MĆ”s de una dĆ©cada despuĆ©s de las primeras denuncias, el conocido como ācriadero de los horroresā de Melgar de Fernamental vuelve a ocupar el centro de la actualidad judicial en Burgos. Este martes, 1 de septiembre, estĆ” previsto que el principal acusado se siente por fin en el banquillo del Juzgado de lo Penal nĆŗmero 2 para responder por una larga lista de hechos relacionados con el maltrato continuado de decenas de perros.
El proceso llega tras aƱos de inspecciones del Seprona, avisos vecinales, expedientes administrativos y rescates por parte de asociaciones protectoras, que llevaban tiempo reclamando una intervención contundente. El caso se ha convertido en un sĆmbolo del debate sobre cómo reaccionan las administraciones y la Justicia ante situaciones graves de abandono y crueldad hacia los animales.
Un criadero bajo la lupa desde 2013
La historia de este criadero en Melgar de Fernamental, en la provincia de Burgos, arranca oficialmente en 2013, cuando el Seprona comenzó a vigilar las instalaciones para comprobar si se cumplĆa la normativa higiĆ©nico-sanitaria y de bienestar animal. Desde entonces se fueron acumulando actas, denuncias y expedientes por deficiencias reiteradas.
SegĆŗn la Guardia Civil, la licencia ambiental del centro autorizaba la presencia de un mĆ”ximo de 75 perros, pero en diferentes inspecciones se llegó a contar hasta 147 animales: 97 adultos y 50 cachorros, una cifra que duplicaba con creces lo permitido. Muchos presentaban una delgadez extrema, enfermedades sin tratar y carecĆan de atención veterinaria adecuada, algo que varias fuentes coinciden en seƱalar.
Con el paso del tiempo, los hƔbitos negligentes del criador no solo afectaron a los perros. Vecinos y habitantes del municipio denunciaron la suciedad generalizada, los olores persistentes, las deposiciones acumuladas mezcladas con restos de comida y la presencia de plagas de parƔsitos en el entorno, generando un notable malestar en la localidad.
Las organizaciones de protección animal, especialmente Proanbur y Justicia y Defensa Animal, comenzaron a hacer pública la situación de forma insistente. Sus comunicados, concentraciones y campañas buscaron que el caso no quedase en meras sanciones administrativas y empujaron a reclamar una actuación firme sobre el criadero.
Inspecciones decisivas y el papel del Seprona
A partir de 2019 la presión se intensificó. Ese año, el Seprona de la Guardia Civil, acompañado de una veterinaria de la Junta de Castilla y León, llevó a cabo una inspección en la que se volvieron a constatar las graves condiciones del centro. Varios perros tuvieron que ser retirados de inmediato debido a su mal estado de salud.
En ese mismo periodo se comprobó el deficiente estado general de los cheniles y de los animales, y se detuvo al criador por maltrato animal, retirĆ”ndole inicialmente cuatro perros en situación crĆtica. Posteriormente fue arrestado de nuevo por la estafa en la venta de un perro y otra vez mĆ”s por persistir el maltrato y el abandono en sus instalaciones.
Las actuaciones no se quedaron ahĆ. Meses despuĆ©s de esa intervención, se produjeron nuevos rescates y controles, y durante las inundaciones de noviembre de 2019 varios voluntarios participaron en la evacuación de decenas de perros para evitar que quedaran atrapados en unas instalaciones ya de por sĆ muy deterioradas.
Todas estas intervenciones se enmarcaron en lo que la Guardia Civil bautizó como Operación Chenilbur, un dispositivo que, según las diferentes fuentes consultadas, supuso un punto de inflexión para pasar de los expedientes administrativos a un abordaje penal del caso.
El desmantelamiento del criadero en 2020
La actuación definitiva se produjo en febrero de 2020, cuando la Guardia Civil, bajo mandamiento judicial, registró varias propiedades vinculadas al acusado: dos domicilios, una finca y el propio criadero. Para entonces, la situación habĆa empeorado todavĆa mĆ”s, hasta el punto de que distintas crónicas describen el escenario como āestremecedorā.
En las instalaciones se localizaron perros hacinados entre excrementos, sin agua ni comida suficiente, junto a cadƔveres de otros animales. Los agentes hallaron tambiƩn restos de perros en un contenedor de plƔstico que funcionaba como vertedero, y algunas necropsias posteriores detectaron indicios de canibalismo entre los propios animales.
Uno de los momentos mÔs impactantes de la intervención fue el descubrimiento, en una vivienda, de decenas de canes encerrados en pésimas condiciones y la localización de cachorros muertos, incluido un pequeño dentro de una bolsa en el congelador. La Guardia Civil ha insistido en que las necropsias confirmaron que muchas muertes estaban vinculadas a un abandono total y prolongado.
En conjunto, la operación permitió la retirada judicial de 86 perros supervivientes y dos gatos, animales que quedaron bajo la tutela de diversas entidades y familias de acogida. AdemĆ”s, en distintas inspecciones previas se habĆan recuperado otros perros que precisaban atención veterinaria urgente por su estado crĆtico.
Rescate, rehabilitación y esfuerzo de las protectoras
El cierre del criadero no puso fin al problema, sino que abrió una nueva etapa centrada en la recuperación fĆsica y emocional de los animales supervivientes. Proanbur y otras asociaciones se hicieron cargo de la atención veterinaria, la rehabilitación y la bĆŗsqueda de hogares para los perros y gatos rescatados.
