¿Sabes en qué consiste y cómo es la justicia de Dios?, en el desarrollo de este artículo podrás conocer cómo fue aplicada por el Señor en el Antiguo Testamento, y de qué manera nos la manifiesta en el presente, ¡No dejes de entrar!.

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La justicia de Dios

Dios por naturaleza es justo por tanto la justicia en él se manifiesta de forma natural para con toda su creación. De manera que la justicia de Dios evidentemente estará siempre sobre toda la humanidad.

A pesar de que toda la humanidad fue justificada así como estimada por justa ante Dios por el sacrificio y la gracia de su Hijo Jesucristo. Solo podremos gozar de la bondad intrínseca en la justicia divina si cada ser humano la establece en su vida.

Si bien para el creyente es fácil recibir las bendiciones de Dios, cuando llega la hora de su justicia no es tan fácil aceptar ese momento. No obstante, las escrituras dicen que esta manifestación natural de Dios es además de importante necesaria; ya que guarda íntima relación con la santidad divina.

El creyente preferentemente cree en Dios como el Padre amigo y bondadoso, capaz de amarlo sin tomar en cuenta sus debilidades, necedades o pecados. Pero cuando su palabra nos dice que Dios es además de Padre también es juez, nos cuesta aceptar tal afirmación.

Es así como es indispensable que como cristianos conozcamos y aceptemos que existe la justicia de Dios. Una justicia que es absoluta y recta manifestando que Dios es eternamente justo en sí mismo.

En virtud de esta justicia, Dios como juez y enteramente Santo se mantendrá del lado contrario a todo aquello que violente su santidad. De manera que para agradar a Dios y gozar de sus bendiciones, debemos guardar rectitud manteniéndonos en el camino de la santidad.

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La enseñanza bíblica de la justicia de Dios

La Biblia hace evidente en todos sus libros como enseñanza para la humanidad, la manifestación de la justicia de Dios como consecuencia de la desobediencia del pueblo ante su creador y Señor. A continuación se podrá ver como desde el génesis Dios muestra su justicia divina para con su pueblo en la historia bíblica.

La justicia de Dios antes de la Ley mosaica

Desde el génesis la Biblia manifiesta la justicia de Dios con la caída al pecado de la primera pareja la de Adán y Eva. El primer hombre y la primera mujer son juzgados por Dios ante un acto de desobediencia de su mandato.

Génesis 3:17 (NVI): Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida.

Génesis 3:23 (NVI): Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho.

Posteriormente se manifiesta nuevamente la justicia de Dios ante un mundo sumergido en la corrupción y el pecado en los tiempos de Noé. Dios establece su justicia en este momento enviando un diluvio a la tierra.

En los tiempos de Abrahán Dios juzga a las ciudades de Sodoma y Gomorra haciéndolas desaparecer de la faz de la tierra debido a sus abominaciones:

Génesis 18:20 (NVI): Entonces el Señor le dijo a Abraham: -El clamor contra Sodoma y Gomorra resulta ya insoportable, y su pecado es gravísimo.

Génesis 19:13 (NVI): Porque vamos a destruirla. El clamor contra esta gente ha llegado hasta el Señor, y ya resulta insoportable. Por eso nos ha enviado a destruirla.

En los tiempos de la esclavitud de Israel en Egipto, la justicia de Dios se hace presente en contra de los dioses egipcios, mediante el envío de diez plagas devastadoras:

Éxodo 7: 3 (RVR 1960): Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.

Éxodo 12: 12b (RVR 1960): Y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.

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La justicia de Dios en la Ley mosaica

A partir de la ley mosaica en todos los libros del Antiguo Testamento de la Biblia se encuentra presenta la justicia de Dios. La ley dada por Dios a Moisés en Sinaí era aplicada con rígidas disciplinas correctivas cuando Israel quebrantaba los mandamientos.

¿Sabes cuáles son estos mandamientos? Conócelos con nosotros aquí Mandamientos de la ley de Dios que debes cumplir. Dónde aprenderás que todos ellos son los estatutos que contienen la Ley mosaica, que fueron ordenados por Dios primero para el pueblo de Israel y luego para toda su iglesia.

