La ciudad de Mar del Plata atraviesa un momento de máxima atención sanitaria tras confirmarse el primer fallecimiento por hantavirus en el partido de General Pueyrredón. Las autoridades locales y provinciales han reforzado los protocolos de vigilancia y prevención, en un contexto en el que esta enfermedad viral ya venía generando preocupación en distintas zonas de Argentina.
El caso se suma a una situación epidemiológica compleja a nivel nacional, con un incremento de contagios y una tasa de mortalidad elevada, que afecta sobre todo a varones jóvenes vinculados a actividades rurales. Aunque en Europa el hantavirus se asocia más a fiebre hemorrágica con síndrome renal, lo ocurrido en Mar del Plata vuelve a poner bajo la lupa este tipo de virus también desde el punto de vista de la salud pública europea, donde existen antecedentes de brotes en entornos rurales.
El caso que encendió las alarmas en Mar del Plata

La víctima es un hombre de 33 años, residente en la zona semirrural de Sierra de los Padres, en el partido de General Pueyrredón. Según la información difundida por la Secretaría de Salud municipal y la Región Sanitaria VIII, el paciente comenzó con síntomas a finales de noviembre de 2025, inicialmente compatibles con un cuadro gripal.
Con el paso de los días, el hombre evolucionó hacia un distrés respiratorio grave, por lo que fue atendido en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) de Mar del Plata. A pesar de la asistencia recibida en cuidados intensivos, su situación empeoró rápidamente y terminó falleciendo en el centro sanitario.
El diagnóstico definitivo se obtuvo de forma post mortem, tras el envío de muestras al Instituto Malbrán, referente nacional en este tipo de análisis. Los resultados confirmaron el contagio por hantavirus y la notificación oficial del caso se produjo el 2 de enero, una vez completados los estudios de laboratorio.
Fuentes sanitarias detallan que el fallecido realizaba actividades de caza en entornos rurales y practicaba la taxidermia, lo que implica la manipulación de animales muertos para su conservación. Estas prácticas, muy ligadas a espacios con presencia de roedores silvestres, se consideran un factor de riesgo claro para la exposición al virus, especialmente en zonas donde el ratón colilargo está presente.
Las autoridades remarcan que se trata del primer fallecimiento por hantavirus registrado en Mar del Plata, aunque el partido ya estaba incluido dentro de las áreas bajo vigilancia reforzada por la circulación del virus en la provincia de Buenos Aires.
Respuesta inmediata: protocolos y control de roedores
En cuanto se confirmó la sospecha de hantavirus, la Secretaría de Salud de General Pueyrredón activó el protocolo de control de foco junto con el equipo de Epidemiología de la Región Sanitaria VIII. El primer paso fue identificar a los contactos estrechos del paciente, tanto familiares como personas de su entorno laboral, para evaluar posibles exposiciones y seguimiento clínico.
Paralelamente, personal de Zoonosis y Control de Plagas se desplazó a la vivienda del fallecido, situada en la zona urbana de Sierra de los Padres, y a los lugares donde realizaba sus actividades de caza y taxidermia. En esos espacios se llevaron a cabo tareas de desinfección intensiva y desratización de todo el terreno, con el objetivo de reducir la presencia de roedores potencialmente infectados.
Como medida complementaria, la Delegación de Sierra de los Padres emitió una intimación a los vecinos linderos para que mantuvieran el pasto corto, realizaran desmalezamientos periódicos y evitaran acumulaciones de objetos en desuso en patios y galpones. Estas acciones buscan eliminar refugios y rutas de desplazamiento de los roedores cerca de las viviendas.
Desde el municipio se subraya que se aplicó “todo el protocolo existente y necesario para este tipo de eventos”, incluyendo el seguimiento de los contactos detectados, la educación sanitaria puerta a puerta y la revisión de otros posibles focos de riesgo en la zona semirrural del partido.
El director de Zoonosis local, Pablo Alí, ha insistido en que no se pretende generar pánico, sino reforzar la difusión de las medidas preventivas. Aun así, recuerda que el hantavirus tiene una letalidad cercana al 30%, por lo que la población debe tomar en serio las recomendaciones, especialmente quienes viven o trabajan en entornos rurales.
Un contexto nacional de aumento de casos y alta letalidad
El fallecimiento en Mar del Plata se produce en un marco de alerta sanitaria a nivel argentino. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional y los informes del Ministerio de Salud, durante 2025 se notificaron entre 72 y 77 casos confirmados de hantavirus, con al menos 21 a 23 muertes, lo que supone una letalidad próxima al 30%. Estas cifras sitúan el año como el más grave desde 2019.
La provincia de Buenos Aires se encuentra entre las jurisdicciones más afectadas: se registraron unos 25 casos con seis fallecimientos, predominando varones jóvenes con antecedentes de contacto con áreas rurales o periurbanas. El caso de Sierra de los Padres encaja perfectamente en este perfil epidemiológico.
