Un colmillo fósil de grandes dimensiones recuperado en la costa bonaerense se ha convertido en uno de los hallazgos paleontológicos más llamativos de los últimos tiempos en Argentina. El descubrimiento tuvo lugar en la Reserva Natural Centinela del Mar, en las cercanías de Miramar, y aporta nueva información sobre los enormes mamíferos que recorrieron la región durante la llamada Era del Hielo.
La pieza pertenece a un Notiomastodon platensis, un elefante prehistórico ya extinguido que formó parte de la megafauna sudamericana del período Cuaternario. Por su tamaño, antigüedad y grado de conservación, el colmillo se perfila como un elemento clave para estudiar cómo era el paisaje, el clima y la fauna que dominaron la actual provincia de Buenos Aires hace más de 100.000 años.
Un colmillo de más de metro y medio en la costa bonaerense
El trabajo de campo estuvo liderado por el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”, que desde hace años investiga el patrimonio fósil de la zona. En esta ocasión, el equipo logró extraer una defensa —el término técnico con el que se denomina a los colmillos de estos animales— con una longitud que supera el metro y medio, ligeramente curvada y en un estado de conservación que sorprendió a los especialistas.
El hallazgo se produjo a unos 50 kilómetros al sur de la ciudad de Miramar, dentro de la Reserva Natural Centinela del Mar, un área recientemente creada y ya conocida por la abundancia y variedad de restos fósiles. El colmillo apareció enterrado en sedimentos antiguos, lo que obligó a organizar una excavación cuidadosa que se prolongó durante varias jornadas.
Según los análisis preliminares, el fósil procede de depósitos datados en más de 100.000 años, en pleno Cuaternario, etapa popularmente conocida como Edad o Era del Hielo. En ese período se alternaron fases glaciales y más templadas, y la costa bonaerense estaba habitada por una comunidad de grandes mamíferos hoy desaparecidos.
La ligera curvatura de la defensa y la ausencia de fracturas importantes brindan a los investigadores una oportunidad poco frecuente para estudiar detalles de crecimiento, desgaste y posibles marcas de uso o de interacción con otros animales. Este tipo de información permite reconstruir con más precisión el comportamiento y la ecología de la especie.
Los responsables del proyecto subrayan que la zona ya había ofrecido otros restos de grandes mamíferos en campañas anteriores, incluidos fragmentos de mastodontes rescatados en 2024 al norte del balneario Mar del Sud. Sin embargo, la integridad y el tamaño del colmillo ahora recuperado lo sitúan entre las piezas más destacadas del conjunto.

Cómo fue el operativo de rescate y quiénes participaron
La extracción del colmillo fue el resultado de un operativo coordinado entre profesionales y voluntarios vinculados a distintas instituciones científicas. El equipo técnico del museo miramarense encabezó las tareas, acompañado por estudiantes y egresados de la Tecnicatura en Paleontología que se dicta en la ciudad.
También colaboraron especialistas del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, de Mar del Plata, que aportaron experiencia en trabajos de campo y en el tratamiento de restos de gran tamaño. A este esfuerzo se sumó el apoyo de la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, que respalda proyectos de investigación y conservación en la región.
Buena parte del trabajo logístico se organizó desde la Estación Científica “Eduardo P. Tonni”, situada en las inmediaciones de la reserva. Desde allí se coordinaron las jornadas de excavación, se definieron los protocolos de protección del fósil y se planificó el traslado seguro de la pieza hasta el laboratorio del museo.
La extracción exigió avanzar lentamente, retirando los sedimentos que rodeaban la defensa y aplicando técnicas de consolidación in situ para evitar daños durante la maniobra. Una vez liberado, el colmillo fue envuelto y fijado en una estructura de soporte para su transporte, dado que, pese a estar mineralizado, sigue siendo un material frágil.
Este tipo de intervenciones se enmarca en una estrategia más amplia de protección del patrimonio paleontológico de la costa bonaerense, donde la erosión marina y fluvial deja al descubierto nuevos restos pero también puede deteriorarlos rápidamente si no se actúa a tiempo.
Qué es el Notiomastodon platensis y cómo vivía
El protagonista del hallazgo, Notiomastodon platensis, pertenece a la familia de los gonfoterios, conocidos popularmente como mastodontes. Eran grandes mamíferos herbívoros, emparentados lejanamente con los elefantes actuales, aunque con rasgos anatómicos propios que permiten distinguirlos con facilidad.
Estos animales alcanzaban entre 2,5 y 3 metros de altura a la cruz y un peso estimado de 3 a 5 toneladas. Su dentición, en particular la forma y disposición de las defensas y las muelas, difería de la que presentan los elefantes modernos. Esa diferencia en la estructura dental es clave para que los paleontólogos puedan identificarlos en el registro fósil.
Los estudios apuntan a que el Notiomastodon se alimentaba de vegetación variada, desde hojas y ramas hasta pastos, lo que indica que podía adaptarse a distintos tipos de ambientes, desde áreas más boscosas hasta paisajes abiertos. La robustez de sus colmillos y mandíbulas sugiere que estaban bien preparados para procesar dietas exigentes.
Desde el punto de vista evolutivo, los gonfoterios llegaron a Sudamérica hace unos 2,5 millones de años, en el marco del llamado Gran Intercambio Biótico Americano. La formación del istmo de Panamá permitió entonces que numerosas especies cruzaran entre ambos continentes, modificando de forma profunda la fauna de la región.
