Hablemos del que en el imaginario popular es el compañero de mayor confianza de las brujas: el gato. Lo haremos sobre todo en perspectiva histórica, centrÔndonos en una noticia que, en los últimos tiempos, ha ganado cierto seguimiento.
Una vez mĆ”s vamos a hablar de leyendas negras y clichĆ©s sobre la Edad Media, pero en esta ocasión nos enfrentamos a un caso particular: la errónea conciencia histórica no deriva de un anĆ”lisis precipitado o superficial de los hechos históricos, como en el caso de el Malleus MaleficarumĀ (famosa falsificación que tuvo un Ć©xito relativamente grande en la Ć©poca); esta vez se trata simplemente de una patraƱa tramada sin el mĆ”s mĆnimo alarde de estilo.Ā
Es una noticiaĀ que, a pesar de su falsedad, ha recibido un inmenso crĆ©dito entre los internautas; otra confirmación mĆ”s de que demasiadas personas todavĆa no se molestan en verificar la información y asegurarse de que no se trata deĀ noticias falsas, antes de compartirla.
Para desmentir la noticia, cabe señalar, bastaba con encontrar el texto (disponible en la web) de la bula papal allà citada.
Antes de proceder al «desmentido», comenzaremos con un relato de los hechos tal como se relata.

Como se cuenta la «historia» sobre el exterminio de gatos
En el aƱo 1233 dC el Papa Gregorio IX emitió laĀ bula papal » Vox in RamaĀ Ā«:Ā Āæla orden contenida en este documento autorizado?Ā Ā”Extermina a los gatos!Ā De hecho, el linaje felino habrĆa representado la encarnación de SatanĆ”s en la Tierra para las jerarquĆas eclesiĆ”sticas. Esto condujo al exterminio sistemĆ”tico de gatos en Europa: dondequiera que se encontraran, se quemaban en la plaza pĆŗblica. Ā”Esta terrible persecución contra nuestros amigos bigotudos habrĆa durado mĆ”s de tres siglos!
La escasez de gatos contribuyó en pocos años a la proliferación de ratones: el resultado fue que en cinco años la Peste Negra se llevó mÔs de un tercio de la población europea.
La verdadera historia
En 1233 d. C., el Papa Gregorio IX, en la bula » Vox in RamaĀ Ā«, informó la historia de uno de sus corresponsales alemanes sobre un culto satĆ”nico que se habĆa extendido en Alemania: durante las reuniones de este culto, el diablo aparecĆa en forma de varios animales, entre ellos un gato negro. En ninguna parte de la bula papal hay orden o mención alguna de exterminio de felinos.
Sabemos que la literatura medieval hizo uso de una amplia gama de sĆmbolos y alegorĆas: no pocas veces se utilizó un animal para simbolizar un aspecto, positivo o negativo, de la realidad: el gato negro, la serpiente y el bĆŗho, por ejemplo, estĆ”n en el sĆmbolos de la tradición occidental de la oscuridad y la maldad.

Apocalipsis
En el Nuevo Testamento, respectivamente en el Apocalipsis y en los Hechos de los Apóstoles, SatanÔs es identificado únicamente con la serpiente del Génesis y comparado con un león que ronda por todas partes buscando a quien devorar.
No obstante,Ā el hombre medieval era lo suficientemente inteligente como para distinguir entre sĆmbolo y hecho real. Procediendo por analogĆa, podemos recordar que el diablo a menudo se asociaba con la imagen de una cabra, sin embargo, Ā”no hay constancia de ningĆŗn exterminio de cabras en la Edad Media!
El gato y la bruja
Una noticia repetida varias veces en el último año, nos informa de cómo en Triora, localidad de Liguria conocida por su caza de brujas a finales del siglo XVI, la administración municipal levantarÔ una estatua en recuerdo de todos los gatos asesinados por la inquisición. Es preocupante que una administración pública dé crédito a ciertas falsedades históricas.
Por otro lado, hay que decir que el Municipio de Triora vive una especie de Halloween perpetuo, atrayendo turistas principalmente por su āmuseo de la torturaā. Precisamente en este museo se exhiben las diversas baratijas y artilugios que son ahora unĆ”nimemente considerados falsos por los historiadores. Los lugareƱos tambiĆ©n hablan de una hoguera colectiva en la que fueron quemadas una treintena de brujas: si esto fuera cierto, serĆa quizĆ”s la mayor masacre de la historia de personas acusadas de brujerĆa, superando en nĆŗmero las condenas de las brujas de Salem. La opinión histórica mĆ”s compartida es que, en cambio, todos los acusados, al final de un proceso que se prolongó demasiado, fueron absueltos y puestos en libertad.
A veces, en la literatura medieval tardĆa, se asocia al gato con brujas y aquelarres, o en ocasiones con herejes, pero no hay evidencia convincente que indique que menospreciaron a la bestia en esa Ć©poca mĆ”s que en otras.
Mi amigo Pangur Ban
āĀ Mi gato Pangur BĆ”n y yo tenemos la misma tarea:
felizmente corre persiguiendo ratones, yo me siento persiguiendo palabras
noche y dĆa.Ā» (ā¦)
Las mencionadas son las primeras palabras de un poema escrito alrededor del siglo IX por un monje irlandés amanuense. Nótese la forma cariñosa en que el escritor se refiere al animal.
A finales de la Edad Media el sentimiento general de benevolencia hacia los gatos no parece haber disminuido, en la āRegla de los anacoretasā, manual monĆ”stico escrito en 1200, leemos: āNo poseerĆ©is ningĆŗn animal, mis queridas hermanas, excepto solo un gato Ā«.

