Imperdibles del altiplano chileno: naturaleza, pueblos y rutas mágicas

  • El altiplano chileno combina lagos de altura, salares, termas y reservas como Lauca, Las Vicuñas y Surire.
  • Pueblos andinos como Putre, Socoroma, Codpa o Chiu Chiu preservan iglesias coloniales y culturas aymara y atacameña.
  • Desde Arica e Iquique se accede a rutas con fauna única: vicuñas, flamencos, cóndores y bofedales de gran valor ecológico.
  • Salitreras como Humberstone, la Pampa del Tamarugal y oasis como Pica y Mamiña completan un viaje entre historia y relax.

Paisajes del altiplano chileno

El altiplano chileno es uno de esos lugares que parecen sacados de otro planeta: planicies a más de 3.800 metros de altura, volcanes nevados, lagos de un azul eléctrico y pueblos diminutos donde el tiempo va a otro ritmo. En este artículo vas a encontrar una guía completísima de los grandes imperdibles del altiplano chileno, mezclando naturaleza salvaje, termas, pueblos patrimoniales, fauna andina y tradiciones que se mantienen vivas desde hace siglos.

Más allá de las postales típicas, el altiplano es también un territorio de historias aymaras, rutas coloniales, salitreras fantasmales y oasis inesperados en mitad del desierto más árido del mundo. Si estás preparando un viaje largo por el norte de Chile o simplemente quieres soñar un poco con la próxima escapada, aquí tienes todo lo que no te puedes perder, explicado con detalle y con muchos consejos prácticos para que lo disfrutes a tope.

Qué es y dónde está el altiplano chileno

Cuando hablamos de altiplano nos referimos a una gran meseta andina que se extiende por Chile, Bolivia, Perú y Argentina, a una altura media cercana a los 3.800 metros sobre el nivel del mar. En el caso chileno, esta franja se encuentra en el extremo norte del país, desde la Región de Arica y Parinacota hacia el sur, formando parte del famoso Altiplano Andino.

En el norte de Chile, hasta aproximadamente la provincia de Chañaral, los Andes se elevan como un macizo imponente frente a la depresión intermedia. El resultado es un enorme plano inclinado donde se intercalan volcanes, salares, bofedales, lagunas, quebradas y pueblos mínimos que parecen perdidos en la inmensidad.

Aunque el clima se caracteriza por ser muy árido y con escasas lluvias, el altiplano chileno alberga una biodiversidad sorprendente, incluida la flora de la puna: vicuñas, alpacas, guanacos, flamencos, taguas, vizcachas, cóndores y un sinfín de aves altiplánicas encuentran aquí refugio en humedales y salares de altura.

Buena parte de los lugares más espectaculares se concentran en la Región de Arica y Parinacota (Parque Nacional Lauca, Reserva Nacional Las Vicuñas, Monumento Natural Salar de Surire, pueblos como Putre o Socoroma) y, más hacia el sur, en los alrededores de Iquique, el Oasis de Pica o el Salar de Huasco, además de las cloradas salitreras y termas escondidas en la cordillera.

Viaje por el altiplano chileno

Cómo llegar y cuándo ir al altiplano chileno

La puerta de entrada más habitual al altiplano es la ciudad de Arica, apodada la ciudad de la eterna primavera por su clima suave. Desde Santiago hay vuelos directos y, una vez allí, puedes arrendar un coche para hacer la ruta por tu cuenta o contratar tours organizados que suben hacia Putre, el Parque Nacional Lauca y el Salar de Surire.

Otra opción es utilizar Iquique como base, sobre todo si tu idea es combinar altiplano con salitreras, oasis como Pica, termas de Mamiña, lagunas singulares como la Laguna Roja o áreas protegidas como el Salar de Huasco y la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal. Desde Iquique también tienes carretera asfaltada hacia el interior y buena oferta de excursiones guiadas.

