Características de la Historia de Los Otomíes

Aprende en el siguiente artículo todo lo relacionado con la Historia de Los Otomíes, su cultura, tradición y prácticas religiosas. Los Otomíes se consideran una de las etnias mexicanas de mayor importancia y expansión de todos los tiempos.

HISTORIA DE LOS OTOMÍES

Historia de Los Otomíes

Los Otomíes jugaron un rol fundamental en la prehistoria y la historia antigua de México, a pesar de que muchos tratan en restarle importancia. Este grupo tuvo realizó grandes contribuciones al desarrollo de la cultura y la tradición. En el siguiente artículo conoceremos un poco más acerca de la Historia de Los Otomíes.

México ha tenido a lo largo de su historia muchos pueblos y etnias que han marcado huella en temas culturales y populares. Una de las etnias mexicanas de mayor expansión y cultura hasta nuestros tiempos es precisamente Los Otomíes. Si deseas aprender más de su cultura, tradición y costumbres, te invitamos a seguir atento al siguiente artículo.

¿Qué son Los Otomíes?

Antes de conocer su historia es importante describir quiénes son Los Otomíes. Se trata de un grupo o población nativa que ocupa un espacio interrumpido en el foco de México. Está relacionado lingüísticamente con el restante de los pueblos que habla otomana, cuya descendencia ha atareado el soporte neovolcánico a partir varios milenios primitivamente de tiempo cristiana.

Actualmente este grupo mexicano se encuentra ocupando una superficie dividida que va del norte de Guanajuato al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala, no obstante el mayor número de otomíes habitan hoy día en los estados de Hidalgo, México y Querétaro. Cuentan con una gran cantidad de habitantes de acuerdo a censos realizados por instituciones del país.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en México indicó que el pueblo otomí estaba conformada por cerca de 646.875 mil habitantes en la República Mexicana para el año 2000. Esa cifra lo hace convertirse en el quinto pueblo nativo de mayor población en territorio mexicano.

De esas 646 mil personas aproximadamente que formaban parte del pueblo otomí, un poco más de la mitad hablaban el otomí. Es importante señalar que la lengua otomí presenta un alto grado de diversificación interna, de modo que los habitantes de una diversidad suelen tener problemas para acertar a quienes hablan otra lengua.

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Por esa razón es que los nombres con los que los otomíes se llaman a sí mismo suelen ser bastante diversos. Entre los principales nombres encontramos:

  • ñätho (valle de Toluca)
  •  hñähñu (valle del Mezquital)
  • ñäñho (Santiago Mexquititlán en el Sur de Querétaro)
  • ñ yürü (Sierra Norte de Puebla, Pahuatlán)

Estos cuatros nombres son solo algunos de los términos que los habitantes del pueblo otomí utilizan para llamarse a sí mismo en sus propias lenguas, aunque es común que, cuando hablan en español, empleen el etnónimo otomí, de origen náhuatl.

En pocas palabras podríamos decir que Los Otomíes están descritos como un pueblo indígena que se encuentra instalado actualmente en un territorio discontinuo en el centro de México. Forman parte de las familias lingüísticas otomangue y otomí-pame, vocablos usados por cada pueblo según la región habitaba.

Viviendas

Una de las cosas que más caracteriza al pueblo de Los Otomíes son sus atractivas y particulares viviendas en las que habitan. La mayoría de estas personas viven en infraestructuras rectangulares, angostas y que suelen ser muy humildes y de baja calidad. Una buena parte de las viviendas de los otomíes son de poca altura y bastante reducidas de tamaño.

Las viviendas de Los Otomíes además cuentan con techos fabricados con pencas de Maguey, lo que no resulta muy resistente. Así como sucedía con el resto de viviendas prehispánicas, las casa de Los Otomíes no tenían mucha altura. Son edificaciones de poca elevación, con una sola puerta y sin ventanas.

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Los habitantes de esta etnia utilizan diversos materiales para realizar la fabricación de sus casas. Entre los principales materiales que emplean están las pencas de maguey, tejamanil, adobe y piedra, los techos de estas viviendas muchas veces eran elaborados de teja, pencas, pastos o láminas de cartón.

Estas viviendas tienen habitaciones, que en su mayoría eran utilizadas como dormitorios, bodegas, cocinas y hasta para almacenar animales de corral para resguardarlos del frío, la lluvia y otros animales salvajes. Las medidas de higiene que se mantienen dentro de estas casas son pocas, por no decir escasas.

Vestimenta

Pero no solo las viviendas forman parte de la tradición de los otomíes, también la vestimenta juega un rol esencial dentro de la cultura de este grupo o etnia. Hablemos en primer lugar acerca de la vestimenta que usan las mujeres que pertenecen a este pueblo. Las mujeres emplean un chincuete de lana, el cual casi siempre presenta colores oscuros.

Además utilizan una blusa diseñada con motivos florales y animales bordados sobre el cuello y los brazos. Las mujeres de Los Otomíes también usan un ceñidor bordado para sujetar la ropa. La vestimenta de las mujeres es muy llamativa en comparación con la de los hombres, la cual suele ser un poco más sencilla.

Los hombres que hacen parte del pueblo de Los Otomíes se han ido adaptando a nuevas formas de vestir, incluso han modificado sus prendas tradicionales por las que venden en sus pueblos. Los varones de mayor edad suelen utilizar una camisa elaborada de manta bordada, con la que participan en las fiestas y bailes. El bordado suele hacerse en los lados del pecho y en los puños de las mangas.

Se podría decir que la forma de vestir en los hombres es bastante similar a la de los campesinos de la región. Los hombres otomíes no se preocupan tanto por su vestimenta, más allá de lo que la tradición o cultura les permite. Ahora, en el caso de las mujeres, la vestimenta si es más llamativa y tratan de cuidar cada detalle.

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En el caso de las mujeres, son las ancianas las que por lo general tienen la costumbre de utilizar la blusa tradicional de manta con bordados de colores en cuello y mangas. Sobre la blusa acostumbran a llevar un quexquémitl o en su defecto, un rebozo. Es importante aclarar que la forma de vestir puede presentar algunos cambios dependiendo de la región en la que habite cada comunidad otomí.

Alimentación

Los Otomíes también se caracterizaban por su manera de alimentarse. No comían todo lo que había, sino algunas cosas en especiales. Por ejemplo su dieta estaba basada principalmente en el maíz. Este rubro lo utilizaban para preparar muchos platos, como tortillas, tamales, atoles, además de elotes cocidos o asados.

Aparte del maíz, Los Otomíes también se alimentan con otros productos vegetales como los nopales, la tuna, habas, las calabazas, garbanzos, frijol y chícharos. En sus típicos platos no puede faltar la presencia de las diferentes clases de chile, considerado como uno de los ingredientes más utilizados por los Otomíes dentro de su alimentación.