En el caso de los libros de los profetas o los considerados proféticos la voz de Dios se manifiesta primero con advertencias de juicio sobre Israel. Estas constantes advertencias van seguidas de promesas de restauración en función de existir un arrepentimiento verdadero del pueblo de Dios; en los libros de sabiduría del Antiguo Testamento revelan de igual forma a Dios como Juez de su pueblo Israel:

Eclesiastés 11:9 (NVI): Alégrate, joven, en tu juventud; deja que tu corazón disfrute de la adolescencia. Sigue los impulsos de tu corazón y responde al estímulo de tus ojos, pero toma en cuenta que Dios te juzgará por todo esto.

Eclesiastés 12:14 (NVI): Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto.

En el Antiguo Testamento la justicia divina es expresada en la ira de Dios, pero no porque no ame a su pueblo, sino porque aborrece el pecado. Los hombres eran objeto de la ira de Dios a causa del mal, y de las ideas mundanas que estos adoptan alejándose de la comunión con el creador.

La justicia de Dios en el Nuevo Testamento

Si la rectitud y la justicia son la vida de la Ley mosaica en el Antiguo Testamento. Cuando se llega al Nuevo Testamento se puede observar que también son el tema central en la discrepancia entre Jesús con los escribas y fariseos, allí se puede ver que Dios hace juicio a estos judíos por rechazar a Jesucristo:

Mateo 21:43-44 (NVI): 43 -Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino. 44 El que caiga sobre esta piedra quedará despedazado y, si ella cae sobre alguien, lo hará polvo-.

Pasajes como el de Ananías y Safira en el libro de hechos muestran la justicia de Dios ante la mentira. O en forma de enfermedad como aconteció con la iglesia de Corinto por el irrespeto ante la sagrada Cena del Señor:

1 Corintios 11:29-32 (RVR 1960): 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Dios es amor

De manera que en el evangelio de Jesús así como en las cartas apostólicas se puede ver presente la justicia de Dios. No obstante si en el Antiguo Testamento se puede hablar de Dios como juez en el Nuevo Testamento se debe hablar de Dios como el amor.

Ya que a partir de Cristo los juicios de Dios traen en sí mismos la manifestación de su amor para todo aquel que lo desee. Porque a través de Cristo se hace manifiesto el juicio de Dios limpiándonos de toda inmundicia.

Cristo nos purifica, nos santifica y nos justifica ante Dios, solo así Él puede colocar su gloria en amor en cuerpos incorruptibles. Ahora bien con la justicia es importante reconocer que la ira de Dios forma parte de ella.

Tenemos entonces que saber que debemos de dejar de hacer las cosas que a Dios no le agrada o que son pecado ante sus ojos, porque él aborrece el pecado. Si no lo hacemos o si no hay un arrepentimiento verdadero, debemos estar conscientes que Dios desatara su ira y emitirá el juicio que no deseamos.

Muchas veces nos enfrentamos a luchas con nuestras debilidades, haciendo lo que sabemos que a Dios no le agrada. En estas circunstancias es necesario que el Señor traiga en nosotros un juicio santo.

Juicio que nos purificara, fortalecerá y nos hará crecer alcanzando mayor nivel espiritual en Cristo Jesús. Es por tanto necesario el juicio de Dios para con sus hijos, porque sin su justicia no podemos ser vasos de barro merecedores de su gloria.

La Justicia de Dios manifestada en la Gracia

La gracia divina manifestada a través del sacrificio perfecto de Cristo Jesús es el medio por el cual Dios salva a la humanidad de todos sus pecados. La salvación del hombre por tanto no se alcanza porque él haya hecho algo para merecerlo.

A pesar de los pecados del hombre la gracia de Dios los alcanza y los salva, la cual es dada por él soberanamente. No obstante Dios cometería injusticia si no otorgara sus bendiciones a los hombres y mujeres que las merecieran.

Dios es soberano y libre de derramar bendiciones al peor de los pecadores aun sin merecerla, como soberano y todopoderoso puede salvar a unos y no a otros y no cometer injusticia, porque él no le debe la salvación a nadie. El evangelio de salvación por la gracia establece que esta es ofrecida por Dios a toda la humanidad, por medio de la justificación de Jesucristo.

A través de la justicia de Jesucristo, cualquier hombre o mujer puede ser perdonado de sus malas obras y pasar a ser justos ante Dios.

2 Corintios 5:20-21 (NVI): 20 Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: -En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios-. 21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

En su ministerio terrenal Jesús no despreció a los hombres pecadores que fueron ante su presencia buscado con humildad su piedad, misericordia y salvación. No obstante, si llego a descartar a los que en su propia razón se consideraban rectos y justos.