Respecto a la mejor época para viajar, el altiplano chileno se puede visitar durante todo el año gracias a sus temperaturas diurnas relativamente agradables, que suelen oscilar entre los 15 y 26 ºC. Sin embargo, entre noviembre y marzo el clima suele ser más estable para el turismo, siempre considerando el llamado invierno boliviano (lluvias de verano que pueden traer nubosidad, tormentas y nieve en altura).

Muchos viajeros prefieren ir en otoño o primavera, cuando las probabilidades de lluvia son menores y los paisajes se ven espectaculares. Eso sí, de noche las temperaturas bajan en picado, por lo que es imprescindible llevar ropa muy abrigada, gorro, guantes y buenas capas térmicas.

En cualquier caso, para rutas por parques y reservas te conviene revisar la información oficial en la web de CONAF, donde encontrarás datos actualizados sobre accesos, permisos, senderos habilitados y posibles cierres temporales.

Preparación y consejos para la altura

Uno de los puntos críticos del altiplano chileno es la altitud. Muchos de los lugares que vas a visitar se encuentran a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, por lo que conviene tomárselo con calma y respetar el proceso de aclimatación para evitar el clásico mal de altura o puna.

Lo recomendable es pasar un par de días subiendo progresivamente. Por ejemplo, desde Arica (casi a nivel del mar), una muy buena idea es dormir primero en pueblos situados entre los 2.500 y 3.500 metros, como Socoroma o Putre, antes de lanzarte directamente al Lago Chungará o al Salar de Surire.

Beber abundante agua durante todo el día, incluso si no tienes sed, ayuda mucho: la hidratación constante es clave para mitigar los efectos de la altura. Muchos guías locales también recomiendan el té de coca, muy típico en la zona, que se toma en pequeños sorbos y contribuye a aliviar el malestar leve.

Es fundamental moverse despacio, evitar esfuerzos bruscos durante las primeras horas en cada cota de altura y no comer demasiado pesado justo antes de subir. Si ya has tenido episodios de puna anteriormente (por ejemplo, en los géiseres del Tatio o en otras zonas altas), conviene comentarlo con tu guía y, si es necesario, hablar con un médico antes del viaje.

Los operadores turísticos del altiplano suelen estar muy acostumbrados a estos temas y toman medidas específicas de aclimatación: paradas intermedias en miradores, caminatas cortas a diferentes alturas y recomendaciones constantes sobre hidratación y ritmo de marcha.

Aventuras en el altiplano chileno

Pueblos del altiplano en la Región de Arica y Parinacota

La Región de Arica y Parinacota concentra algunos de los pueblos altiplánicos más pintorescos y con mayor valor patrimonial de Chile. Muchos de ellos formaron parte de antiguas rutas coloniales y hoy se vinculan a la llamada Ruta de las Misiones, un itinerario que recorre más de 30 iglesias andinas levantadas entre los siglos XVI y XVII.

Esta ruta, que unía el mítico Potosí (en Bolivia) con el puerto de Arica, fue en su día un corredor clave para el transporte de plata y otros minerales. Las caravanas de animales cargados cruzaban de noche y de día, y a lo largo del camino fueron surgiendo pequeños pueblos de acogida con capillas de piedra, adobe y techos de paja brava que aún se mantienen en pie.

Hoy en día, muchos de estos templos han sido restaurados y abiertos al turismo, ofreciendo una mezcla única de arquitectura colonial, arte sacro e influencias andinas. Desde Arica puedes contratar tours que suben hacia Poconchile, Socoroma, Putre, Belén, Ticnamar, Visviri y otros tantos caseríos que parecen congelados en el tiempo.

Socoroma, un pueblo para aclimatarse

Socoroma se encuentra en la Provincia de Parinacota, a unos 3.000 metros de altura, lo que lo convierte en un punto perfecto para empezar la aclimatación a la altura si tu siguiente objetivo es el Lago Chungará o el Parque Nacional Lauca.