Una buena parte de Los Otomíes también tenían la costumbre de consumir leche, legumbre y grasas de animales. En el caso de la carne es importante mencionar que ellos solo la consumían cuando se realizaban actividades especiales como fiestas o bailes, además que la comían en pocas cantidades.

Dentro de la alimentación de Los Otomíes también es común el uso de hierbas como el te de mote, la hierbabuena o la manzanilla. Aunque no consumen mucho, las personas de este pueblo también suelen alimentarse con algunos frutos silvestres que sirven de complemento a su gastronomía. También es común el consumo de pulque.

Tal y como hemos podido notar, la alimentación de los otomíes es bastante saludable y diferente a la del resto de comunidades u organizaciones. La gran mayoría de su alimentación básica consiste en tortillas de maíz, uno de los rubros que con mayor frecuencia se produce en estas comunidades.

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Pero sus platos gastronómicos no se centran únicamente en el maíz, a pesar de ser el producto principal de sus comidas. En la alimentación de los otomíes también destacan otros elementos como los frijoles, huevo, quelites, quintoniles, malva, queso y en ciertas oportunidades especiales, suelen consumir proteína animal como carne de pollo o de res.

En los alimentos son muy exigentes, pero en cuanto a las bebidas que consumen, los otomíes también tienen sus productos típicos. Entre los pueblos otomíes se tiene la tradición o costumbre de beber mucho café, además de atole y té, los cuales preparan a base de diferentes hierbas y pulque.

Origen e Historia

Existen muchas versiones acerca del origen y la historia de Los Otomíes. La mayoría de los historiadores que se han enfocado en estudiar la evolución de esta etnia, aseguran que fueron estos indios las primeras personas en habitar el valle de México, donde hoy en día se encuentra situada la Ciudad de México, sin embargo fueron expulsados por los mexicas o aztecas.

Los Otomíes además formaron parte de los grupos presentes en Teotihuacán, considerada como una de las ciudades antiguas más influyentes y grandes de México, que era un centro multiétnico en ese entonces y Tula, que es donde se les dio tierra para formar el reino de Xaltocan desde el rey Xólotl (siglo XIII).

De forma eventual, el reino otomí llegó a su fin durante el siglo XIV cuando los mexicas y sus alianzas conquistaron el reino. Para ese momento, las personas que formaban parte del pueblo otomí estaban en la obligación a cancelar un tributo al pueblo mexica a medida que crecía su imperio.

Con el tiempo, el pueblo otomí se vio obligado a presentarse en las tierras menos deseables del este y el sur. Sin embargo, más allá de esa realidad, algunos otomíes aún estaban radicados cerca de la ciudad de México, aunque el mayor número de indios se instalaron en áreas cercanas al valle del Mezquital en Hidalgo, las tierras altas de Puebla, áreas entre Tetzcoco y Tulancingo, y hasta Colima y Jalisco.

Los historiadores también han coincidido en que los otomíes jugaron un rol fundamental en la civilización mexica. Los mexica, quienes eran la sociedad que dominaba la mayor parte del territorio mesoamericano al momento de la conquista española, tomaron muchas tradiciones y costumbres propias de los otomíes.

No obstante, los mexicas son sospechosos de quemar e intentar eliminar ciertos aspectos de su civilización con el objetivo de poder manipular gran parte de su propia historia. Incluso, había una deuda con los otomíes que se cree que ha sido borrada de la historia de los mexicas.

Por todas esas razones, los otomíes fueron señalados por los mexicas como una civilización de vida baja y que muchas implicaciones negativas. Los otomíes comenzaron a ser vistos como una mala influencia, no solo por los mexicas sino incluso por los conquistadores españoles que llegaron a territorio mexicano.

Las consecuencias de esa mala percepción acerca de los otomíes no se hicieron esperar, tanto así que en los últimos años los descendientes de esta etnia se han visto obligados a cambiar su idioma nativo debido a la reputación creada por los mexicas. Es importante señalar que los otomíes vivían en un terreno montañoso accidentado.

Gracias a eso, un importante número de habitantes podía vivir la vida que mejor les pareciera, a diferencia de la población indígena cercana a la ciudad de México que estaba plagada de invasiones conquistadoras. Por ese motivo es que muchas de las tradiciones y creencias religiones de los otomíes se mantuvieron del periodo pre conquistador.

Esto era más habitual entre la Sierra Ñähñu, donde algunos frailes agustinos en el siglo XVII registraron que buena parte de los otomíes conservaron sus creencias religiosas y fueron difíciles de extraer de ellos. Tanto fue su arraigo a dichas creencias que actualmente muchas de las imágenes religiosas de los otomíes aún se mantienen presentes allí.

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La historia de Los Otomíes también nos enseña que una buena parte de esta etnia vivía en el estado de Tlaxcala. Fue en esa localidad donde se sumaron a las fuerzas del conquistador de origen español Hernán Cortés, con la finalidad de batallar en contra de los mexicas, a quienes finalmente pudieron derrotar.

La derrota de los mexicas les dio la oportunidad a los otomies para que volviesen a expandirse por muchas zonas del país. Procedieron a fundar la ciudad de Querétaro, además de establecerse en diferentes ciudades del estado actualmente conocido como Guanajuato.

Los Otomíes trabajaron de la mano con los españoles por mucho tiempo y eso provocó que un importante número de estos indios se convirtieran al catolicismo romano, sin embargo de forma paralela mantenía sus antiguas costumbres. Durante su colonización, la lengua otomí se esparció a muchos otros estados como Guanajuato, Querétaro y la región del Valle del Mezquital.

La región del Valle del Mezquital incluía los estados de Puebla, Veracruz, Hidalgo y el Valle de Toluca junto con Michoacán y Tlaxcala, donde la mayoría pertenecieron como agricultores. En el valle de Mezquital, los fértiles no contaban con todos los equipos para trabajar la agricultura, debido a que la tierra estaba seca. Por esa razón muchos otomíes se concentraron como jornaleros y dependen en gran parte de la bebida a base de maguey, el pulque.

En un primer momento los españoles decidieron prohibir el consumo de la bebida, pero rápidamente trataron de administrar un negocio a través de su producción, lo que llevó a los otomíes a usar únicamente la bebida para su propio consumo. Los Otomíes también tuvieron un rol importante en la Guerra de la Independencia de México.

Durante esa batalla, los otomíes apoyaron a la rebelión, principalmente porque tenían en mente la intención de recuperar sus tierras perdidas, las cuales les habían sido quitadas bajo el sistema de encomienda. No obstante, la tierra se le dio a los descendientes de los españoles originales que habían reclamado la tierra con el pueblo otomí que se contrató como manos de ayuda.