A nivel nacional, la Región Centro concentra cerca del 64% de los contagios, con provincias como Santa Fe y Buenos Aires en franca situación de brote. El Noroeste argentino también presenta una incidencia relevante, con alrededor del 21% de los casos, especialmente en Salta y Jujuy, mientras que la Patagonia sigue siendo un área de preocupación por la agresividad de algunas cepas locales.
Las autoridades sanitarias apuntan a varios factores que podrían explicar el aumento de la mortalidad: desde la subnotificación de cuadros leves hasta las demoras en la consulta médica, ya que los síntomas iniciales del hantavirus suelen confundirse con gripe o dengue, algo que retrasa el tratamiento y el ingreso oportuno a unidades de cuidados intensivos.
Además de la muerte registrada en Mar del Plata, se han comunicado otros fallecimientos recientes, como el de un adolescente de 14 años de San Andrés de Giles, trasladado al Hospital Interzonal San José de Pergamino, donde murió tras confirmarse también la infección por hantavirus. Estos episodios refuerzan el mensaje de las autoridades sobre la necesidad de mantener una vigilancia constante.
Qué es el hantavirus y cómo se transmite
El hantavirus es una zoonosis viral aguda causada por virus de la familia Bunyaviridae, que se encuentran distribuidos a nivel mundial. Dependiendo de la región geográfica, pueden provocar distintas formas clínicas: en América predomina el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH), mientras que en Asia y Europa es más frecuente la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal.
En el caso del brote registrado en Argentina, el principal reservorio es el ratón colilargo y otros roedores silvestres. Estos animales eliminan el virus a través de la orina, la saliva y las heces, que contaminan el suelo, la paja, materiales almacenados y superficies de galpones o viviendas rurales.
La vía de contagio más habitual en humanos es la inhalación de aerosoles formados a partir de esas secreciones contaminadas, especialmente al barrer, levantar polvo o limpiar ambientes cerrados que han permanecido sin ventilación. El virus puede entrar también por contacto directo con roedores vivos o muertos, sus excretas, o mediante mordeduras.
En determinadas circunstancias se ha documentado la transmisión de persona a persona, por lo que las secreciones respiratorias y otros fluidos de pacientes infectados deben considerarse potencialmente peligrosos. Este aspecto obliga a extremar las precauciones en entornos sanitarios y durante el cuidado de enfermos.
Los organismos de salud insisten en que el riesgo se incrementa en zonas rurales y periurbanas, en actividades laborales como agricultura, ganadería, caza, manejo de leña o limpieza de galpones, y también en prácticas recreativas como acampar en áreas con maleza o basurales cercanos.
Síntomas y evolución de la enfermedad
El inicio de la infección por hantavirus suele ser insidioso y engañoso. Los primeros días aparecen síntomas muy parecidos a los de una gripe común: fiebre superior a 38 ºC, dolores musculares generalizados, cefalea intensa, escalofríos y un marcado malestar general.
En muchos casos pueden añadirse manifestaciones digestivas, como náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea, lo que también contribuye a la confusión diagnóstica con otras infecciones virales frecuentes. En esta fase inicial todavía no suele haber afectación llamativa de las vías respiratorias altas.
Si la enfermedad progresa hacia un Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus, en cuestión de horas o pocos días se instala una dificultad respiratoria severa, con compromiso pulmonar agudo y, en los casos más graves, insuficiencia respiratoria y shock cardiogénico. En este punto, la necesidad de ingreso en unidades de cuidados intensivos es prácticamente inmediata.
Los especialistas remarcan que no existe un tratamiento específico contra el virus. El abordaje se centra en el soporte hemodinámico y respiratorio en el hospital, por lo que la detección temprana es clave para mejorar el pronóstico. Cualquier persona con síntomas gripales intensos, que haya estado en entornos rurales o en contacto con roedores en las seis semanas previas, debe consultar sin demora al sistema sanitario.
En Europa, donde existen otras variantes de hantavirus, se ha observado un cuadro clínico algo distinto orientado a la afectación renal, pero las recomendaciones de diagnóstico precoz y manejo hospitalario siguen una lógica similar a la que se está aplicando en los brotes de América.
Medidas de prevención en viviendas y entornos rurales
La forma más eficaz de reducir el riesgo de contagio es evitar el contacto con roedores y con sus secreciones. Para ello, las autoridades recomiendan mantener las viviendas y galpones limpios, sin acumulación de objetos en desuso donde los animales puedan anidar, y controlar de forma periódica la presencia de excrementos o señales de actividad de roedores.
Se insiste en la importancia de sellar rendijas y orificios en paredes, puertas, techos y cañerías, utilizando mallas o materiales que impidan la entrada de pequeños mamíferos. Los graneros, pilas de leña y huertas deben situarse a una distancia mínima de unos 30-40 metros de la vivienda y, siempre que sea posible, elevados del suelo para dificultar el acceso de roedores.