Este pequeño pueblo, de origen precolombino, fue ocupado posteriormente por los españoles, y su capilla data aproximadamente de 1560. El trazado urbano mantiene un profundo aire colonial, con calles empedradas estrechas, algunas de las cuales se utilizaban antiguamente para las cabalgaduras de los arrieros que cruzaban la zona.

La Iglesia de San Francisco, construida en adobe y piedra tallada y restaurada en 1883, es uno de sus grandes símbolos. Su arquitectura tiene una clara huella hispana y comparte rasgos con muchas otras capillas del norte de Chile, levantadas con adobe como principal material. Además, Socoroma se hizo conocida a nivel nacional por la canción “Camino a Socoroma”, interpretada por el grupo Los Yanacochas en el Festival de Viña del Mar de 1988.

Putre, pueblo andino entre mitos y montañas

Putre se alza a los pies de la precordillera, a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar, y funciona como auténtica capital turística del altiplano de Arica y Parinacota. Desde aquí parten la mayoría de las rutas hacia el Parque Nacional Lauca, las Lagunas Cotacotani y el Salar de Surire.

El ambiente del pueblo se presta a pasearlo despacio: calles de tierra y piedra, casas bajas, plazas tranquilas y una iglesia histórica (la Iglesia de Putre, que data de alrededor de 1690) que es un excelente ejemplo de la arquitectura religiosa andina. Es, además, un punto perfecto para conversar con los habitantes y conocer de primera mano las leyendas aymaras de volcanes protectores, espíritus guardianes y amores imposibles.

Muchos viajeros se alojan en alojamientos sencillos pero acogedores, como cabañas y lodges de montaña, con agua caliente, calefacción eléctrica y buen desayuno para empezar las excursiones bien preparados. La oferta gastronómica local gira en torno a platos con quinoa, maíz, carne de alpaca, tumbo (una fruta típica) y otras especialidades altiplánicas.

Una experiencia muy valorada por quienes recorren la zona es la visita a pequeñísimos poblados como Mallku, levantado por una pareja de viajeros que decidió vivir a unos 3.100 metros en plena soledad, ofreciendo pan amasado casero y té de coca a los visitantes. Estos encuentros permiten conectar con la filosofía de vida altiplánica, basada en el respeto por la naturaleza y el ritmo pausado.

Parque Nacional Lauca, Lago Chungará y Lagunas Cotacotani

El Parque Nacional Lauca es, sin duda, uno de los grandes tesoros naturales del altiplano chileno. Declarado Reserva Mundial de la Biosfera, se encuentra a más de 4.500 metros de altura y alberga paisajes que mezclan lagunas, volcanes, humedales y extensiones de pastizales de altura.

En este parque se sitúa el Lago Chungará, considerado uno de los lagos más altos del planeta, ubicado a unos 4.500 metros sobre el nivel del mar, con una superficie de más de 21 kilómetros cuadrados. Está rodeado por los majestuosos volcanes Parinacota y Pomerape, conocidos como los Payachatas (dos hermanos), además de otros colosos como el nevado Sajama y el volcán Guallatiri en el horizonte.

La combinación de aguas azul profundo, cumbres nevadas y fauna en libertad convierte la visita en un festival visual. Alrededor del lago puedes observar alpacas, llamas, vicuñas, guanacos, zorros, pumas esquivos y aves como el cóndor, el ñandú y diversas especies de flamencos que aprovechan los bofedales y humedales cercanos.

Un poco más allá se encuentran las Lagunas Cotacotani, un conjunto de cuerpos de agua interconectados que se ubican a unos 4 kilómetros del Lago Chungará, dentro del mismo parque. Son un lugar perfecto para hacer senderismo de día completo, con rutas que suelen tener entre 9 y 10 kilómetros, pasando por miradores de vistas espectaculares sobre el conjunto de lagunas y volcanes.