Durante la época de 1940-50, las autoridades que se encontraban al frente del gobierno, realizaron muchas promesas a las comunidades indígenas, a quienes les prometieron ofrecer ayuda en áreas como la educación y economía, sin embargo quedaron solo en promesas, ya que nunca cumplieron lo prometido.

Al no ver las promesas cumplidas, las comunidades indígenas se vieron obligadas a seguir cultivando y trabajando como trabajadores dentro de su economía de subsistencia menor dentro de una economía capitalista más grande donde los pueblos indígenas podían ser sometidos a explotación por aquellos que tienen el control de la economía.

Para nadie es un secreto que desde alcanzada la independencia mexicana, las autoridades de dicho país han mantenido una postura de adoración hacia la historia prehispánica y las obras de los aztecas y los mayas, sin embargo ha dejado en el olvido a los pueblos indígenas vivos, como los otomíes, que no son tomados en cuenta con la misma importancia.

Hasta hace algunos años atrás, los otomíes no eran atendidos por las autoridades como es debido. Así sucedió hasta que un antropólogo reciente empezó a investigar su antigua manera de vida. Como consecuencia, el gobierno mexicano se ha declarado a sí mismo como un estado pluricultural que sirve para ayudar a muchas de sus poblaciones indígenas, como los otomíes.

Ciertamente una buena parte de los descendientes actuales de los otomíes han empezado a mudarse a otras regiones, aún hay un indicio de su cultura antigua presente en la actualidad. En algunas zonas de México, como Guanajuato e Hidalgo, se escuchan canciones de oración en Otomí y los ancianos comparten historias de los jóvenes que entienden su lengua materna.

Más allá de la indiscutible influencia del pueblo otomí en la cultura e historia mexicana, la verdad es que se la ha prestado poca atención a la cultura otomí, sobre todo en espacios educativos, donde actualmente se habla muy poco de su historia y evolución. Por esa razón es que muchos descendientes otomíes desconocen aspectos relacionados con su propia historia de culturas.

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Una vez que llegaron los españoles a territorio mexicano, los otomíes encontraron una gran oportunidad de liberarse del imperio azteca. Fue por esa razón que una buena parte de las comunidades otomíes ofrecieron todo su respaldo a los conquistadores españoles, aunque hubo un sector que no quiso apoyar a los conquistadores.

Esos otomíes que se mostraron renuentes en respaldar las intenciones de los conquistadores españoles, se retiraron hacia las montañas, desplazamiento que se acentuó cuando brotó una epidemia de viruela. Ya durante el siglo XVII, la ocupación de sus tierras, aparte del establecimiento de una misión, provocó situaciones de inestabilidad.

Tras la colonización de las montañas habitadas por los chichimecas, se pretendió obligar a los nómadas a adoptar nuevas prácticas y estilos de vida, pasando de la cacería a la agricultura. Los misioneros realizaban un esfuerzo titánico por tratar de convencer a los nómadas, de una manera pacífica, al mismo tiempo que los introducían al catolicismo.

Ya durante el siglo XVIII, la realidad de Los Otomíes comenzó a ser cada vez más difícil. Una gran parte de ellos fueron expulsados hacia zonas más áridas y marginales. El movimiento de Independencia, lejos de ayudarlos, lo que provocó fue más inestabilidad entre el pueblo otomíes, especialmente desde el punto de vista económico.

Los latifundios fueron divididos en pequeñas propiedades para los criollos y mestizos, y los indios continuaron en calidad de peones. La producción minera en el estado de Hidalgo se vio notablemente afectada, al punto de entrar en una profunda crisis, situación que obligó a muchos trabajadores a emigrar a otras zonas, especialmente a la Huasteca y Mineral del Monte.

Ese escenario también provocó una disminución en el registro de población masculina entre los pueblos otomíes. Durante los años más complejos de la guerra, muchos otomíes fueron concentrados por la fuerza en Tulancingo. Más allá de toda la crisis y explotación a la que fueron sometidos, los otomíes jamás perdieron su lengua, por el contrario, crearon sus propios cantos, danzas, artesanías y su cosmovisión.

Características de Los Otomíes

Dentro de Los Otomíes encontramos varios grupos, pero hay dos que están considerados como los más populares. Estos son:

  • El Altiplano (o Sierra) Otomí. Este es el grupo que habita en las montañas de La Huasteca, Sierra Otomí por lo general se identifica como Ñuhu o Ñuhu, dependiendo del dialecto que hablan.
  • El Mezquital Otomí. Este grupo habita en el Valle de Mezquital en la parte oriental del estado de Hidalgo, y en el estado de Querétaro. Mezquital Otomí se autoidentifica como Hñähñu.

Es importante señalar que hay poblaciones otomíes de menor tamaño que habitan en otras zonas de México, sobre todo en los estados de Puebla, México, Tlaxcala, Michoacán y Guanajuato. El idioma Otomí que pertenece a la rama Otopame de la familia lingüística Oto-Manguean se habla en muchas variedades distintas, algunas de las cuales no son mutuamente inteligibles.

Una de las primeras culturas complejas de Mesoamérica, los otomíes se creen que fueron los habitantes originales del Altiplano central mexicano antes del arribo de los habitantes de náhuatl alrededor de c. 1000 EC, pero gradualmente fueron reemplazados y marginados por los pueblos nahuas.

Durante el periodo colonial de la Nueva España, los pueblos otomíes se caracterizaron principalmente por colaborar con los conquistadores españoles como mercenarios y aliados, lo que le dio la oportunidad de expandirse por muchos territorios donde antiguamente habían estado habitados por chichimecas seminómadas, por ejemplo Querétaro y Guanajuato.

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Entre una de las principales características de Los Otomíes estaba su tradición y costumbres religiosas. Por lo general tenían la costumbre de rendir adoración a la luna como su deidad más grande, e incluso en los tiempos más actuales un gran número de poblaciones otomíes se han involucrado con el chamanismo y tienen creencias prehispánicas como el nagualismo.

Los otomíes además de caracterizaban por cultivar y consumir maíz, frijoles y calabaza, tal y como sucedía con la mayor parte de los pueblos sedentarios de Mesoamérica. El maguey también era un cultígeno importante utilizado para la producción de alcohol y fibra.

Para nadie es un secreto que estos indígenas pocas veces consumen alimentos comunes que por lo general se consideran importantes para mantener un patrón saludable.

A pesar de eso, ellos tienen una buena dieta comiendo tortillas, bebiendo pulque y comiendo la mayoría de las frutas disponibles a su alrededor. Los otomíes se han caracterizado por ser un pueblo trabajador, a pesar de las duras condiciones de trabajo en la que desarrollan sus actividades.

Así lo demostró un estudio nutricional realizado sobre los pueblos otomíes situados en el valle del Mezquital México entre los años 1963 y 1944. En ese informe se dijo que a pesar del clima árido y la tierra no apta para la agricultura sin riesgo, los otomíes dependía principalmente de la producción de maguey.