La fe y la justicia de Dios en la vida de un cristiano

La fe es el fruto de la justicia de vivir una vida en Cristo Jesús, creer y ser un imitador de Cristo. Como está escrito en la palabra de Dios, al creer somos justificados por fe:

Romanos 1:17 (RVR 1960): Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Gálatas 3:11 (RVC): Y es evidente que por la ley ninguno se justifica para con Dios, porque «El justo por la fe vivirá»;

Más sin embargo, para el cristiano es necesario además perseverar en la fe y no permitirse retroceder. Debemos cuidar tan invaluable y más duradera posesión que poseemos en Cristo Jesús, su Espíritu Santo.

Hebreos 10: 34b-35 (LBLA): Sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión. 35 Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa.

Hebreos 10:38-39 (LBLA): Mas mi justo vivirá por la fe; y si retrocede, mi alma no se complacerá en Él. 39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.

Y es que al creer, el Espíritu Santo se posesiona y toma todo de nosotros, nuestro ser se rinde a Cristo.

La fe es un tesoro

Por tanto la fe es un tesoro y ha de ser como el oro de Ofir con el cual Salomón edificó el templo, así como Noé también lo uso en la construcción del arca. Ofir era una región localizada entre Seba y Havila en el sur de Arabia.

Esta región del sur de Arabia era muy famosa por su excelente oro, así lo dicen varios pasajes del Antiguo Testamento. El oro de Ofir era considerado insuperable, por ser puro y sin mezcla, es así como la fe de un cristiano debe ser un tesoro insuperable como el oro de Ofir, pura y sin mezclas.

Hay una fe que es para justicia y es la fe de Cristo, porque debemos saber que existen personas que tienen fe sin estar en Cristo. Más sin embargo esa fe no produce justicia, de manera que nuestra fe debe estar fundamentada sobre la Roca que es Cristo Jesús.

El Justo en la justicia de Dios

En los versículos citados arriba se aprecia la palabra Justo, la cual proviene del griego yósher, cuya concordancia se traduce en equidad, justo, recto o rectitud. De igual forma se observa la palabra Fe, que proviene del griego pístis que se traduce en convicción, fe, fidelidad, gracia, confianza en Dios, constancia o perseverancia en lo que se profesa.

De este análisis se puede concluir que el que vive una vida en rectitud por convicción y confianza en Cristo, vivirá para salvación. Entonces como cristianos ¿qué nos hace justo?, la respuesta es Cristo.

¿Cómo aumentamos nuestro nivel de Justicia?, la respuesta es creyendo más en Cristo. Porque nuestra propia justicia es como un trapo de inmundicia, así lo dice el profeta:

Isaías 64:6 (LBLA): Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.

Un trapo de inmundicia que Dios lava con la sangre de su Hijo, la sangre de Jesucristo nos justifica y nos limpia ante el Padre. En el libro de las revelaciones las vestiduras de Jesús se teñían de sangre por todos nosotros.

Apocalipsis 19:13 (RVR 1960): Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS

La salvación se aplica

El justo confía en Cristo para salvación, además tenemos que tener en cuenta que la fe es la moneda del reino de Dios. Recordemos que para Dios, la fe de Abraham le fue contada por justicia.

Génesis 15:6 (RVC): Y Abrán creyó al Señor, y eso le fue contado por justicia.

Esto quiere decir que nuestra fe en Cristo produce en nosotros la justicia ante Dios. Para finalizar, reflexionemos en no acumular riquezas en la tierra, sino tesoros en el cielo avivando la fe y creciendo cada vez más en Cristo Jesús.

Estos tesoros serán contados en nosotros para la justicia de Dios, ¡Amén!, en este sentido tener la reconciliación con dios es sumamente necesaria.

Entra aquí: Reconciliación con Dios: ¿por qué es tan necesaria?, dónde aprenderás que la reconciliación con nuestro creador es necesaria para lograr un equilibrio en nuestra espiritualidad.

Te invitamos a continuar con nosotros leyendo en la categoría de enseñanzas el artículo sobre: Libertad en Cristo: ¿qué significa y cómo lograrla?, porque todos nacimos para ser libre y vivir una vida plena en felicidad.

Sin embargo, muchas personas viven atadas a cadenas de esclavitud como vicios, excesos, miedo y el pecado, llevando una vida condenada al sufrimiento y la desolación. Desconociendo que los pecados de la humanidad fueron asumidos por el cordero de Dios.

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