La recomendación habitual es visitar Lauca y sus lagos con tours guiados, ya que la altura es muy exigente y conviene ir acompañados por expertos que conozcan la zona, controlen los tiempos y sepan cómo reaccionar ante cualquier síntoma de mal de altura.

Reserva Nacional Las Vicuñas y Salar de Surire

Junto al Parque Nacional Lauca se extiende la Reserva Nacional Las Vicuñas, un área protegida de más de 200.000 hectáreas que resguarda extensos pastizales y bofedales esenciales para la fauna altiplánica. Como su nombre indica, es uno de los mejores lugares para observar vicuñas en su hábitat natural, además de otras especies andinas como el quirquincho de la puna, el cuy de la puna o el pato juarjual.

La reserva también es un espacio cultural, donde se conservan comunidades aymaras con tradiciones ancestrales ligadas al pastoreo de camélidos, cultivos de altura y rituales religiosos. La tranquilidad del entorno la convierte en un destino ideal para quienes buscan desconexión total y conexión profunda con la naturaleza.

Más al interior, a más de 4.000 metros de altitud, se encuentra el Salar de Surire, un monumento natural de belleza impactante. Su superficie blanca y salina refleja un cielo intensamente azul, generando esas postales tan características del altiplano. Aquí habitan tres especies de flamencos (chileno, andino y de James), que se alimentan en las lagunas salobres.

Una parada casi obligatoria dentro de este monumento es la visita a las Termas de Polloquere, conocidas por sus aguas termales ricas en minerales, que emergen a temperaturas que superan los 60 ºC. Muchos viajeros aprovechan estas pozas para relajarse después de las largas horas de ruta, mientras contemplan el silencio sobrecogedor del salar.

La combinación de fauna, paisaje extremo y la experiencia de las termas convierte al Salar de Surire en uno de los imperdibles absolutos del altiplano chileno, especialmente si te gustan los lugares remotos y poco masificados.

Termas y oasis del altiplano: Jurasi, Mamiña, Pica y Puritama

El altiplano y sus bordes de cordillera esconden una buena cantidad de termas y oasis naturales que funcionan como premio perfecto tras un día intenso de excursiones a gran altura. Algunas están más cerca de Arica, otras de Iquique y otras de San Pedro de Atacama, pero todas comparten ese contraste brutal entre aguas cálidas y entorno desértico.

Termas de Jurasi, relax entre montañas

A poca distancia de Socoroma, a unos 30 minutos de trayecto, se encuentran las Termas de Jurasi, un conjunto de pozones de agua templada en plena naturaleza. Es un plan ideal para quienes quieren aflojar músculos después de haber pasado el día recorriendo el altiplano y sus alrededores.

Las termas se integran en un paisaje de quebradas y laderas áridas, y en torno a ellas abundan las leyendas locales. Una de las más conocidas cuenta la historia de una princesa inca que no envejecía gracias a los poderes rejuvenecedores de estas aguas, mientras que quienes la rodeaban sí sufrían el paso del tiempo.

Además del baño termal, en la zona se pueden hacer caminatas sencillas, lo que convierte a Jurasi en un destino muy completo para una jornada de descanso activo dentro de cualquier ruta por Arica y Parinacota.

Termas de Mamiña, un clásico cerca de Iquique

A unos 125 kilómetros de Iquique, resguardadas entre cerros y quebradas, se encuentran las Termas de Mamiña, emplazadas en el valle del mismo nombre. Sus aguas alcanzan alrededor de 42 ºC y desde hace mucho tiempo se recomiendan para tratar reumatismos, dolores musculares y problemas de la piel, o simplemente para relajarse en un entorno rural tranquilo.

Además de las piscinas termales, Mamiña es conocida por sus Barros Chinos, lodos minerales que se aplican sobre la piel como una especie de spa natural. Completa la visita la Iglesia de San Marcos, que data de 1632 y conserva imágenes de origen preincaico, así como la posibilidad de ver petroglifos en los alrededores, testigos silenciosos de la antigüedad de la ocupación humana en el valle.