Con el maguey desarrollan muchas actividades, entre ellas para producir fibras de tejido y “pulque”, un tradicional jugo fermentado sin filtrar que fue ampliamente importante en la economía de los otomíes y su nutrición. No obstante, esta práctica a bajado de nivel dado a su nueva producción a gran escala.

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“La planta de maguey dependía tanto de que las cabañas se construyeran con las hojas de las plantas. Durante este tiempo, la mayor parte de la región estaba muy poco desarrollada y la mayoría de los cultivos tenían una tasa de rendimiento muy baja. Las áreas de asentamiento a veces se confunden como lugares alejados de la habitación.”

En cuanto a su economía, es importante mencionar que los otomíes se caracterizaban fundamentalmente por ser herreros y por comercializar valiosos artículos metálicos con otras confederaciones indígenas, incluida la Triple Alianza azteca. Entre algunos de sus trabajos artesanos estaban adornos y weaponry.

Respecto a la organización social dentro de Los Otomíes es importante destacar varios aspectos. Lo primero que debemos decir es que la organización social entre ellos puede cambiar notablemente dependiendo la región de asentamiento. De esta forma podemos notar que existen regiones donde la unidad básica de la comunidad es la familia nuclear, mientras que en otras regiones es la familia extensa.

Pero hay un aspecto que comparten todas las comunidades, dependiendo de la región de asentamiento en que se encuentran y es el hecho de la autoridad principal, que en la mayoría de los casos está representada por el padre. Es el padre, con el acompañamiento de la madre, quienes tienen la responsabilidad de educar, enseñar y transmitir las costumbres y hábitos culturales a sus hijos y demás miembros de la comunidad.

Cada uno de los miembros de una familia otomí cumple un rol en especial y todos conocen el trabajo que les toca realizar. En el caso de los hombres, ellos se encargan principalmente de cultivar la tierra, construir y reparar las viviendas, cuidar el ganado, además de intervenir en el trabajo comunitario.

De cosas muy diferentes pero igualmente importantes se encargan las mujeres de los pueblos otomíes. Ellas por lo general son las encargadas de preparar los alimentos, de mantener las viviendas en perfecto estado, lavar las prendas de vestir y criar los animales domésticos que hay en cada comunidad.

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Una de las características de Los Otomíes es que cuando llega el tiempo de sembrar y cosechar, no solo se involucran los hombres, sino que en esa actividad suelen participar todos los miembros de la familia. Un factor de mucha importante dentro de los pueblos otomíes tiene que ver con la figura del matrimonio.

Para ellos el casamiento juega un rol muy importante y vital, pero además del matrimonio, una relación muy respetada es la que se establece con el compadrazgo que surge en el bautismo y se considera como la vinculación simbólica más importante entre los habitantes otomíes.

La faena también está considerada como una de las actividades de mayor importancia dentro de los otomíes, aparte de ser de carácter obligatorio. Debido a la migración, el hombre que se encuentra fuera paga a otra persona para que esta realice la faena. En caso de que este hombre se niegue a pagarle a la otra persona, entonces corre el riesgo de perder todos sus derechos como miembro de la comunidad.

Los Otomíes también se caracterizan por tener sus propias creencias en cuanto a las enfermedades. Ellos clasifican el origen de las enfermedades en dos niveles diferentes. Por un lado están las enfermedades de origen natural, pero también tienen la creencia de que existen ciertas patologías que guardan un origen sobrenatural.

Las enfermedades naturales, según los otomíes, son las más comunes y para combatirlas lo hacen por medio de medicina alópata. Algo muy diferente ocurre con las llamadas enfermedades sobrenaturales, las cuales según sus creencias, forman parte de la cosmovisión del grupo.

De acuerdo a la tradición de los otomíes, los orígenes de las enfermedades tienen una base mágico-religiosa. Para poder encontrar la cura a estas enfermedades, ellos deben asistir con terapeutas tradicionales, como son las parteras y los hueseros, hierberos y curanderos, quienes pueden sanarlos de sus dolencias.

Muchas familias otomíes también acuden a plantas naturales para curar sus enfermedades. Casi siempre usan plantas medicinales para sanar cada una de sus patologías presentadas. La medicina doméstica también ha tenido un rol importante para mantener el equilibrio biológico-social de la comunidad. El uso de la herbolaria es muy común.

Demografía actual y población

Actualmente, los dialectos otomíes son hablados por alrededor de 239,000 hablantes, de los cuales un 5 a un 6 por ciento son monolingües, en distritos ampliamente dispersos. Actualmente se cree que una gran parte de los habitantes de esta etnias están instalados en la región Valle de Mezquital de Hidalgo y en la porción sur de Querétaro. Allí varios municipios llegan a tener concentración de hablantes otomíes tan elevadas como 60-70 por ciento.

Gracias a que muchos hablantes otomíes han emigrado en los últimos tiempos, hoy en día es posible encontrar presencia de ellos en muchas zonas del territorio mexicano, incluso hasta en los Estados Unidos. En la segunda mitad del siglo XX, las poblaciones de hablantes empezaron a incrementarse otra vez, aunque a un ritmo más lento que la población general.

Mientras el número absoluto de hablantes otomíes sigue incrementándose, su número relativo al resto de la población mexicana está bajando. El idioma otomíes se podría considerar actualmente como en riesgo de extinción, a pesar de que son un pueblo vigoroso y que los niños aprenden el idioma a través de la transmisión natural en muchas zonas, como en el valle del Mezquital y en las Tierras Altas.

De acuerdo a diversos estudios poblacionales realizados durante los últimos años, se cree que el mayor número de población otomí se encuentra radicado en el estado de Hidalgo, específicamente en el conocido Valle del Mezquital. Existen algunos municipios de la región occidental que cuentan con más población otomí que otros.

Entre los principales municipios con el mayor número de habitantes de esta etnia se encuentran Tlanchinol, Cardonal, Tepehuacán de Guerrero, San Salvador, Santiago de Anaya y Huazalingo. Por su parte los municipios de la región más occidental hidalguense con mayor densidad poblacional de otomí están Huehuetla, San Bartolo y Tenango de Doria.

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También se dice que el estado de México actualmente se posiciona como el segundo lugar en cuanto a población otomí se refiere. La mayoría de estos habitantes están concentrados en los municipios de Toluca, Temoaya, Acambay, Morelos y Chapa de Mota. En el estado de Veracruz también hay presencia otomí, especialmente e la región huasteca.

En otros estados mexicanos también se registra presencia otomí, aunque en menor porcentaje, tal es el caso de Michoacán. Se ha dicho que los dibujos y diseños de los animales, pájaros y otras figuras se inspiraron en pinturas rupestres. Este particular bordado también es conocido como bordado de Tenango.

