En Juan 17, hallaremos la oración más larga hecha por Jesús, de toda la biblia, y hoy aquí, estaremos hablando sobre este capítulo; haremos una pequeña reflexión y más. 

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Evangelio de Juan, capítulo 17 

Durante todos los evangelios, si prestamos atención, podemos notar lo importante que era para Jesús la oración. Sus días siempre comenzaban con una conversación con el padre, así mismo, siempre que se presentaba la oportunidad, invocaba la presencia y el poder de Dios. 

En ocasiones, sus oraciones eran en solitario, como podemos ver en Marcos 1:35 y en otras, lo hacía en compañía, tal es el caso de Juan 11:41-42; así mismo, antes de la comida, siempre hacía una oración, tal cual vemos en Lucas 24:30, e incluso, luego de sanar, como se nos muestra en Lucas 15:12-16. Esto nos demuestra, que la oración era una parte fundamental en la vida de Jesús.

En el capítulo 17, del evangelio de Juan, nos encontraremos con la oración más extensa hecha por Jesús, y la misma sucede, poco antes de finalizar su evangelización en la tierra; luego de que Jesús, le explicara a sus discípulos que, dentro de poco tiempo, el mismo dejaría de acompañarlos en la tierra.  

Les habla acerca de lo que va a suceder luego de su partida, así mismo, los anima diciéndoles “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”, estas palabras las encontramos en Juan 16:33.

La oración hecha por Jesús en el evangelio 17 de Juan, se encuentra dividida en tres partes: 

  • Juan 17:1-5: aquí vemos a Jesús orar por sí mismo, y reconocer que ha llegado el momento para reunirse con su padre.  

Ante esta primera parte, hay que aclarar que, orar por sí mismo no es un acto egoísta, todo lo contrario; puesto que, antes de comenzar a orar por los demás, resulta esencial orar por uno mismo.

  • Juan 17:6-19: es estos versículos, Jesús ora por sus discípulos, y les encomienda su nueva misión.
  • Juan 17:20-26: finalmente, Jesús pide por todos aquellos que nos hemos convertido en creyentes posteriormente, como resultado de la fidelidad de sus discípulos, quienes se encargaron de transmitir su mensaje. 

Ahora, vamos a proceder a ver cada sección de manera más detallada; pero antes, nos gustaría invitarte a leer nuestro artículo sobre oraciones poderosas para toda ocasión, y así, logres fortalecer aún más el vínculo con Dios. 

Jesús ora por sí mismo

1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;

2 cómo le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

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En el evangelio de Juan, capítulo 16, Jesús se encontraba hablando con sus discípulos sobre lo que iba a suceder en los días siguientes; entonces, es aquí cuando Jesús alzó la mirada al cielo, como mirando al padre, y comenzó una conversación con este. Sabe que realmente sus día en la tierra están llegando a su fin, pero, su único interés es que Dios sea glorificado. 

Su muerte en la cruz se encontraba muy cerca, pero así mismo, igual su resurrección; un sacrificio de tal magnitud, serviría de demostración del gran amor de este y del Padre, hacia todos nosotros.

Para este momento, la dicha de Jesús en cuanto a su obra aquí en la tierra, era inmensa, así mismo, en cuanto a su resultado: la vida eterna al alcance de todos; Jesús es el puente mediante el cual se restableció la comunicación completa con Dios. Con él, se cumple la obra de salvación para todos los seres aquí en la tierra.

Era el momento de regresar al padre, pero, antes debía enfrentarse a una parte difícil de su vida: la muerte en la cruz; aunque, Jesús decide enfocarse en la inmensa alegría que le dejaba la obra redentora que había llevado a cabo y el hecho, de que pasada la crucificción y la redención, se encontraría nuevamente en la presencia de Dios “con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera”. 

Jesús ora por sus discípulos 

6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;

8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,

10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.

11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.

