Julio Llamazares gana el Premio Nacional de Narrativa por la memoria de su padre

  • Julio Llamazares recibe el Premio Nacional de Narrativa por El viaje de mi padre.
  • El jurado destaca su hondo poso de memoria y humanidad y la mezcla de viaje, historia y literatura.
  • La obra reconstruye el recorrido de su padre, radiotelegrafista en la Guerra Civil, con la batalla de Teruel como eje.
  • El autor reivindica la memoria como defensa contra la violencia y contra la falta de memoria.

Julio Llamazares

El escritor leonés Julio Llamazares ha sido distinguido con el Premio Nacional de Narrativa correspondiente a 2026 por El viaje de mi padre, un libro publicado por Alfaguara que mezcla el relato de viajes con la reconstrucción de la memoria familiar. El galardón lo concede el Ministerio de Cultura y está dotado con 30.000 euros.

La obra se adentra en la experiencia de su padre, Nemesio, durante la Guerra Civil española, en el invierno de 1937, y toma la batalla de Teruel como uno de sus ejes principales. El jurado ha subrayado el hondo poso de memoria y humanidad del texto, así como su capacidad para unir paisaje, historia y literatura.

Un premio que reconoce una carrera

Julio Llamazares

El fallo llegó de la mano de un jurado reunido por el Ministerio de Cultura, presidido por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura. En su acta, el comité destacó que Llamazares evoca lo personal sin perder de vista la dimensión histórica y que los desplazamientos geográficos marcaron la identidad de varias generaciones.

El premio reconoció el año pasado a Paco Cerdà por otra obra vinculada a la Guerra Civil, y antes habían recibido este galardón autores como Marilar Aleixandre, Xesús Fraga, Juan Bonilla, Pilar Adón, Cristina Morales, Almudena Grandes, Fernando Aramburu o Cristina Fernández Cubas. Llamazares se suma así a una nómina consolidada de la narrativa española reciente.

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El viaje de un padre, el viaje de una generación

Julio Llamazares

En El viaje de mi padre, Llamazares reconstruye el itinerario de su progenitor, movilizado en el lado sublevado y con tareas de radiotelegrafista durante la contienda. El relato viaja hasta escenarios como Teruel y otros puntos del frente, lugares que el autor ya conocía pero que ahora observa con otra mirada.

El propio escritor ha explicado que no se trata solo de un libro sobre la guerra, sino también sobre sus paisajes y sus silencios. La pregunta que mueve el texto, según ha contado, es sencilla y difícil a la vez: qué pensaría su padre en aquellos días de frío, cansancio y peligro.

La memoria familiar se convierte en una forma de indagar en lo que no se escuchó a tiempo. Llamazares ha reconocido que, como le ocurre a mucha gente, solo después de la muerte de su padre entendió que había dejado pasar historias que ya no podría recuperar de viva voz.

Una obra entre la memoria y el paisaje

Julio Llamazares

El jurado describió el volumen como una travesía de reparación y una rebeldía personal frente al olvido y la falta de memoria. Según su criterio, el autor transforma una experiencia individual en una reflexión sobre el paso del tiempo y los lazos entre generaciones.

La prosa de Llamazares ha sido calificada de cuidada, sobria y con aliento poético, con los paisajes y los personajes como verdaderos protagonistas. En esa mirada no hay relato heroico, sino una aproximación honesta al rostro más humano de un conflicto que marcó a varias generaciones.

El libro también puede leerse como una advertencia. El autor sostiene que las guerras las pierde todo el mundo salvo quienes las provocan y las dirigen, y defiende que recordar es una defensa contra la violencia. A su juicio, la ignorancia del pasado alimenta muchas de las tensiones actuales en España y Europa.

Un autor de muchos registros

Julio Llamazares

Nacido en Vegamián, León, en 1955, Julio Llamazares ha desarrollado una trayectoria que abarca periodismo, novela, poesía, crónica, guion y literatura de viajes. Su popularidad creció con La lluvia amarilla, publicada en 1988 y convertida en un clásico contemporáneo.

Entre sus novelas figuran títulos como Distintas formas de mirar el agua, Luna de lobos, Escenas de cine mudo, El cielo de Madrid, Las lágrimas de San Lorenzo y Vagalume. En poesía publicó La lentitud de los bueyes y Memoria de la nieve, y en el terreno del artículo recopiló volúmenes como En Babia, Nadie escucha y Entre perro y lobo.

Su literatura de viajes incluye El río del olvido, Trás-os-Montes, Cuaderno del Duero, Las rosas de piedra, Atlas de la España imaginaria, El viaje de don Quijote y Las rosas del sur. También ha firmado crónicas como El entierro de Genarín, relatos cortos como En mitad de ninguna parte y Tanta pasión para nada, y el dietario Primavera extremeña.

Una distinción con lectura actual

Julio Llamazares

El reconocimiento a El viaje de mi padre llega en un momento en el que el debate sobre la memoria histórica sigue vivo en España. El fallo insiste en que las huellas de la Guerra Civil perviven en el territorio y en las familias, y que la literatura puede ayudar a mirarlas sin simplificaciones ni consignas.

El autor ha advertido de que en España y en Europa existe una notable falta de memoria y desconocimiento del pasado, algo que, a su entender, favorece que se repitan situaciones de crispación y violencia. Por eso reivindica la memoria no como un ejercicio nostálgico, sino como una herramienta cívica.

Con este premio, Llamazares añade un capítulo más a una carrera extensa y reconocida, en la que ha combinado la ficción, el periodismo y el viaje. El galardón no cambia su manera de entender la escritura, pero sí pone el foco sobre un libro que habla de padres, hijos, ausencias y paisajes que guardan lo que no siempre se quiso contar.

La distinción, concedida por el Ministerio de Cultura y dotada con 30.000 euros, consolida a Julio Llamazares como una de las voces fundamentales de las letras españolas actuales. Su obra premiada, El viaje de mi padre, propone un recorrido por la memoria de la Guerra Civil desde la intimidad, el paisaje y la pregunta por lo que pudo haber sido y no se supo escuchar. El fallo, además, insiste en una idea que recorre todo el libro: mirar atrás sin relato heroico puede ser una forma de entender mejor el presente y de evitar que el olvido gane terreno.


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