prensa en la que se confirmó la nueva fecha objetivo, Lori Glaze, responsable interina de la Dirección de la Misión de Desarrollo de Sistemas de Exploración, subrayó que “todos los equipos están preparados” para el reto. Sin embargo, también dejó claro que la prudencia será máxima y que cualquier señal de riesgo podría forzar un nuevo aplazamiento.
Una de las decisiones más comentadas ha sido la renuncia a realizar otro ensayo general de carga de combustible antes del lanzamiento. La NASA argumenta que ya se llevaron a cabo dos pruebas completas en febrero y que, en cada intento, los tanques del cohete sufren un desgaste que conviene limitar a los ensayos estrictamente necesarios.
Fugas de hidrógeno y helio: origen de los retrasos
El camino hasta fijar el 1 de abril como nueva fecha no ha sido precisamente sencillo. El lanzamiento de Artemis II se había programado inicialmente para principios de este año, pero las fugas de combustible y otros problemas asociados al SLS han obligado a la NASA a retrasar el cronograma en varias ocasiones.
En un primer momento, un escape de hidrógeno líquido obligó a cancelar la ventana prevista y a posponer el intento. Posteriormente, y ya en la plataforma de lanzamiento, se detectaron nuevas incidencias relacionadas con el suministro de helio que forzaron a regresar el cohete al VAB para una revisión más profunda.
Shawn Quinn, gerente del Programa de Sistemas Terrestres de Exploración, explicó que los equipos encargados del sistema de flujo de helio localizaron el problema en el mecanismo de desconexión rápida, la conexión por la que el helio pasa desde las instalaciones en tierra hasta el cohete. Allí encontraron un sello que, de manera intermitente, se desplazaba y bloqueaba el paso del gas.
El componente sospechoso fue retirado y sometido a una radiografía en laboratorio que permitió confirmar el fallo. A partir de ahí, los ingenieros replicaron la anomalía, diseñaron una solución y la implementaron en el vehículo. John Honeycutt, presidente del equipo de gestión de la misión Artemis II, señaló que se están midiendo todos los parámetros posibles para evitar que se repitan estas incidencias y minimizar el riesgo durante la cuenta atrás.
Pese a las mejoras, desde la dirección de la misión insisten en mantener la cautela. Honeycutt recalcó que no darán nada por hecho hasta que Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen estén de vuelta en la Tierra, sanos y salvos, tras completar su periplo alrededor de la Luna.
Una misión clave dentro del Programa Artemis
Artemis II es el segundo gran hito del Programa Artemis, con el que Estados Unidos aspira a recuperar presencia humana en la Luna y, a medio plazo, establecer una presencia sostenible en su entorno. Este vuelo será el primer viaje tripulado del cohete SLS y de la nave Orion más allá de la órbita terrestre baja.
La misión, con una duración aproximada de 10 días, despegará desde el Complejo de Lanzamientos 39B del Centro Espacial Kennedy. Durante los dos primeros días en el espacio, la tripulación llevará a cabo comprobaciones detalladas de los sistemas de Orion y ensayará maniobras de pilotaje manual cerca de la Tierra antes de poner rumbo hacia la Luna.
Será el mayor acercamiento del ser humano a nuestro satélite desde la misión Apolo 17 de 1972. La nueva generación de vuelos Artemis persigue no solo repetir lo logrado en la era Apolo, sino ir un paso más allá: realizar estancias más largas, probar nuevas tecnologías y preparar el terreno para las primeras misiones tripuladas a Marte.
El módulo de servicio europeo de Orion, desarrollado bajo liderazgo de la Agencia Espacial Europea, desempeñará un papel fundamental al proporcionar el impulso necesario para escapar de la órbita terrestre y ejecutar la maniobra de inyección translunar. Esta fase crítica enviará a los cuatro astronautas en un viaje de unos cuatro días hacia la Luna.
Para la comunidad científica y tecnológica europea, la participación en Artemis II es una demostración tangible de las capacidades industriales y de ingeniería del continente en el ámbito de la exploración tripulada, con empresas y centros de investigación de varios países —incluida España— implicados en componentes, software y servicios de apoyo.
Recorrido alrededor de la Luna y retorno a la Tierra
Una vez completada la inyección translunar, la cápsula Orion seguirá una trayectoria que describirá un patrón en forma de ocho alrededor de la Luna. La misión alcanzará más de 370.000 kilómetros de distancia de la Tierra y, en el punto más alejado, los astronautas volarán aproximadamente 7.400 kilómetros por encima de la superficie lunar, superando el récord de distancia recorrida por una nave tripulada.
Durante este tramo del viaje, la tripulación se centrará en evaluar el comportamiento de los sistemas de la nave en condiciones de espacio profundo: comunicaciones, soporte vital, navegación, consumos de energía y respuesta ante posibles contingencias. Aunque Artemis II no incluye un alunizaje, los datos que se obtengan serán esenciales para las misiones posteriores que sí descenderán a la superficie.
La experiencia permitirá, además, preparar el envío de nuevas cargas útiles científicas en Artemis IV y V, orientadas a estudiar la radiación espacial, la salud y el comportamiento humanos en estancias prolongadas y la mejora de los sistemas de comunicaciones y navegación en el entorno lunar.