12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

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En este momento Jesús pasa a orar por sus discípulos, puesto que el mismo se encontraba muy feliz y agradecido de haber compartido su vida y sus palabras con estos; resultando que, sus discípulos no solo habían escuchado y aceptado sus palabras, sino que también, le eran fieles y se mantenían firmes en cuanto a su fe. 

Jesús pide al padre que interceda por ellos, que les brinde protección y los mantenga unidos; este era muy consciente que al ser sus discípulos, estos se enfrentarían a momentos duros, debido a que, habría quien intentase dañarlos. Pide a Dios que los proteja del diablo, ya que este, en su afán de parar la obra, atacaría a sus discípulos; entonces, pide al padre que les brinde protección específicamente ante esos ataques. 

En presencia de la maldad que hay en el mundo, los discípulos fueron santificados, transformados por la verdad de la palabra y la gracia del Padre; la vida santificada de los discípulos de Jesús, servía de demostración en cuanto a la diferencia de llevar una vida bajo su mando. 

Estos eran, la viva representación de la transformación que hace Jesús en la vida de sus seguidores, y por esta razón, los mismos se enfrentarían a problemas y persecuciones. 

Es en este momento, cuando Jesús los comisiona a difundir el mensaje de vida eterna en todo el mundo; puesto que, al cabo de poco tiempo, ya él, no los acompañaría más. Para este punto, sus discípulos se encontraban completamente preparados para continuar con su obra.

Jesús ora por todos los creyentes 

20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.

26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

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Finalmente, Jesús incluye en su oración a todos aquellos que posteriormente van a convertirse en creyentes, debido a la fidelidad y arduo trabajo de sus discípulos; él mismo confiaba plenamente, en que estos, iban a continuar con la obra a la que él había dado inicio. Como vemos en Mateo 16:18, Jesús sabía que las puertas del Hades no se mantendrían contra su iglesia. 

La unidad es el primer deseo de Jesús hacia sus discípulos y posteriores creyentes; una unidad similar a la que él mantenía con el Padre. Pide que sus hijos consigan la perfección en la unidad, puesto que la unidad, será aquello que los distinga; y de esta manera, se daría a conocer en todo el mundo, que Dios envió a su hijo a la tierra. 

La obra de Jesús estaba cumplida, por ello le dice al padre “les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos”; Jesús les había mostrado el camino a Dios, y se mantendría a su lado, guiándolos en su dirección. Esta promesa de su presencia, ha sido la que ha animado y fortalecido a todos sus hijos con el paso de las generaciones. 

Es en este momento, cuando los discípulos por fin entienden que Jesús era Dios encarnado, el cual había bajado hasta la tierra con el único propósito de acercarnos a Dios Padre; y justo este fue el mensaje que se encargaron de transmitir. 

Pero, somos nosotros, las siguientes generaciones creyentes de Jesús, quienes tenemos la responsabilidad de esforzarnos en alcanzar la perfección en la unidad, y de esta manera, el mundo reconozca que Jesús es Dios. 

Opinión de grandes hombres acerca de Juan 17

«En verdad esta oración es sumamente conmovedora y entrañable. Nos abre la parte más íntima de Su corazón, tanto en cuanto a nosotros, como en cuanto al Padre. Es tan sincera y tan simple. Es tan profunda, tan rica, y tan amplia, que nadie puede sondear sus profundidades»- Martín Lutero.

«No hay ninguna voz que jamás haya sido oída en el cielo ni en la tierra, que sea más exaltada, más santa, más fructífera, más sublime, que la oración ofrecida por el Hijo de Dios mismo» – Felipe Melanchton.

«Es la oración más extraordinaria, la cual sigue al discurso más completo y consolador que jamás haya sido expresado en la tierra» – Matthew Henry.

Si te gustaría conocer un poco más sobre el capítulo 17 del evangelio de Juan, aquí te vamos a dejar un vídeo, en el cual se realiza una reflexión bíblica acerca de Juan 17; esperamos, sea de tu agrado y te acerque un poco más a Dios.

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