Oasis de Pica, flor en la arena

A una hora y media en coche desde Iquique se extiende el Oasis de Pica, cuyo nombre significa “flor en la arena”. Y la verdad es que encaja: en medio del paisaje árido del norte, este pueblo aparece como un pequeño paraíso de huertos, árboles frutales y piscinas termales muy concurridas por viajeros y locales.

Uno de los grandes atractivos de Pica es el Cocha Resbaladero, una piscina natural situada entre rocas, con dos cuevas de las que brotan aguas templadas, perfecta para darse un buen chapuzón. Pasear por el pueblo también tiene su encanto: las casas típicas están construidas con madera revestida en caña de Guayaquil, manteniendo la arquitectura tradicional.

La Iglesia de San Andrés, levantada entre 1880 y 1886, es otro hito patrimonial relevante. Pica, además, es mundialmente famosa por sus limones de pica, pequeños, muy jugosos y perfectos para preparar el clásico pisco sour chileno que tantos viajeros terminan probando después de una jornada de calor y piscina.

Termas de Puritama, un oasis en pleno Atacama

Si bien se encuentran ya en el entorno de San Pedro de Atacama, las Termas de Puritama encajan de lleno en cualquier itinerario de altiplano ampliado hacia el sur. Están ubicadas a menos de 60 kilómetros de San Pedro, en plena depresión del desierto más árido del mundo, y son de fácil acceso por carretera.

El complejo consta de ocho pozones de aguas tibias y minerales, ideales tanto para ir en pareja como en familia. Más allá de sus propiedades terapéuticas, uno de los grandes valores de Puritama es el ambiente: las piscinas se conectan por un sendero de madera que recorre el cañón y lleva a camarines, servicios, restaurante y salas de masaje.

Las termas suelen abrir entre las 9:15 y las 17:30 horas durante todo el año, y conviene reservar con antelación en temporada alta. El contraste entre el cañón semiárido y el agua cristalina de los pozones hace que la experiencia sea especialmente fotogénica y relajante.

Codpa y el vino Pintatani

A unas hora y media en coche desde Arica, escondido en la estrecha quebrada de Vítor (comuna de Camarones), se encuentra el pueblo de Codpa. Es un lugar perfecto para desconectar unos días, rodeado de terrazas de cultivo y cerros áridos, donde la vida gira en torno a la agricultura y a la producción de vinos tradicionales.

Gracias al llamado invierno boliviano, Codpa recibe cerca de 300 milímetros de lluvia al año, lo que permite mantener viñedos en un entorno que, de otro modo, sería puramente desértico. El gran protagonista aquí es el Pintatani, un licor artesanal que se elabora con las primeras uvas de la temporada, de sabor intenso y muy valorado por los paladares más exigentes.

Hacia mayo, Codpa se transforma en el centro de atención con su Fiesta de la Vendimia, una celebración en la que se mezclan tradiciones religiosas, música, bailes y, por supuesto, abundante vino local. Además del tema vitivinícola, el pueblo destaca por la Iglesia de San Martín de Tours, construida en 1668 y considerada la segunda iglesia más antigua de Chile.

Cuando cae la noche, el cielo de Codpa sorprende con un manto de estrellas espectacular, gracias a la ausencia casi total de contaminación lumínica. Es un buen lugar para cerrar un día de ruta altiplánica con una copa de Pintatani en la mano y la vía láctea brillando encima.

Laguna Roja y otros tesoros cercanos a Iquique

El entorno de Iquique también ofrece algunos imperdibles altiplánicos y precordilleranos que combinan perfectamente con una visita a salitreras y oasis. Entre ellos destaca la misteriosa Laguna Roja, ubicada en la localidad de Camiña, a casi tres horas de viaje desde la costa.

