La lluvia antes de caer: Resumen, análisis y más

Jonathan Coe, nos impresiona con su libro La lluvia antes de caer, lee con nosotros en este artículo y te mostraremos todos los detalles de esta gran historia.

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No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita.

La lluvia antes de caer

Su Autor Jonathan Coen nació en Bromsgrove, Worcestershire el 9 de agosto de 1961. Estudió en las universidades de Cambridge y Warwick. Novelista y escritor inglés, que empezó a sobresalir a finales del siglo XX, con novelas que a la vez son sátiras políticas sobre la Inglaterra de 1980 (los llamados años grises), como What a Carve Up!

Su primera novela la publicó en 1987. Más cercana al presente, La lluvia antes de caer, de 2007, tiene un tono distinto, introspectivo e íntimo, que ha sido muy alabado.

Análisis

Una mujer de edad media con dos hijas, recibió la triste noticia de que su tía Rosamond acababa de fallecer, cuando su médico particular entró a la casa y al ver el cuerpo inerte de la anciana en su silla, un micrófono, unas cintas grabadas encima de una pequeña mesa, era lo que tenia a su custodia, ¿Habrá dejado algún mensaje? El día después de su funeral, Gil encontró dentro de la casa de Rosamond un frasco vacío de pastillas.

A la vez descubre un papel en el que le detalla que ha dejado unas cintas grabadas en las que comenta veinte fotos de su vida y que esas cintas han de ser entregadas a Imogen, una supuesta sobrina ciega de Rosamond. Gracias a estas descripciones habladas podrá conocer la verdadera historia de ella y de su familia, y que sus actuales familiares han ocultado.

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Retrato perfecto de la Inglaterra de finales del siglo XX

Resumen

Se negaban a realizarle la operación de corazón, enfermedad que padecía, vivía solitaria en una casa pequeña en Oxfordshire lejano, solo recibía la visita de su médica, la cual asistía casi a diario, Rosamond tenia setenta y tres años, y un día su médica la encontró en su sillón tan dura y fría como una panela de hielo.

Tras el entierro, el testamento. Rosamond nunca se casó ni tuvo hijos, la amiga -o amante­- que vivió con ella largos años ya ha muerto, y su herencia deberá repartirse a partes iguales entre tres herederos: dos tercios para Gill y David, los hijos de su hermana, el otro para Imogen, una desconocida.

Una niña rubia de siete años, con discapacidad visual, extraña, encantadora, que se ganó la atención de todos los invitados ese día, para Gil ella es casi desconocida, después de aquel suceso han pasado casi veinte años.

Pero cuando Gill va a casa de la muerta, encuentra otro legado: varias cintas de cassette que Rosamond ha grabado antes de morir -o de suicidarse- y una nota donde le dice a Gill que las cintas son para Imogen, y si no la encuentra, que las escuche ella.

Veinte fotografías organizadas como un rompe cabezas paranormal, en una de las grabaciones se lo grao ir la voz de Rosamond, una grabación dirigida para la ciega. Gil y sus hijas estuvieron meses y sin éxito alguno tratando de ubicar a la elusiva joven ciega.

Cuenta una historia de madres e hijas que va desde los años cuarenta hasta el presente, tres generaciones de mujeres ligadas por el deseo, la culpa, la crueldad, la ambivalencia de sus afectos…

Imogen es ciega. De ahí cintas en vez de cartas, de ahí el modo tan preciso de las descripciones de Rosamond. Y es que para contarle a Imogen la historia de su vida; Rosamond escoge 20 fotografías de momentos clave de su vida.

Las descripciones son tan precisas que casi puedes ver las fotos en tu mente. El paisaje, si el cielo estaba o no nublado, los colores de la escena, los gestos, la posición de las personas en la foto. Te invitamos a visitar el artículo sobre La casa de los lamentos ya que es también una gran historia.

Un pequeño fragmento del libro

No pierdas de vista y mira las nubes, habrá una tormenta, y si vienen hacia acá». Thea escuchó el comentario (siempre, enseguida notaba los cambios de humor, nunca dejaba de sorprenderme lo sensitiva que era, lo pendiente que estaba de las emociones de los adultos), y eso la acarreó a investigar y a preguntar: «¿Por eso estás triste?» «¿Triste?», expresó Rebecca volviéndose, ¿Yo? No. No me interesa que llueva en verano. Hasta me gusta.

Es mi lluvia favorita.» «¿Tu lluvia favorita?», dijo Thea. Recuerdo que arrugó el ceño tanteando aquellas frases, y luego exclamó. «Pues la mía es la lluvia antes de caer». Rebecca se rió al oir aquello, pero yo dije (en plan presumida, supongo): «Pero cielo, antes de caer, ¿en realidad no es lluvia?». Y Thea me dijo: «Y entonces qué es?» Y yo le expliqué: «Pues es sólo agua. Humedad en las nubes.»

Thea bajó la vista y se convocó una vez más en escoger los guijarros de la playa; atrapó dos y se puso a golpearlos uno contra otro. Juzgaba que el ruido y la emoción le gustaban. Yo seguí: «¿Entiendes entonces que no existe la lluvia antes de caer? Tiene que caer para que sea lluvia». Era una simpleza exponer aquello a una niña pequeña; casi me lamentaba de haber empezado.

Pero por lo visto Thea no tenía ningún problema en captar la idea; más bien al revés, porque al poco rato se quedó mirándome y meneo la cabeza con gesto de pena, como sin batallar aquellas cosas con una idiota viviera poniendo a prueba su paciencia. «Ya sé que no existe», dijo.

«Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?» Luego echó a correr hacia el agua sonriendo claramente, contenta de haberse salido con la suya gracias a su propia lógica.»


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