Desde la protectora burgalesa insisten en que muchos de estos animales llegaron con secuelas graves: desnutrición, enfermedades crónicas, miedo intenso y trastornos de conducta derivados de años de maltrato y hacinamiento. La recuperación de buena parte de ellos requirió tratamientos prolongados y una importante inversión de tiempo y recursos.
La asociación recalca que tuvo que asumir gastos veterinarios y de manutención muy elevados durante meses, costeados en buena medida gracias al apoyo económico de particulares y a la colaboración de clĆnicas veterinarias, voluntariado y casas de acogida. Hablan de un āextraordinario esfuerzo humano y económicoā para que esos animales pudieran empezar una vida digna.
Paralelamente, el caso contribuyó a movilizar a la ciudadanĆa mĆ”s allĆ” de la provincia de Burgos. Concentraciones, campaƱas de denuncia y difusión en redes sociales hicieron que el ācriadero de los horroresā se convirtiera en un referente para reclamar cambios en la respuesta institucional ante el maltrato animal.
La fuga del propietario y la bĆŗsqueda internacional
Mientras avanzaban las actuaciones sobre el terreno, el principal investigado tomó otro rumbo. Pocos dĆas antes de los registros de febrero de 2020, el dueƱo del criadero abandonó EspaƱa, lo que obligó a redirigir el procedimiento hacia una bĆŗsqueda internacional que se prolongó durante mĆ”s de cinco aƱos.
El Juzgado de Instrucción nĆŗmero 2 de Burgos dictó entonces una orden internacional de detención y extradición, y a travĆ©s de Interpol se emitió una āRed Noticeā para solicitar la cooperación de cuerpos policiales de otros paĆses en la localización del fugitivo.
Los trabajos del Seprona y de otras unidades permitieron ubicar inicialmente al investigado en una región de MĆ©xico y, aƱos despuĆ©s, en Venezuela. Finalmente fue detenido en este Ćŗltimo paĆs y, tras un proceso de trĆ”mites judiciales y burocrĆ”ticos que se alargó durante mĆ”s de un aƱo, las autoridades venezolanas lo entregaron a EspaƱa.
El acusado llegó a territorio español a finales de febrero y desde entonces ha permanecido en prisión preventiva para evitar una nueva fuga, dadas sus antecedentes de evasión. Expertos en Derecho Animal han subrayado que la emisión de una orden internacional en un caso de maltrato animal constituye un precedente relevante en la persecución de este tipo de delitos.
Los delitos que se juzgan y los antecedentes penales
Identificado en las diligencias por sus iniciales, el propietario del criadero se enfrenta ahora a acusaciones de maltrato animal continuado en su modalidad agravada y de alzamiento de bienes o frustración de la ejecución, al haber puesto supuestamente propiedades a nombre de familiares para eludir la acción de la Justicia.
Las penas solicitadas por estos delitos pueden incluir prisión, multas económicas e inhabilitación especial para ejercer profesiones, oficios o comercios relacionados con animales, asĆ como para su tenencia durante un largo periodo. La Guardia Civil ya habĆa reclamado en su dĆa la revocación de la licencia ambiental del criadero y la clausura definitiva de las instalaciones.
Antes incluso de abandonar España, el acusado acumulaba antecedentes por atentado, intrusismo profesional, quebrantamiento de condena y maltrato animal, según recogen distintas resoluciones. Estos antecedentes forman parte del contexto con el que el tribunal valora ahora la responsabilidad penal en el caso del criadero de Melgar.
El procedimiento que arranca supone, en la prÔctica, la culminación de mÔs de diez años de denuncias, inspecciones y actuaciones judiciales. Se trata de una vista oral muy esperada por las asociaciones personadas, que han batallado para que el caso no quedara sin respuesta por la ausencia prolongada del principal investigado.
Un sĆmbolo en la lucha contra el maltrato animal
Para entidades como Proanbur, la importancia de este juicio va mÔs allÔ del propio acusado. La asociación insiste en que lo ocurrido en Melgar de Fernamental debe servir para mejorar la coordinación entre administraciones, fuerzas de seguridad y organizaciones de protección animal cuando se detecten casos graves de abandono o crueldad.
A lo largo de estos aƱos, los colectivos implicados han reclamado una respuesta mĆ”s rĆ”pida, coordinada y eficaz ante las denuncias, subrayando que las seƱales de alarma se acumulaban desde hacĆa tiempo antes de que se tomaran medidas definitivas. Para ellos, el caso ilustra hasta quĆ© punto los retrasos institucionales pueden traducirse en sufrimiento prolongado para los animales.
Las asociaciones recuerdan también que detrÔs de los expedientes, cifras y actuaciones hay animales concretos: perros que padecieron hambre, enfermedades, hacinamiento y abandono; algunos murieron sin llegar a ser rescatados y otros, gracias a la intervención final, pudieron empezar una nueva vida en hogares de adopción.
Con el inicio de la vista oral en Burgos, protectoras, voluntariado y ciudadanos que han seguido el caso durante aƱos confĆan en que la Justicia depure las responsabilidades que correspondan y envĆe un mensaje claro frente al maltrato animal. Al mismo tiempo, insisten en que la experiencia de Melgar de Fernamental debe impulsar cambios que eviten que una situación similar pueda repetirse en el futuro.
Todo este recorrido, desde las primeras inspecciones en 2013 hasta el juicio actual, ha convertido al ācriadero de los horroresā en un referente incómodo pero necesario: un recordatorio de lo que sucede cuando fallan los controles y de lo que puede lograrse cuando la presión social, la labor de las protectoras y la acción judicial terminan convergiendo para rescatar a los mĆ”s vulnerables.