La tradición señala que son los hombres quienes por lo general se encargan de realizar los dibujos de los diseños en la tela blanca o de blanco para que posteriormente las mujeres se encarguen del proceso de bordado. Las figuras son historias o representaciones típicas o la vida que se ha enseñado de generación en generación.

Habla de la población otomí es hacer referencia a sus autoridades. Dentro de estos pueblos la organización política se encuentra basada en torno al ayuntamiento constitucional, cuya columna vertebral es el centro político, con el presidente municipal al frente. En el nivel poblado los cargos pueden variar y en orden de jerarquía ascendente son:

  • Mensajero
  • Alguacil
  • Policía
  • Secretario
  • Juez auxiliar

También es importante mencionar que los otomíes mantienen la mayoría de los cargos religiosos tradicionales, como por ejemplo los mayordomos y fiscales, aunque es necesario aclarar que actualmente la elección es de carácter voluntario. La labor comunitaria, mejor conocida como “faena”, sigue siendo una práctica bastante habitual entre la mayoría de las comunidades otomíes.

Leyendas Otomíes

Para nadie es un secreto que la cultura azteca está considerada por muchos como una de las más legendarias y misteriosamente trágicas de toda Mesoamérica, en parte por el corto tiempo con la que existió en los anales de la historia y la destrucción de la sociedad por parte de los conquistadores españoles.

De acuerdo a la apreciación de muchos expertos, la sociedad azteca era un sistema complejo y entrelazado de jerarquías y divisiones sociales. En esos años, la mayoría de las personas se encontraban gobernados por el temor a dioses violentos y vengativos, mientras que la civilización dependía tanto de la guerra como de la agricultura.

Según la historia, los aztecas eran observados como bárbaros violentos, que por lo general vivían en permanente conflictos con el resto de las comunidades o tribus que estaban cerca de ellos. Además ellos creían mucho en los sacrificios humanos como una forma de calmar el universo y servir como una herramienta para intimidar y ejercer dominio.

Mientras que los conquistadores españoles avanzaban con destino hacia México y con muchas ganas de ejercer control, al mismo tiempo procuraban tomarse el tiempo para documentar las vidas de quienes formaban parte de la cultura azteca. Lo hacían así porque era la forma más habitual de transmitir su propia historia en ese entonces.

Lo que no se puede poner en duda es que estos conquistadores españoles tuvieron que hacer muchos esfuerzos por tratar de conocer las historias y cultura de los aztecas y después transmitir de generación en generación cada una de las tradiciones y rituales típicos de esta organización. También se cree que estas historias pudieron servir a la inversa como combustible para la destrucción de los aztecas a manos de los españoles.

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Una de las tantas leyendas otomíes de las que se tiene conocimiento es acerca de la Leyenda del Tlatoani Mocuitlach Nenequi, la cual fue documentada por Fray Alonso de Grijalva, quien fue uno de los personajes que acompañó a Hernán Cortés durante la histórica expedición española de México en la década de 1519.

La leyenda fue relatada por Gerónimo de Aguilar, quien era un sacerdote nacido en España y que además fue llevado a la cárcel por una tribu maya local luego de haber salido con vida de un naufragio varios años atrás. Lo cierto es que esta leyenda está considerada por muchos como una de las más antiguas dentro de la cultura azteca, además de una de las más populares.

La leyenda del Tlatoani Mocuitlach Nenequi narra la historia de un misterioso sujeto a quién se le conocía únicamente como Cuetlachtli, que en su traducción popular hace referencia a la palabra “Lobo”. La historia dice que este sujeto apareció en una oportunidad en la ciudad nororiental de El Tajín.

Apenas llegó a la ciudad se autoproclamó como el nuevo rey. Aquellos que no estaban a favor de su postura estaban en la potestad de dar un paso al frente y retar a este hombre por el hecho de tomarse la atribución de dirigir a la gente. El Rey Milonítica de El Tajín, el tercer hijo de Mixcóatl y líder del culto de Quetzalcóatl, salió a la luz.

Cuenta la leyenda que este Rey Milonítica procedió a llamar a la “serpiente emplumada” con la finalidad de que atacara a aquel sujeto misterioso, sin embargo Cuetlachtli cambió su aspecto físico y se convirtió en un lobo y un hombre a la misma vez. Con ese nuevo aspecto procedió a asesinar al Rey Milonítica y reclamó el trono.

Fue de esa manera como inició el gobierno de Cuetlachtli, el Tlatoani Mocuitlachnehnequi. Se tenía la creencia de que este misterioso personaje era nativo del norte de Aztlán, el hogar ancestral de los nahuas. Tenía muchos siglos de antigüedad, además se comentaba que había nacido sobre un inmenso montículo.

Los antepasados de Cuetlachtli eran en su mayoría cazadores, que también tenían el poder de transformarse en lobos cuando se ponía el sol. Estos misteriosos sujetos tenían poderes especiales y muy distintos a todos los vistos anteriormente. Sus seguidores recibieron su sangre para hacerlos caminar como lobos. Fue un honor entregado a aquellos que podrían demostrar su valentía.

La leyenda narra que el gobierno de Tlatoani Mocuitlach Nenequi se extendió por muchos años. A lo largo de ese tiempo fueron muchos los enemigos que salieron a la luz, sobre todo en los pueblos cercanos. Si había algo que caracterizaba al ejército de Tlatoani Mocuitlach Nenequi era el poco miedo que tenía para batallar.

Esta tribu procedió a ingresar de manera violenta y salvaje en las principales ciudades vecinas. Lo hicieron como lobos y de una vez atacaron a las personas mientras dormían hasta asesinarlas. Los miembros de esta tribu no estaban en búsqueda de poder, lo único que ellos estaban buscando era sangre para alimentarse. Consumieron la sangre de todas sus víctimas hasta quedar saciados por completo.

Transcurrieron varios años, justo cuando los Tlatoani Mocuitlachnehnequi ya ejercían poder absoluto en el norte, cuando de manera sorpresiva muchos integrantes de su propio Otomi (clase guerrera) se rebelaron en su contra con la intención de sacarlo del poder. Con el apoyo de un chamán, los otomíes se transformaban en Jaguares y Coyotes.

Por su parte Cuetlachtli y sus fuerzas aliadas se transformaron en lobos y se desató de esa manera un aguerrido enfrentamiento entre ambas fuerzas. Bajo la protección de la noche, las partes enfrentadas cayeron por cientos hasta que no hubo ninguna. Entre las víctimas de ese enfrentamiento no figura Cuetlachtli, ya que había desaparecido, volviendo al norte, más allá de la tierra blanca, que nunca volverá a verse.

Si bien es cierto que ya han transcurrido demasiados años desde que se suscitó aquel enfrentamiento, los habitantes de El Tajín, así como de otras localidades cercanas, aún continúan esperando su regreso. Se han anunciado muchas profecías en torno al regreso de Cuetlachtli.