Junto a los mastodontes, ingresaron a Sudamérica depredadores como los Smilodon —los famosos tigres dientes de sable—, además de osos, pumas, caballos, ciervos, guanacos y diversos cánidos. Estas especies recién llegadas convivieron con una fauna autóctona igualmente singular, que incluía gliptodontes (acorazados parientes lejanos de los armadillos), perezosos gigantes y grandes marsupiales.
La Era del Hielo en la provincia de Buenos Aires

El contexto en el que vivió el Notiomastodon platensis hallado en Miramar corresponde al período Cuaternario, marcado por ciclos glaciales en buena parte del planeta. Aunque la provincia de Buenos Aires no estuvo cubierta por espesos casquetes de hielo como otras regiones más australes o cercanas a los polos, sí experimentó cambios climáticos importantes y variaciones en el nivel del mar.
Durante las fases más frías, los ambientes de la llanura pampeana alternaban entre paisajes abiertos y sectores con mayor cobertura vegetal, condiciones que facilitaron la presencia de grandes herbívoros como mastodontes, caballos prehistóricos y distintos tipos de cérvidos. Estas especies, a su vez, sostenían poblaciones de grandes carnívoros.
La costa bonaerense, donde hoy se ubican Miramar y Centinela del Mar, habría sido un escenario dinámico de marismas, dunas y planicies, que cambiaban con relativa rapidez conforme variaba el nivel del océano. Los sedimentos donde apareció el colmillo conservan la huella de esos ambientes, lo que permite a los científicos reconstruir el paisaje de hace miles de años.
El registro fósil de la zona también indica que no se trataba de un entorno uniforme, sino de un mosaico de hábitats. Eso explica por qué en un radio relativamente reducido se encuentran restos de especies tan diversas, desde mamíferos de gran tamaño hasta pequeños roedores y aves, cada uno adaptado a un nicho concreto.
El nuevo hallazgo se suma a una larga serie de descubrimientos en el sudeste bonaerense, que en las últimas décadas se ha consolidado como uno de los enclaves más importantes para estudiar la megafauna del Pleistoceno en Argentina. Los especialistas señalan que aún queda mucho por explorar y que cada campaña de campo aporta piezas nuevas para completar el rompecabezas de la prehistoria local.
Del campo al museo: conservación y futuro de la pieza
Una vez concluida la excavación, el colmillo fue trasladado al laboratorio del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Miramar, donde ya se están llevando a cabo tareas de limpieza, consolidación y estudio detallado. El proceso es lento y requiere aplicar productos específicos que ayuden a estabilizar el fósil sin alterar su estructura original.
En esta fase, los técnicos registran cada etapa del trabajo y realizan análisis minuciosos de la superficie de la defensa, en busca de grietas, alteraciones químicas o posibles marcas de actividad biológica. También se toman medidas exactas y se documentan rasgos como el grosor, la curvatura y el desgaste, datos esenciales para comparar el ejemplar con otros hallados en la región o en distintos puntos de Sudamérica.
La intención del museo es que, una vez completadas las tareas de conservación, la pieza pase a integrar la exhibición permanente de la institución. De este modo, vecinos y turistas podrán observar de cerca un testimonio directo de los gigantes que ocuparon la costa bonaerense hace más de 100.000 años.
Los responsables de la colección subrayan que este tipo de hallazgos tiene un fuerte componente didáctico. Acercar fósiles de gran tamaño al público facilita explicar cuestiones complejas como los cambios climáticos del pasado, la extinción de especies o la importancia de proteger los yacimientos frente al saqueo y la destrucción accidental.
El museo miramarense mantiene una línea de trabajo en la que se combinan investigación científica, conservación del patrimonio y actividades educativas, con visitas guiadas, charlas y proyectos conjuntos con escuelas e instituciones de la región. El nuevo colmillo de Notiomastodon se convertirá, previsiblemente, en una de las piezas estrella en estas propuestas.
Un referente para la paleontología regional
El descubrimiento del colmillo en Centinela del Mar es, en realidad, un capítulo más en la trayectoria del museo de Miramar como referencia en el estudio de la paleontología costera bonaerense. La institución ha protagonizado numerosas campañas de rescate y ha documentado hallazgos que abarcan desde pequeñas especies marinas hasta grandes mamíferos terrestres.
La colaboración entre equipos de diferentes ciudades y entidades científicas ha sido clave para consolidar esa labor. La presencia de estudiantes y voluntarios en las excavaciones también contribuye a formar nuevas generaciones de especialistas en paleontología, con experiencia directa en el campo.
El hallazgo de este colmillo fósil de Notiomastodon platensis pone de relieve, una vez más, que la costa bonaerense es mucho más que un destino turístico: bajo sus acantilados y playas se esconden capítulos enteros de la historia natural de Sudamérica, todavía en proceso de ser descubiertos y estudiados.
Con cada nuevo fósil que llega al laboratorio, los investigadores suman elementos para comprender mejor cómo era la vida en la región hace decenas de miles de años, qué factores influyeron en la desaparición de estas especies gigantes y qué lecciones pueden extraerse hoy sobre biodiversidad y cambio ambiental en el continente.
La extracción, estudio y futura exhibición del colmillo de elefante prehistórico recuperado en Miramar muestran hasta qué punto la cooperación científica, el trabajo paciente de campo y la protección de las reservas naturales pueden transformar un fragmento enterrado en una herramienta de conocimiento al alcance de toda la sociedad.