”A por los ratones!
La función del gato como arma eficaz contra los ratones era una noción compartida desde el antiguo Egipto y mantuvo este papel incluso en la Edad Media. Los gatos estaban especialmente extendidos en los monasterios:Ā los almacenes de las órdenes religiosas albergaban grandes cantidades de alimentos que podĆan ser presa fĆ”cil para los ratones. Pero fueron las bibliotecas las mĆ”s amenazadas por esta amenaza; podemos atrevernos a decir que lidiar con ratas fue incluso peor que lidiar con un incendio; bastaba que un par de ratones hicieran su nido entre las estanterĆas y los monjes pronto se verĆan invadidos por roedores y con la mitad de la biblioteca roĆda. La Ćŗnica solución vĆ”lida era adquirir uno o mĆ”s gatos.
En ocasiones era costumbre crear aberturas circulares especiales en las puertas internas de los edificios que permitieran el paso de los felinos de una habitación a otra: este es el caso de la catedral de Exeter, en Inglaterra. ”Los libros de la misma catedral también llevan la cuenta, entre otras cosas, de los gastos de mantenimiento de los gatos!
Gatos importados
Para disminuir aún mÔs la idea de un odio visceral del occidente cristiano hacia los gatos estÔn los numerosos eventos vinculados a la importación de los animales a Europa.
En la Baja Edad Media se puede rastrear la entrada en Europa del gato cartujo. Probablemente fue importado por los cruzados que regresaban de Tierra Santa y posteriormente criado en los monasterios de la orden de los cartujos, de los que toma su nombre.

Los gatos en los hogares
Igualmente grande fue el Ć©xito de los gatos, asĆ como de los hĆ”biles cazadores de ratones, como mascotas. Cuentan las crónicas que Getrudis de Nivelles, abadesa que vivió en el siglo VII d.C., tenĆa consigo numerosos gatos, tratĆ”ndolos con mimo y cariƱo. AĆŗn hoy se recuerda a Santa Gertrudis como la patrona de los gatos. Un famoso mural pictórico del siglo XIV representa a la santa intentando que uno de sus amigos felinos juegue con un huso.
Incluso Santa Chiara y sus monjas, segĆŗn las historias hagiogrĆ”ficas, formaron un vĆnculo con una gata, Ā«sora GattucciaĀ», que fue tan querida que su presencia era tolerada incluso durante las funciones religiosas. El hecho de que esta historia estĆ© contenida en una hagiografĆa, es decir, en un texto escrito para enseƱar la moral religiosa, nos hace entender que la figura del gato no molestó tanto.
En 1265, solo unas décadas después de que se emitiera la mencionada bula papal, se dice que Eleonora Plantagenet, condesa de Leicester y nieta de Richard Cuordileone, compró un gato.
El poder y los gatos
Varios otros miembros de la nobleza, asà como los eclesiÔsticos durante la Edad Media y el Renacimiento tuvieron gatos como mascotas.
Isabella dāEste, esposa del marquĆ©s de Mantua, tenĆa un gato llamado Martino al que querĆa mucho: a su muerte en 1510, la noble mandó componer una oda fĆŗnebre para Ć©l.
Incluso mĆ”s allĆ” de la Edad Media, los gatos siguen siendo impertĆ©rritos lasĀ mascotasĀ de los eclesiĆ”sticos: el cardenal RichelieuĀ (el principal antagonista de la obra Ā«Los tres mosqueterosĀ» de Alexandre Dumas, para ser claros) sintió un afecto casi obsesivo por sus gatos: a su muerte en 1642 tenĆa catorce aƱos, y una parte de la herencia del alto prelado pasó a ellos.
La plaga del siglo XIV
Los orĆgenes de la peste que asoló Europa desde 1347 aĆŗn no estĆ”n claros. Hipótesis bastante datadas atribuyen la propagación de la enfermedad a las malas condiciones higiĆ©nicas y la falta de alcantarillado. Hoy sabemos que en la Ć©poca medieval, aunque puede que no hubiera una plena conciencia de la importancia de la limpieza del cuerpo, ya existĆan hĆ”bitos relacionados con la higiene personal.
AdemĆ”s, estĆ” ampliamente atestiguado que desde el siglo XIII existĆan, al menos en los principales nĆŗcleos urbanos, bien construidos sistemas de alcantarillado, quizĆ”s Ā«herederosĀ» de los alcantarillados romanos, y que, donde no habĆa alcantarillado, rudimentarios mĆ©todos de eliminación de residuos estaban de moda.
Lo cierto es que la epidemia no se desarrolló en Europa sino que fue importada de Oriente a travĆ©s de las principales rutas comerciales. En las bodegas de los barcos proliferaban las ratas; las pulgas presentes en los ratones podĆan picar e infectar a los marineros, o bien podĆan contraer la enfermedad directamente a travĆ©s del contacto con los habitantes de los lugares de desembarco.
Entonces podemos concluir que no solo el exterminio de gatos nunca ocurrió, sino que la sobreabundancia de felinos ciertamente no habrĆa permitido evitar la propagación de la pestilencia.