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Una de esas profecía dice que cuando las montañas se vuelven rojas de sangre, entonces será ese el momento cuando vuelva Cuetlachtli. Aquellos en peligro escucharán el llanto del lobo cuando la luna más brillante retumbe en la inmensidad del cielo.

Según dicen muchos historiadores, esta leyenda ampliamente poderosa y representativa, pudiera haber tenido una clara finalidad y era la de intimidar y meter miedo a los viajeros que pisaran suelo centroamericano, incluyendo a los propios conquistadores españoles mientras intentaban avanzar por todo México.

“El simple hecho de que la traducción náhuatl de las palabras Tlatoani Mocuitlachnehnequi literalmente significa “Nuestro gobernante se parece a un lobo”, pudo haber dado motivo adicional a los guerreros temerosos de Dios para matar a personas que veían como paganos paganos que adoraban animales sobre el Todopoderoso”.

En la década de 1521, Cortés ya había logrado la conquista de los aztecas y la civilización que alguna vez fue poderosa, ahora sería devastada por la muerte y la enfermedad. Vale la pena mencionar que la versión en español de Tlatoani Mocuitlach Nenequi es hasta ahora la única versión escrita de la historia de la que se tenga conocimiento.

Por esa razón es que los historiadores han coincidido en decir que se trata de una mitología religiosa de una sociedad simple, sin embargo a medida que se va examinando más de cerca esta historia, aparecen muchos elementos misteriosos que podrían elevar la veracidad de la leyenda.

Hay quienes dicen que la leyenda de Tlatoani Mocuitlach Nenequi pudo haberse tratado de una simple historia de temor creada para atemorizar a los conquistadores españoles, no obstante existen muchas pistas y postscript para la historia que van mucho más allá de un cuento ardiente de la hoguera de 1519.

También es importante recordar que en este tipo de culturas, especialmente entre los aztecas y mayas, había la tradición dentro de sus mitologías de representar a hombres mortales transformados en distintos animales. Ahora bien, el lobo nunca ha sido un símbolo fuerte en ninguna cultura mesoamericana, entonces por qué aparece e esta historia lo hace difícil de entender.

Lo que genera aún más curiosidad es que la leyenda del hombre lobo está más vinculada con la cultura europea que con la cultura mesoamericana, eso ha llevado a muchos historiadores a especular acerca de que la historia original haya sido modificada luego de la traducción para ajustarse más a la tradición oriental.

“Una observación más interesante sobre esta historia es la correlación entre Cuetlachtli, su origen y posterior retirada a tierras “Norte”. Los arqueólogos han creído durante mucho tiempo que Aztlán, que se menciona en la historia por su nombre, puede haber estado ubicado en lo que hoy es América.”

El presunto lugar de nacimiento vinculado con un “montículo” trae a la mente muchos sitios arqueológicos en los Estados Unidos, por ejemplo Bynum Mound en Mississippi, Etowah Mounds en Georgia y Cahokia Mounds en Illinois, todos los cuales son anteriores al final de los aztecas imperio.

Es cierto que la figura del lobo no eran tan habitual dentro de la mitología azteca, sin embargo dentro de la tradición de los nativos americanos si representaba mucho. Casi siempre se relaciona la figura del “lobo” con culturas de la brujería y el mito de la creación.

“Otra nota de curiosidad, mientras que Cuetlachtli es la forma derivada de la palabra “lobo” en el idioma náhuatl, ninguna delineación aparece en ninguna parte de los más de 300 idiomas nativos de América que existían en América del Norte. Por extraño que parezca en una correspondencia fechada en 1879, con el coronel Robert Quick de la 13. ° Caballería del Ejército de los Estados Unidos.”

Al coronel Quick le fue asignada la misión de capturar o asesinar a un nómada renegado navajo apodado Cuetlachtli. Dice la historia que todos los miembros de la 13ª Caballería desapareció sin dejar rastro alguno luego de haber atravesado las Montañas Medicine Bow mientras estaban en las labores de búsqueda del renegado.

Aparte de la popular y tradicional leyenda de Tlatoani Mocuitlach Nenequi, también se tiene conocimiento de otras historias que han formado parte de la cultura de los Otomíes. Podemos hacer mención de leyendas como “El limpia piernas”, la cual guarda sus orígenes en el sur de Querétaro, donde analiza la ideología de la comunidad indígena, que comparte los conceptos mexicas.

La verdad es que el pueblo Quetzal de Otomí se ha caracterizado por convertir cada una de sus historias o mitos en relatos interesantes, asegurando la veracidad de sus historias, más allá de que exista o no evidencia de que esos sucesos hayan ocurrido en realidad.

Vale la pena mencionar el caso de la Fundación Mexquititla. Esta recopilación incluye algunas historias o mitos relacionados con el mundo, la creación de sol y la luna, leyendas de pueblos antiguos, el enfoque de hombres con maíz, mujeres y serpientes. Otras leyendas pertenecen a la cosmovisión católica que narra cómo Cristo batalló contra los demonios.

Lenguaje y escritura

Dentro de esta etnia existe su propia manera de comunicarse, bien sea de manera oral o escrita. Se trata de la lengua Otomí, un grupo de lenguas indígenas estrechamente relacionadas de México. Se estima que esta lengua es hablada por más de 240 mil personas que habitan en la región central del altiplano de México.

El idioma otomí es considerado como una de las lenguas indígenas mexicanas más populares de la historia. Hoy en día este idioma es practicado por un considerable número de indígenas conocidos como otomí. Se trata de una lengua mesoamericana y refleja muchos aspectos característicos del área lingüística mesoamericana.

De acuerdo a la Ley de Derechos Lingüísticos de México, el idioma otomí es aceptado como una lengua nacional, así como sucede con otras sesenta y dos lenguas indígenas y el español. Se considera como una de las lenguas indígenas más habladas del país azteca, tanto así que ocupa la posición número siete de la lista de lenguas más habladas de México.

El idioma otomí debe tomarse como “familia de lenguas otomíes”, debido a que hay infinidades de variantes. Es importante señalar que el número de hablantes de lenguas otomíes ha ido decayendo durante los últimos tiempos, principalmente por el fenómeno de la migración a la cual se ha visto sometida esta comunidad indígena.

Como dato curioso se podría mencionar que actualmente no hay registro de medios escritos en otomí, es decir, no existen periódicos o revistas en este idioma, salvo comunicaciones esporádicas y libros de escasa tirada. Sin embargo, la Secretaría de Educación Pública mexicana, por medio de la Comisión Nacional de Libros Gratuitos, realiza la publicación de varios libros otomíes para la enseñanza primaria.

