La leyenda japonesa del hilo rojo

Hilo rojo del destino

«Unmei no akai ito» o, traducido al español: la leyenda japonesa del hilo rojo del destino. Japón como muchos países y lugares está plagado de leyendas, forman parte de la cultura y conocerlas nos acerca más a la gente que puebla dichos lugares.

Existe una leyenda que cuenta como un hilo rojo invisible une a las personas destinadas a conocerse ¿No os parece interesante? Un hilo rojo que une los destinos de dos individuos. Conozcamos mejor esta leyenda de Japón.

La leyenda japonesa del Hilo Rojo del Destino

Se cuenta en Japón que un hilo rojo invisible une los destinos de las personas que deben conocerse, un hilo que está atado al meñique de una persona y que conecta con el meñique de otra. Un recurso o una creencia popular que se puede observar en películas, series, libros… que forma parte de la cultura japonesa y de los japoneses. ¿Pero de dónde surge esa creencia? ¿Porqué se ata al dedo meñique? ¿Hay una leyenda detrás del hilo?

Seguro que hay un montón de preguntas que se te pasan por la cabeza al pensar en un hilo rojo largo, largo, largo, que une a dos personas y que nadie puede ver o casi nadie. Vamos a resolver esas preguntas.

Origen de la leyenda

Existe una arteria que conecta directamente el dedo meñique con el corazón, es la arteria Ulnar. Ese es el motivo de que el hilo rojo del destino esté atado a los dedos meñiques, uniendo el corazón y el destino de dos personas.

Son muchas las culturas con creencias sobre almas gemelas, personas destinadas a encontrarse o amarse. Ahora bien, este hilo rojo japonés no une solo de manera romántica sino que puede unir a familiares y amigos también. Un hilo que puede estirarse, acortarse, pero que nunca se puede llegar a romper, como muy bien veremos al leer su leyenda.

Llegados a este punto, donde ya conocemos porqué se ata ese hilo a los meñiques. Seguro que te preguntas: ¿Cuál es la leyenda que hay detrás? 

Las leyendas detrás del Hilo Rojo del Destino

Leyenda de la bruja y el Emperador

Cuenta la leyenda que años atrás vivió en Japón una bruja que podía ver los hilos invisibles que unían a las personas. El joven Emperador al enterarse de ello decidió mandar llamar a la bruja. Por supuesto, quería saber quién se encontraba al otro lado del hilo rojo que partía de su meñique. El emperador estaba ansioso por conocer a aquella persona que un día sería su esposa y que reinaría junto a él en el gran imperio que era Japón.

leyenda del hilo rojo

La bruja aceptó el mandato del Emperador y comenzó a seguir el hilo que partía del meñique imperial. Andado comenzó la búsqueda, seguida de cerca del Emperador. Salieron de Palacio, abandonaron la ciudad y continuaron el camino hasta una pequeña y humilde aldea. Los campesinos estaban haciendo un mercado donde vendían los frutos de su trabajo diario a la gente que pasaba por allí. La bruja continuó siguiendo el hilo del Emperador hasta un pequeño puesto del mercado donde una mujer delgada sostenía a su bebé. Allí terminaba el hilo rojo, atado al meñique de otra persona. De manera que la bruja se giró hacia el Emperador y le anunció que ahí acababa.

Aquello debía ser una broma, el hilo imperial no podía acabar en el meñique del bebé de una campesina humilde. El Emperador desató su ira, empujó el puesto del mercado y, al mismo tiempo a la bebé que se hirió en la frente. 

Los años fueron pasando y aquel incidente quedó en el pasado del Emperador. Sin embargo, llegó un día en que el Emperador debía tomar esposa. Para ello, confió a su Corte la elección de la dama que se desposaría con él. La mejor opción era que el Emperador se casara con la hija de uno de los generales más importantes del Imperio.

El día de la boda, el Emperador ansiaba por ver a su futura esposa, pero ella iba tapada con un velo que impedía verle la cara. Retiró el velo para poder contemplarla y allí, en la frente de la joven estaba la marca que un día del pasado el mismo le había realizado al tirarla de brazos de su madre.

Leyenda del anciano

En tierras de oriente, cuenta la leyenda que existe un anciano que vive en la Luna. Desde allí, cada noche sale a buscar niños recién nacidos para atarles un hilo rojo en el dedo meñique, de manera, que un día esos dos niños puedan reunirse. Un hilo rojo del destino, que sirve de guía que ayuda a las personas a localizar al amor de su vida. Un hilo que siempre permanece atado a los meñiques de dos personas y que las une pase lo que pase.


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