Conocida por los lugareños como el “Mar Rojo”, esta laguna impacta por el color intensamente rojo de sus aguas, un tono muy poco habitual que se cree está relacionado con la elevada temperatura del agua (entre 40 y 50 ºC) y la presencia de microorganismos y algas en profundidad. En contraste, otras lagunas altiplánicas comparten singularidades físicas y biológicas que las hacen igualmente interesantes.

En tiempos pasados se le atribuían poderes sobrenaturales, sobre todo porque algunos aymaras habrían muerto tras beber de sus aguas. Hoy, la laguna sigue envuelta en cierto halo de misterio, potenciado por el contraste entre el rojo del agua y los tonos ocres del paisaje circundante.

En esta zona también puedes combinar la visita con áreas como el Salar de Huasco, declarado Santuario de la Naturaleza. Este salar se encuentra a unos 4.000 metros de altura y cuenta con una extensa área de humedales sustentados por acuíferos salinos subterráneos, que crean las condiciones ideales para flamencos, vicuñas y otras especies de fauna nativa.

El Salar de Huasco es un punto fantástico para terminar el día en completo silencio, observando cómo cambia la luz sobre el agua y las montañas, con apenas alguna bandada de aves rompiendo la calma.

Patrimonio salitrero y Reserva Nacional Pampa del Tamarugal

A menos de 50 kilómetros de Iquique, el altiplano da paso a uno de los capítulos más importantes de la historia reciente del norte chileno: las antiguas oficinas salitreras. Entre ellas, la más conocida es sin duda Humberstone, construida en 1872 por la Peruvian Nitrate Company y convertida en una de las mayores productoras de salitre de la región hacia 1889.

Hoy, Humberstone se visita como un pueblo fantasma, testimonio invaluable de la época del salitre. Sus instalaciones degradadas y deshabitadas generan una atmósfera casi espectral que fascina a amantes de la historia, la fotografía y los relatos de fantasmas. Se conservan la pulpería, la capilla, el teatro de madera, el hotel, la gran piscina con gradería y la plaza principal, entre otros espacios.

En 1970 fue declarada Monumento Histórico, lo que ha permitido preservar buena parte de sus estructuras para el turismo y la memoria colectiva. Caminar por sus calles de tierra, entre casas sin vida y maquinarias oxidadas, es casi como retroceder un siglo en el tiempo.

Muy cerca, la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal protege unas 128.763 hectáreas de territorio, divididas en cuatro sectores. Aquí se encuentra la plantación forestal nativa de tamarugos más grande del país y, además, los fascinantes Geoglifos de Pintados, enormes figuras y diseños realizados en las laderas de los cerros entre los años 700 y 1500 d.C.

Estos geoglifos se elaboraron mediante la remoción del material superficial del cerro para generar contraste con el sustrato natural que queda a la vista. Se cree que habrían servido para guiar a los viajeros a través de las rutas caravaneras, señalar flujos de agua, acompañar rituales locales o indicar la pertenencia de ciertos grupos indígenas al territorio.

La reserva también protege especies de fauna nativa como el zorro culpeo, zorro chilla, aguiluchos, lechuzas y jotes de cabeza roja. Es una excelente parada si te interesa la combinación de arqueología, historia y paisaje de desierto absoluto.

Ruta de las Misiones y pueblos del Alto El Loa

Si sigues viajando hacia el sur, el altiplano y la precordillera se abren a otra zona fascinante llamada Alto El Loa, ligada principalmente a la cultura lican antay (atacameña) y a comunidades quechuas. Desde Calama o San Pedro de Atacama se pueden organizar rutas que conectan géiseres, pueblos patrimoniales y reservas de altura.