Así como sucede con el resto de lenguas Oto-Manguean, el otomí también está considerado como un lenguaje tonal y la mayoría de las variedades distinguen tres tonos. Los nombres están marcados solo para el poseedor. El número plural está marcado con un artículo definido y con un sufijo verbal.

Después de la llegada de los europeos conquistadores, los otomíes se convirtieron en una lengua escrita cuando los frailes dedicaban muchos tiempos a enseñar a los otomíes acerca de la gramática latina; el lenguaje escrito del periodo colonial a menudo se llama Otomí Clásico.

Período Proto-otomí y periodo Precolonial posterior

Se piensa que las lenguas Oto-Pamean se han separado de las otras lenguas otomangueanas alrededor del 3500 antes de Cristo dentro de la rama de Ostomía. Proto-otomí parece haberse separado de Proto-Mazahua ca. 500 AD. Alrededor del año 1000 DC, Proto-Otomí empezó a diversificarse en las variedades Otomí modernas.

Para nadie es un secreto que una buena parte del centro de México se mantuvo habitado durante varios años por personas que practicaban las lenguas Oto-Pamean, al menos así ocurrió antes de la llegada de hablantes de náhuatl.

“Más allá de esto, la distribución geográfica de las etapas ancestrales de la mayoría de las lenguas indígenas modernas de México, y sus asociaciones con diversas civilizaciones, permanecen indeterminadas”

Se ha llegado a decir que el proto-otomí-mazahua es uno de los idiomas que se práctica en Teotihuacán, el mayor centro ceremonial mesoamericano del periodo Clásico, cuya desaparición sucedió alrededor de ca.600 d.C. También es oportuno aclarar que el pueblo otomí precolombino no contaba para entonces con un sistema de escritura ampliamente desarrollado.

Sin embargo, la escritura azteca en su gran mayoría ideográfica era posible entenderla tanto en otomí como en náhuatl. Los habitantes del pueblo otomí tenían la tradición se traduce con frecuencia nombres de lugares o gobernantes a otomíes en lugar de utilizar los nombres náhuatl.

Periodo colonial y Otomí clásico

En pleno proceso de conquista española ocurrido en el centro de México, los otomíes contaban con una distribución más amplia que en la actualidad. Tenían importantes áreas de habla otomí en algunos estados como Jalisco y Michoacán. Luego de finalizada la conquista española, los habitantes de esta etnia comenzaron a experimentar un periodo de expansión geográfica.

La expansión geográfica de los otomíes se debió, entre otras cosas, a que los conquistadores españoles utilizaron muchos guerreros pertenecientes a esta etnia indígena para llevar a cabo sus expediciones de conquista, especialmente en el norte de México. Después de ese periodo, los otomíes comenzaron a vivir en nuevas zonas, sobre todo en Querétaro, lugar donde fundaron la ciudad de Querétaro.

https://www.youtube.com/watch?v=GsU5GsQsnJc

También se instalaron en Guanajuato, un territorio que años atrás había estado habitado en su gran mayoría por nómadas chichimecas. Para ese entonces algunos historiadores coloniales, como por ejemplo Bernardino de Sahagún, usaron principalmente a hablantes de nahua como fuentes para sus historias de la colonia.

Los hablantes de nahua mantenían una visión muy negativa del pueblo otomí, que se extendió prácticamente durante todo el período colonial. Esa corriente de rechazar y devaluar la identidad cultural otomí en comparación con otras comunidades indígenas dio paso al proceso de pérdida de la lengua y mestizaje, debido a que una gran parte de los otomíes prefirieron adoptar la lengua y las tradiciones españolas.

Otomí clásico es el término que se emplea para referirse a los otomíes que se hablaban durante los primeros siglos del dominio colonial. Fue una etapa muy interesante, donde la lengua obtuvo ortografía latina y fue documentada por frailes españoles que iniciaron a conocer más de cerca esta lengua, a fin de utilizarla como proselitismo entre los otomíes.

La realidad es que el texto en otomí clásico resulta bastante complejo entenderlo, principalmente porque los Frailes y monjes de las órdenes mendicantes españolas, como los franciscanos, redactaron gramáticas otomíes, la más antiguas de las cuales es la del Arte de la lengua otomí de fray Pedro de Cárceres, escrita quizás ya en 1580, pero que no fue publicada sino hasta la década de 1907.

En el año 1605, otro personaje de la historia como lo fue Alonso de Urbano, se atrevió a realizar un diccionario trilingüe español – náhuatl – otomí, en el cual se puede apreciar un pequeño conjunto de notas gramaticales sobre otomí. También se tiene conocimiento acerca de que el gramático del náhuatl, Horacio Carochi, redactó una gramática del otomí, aunque de ésto no se tiene registro que avalen el texto.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, un destacado sacerdote jesuita, de quién no se tiene la revelación de su nombre, redactó la gramática Luces del Otomí (que no es, en rigor, una gramática sino un informe sobre investigaciones sobre otomí). Por su parte Neve y Molina realizó un diccionario y una gramática.

La historia nos indica que durante el periodo colonial, un gran número de otomíes comenzaron a poner en práctica sus conocimientos acerca de su propia lengua, incluso fue en ese periodo cuando se les enseñó a leer y a escribir su idioma. Por ese motivo existe un importante número de documentos realizados en otomí, tanto laicos como religiosos, siendo los más populares los Códices de Huichapan y Jilotepec.

Durante el periodo colonial tardío y luego de la independencia, los grupos indígenas ya no tenían un estatus separado. Fue a partir de ese entonces cuando el otomí perdió su estatus como lengua de educación, colocando punto final al periodo del otomí clásico como lengua literaria.

Toda esa realidad conlleva a una etapa de disminución del número de hablantes de lenguas indígenas a medida que los grupos indígenas de todo México adoptaron la lengua española como su principal manera de comunicarse. Se empezó a implementar una política de castellanización entre ellos lo que provocó una rápida disminución de hablantes de todas las lenguas indígenas, entre ellas el otomí, a comienzos del siglo XX.

También vale la pena recordar que durante la década de 1990, las autoridades del gobierno central en México decidieron llevar adelante una inversión en cuanto a las políticas dirigidas hacia los derechos de las comunidades indígenas, incluyendo sus lenguas.

Surgieron de esa manera importantes instituciones de carácter gubernamental que tenían el principal objetivo de promover y proteger las comunidades y lenguas indígenas. Entre ellas podemos nombrar la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

Cultura y costumbres

Si hay algo que vale la pena destacar de esta comunidad indígena como lo son Los Otomíes es su cultura y cada una de las costumbres que llevan a cabo. Hablemos en primer lugar acerca de su música y danza. Las danzas son organizaciones donde intervienen múltiples vínculos sociales y son de mucha importancia dentro de los pueblos otomíes.

