La historia de la Biblia, que relata el momento cuando Jesús camina sobre las aguas, es una hermosa reflexión que renueva nuestra fe. Sabiendo que podemos confiar y contar con el Señor, ¡entra y entérate de su mensaje!.

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Jesús camina sobre las aguas

En el evangelio de Mateo en la Biblia se encuentra un pasaje que relata el prodigio cuando Jesús camina sobre las aguas. Esta extraordinaria historia neo testamentaria representa una poderosa reflexión sobre perseverar en la fe.

Mateo 14:22-33 nos enseña que con Jesús podemos caminar confiados y con fe sobre el agua. Pero además, de estos versículos se pueden extraer algunas otras enseñanzas para nuestras vidas como cristianos.

Una de ellas es la dependencia e intimidad que nos muestra Jesús con Dios su Padre. Ya que, luego de realizar el portentoso milagro de alimentar a cinco mil personas con tan solo cinco panes y dos peces, sube solo a la montaña para orar y glorificar a su Padre.

Mateo 14:22-23 (NVI): 22 En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. 23 Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo.

Este versículo es oportuno además, para que reflexionemos en cómo esta nuestra intimidad con el Señor, en función a ello te invitamos a leer el artículo, intimidad con Dios: ¿Cómo desarrollarla? Porque un íntimo de Cristo Jesús es aquel que solo vive como él lo hizo, para cumplir los deseos del Padre celestial.

Posteriormente ya entrada la noche Jesús camina sobre las aguas acercándose a la barca donde se encontraban sus discípulos. Al principio estos sintieron temor pensando que era una aparición la figura que caminaba hacia ellos.

Pero enseguida Jesús les tranquilizo exhortándolos a no tener miedo; más el apóstol Pedro no se conforma y le pide a su Señor lo llame para ir junto a él. Es allí donde se produce lo verdaderamente extraordinario Pedro camina en fe sobre las aguas.

El temor y la desconfianza de Pedro

Mientras que el resto de los discípulos se quedan paralizados por el temor ante una situación inesperada, Pedro se levanta y habla con el Señor para ir en pos de él con fe. No obstante la circunstancia del viento fuerte le desvía su mirada de Jesús y enseguida lo invade el miedo y la desconfianza:

Mateo 14:26-30 (NVI): 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados. -¡Es un fantasma! —gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les dijo en seguida: -¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo. 28 —Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. 29 –Ven- dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: -¡Señor, sálvame!

Al principio la fe y la confianza en su Señor, hizo que Pedro al igual que Jesús caminara sobre las aguas. No obstante el nivel de fe no fue lo suficiente para poder resistir el viento fuerte.

¿Cuántas veces en nuestras vidas nos encontramos con una situación similar?, cuando se nos sobreviene algo inesperado que nos saca de nuestra tranquilidad; situación que puede llamarse enfermedad, escasez, desempleo, etc. Lo importante de esta enseñanza es reflexionar sobre nuestra respuesta ante tal evento:

  • ¿Dejamos que el miedo nos paralice como al resto de los discípulos?.
  • ¿Decidimos enfrentar la situación con la mirada puesta en Jesús?.
  • ¿Si la situación se encrudece como el viento fuerte, nuestra fe es suficiente como para no desviar nuestra mirada de Jesús?.

Jesús nos da tres valiosas respuestas en las instrucciones dadas a pedro. Enseñanzas que nos ayudaran o nosotros también a caminar sobre las aguas sin importar los vientos fuertes que puedan sobrevenir.

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Jesús camina sobre las aguas y te dice: Ten fe sin dudar

La duda es una condición que pone a prueba la fe, por tanto puede ser conveniente para ejercitar y hacer crecer la fe en nosotros. Mientras más superemos los estados de duda mayor será nuestra fe, como le dice Jesús en este pasaje a Pedro: Ten fe sin dudar.

Mateo 14:31 (NVI): En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: -¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

El madurar en la fe como cristianos, nos permite dar un paso adelante tal y como lo hizo Pedro con respecto al resto de los discípulos. Una fe madura nos permite a asumir riesgos, sabiendo que Jesús va juntamente con nosotros.

No obstante para poder lograr ese nivel de madurez en la fe es necesario leer y escudriñar las escrituras. Pero además del conocimiento de Dios, es necesario orar en todo momento, esto nos ayuda en nuestra comunión con el Padre.

Decidir salir de la barca para caminar sobre las aguas define un primer nivel de fe, al escogerla incluso ante la duda. Define además como se encuentra nuestra confianza en Dios.

En este sentido, le invitamos cordialmente a pasar a leer algunos versículos de fe que mantienen su confianza en Dios.

Como cristianos no podemos permitir que cualquier situación que podamos estar afrontando nos robe nuestra fe. Por esto te invito a que atesores en tu corazón estos 25 versículos bíblicos de fe, para así mantener la confianza en Dios.

Ante todo debemos enfocar nuestra mirada en Jesús autor y consumador de la fe; y no desviar nuestra mirada hacia el fondo del mar cuando decidamos salir de la barca. Porque Cristo es nuestra fortaleza cuando sobrevienen las pruebas, debemos por tanto edificar nuestra fe para seguir adelante en nuestra vida en Cristo.

Jesús camina sobre las aguas y te dice: Si te caes levántate

Lo segundo que nos enseña el Señor en este pasaje de Jesús camina sobre las aguas, es que si caemos siempre su mano nos levantará. De manera, que no debemos temer como el resto de los discípulos, que se quedaron pasmados.