Al término de la misión, Orion realizará una reentrada a alta velocidad en la atmósfera terrestre, poniendo a prueba el escudo térmico y los sistemas de guiado y control. Tras frenar en las capas altas de la atmósfera, la nave desplegará sus paracaídas antes de amerizar en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego.
Un equipo conjunto de la NASA y del Departamento de Defensa se encargará de las labores de recuperación de la cápsula y rescate de los astronautas. Esta fase de retorno, aunque pueda parecer más rutinaria, implica una coordinación milimétrica entre buques, helicópteros y equipos de rescate, y constituye otra de las grandes pruebas del sistema antes de abordar misiones que incluyan alunizajes.
Quiénes son los cuatro astronautas de Artemis II
La NASA confirmó hace tres años la composición de la tripulación que viajará en Artemis II, una selección que combina experiencia en vuelo espacial y perfiles representativos de la nueva etapa de exploración. El comandante será Reid Wiseman, astronauta de la NASA con estancias previas en la Estación Espacial Internacional.
Como piloto de la nave actuará Victor Glover, que ya participó en una misión de larga duración a la ISS y se convertirá en el primer astronauta afroamericano en volar en el programa lunar Artemis. Su experiencia en operaciones de vuelo y maniobras de acoplamiento será clave en las fases críticas de la misión.
La especialista de misión Christina Koch es conocida por haber batido récords de permanencia continua en el espacio por parte de una mujer, también a bordo de la Estación Espacial Internacional. Su participación en Artemis II la situará entre las primeras mujeres en viajar a la órbita de la Luna, un hito simbólico dentro de los objetivos de diversidad del programa.
Completa el equipo Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense, que ocupará el puesto de especialista de misión. Su presencia refuerza la dimensión internacional de Artemis y la colaboración entre Estados Unidos y Canadá, tanto a nivel de tripulaciones como de desarrollo tecnológico y científico.
Los cuatro astronautas iniciarán una fase de cuarentena previa al vuelo en las instalaciones de la NASA en Houston antes de desplazarse al Centro Espacial Kennedy. El viaje a Florida está previsto para el 27 de marzo, apenas unos días antes del intento de lanzamiento, con el objetivo de reducir al mínimo cualquier posible riesgo sanitario que pudiera comprometer la misión.
Riesgos, cambios de plan y nueva carrera lunar
La propia NASA reconoce que, pese a todas las precauciones, Artemis II no está exenta de riesgos. Lori Glaze y otros responsables han insistido en que, aunque no se trate del primer vuelo del sistema, la agencia todavía no opera con una cadencia regular de lanzamientos, lo que implica un nivel de riesgo mayor que en programas con vuelos continuados.
Los incidentes repetidos con las líneas de combustible y las sucesivas demoras han llevado a la dirección del programa a replantear el calendario. Artemis III, que inicialmente iba a ser la misión encargada de devolver a astronautas a la superficie lunar, se ha reconvertido en un vuelo de prueba en órbita terrestre baja para ensayar nuevas tecnologías, incluyendo los sistemas de alunizaje.
El regreso efectivo de seres humanos al suelo lunar se traslada así a Artemis IV, con una fecha marcada “no antes de 2028” en el calendario de la NASA. El plan prevé que, en un vuelo intermedio en 2027, la nave Orion se acople en órbita terrestre baja con los módulos de alunizaje desarrollados por compañías privadas como SpaceX y Blue Origin.
En ese contexto, la Oficina del Inspector General de la agencia ha advertido en una auditoría reciente de la necesidad de definir un plan de rescate específico para las tripulaciones lunares, especialmente en operaciones cerca del polo sur de la Luna, una región de gran interés científico pero con un terreno más abrupto que las zonas ecuatoriales utilizadas durante el programa Apolo.
Al mismo tiempo, la competencia internacional se intensifica. China ha anunciado su intención de posar un taikonauta en la Luna alrededor de 2030, apenas un par de años después del objetivo estadounidense. Este escenario ha llevado a la NASA y al Gobierno de Estados Unidos a pedir mayor agilidad, menos retrasos y una frecuencia más alta de misiones para mantener su ventaja en la nueva carrera lunar.
Con Artemis II, la NASA se juega mucho más que un simple vuelo de prueba: se trata de demostrar que el cohete SLS, la cápsula Orion y todo el entramado de apoyo en tierra son capaces de operar con fiabilidad en un entorno extremadamente exigente, justo cuando la presión política, económica y geopolítica sobre el programa espacial estadounidense es más fuerte que nunca.
Si el lanzamiento del 1 de abril sale según lo previsto, Artemis II consolidará la transición de la exploración lunar desde los viejos tiempos del Apolo hacia una etapa en la que la cooperación internacional, la participación de la industria privada y la ambición científica marcan el ritmo. Para Estados Unidos, Europa, Canadá y el resto de socios implicados, este vuelo alrededor de la Luna será la prueba de fuego que condicionará todo lo que venga después, desde los futuros alunizajes hasta los planes, todavía lejanos pero cada vez más concretos, de enviar astronautas a Marte.