Actualmente tenemos danzas de origen colonial. Entre ellas podemos nombrar la de apaches, arcos, vaqueros, arrieros, negritos y pastoras. Por lo general estos bailes se organizan como parte de las ofrendas que ofrecen los habitantes de los pueblos otomíes a sus santos en el día de la fiesta.

Vale la pena decir que estos bailes no se realizan únicamente durante la fiesta patronal, sino que muchas de estas danzas tradicionales también tienen lugar durante la fiesta de la Santa Cruz que es cuando se lleva a cabo los rituales de petición de lluvias. También suelen danzar en otras festividades comunes como bautizos o matrimonios.

Dentro de la cultura y costumbres de los pueblos otomíes vale la pena hacer mención a la actividad artesanal típica de estas comunidades indígenas. El pueblo otomí se caracteriza principalmente por fabricar diferentes artesanías, entre las que se pueden nombrar la producción de tapetes de lana, molcajetes y metates de piedra.

Ellos también tienen la costumbre de fabricar sombreros de palma, sillas de lite, ayates de fibra de maguey, textiles fabricados en tela de cintura, entre otras actividades. También suelen usar el carrizo para fabricar macetas, canastos, sonajas en forma de paloma y cántaros para el pulque.

Como parte de sus costumbres en cuanto a economía se refiere es importante mencionar que para los otomíes la actividad tradicional de mayor importancia para ellos se encuentra la agricultura. Por lo general se especializan en la producción de maíz para el autoconsumo, pero también producen otros rubros como frijol, chile, trigo, avena, cebada, papa, calabaza y garbanzo.

Fiestas tradicionales

En los pueblos otomíes existen muchas fiestas tradicionales de gran importancia, sin embargo una de las más populares y conocidas es la celebración del día de los muertos, la cual tiene lugar todos los años el 1 de noviembre. Durante esa fiesta se tiene la costumbre de realizar diferentes actividades.

Posiblemente para muchos resulte curioso celebrar el día de los muertos, sin embargo para una buena parte de los mexicanos, especialmente para las comunidades indígenas, este tipo de celebraciones tienen un sentido especial. Para ellos la muerte y las festividades están muy relacionadas.

Esta creencia viene de los antiguos pueblos indígenas que habitaron México, entre ellos el pueblo otomí, quienes tenían la creencia de que las almas de los muertos volvían todos los años para visitar y ganarse la vida: comer, beber y pasarla bien, justo como lo hicieron cuando estaban con vida.

La festividad cambió tras la llegada de los españoles en el siglo XV. Ahora siguen celebrando el día de los muertos, pero en el caso de las almas de niños fallecidos, son recordados un día antes, es decir en el Día de Todos los Santos. Para recordar sus memorias lo hacen con juguetes y globos de colores que adornan sus tumbas.

Durante el día de los muertos, los adultos que han fallecido reciben también honores, pero con exhibiciones de los alimentos y bebidas preferidos de los difuntos, además de objetos ornamentales y personales. En las tumbas se acostumbra a colocar flores, especialmente cempasúchil y velas, las cuales alumbran el camino de los espíritus rumbo a casa de sus familiares.

Religión

Los Otomíes tienen sus propias creencias religiosas, las cuales son una mezcla entre elementos católicos y prehispánicos. Dentro de sus creencias religiosas está el culto a los muertos, la creencia en algunas enfermedades, los sueños y anécdotas que prevalecen en la vida otomí. La gran mayoría de los otomíes se identifican con la religión católica y tienen la costumbre de rendir veneración a muchas imágenes cristianas.

Durante los últimos años también ha crecido de forma sorprendente la presencia de grupos religiosos protestantes dentro de los pueblos otomíes. Ellos tienen la tradición de rendir culto a los santos patronos en los templos regionales. Las creencias religiosas de los otomíes se dividen en grandes grupos o filosofías.

  • Indio mesoamericano
  •  Católico
  • Evangélico protestante

Dioses otomíes

Una de las tradiciones religiosas que caracterizan a los otomíes era precisamente el culto a diferentes deidades, en su mayoría relacionadas con aspectos esenciales de la naturaleza, como el Sol, la Luna, la Tierra, el Viento, el Fuego, el Agua, entre otros. Dentro de sus deidades también destacaban dos personajes claves: “Madre vieja” y “Padre Viejo”.

En la religión metzca vale la pena hacer especial mención al culto que realizaban los otomíes hacia la luna, sin embargo uno de los dioses otomíes más influyentes y significativos era Otontecutli, considerado como el primer caudillo de los otomíes, quién además recibió adoración por parte de los mexicas.

Otra de las principales deidades otomíes de Jilotepec era el dios del viento al que llamaban Edahi, equivalente al Ehécatl mexica. Por su parte Fray Esteban García segura que los otomíes de Tutotepec tenían la tradición de rendir culto al aire, personificado en el dios del viento Edahi.

Aparte tenían la costumbre de adorar a Muye, descrito como el señor de la lluvia, equivalente al Tláloc mexica. Entre los otomíes existían los dioses menores Ahuaque y Tlaloque que invocaban los conjuradores de lluvia. El dios otomí de las batallas se llamaba Ayonat Zyhtama-yo, mientras que los otomíes de Tutotepec adoraban a un dios de los montes llamado Ochadapo.

La mayoría de los habitantes de los pueblos otomíes tienen la tradición de creer firmemente en la brujería. Ellos dicen que la brujería es posible, además de que cree que los aires malignos tienen el poder de provocar enfermedades. La Sierra Otomí usa el término nagual para referirse a los vampiros sobrehumanos y los espíritus de los animales de compañía de los hechiceros.

https://www.youtube.com/watch?v=bAZxpetmvTg

Los Otomíes mantienen la creencia de los que señores del mal, como Rainbow, Santa Catarina y la Reina de la Tierra, tienen el poder de provocar daños a los humanos. También es oportuno mencionar que las personas de Sierra Otomí, que habitan cerca de las ciudades que tienen sacerdotes, en su mayoría de suscriben a la doctrina católica.

Una buena parte de las poblaciones otomíes han sido notablemente influenciadas por algunas corrientes religiosas, por ejemplo el evangelio protestante, una doctrina que se caracteriza, entre otras cosas, por rechazar al resto de creencias y proporcionar una ideología para rechazar el servicio de carga.

Practicantes religiosos

Dentro de los pueblos otomíes se pueden encontrar muchas manifestaciones de carácter religioso, por ejemplo los chamanes. Estas personas se describen como especialistas religiosos que se enfrentan a problemas personales y familiares con otros seres, bien sea sobrehumanos, humanos, vegetales y animales.

Los chamanes otomíes se especializan en ofrecer consultas personales y curas, además de intervenir en diferentes ceremonias de carácter público para deidades paganas. Por ese motivo es que los chamanes también tienen funciones sacerdotales, aunque es importante aclarar que ellos no están organizados en una jerarquía burocrática.

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