Muchas veces nos paralizamos sin hacer nada ante una situación por miedo al fracaso. Debemos estar conscientes que Cristo siempre está junto a nosotros él no nos abandona jamás y si caemos él nos levanta.

Los discípulos se asustaron porque pensaron que Jesús estaba lejos, más él siempre estuvo junto a ellos. A pesar de que eran hombres seguidores de Jesús, el que se apartara por un momento de ellos, los hizo dudar y con esto temer.

Pero Jesús nos enseña que él nunca quitó la vista de sus discípulos, fueron ellos lo que apartaron la mirada de Jesús. Lo mismo pasa con nosotros en ciertas ocasiones en nuestra vidas, no es Jesús el que se aparta, somos nosotros los que nos alejamos y desviamos nuestra mirada de él.

Cuando nos alejamos del Señor, es difícil que lo podamos reconocer y verlo caminar junto a nosotros. De igual forma sucedió con sus discípulos que dudaron y no lo reconocieron, por el contrario lo confundieron con un fantasma:

Mateo 14:26-27 (NVI): 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados. -¡Es un fantasma! —gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les dijo en seguida: -¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.

En este caso necesitamos ser como el apóstol pedro que mantuvo su mirada en Jesús y pudo reconocer su mano extendida hacia él para levantarlo.

Jesús camina sobre las aguas y salva a Pedro

Pedro al reconocer a Jesús se anima a dejar la barca y caminar sobre las aguas, pero al sentir la fuerza del viento, se distrajo y comenzó a hundirse en el agua. Pedro entra en pánico y clama a Jesús que lo salve:

Mateo 14:30: Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: -¡Señor, sálvame!-.

De la misma forma puede acontecer con nosotros, decidimos dar un paso en pos de Cristo, pero sobreviene un viento fuerte y nos desenfoca de nuestro camino. Debemos por tanto fortalecer nuestra fe, para no sucumbir durante una prueba en nuestro proceso de ser transformados por el Espíritu Santo.

Si somos aún débiles en el espíritu podemos correr el riesgo de ser presa fácil de algún dardo del enemigo, como el miedo, la tentación o la ansiedad. Porque el diablo siempre querrá que retrocedamos a nuestra antigua forma de vivir.

No le permitamos al enemigo temer, caer o dudar, más bien busquemos siempre encontrar la mano de nuestro Salvador y clamar: -¡Señor, sálvame!-. Así como Jesús tomó la mano de Pedro y lo salvó de la misma manera la extenderá hacia nosotros y nos salvará:

Mateo 14:31 (NVI): En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: -¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

De igual forma debemos saber que cuando Jesús esta en nuestra barca los vientos siempre se calmaran:

32 Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: -Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.

De manera que debemos ser agradecidos y adorar en todo momento a nuestro Salvador, que siempre nos rescatará y nos mantendrá en su camino.

La fe se desarrolla en nuestra formación en Cristo

Cuando iniciamos nuestra formación en Cristo, nos percatamos que la vida cristiana siempre va fluir contraria al fluir de las aguas del mundo. En la Biblia el salmista nos los explica muy bien en el siguiente versículo:

Salmos 1:1 (LBLA): 1 Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores,

En este verso resaltan tres términos con una secuencia específica, los cuales son: primero andar, segundo detenerse y tercero sentarse. En esta secuencia el salmista señala el progreso negativo que resulta de andar por un camino que paraliza debido al pecado.

La bienaventuranza de la vida cristiana es seguir un camino de fe  en constante movimiento, al fin de culminar la buena carrera en Cristo Jesús. La progresión de esta vida se inicia cuando nos encontramos paralizados por el pecado, hasta que escuchamos el llamado del Señor.

Cuando esto sucede ocurre una pausa en nuestras vidas y nos detenemos para decir no, dejando de seguir las corrientes del mundo. Tomada esta decisión comenzamos a andar en un camino nuevo y verdadero hacia la vida eterna que es en Cristo Jesús.

La vida cristiana entonces señala la siguiente progresión: Primero nos encontrábamos sentados, luego nos levantamos con una breve pausa y nos detenemos, para luego con total seguridad y confianza empezar a andar en fe.

Con esta reflexión te animo a seguir adelante en la vida en Cristo, a pesar de que eso implique caminar contra corriente. Incluso a pesar que sobrevengan vientos contrarios, como dice Mateo 24, por que el versículo 25 nos da la esperanza, que Jesús siempre se acercara a nosotros, así sea caminando sobre las aguas:

Mateo 14:24-25 (NVI): 24 y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario. 25 En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.

Debemos caminar sobre las aguas unos con otros

Una forma de caminar sobre las aguas es apoyándonos entre hermanos con una fe sólida: la Biblia nos enseña la bendición que representa tener a alguien que nos levante a la hora de caer. Porque uno podrá levantar al otro y si entre ambos está Dios la bendición será aún mayor:

Eclesiastés 4:10 (NVI): Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!

Eclesiastés 4:12: Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!

Solo tendrán que levantarse y seguir intentándolo con la confianza depositada en Cristo Jesús. De manera que si en algún momento sientes que te estas hundiendo en aguas profundas como Pedro, busca a tu hermano en la fe.

Tu hermano sabrá darte su mano como igualmente lo hace Jesús cuando estés enfrentando una prueba o cuando te sientas sin ánimo, triste o desamparado, él te puede ayudar a conducir nuevamente a las aguas tranquilas de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús.

Continua leyendo las enseñanzas de Jesús, para conocer aún más sobre la palabra de nuestro señor y crecer espiritualmente en comunión con Dios.

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