Un recorrido clásico parte desde Calama y finaliza en Caspana, aunque muchos viajeros eligen hacerlo al revés tras visitar los Géiseres del Tatio, descendiendo luego por la ruta que une esos pueblos. La Reserva Nacional Alto El Loa es un área protegida donde la vida cotidiana sigue muy marcada por los cultivos en terrazas, el pastoreo de camélidos y las celebraciones religiosas tradicionales.

Entre los pueblos más emblemáticos está Chiu Chiu, considerado un icono del desierto. Su Iglesia de San Francisco de Chiu Chiu, de 1540, es una de las más antiguas de Chile y fue declarada Monumento Nacional, conservando su aspecto de capilla de adobe de techo de madera y paja.

Siguiendo la ruta aparece el Pucará de Lasana, una fortaleza prehispánica construida sobre la ladera de un cerro, con viviendas defensivas interconectadas por estrechos pasadizos y rodeadas de una muralla perimetral. Es una muestra impresionante de arquitectura militar indígena adaptada al medio andino.

Más adelante está Ayquina, un pueblo normalmente silencioso y casi deshabitado, que se transforma por completo cada septiembre con la famosa Fiesta de la Virgen de Guadalupe de Ayquina. Durante esos días llegan más de 50.000 personas para participar en procesiones, danzas y celebraciones que llenan el poblado de colores y música.

Finalmente, en Caspana las casas de adobe se agrupan entre profundas quebradas, con pequeños huertos floridos, rebaños de ovejas y mujeres con trenzas y sombreros de paja llevando adelante las tareas diarias. Muchas viviendas lucen cruces de colores en las puertas para espantar malos espíritus, manteniendo viva la cosmovisión andina.

Fauna del altiplano y experiencias de aventura

Además del patrimonio cultural y las termas, el altiplano chileno es un destino sobresaliente para amantes de la fauna y las experiencias de aventura suave. Las rutas a más de 4.000 metros de altura permiten observar especies que no verás en otros lugares del país.

Entre los mamíferos más característicos están las vicuñas, alpacas y guanacos, además de zorros y, con mucha suerte, pumas. En el cielo se ven con frecuencia cóndores, águilas moras, cernícalos y otras aves rapaces, mientras que en salares y lagunas proliferan los flamencos, taguas, patos juarjual, loicas peruanas, queltehues de la puna, cachuditos del norte y muchas especies más.

Los bofedales y humedales del Parque Nacional Lauca, del Salar de Surire o del Salar de Huasco son escenarios privilegiados para la observación de fauna, especialmente a primera hora de la mañana o al atardecer. También es habitual combinar estas visitas con pequeñas rutas de senderismo o trekking, guiadas por operadores locales que conocen los mejores puntos de observación.

Otro tipo de experiencia muy valorada en la zona son las travesías en vehículo por rutas altiplánicas remotas, muchas veces documentadas en series y documentales como las protagonizadas por deportistas de aventura y documentalistas chilenos que recorren estos parajes en busca de nuevos rincones.

Viajar por el altiplano chileno, de Arica al Salar de Surire, de Putre al Lago Chungará, de las salitreras al Oasis de Pica, pasando por pueblos casi secretos del Alto El Loa, es una experiencia total que mezcla paisajes ancestrales, cielos limpios, historias indígenas, arquitectura colonial, aguas termales y una fauna única en el mundo. Si te atrae la naturaleza en estado puro y no te asusta la altura, pocas rutas en Chile te van a marcar tanto como los imperdibles del altiplano.

  • Altiplano chileno a más de 3.800 m s. n. m., con parques, salares y termas únicas.
  • Pueblos andinos como Socoroma, Putre, Codpa, Chiu Chiu y Caspana conservan iglesias y tradiciones ancestrales.
  • Áreas protegidas como Lauca, Las Vicuñas, Surire, Huasco y Pampa del Tamarugal ofrecen fauna y paisajes espectaculares.
  • Salitreras, geoglifos y fiestas religiosas completan un destino ideal para naturaleza, cultura y aventura.
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