Isla de las tentaciones 3
Isla de las tentaciones 3

Podría redactar una larga lista de todos los errores, barbaridades y contradicciones vistas en el programa estrella de esta temporada de Telecinco. Pero, hoy, estoy benevolente. Quizá porque he estado de vacaciones, quizá porque la primavera me pone cursi o quizá porque ya estoy un poco harta de verle el lado oscuro a la vida. La Isla de las Tentaciones 3 nos ha dado grandes momentos y mejores memes. Y, si nos ponemos a mirar con lupa, podemos sacar algún que otro aprendizaje de todos estos jueves que hemos estado enganchadas mi queridísima compañera de piso y yo. «Los jueves se saca el plástico y se ve Telecinco». Ya casi una tradición. No ha pasado un programa sin tener que taparnos la cabeza con la manta en los momentos de puro bochorno y de morirnos de la risa ante las atrocidades cometidas a la lengua española. Y ¡qué tristes eran esos jueves en los que nos tocó verlo separadas y en los que no nos despegábamos del teléfono sin parar de escribir ese “LOL” tan mal usado cada 3 segundos!

Ya sé, y casi que era mi primer enfoque antes de empezar con esto, que cada episodio rebosa de amor tóxico, celos, posesión, inseguridades de unas y manipulaciones de otros. Lo sé. Supongo (y espero) que ya habrá medios más serios que este que lo analicen y lo muestren. Pero la postmodernidad que me define y guía estos dedos mientras escribo no me deja sino sacar lo bueno y darle un poco la vuelta a la tortilla en favor del reallity. Procedamos.

La Isla de las Tentaciones 3: aprendizajes

Lo que hemos aprendido con la tercera edición de la Isla de las Tentaciones

Los hombres también lloran.

Por fin, de verdad. Por fin, vemos que llorar no tiene género, que mujer no es sinónimo de mar de lágrimas ni hombre de acero pá los barcos (como diría mi abuelo). A nosotras, mujeres del mundo, se nos ha tachado de “demasiado” sensibles, como si eso fuera algo negativo, como si sentir fuera un delito.

Y, vemos que Hugo, el gallego que se ha ganado el corazón de media península, en este programa se deshidrata por su novia. “Soy un lloromicas” dice el amante de los animales. Y ella, que a saber a lo que está acostumbrada, la pobre mía, se asombra y suelta un “No me lo esperaba para nada. Él nunca llora”. Pero ya basta. Se acabó el categorizar acciones según un género: no hay verbos de mujeres y hombres. Llorar, por suerte, es para todos.

Lo que nos lleva al siguiente punto:

 

La masculinidad, como la conocemos, está en crisis.

Hombres que se dan besos, se abrazan, duermen juntos, hablan de sentimientos, que se reconocen vulnerables y dicen “te amo” con una facilidad asombrosa. Parece mentira que un ser humano tenga que abogar por su derecho a ser humano.  Parece mentira que sentir sea revolucionario. Pero, amigos, esa es vuestra revolución. A tope con ella.

 

La sororidad va ganando terreno.

Harta me hallo de la misoginia de frases como “es que entre vosotras sois malas” o “vosotras sois las más machistas”. Hemos sido víctimas de un sistema que defiende la competencia de sus conformantes, que nos ha impulsado a ser peores entre nosotras hasta el punto de que estuviera bien (e, incluso, fuera guay) afirmar sentirse mejor entre hombres que entre mujeres, perteneciendo a este último grupo. Y, en el programa, aunque es evidente el gran cambio que todavía falta por hacer, también es obvio el cambio de actitudes, el apoyo entre ellas a pesar de sus rivalidades y diferencias, la hermandad que se muestran cuando más lo han necesitado.

 

No pasa nada por decir que NO.

Y esto me lo tomo como un aprendizaje personal. Cuando Lara (la soltera que pretendía a Raúl y acabó enrollándose con Jesús) rechazaba la cita final de 24 horas con el novio de Marina, me di cuenta de que, para mí, aquello ni siquiera era una posibilidad. Me chocó hasta tal extremo que me hizo ver que yo no hubiera sido capaz, así como cuando en First Dates dicen que No tendrían una segunda cita con su pareja de cena y se me antoja como un superpoder totalmente ajeno a mis capacidades. Y es que decir NO nos hace fuertes, nos empodera, nos libera. Un mal trago de un segundo que es una vacuna contra el conformismo.

Por eso, esta respuesta honesta de Lara donde explica que este enredo casual había sido fruto de la noche y que Jesús estaba perdido, hizo remover algo en mí. Y ¿qué es el aprendizaje sino movimiento? Algo que no está y ahora sí. Algo que no sabías hacer pero ahora sí.

 

Es necesario hablar para que una relación funcione.

Como siempre, uno de los grandes problemas de las relaciones es la falta de comunicación y la falta de interés de uno de sus miembros por aprender a comunicarse. En la hoguera final de Raúl-Claudia y Hugo-Lara, vemos como las dos exigen una evolución en sus parejas respecto a este tema. Lara cuenta que Hugo no sabe afrontar los problemas, los evita y huye con el rabito entre las piernas. Mientras que Claudia se queja de la inmadurez de su compañero, de no haberse sentido escuchada ni entendida y no poder mantener conversaciones adultas con respecto a su relación. Y han aguantado 4 y 3 años, respectivamente. Hermanas, la paciencia es vuestro don.

En esta hoguera, y ante el miedo a perderlas, ellos prometen mejorar. Porque, amigos, reconocer un fallo es hermoso. Equivocarse y saber verlo es lo mejor que nos puede pasar. Y, por supuesto, hablar de todo ello es sano y contribuye a resolver las dificultades, a encontrar una solución común y equilibrada y a evitar acabar a voces como si no hubiéramos superado los rebeldes 16.

 

Y, a son de todo esto, para terminar, porque viene al caso y porque me apasiona, dejo el decálogo de la pareja consciente, de Borja Vilaseca (para quien no lo conozca, un orador que promueve el desarrollo personal y el autoconocimiento) que lo podemos relacionar perfectamente con todo lo que hemos aprendido de la Isla de las Tentaciones 3:

❤  Yo soy responsable de mi felicidad, no de la tuya.

❤  Yo soy responsable de mi sufrimiento, no del tuyo.

❤  Yo te elijo conscientemente a ti y tú me eliges conscientemente a mí.

❤  Yo me conozco a mí a través de ti y tú te conoces a ti a través de mí.

❤  Yo aprendo de ti y tú aprendes de mí.

❤  Tú no me completas, sino que me complementas.

❤  Yo te acepto tal como eres y tú me aceptas tal como soy.

❤ Yo respeto tu libertad y tú respetas mi libertad.

❤  Yo me comunico contigo y tú te comunicas conmigo.

❤  Yo pongo mi libertad al servicio de la relación y tú pones la tuya

 

Échale un vistazo a las series adolescentes que no me hicieron pasar mucha vergüenza ajena.

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