En los alrededores del domicilio conviene mantener el pasto corto, eliminar malezas y desbrozar regularmente en un radio amplio, de al menos 30 metros. Del mismo modo, se desaconseja dejar basura o restos de comida cerca de la casa; si no existe servicio de recogida, la recomendación es enterrar los residuos de forma segura y suficiente profundidad.
En el interior de las viviendas y en el peridomicilio, las poblaciones de roedores pueden controlarse con trampas mecánicas, evitando en lo posible el uso de cebos tóxicos, que pueden afectar a otras especies y generar riesgos adicionales para niños y mascotas. En entornos silvestres abiertos, por su papel ecológico, no se plantea un control poblacional masivo.
Si se encuentra un roedor vivo dentro del hogar, lo indicado es usar trampas y no intentar atraparlo con las manos ni golpearlo. En caso de hallar un animal muerto, se aconseja rociarlo con una solución de lavandina (hipoclorito de sodio) junto a las superficies cercanas, dejar actuar al menos 30 minutos, recogerlo con guantes y desecharlo enterrándolo a más de 30 centímetros de profundidad o incinerándolo.
Limpieza segura y ventilación de espacios cerrados
Una de las recomendaciones más repetidas es ventilar antes de limpiar cualquier espacio cerrado donde pudieran haber estado roedores, ya sean viviendas desocupadas, cabañas, depósitos, galpones o vehículos en desuso. Lo ideal es abrir puertas y ventanas al menos durante 30 minutos para permitir el recambio de aire.
Durante la limpieza, se debe evitar barrer en seco o utilizar aspiradoras que levanten polvo. En su lugar, se sugiere realizar una limpieza húmeda: humedecer suelos, muebles y superficies con una mezcla de una parte de lavandina por nueve de agua, dejar actuar y luego retirar con paños o fregonas. Este método reduce la formación de aerosoles que podrían contener partículas virales.
Se recomienda protegerse con guantes y, en zonas de riesgo elevado, utilizar un barbijo tipo N95 o similar, especialmente si se van a remover grandes cantidades de polvo o limpiar filtros de aire acondicionado, conductos de ventilación y rincones poco accesibles donde los roedores pueden haber anidado.
En el caso de vehículos que hayan permanecido cerrados durante días en áreas rurales, las autoridades aconsejan abrir puertas o ventanillas, poner en marcha el sistema de ventilación con las ventanas abiertas durante un rato y, si es posible, revisar el compartimento del motor, donde a veces se instalan los nidos de roedores.
Estas pautas, muy extendidas ya en algunos países europeos con presencia endémica de hantavirus, se consideran medidas básicas de bioseguridad que también resultan útiles frente a otras infecciones transmitidas por roedores y por vía aérea.
Recomendaciones para actividades al aire libre y zonas de acampada
Para quienes practican ocio o deporte en el medio natural, se hace hincapié en escoger áreas de acampada limpias, alejadas de maleza densa y basurales, y evitar dormir directamente sobre el suelo. Las tiendas deben disponer de piso y cierre completo para impedir la entrada de pequeños animales.
Los alimentos y el agua deben guardarse en recipientes cerrados, fuera del alcance de roedores. Si no se dispone de agua potable, se aconseja hervirla unos minutos o desinfectarla con unas gotas de lavandina en la proporción adecuada, dejándola reposar antes de consumirla.
En excursiones y trabajos rurales es preferible no introducirse en galpones abandonados, refugios improvisados o construcciones precarias sin antes ventilar y valorar su estado. Cualquier señal de excrementos de roedores o de nidos activos debe tomarse como un aviso de posible riesgo.
Las autoridades europeas, en contextos donde se han descrito brotes asociados a excursionistas y trabajadores forestales, mantienen recomendaciones muy similares: distancia de basureros, cuidado con la manipulación de leña almacenada y evitar el contacto con madrigueras o materiales contaminados.
En Argentina, el Ministerio de Salud y las áreas de Zoonosis recuerdan que la información y la concienciación de la población son tan importantes como el control ambiental, por lo que se insiste en campañas de difusión, especialmente en comunidades rurales y periurbanas.
Tras la primera muerte por hantavirus en Mar del Plata, las autoridades locales han reaccionado con protocolos de control de foco, desinfección y educación sanitaria, al tiempo que los datos nacionales evidencian un aumento de casos y una letalidad elevada en 2025. El perfil del paciente -hombre joven, residente en zona semirrural y con actividades ligadas a la caza y a la taxidermia- encaja con los factores de riesgo descritos para esta zoonosis, que sigue vinculada al contacto con roedores silvestres y a la inhalación de sus secreciones en ambientes cerrados. En este escenario, tanto en Argentina como en otros territorios con circulación de hantavirus, la combinación de detección precoz de síntomas, refuerzo de la atención hospitalaria y aplicación rigurosa de medidas de prevención en viviendas, trabajos rurales y actividades al aire libre se perfila como la mejor herramienta disponible para reducir el impacto de la enfermedad.