Conoce el Origen y Evolución de los Primates

Tanto el origen como la evolución de los primates, son temas muy controvertidos que no dejan de llamar la atención no sólo de los expertos, sino también de la mayoría de las personas. Esto es porque resulta difícil ignorar que nuestro propio origen se vincula con estos temas. Así que en este post ahondaremos en detalles.

Evolución de los primates por etapas

Características de los primates

Tanto el origen como la evolución de los primates, son temas que han generado un gran debate y numerosas conjeturas desde el inicio de las apasionantes investigaciones.

Pero si queremos saber qué son los primates, debemos tener en cuenta que el Orden Primates es uno de los más amplios e incluye mamíferos como los lémures, tarseros, monos, simios y humanos. No obstante, resulta uno de los más amenazados por la mano del hombre.

Pero lo primero que debemos saber es cómo eran los primeros primates y qué rasgos comparten con los actuales. Pues bien, en todos los tipos que existen de primates coinciden una amplia variedad de rasgos que los distinguen del resto de los mamíferos.

Mayormente los primates de nuestro tiempo tienen costumbre arbórea y en consecuencia han modificado su cuerpo, de manera de poder hacer más fácil su actividad diaria.

Es así como sus pies y manos han sido modificados para que les permitan desplazarse entre el ramaje. Exceptuando a las personas, ocurre que en estos Tipos de animales el pulgar de sus pies está marcadamente espaciado de los demás dedos, lo que les permite asirse con firmeza.

Sus manos de igual forma han sido adaptadas. No obstante tales ajustes dependen de cada especie, aunque la adaptación más importante es el pulgar oponible que les permite agarrar mejor las cosas, tal como lo hacemos las personas.

Pero estas no son las únicas características de los primates. Además, las manos de los integrantes de este Orden, no cuentan con garras ni uñas curvas como otros mamíferos. En su caso son planas con el extremo romo.

Dedos especializados

Por otra parte, sus dedos disponen de almohadillas táctiles y huellas dactilares. En su caso la importancia no para la identificación, sino que les ayuda a asirse mejor a del ramaje. Aparte, tanto en palmas de las manos como en los dedos, tienen algo llamado corpúsculos de Meissner. Esta adaptación les brinda un muy desarrollado sentido del tacto.

Otro rasgo que distingue a los primates, es que su centro de gravedad se ubica más cerca de las piernas. Siendo estas las extremidades más importantes durante la marcha.

A lo anterior hay que agregar que el hueso del talón es más largo que en los demás mamíferos.

Pero una adaptación es valiosa en los primates, sin duda son sus ojos. Esto es porque, primeramente, son muy grandes con relación a su cuerpo y, en el caso de primates nocturnos, lo son aún más enormes.

Estos ojos sobresalientes y colosales se deben a la presencia órbita, que no es otra cosa que hueso detrás del ojo.

Esto sucede contrario a otros mamíferos amigos de la noche, que se apoyan de sentidos distintos para andar en la oscuridad.

Otro dato importante es que los nervios ópticos que se han originado con evolución de los primates, no se trasponen por completo en el cerebro, como en otras especies. Fuera de los primates, la información que entra por el ojo derecho es procesada en el hemisferio izquierdo del cerebro y viceversa.

Evolución de los primates y su cerebro

Sentidos y cerebro

En primates el caso, esto quiere decir que la información que entra por cada ojo se procesa en ambos lados del cerebro. Tal evolución de los primates les favorece con un discernimiento mucho mejor del medio.

Otra parte del cuerpo que diferencia a los primates es su oído. Este presenta la llamada ampolla auditiva, que está conformada por los huesos timpánico y temporal, encajonando tanto al oído medio como al interno.

Por otra parte, el olfato se ha minimizado, con lo que ha dejado de ser este sentido un rasgo resaltante de este Orden.

Pero si algo hay que destacar de evolución de los primates, sin duda es lo ocurrido con su cerebro. Resulta que su tamaño no es un rasgo determinante, por lo que muchos primates disponen de un cerebro más chico que cualquier otro mamífero promedio.

Por nombrar un caso, los delfines tienen el cerebro -en relación a su cuerpo- casi del mismo tamaño que el de cualquier primate.

Lo que diferencia a esta parte del cuerpo de los primates, son dos formas anatómicas irrepetibles entre todos los animales. Estas son los surcos de Sylvia y de Calcarina.

Entre tanto, la mandíbula y dientes de las criaturas de este Orden, no se han visto muy modificados. De tal manera que están conformados de la siguiente manera:

  • 36 dientes
  • 8 incisivos
  • 4 caninos
  • 12 premolares
  • 12 molares

Evolución de los primates y su mirada

Origen y evolución de los primates

Para saber cómo surgieron los primates debemos viajar 55 millones de años (Ma) atrás para encontrarnos con la criatura antigua más vinculada por herencia a los primates modernos, también llamados euprimates.

Pero no sería sino hasta comienzos del Mioceno, hace ya 25 Ma, cuando comienzan a verse especies más parecidas a las de hoy en día.

Aunque hay un tipo de primates llamados arcaicos, que se estima aparecieron en el Paleoceno -es decir hace entre 65 y 55 Ma- y con mucho parecido a los primates, actualmente se descarta la vinculación directa con los primates modernos.

Esto es porque se estima que dichas arcaicas criaturas se separaron del grupo antes de la aparición de los primates. Luego desaparecieron por completo del planeta, de tal suerte que no están vinculados con estos.

De acuerdo a los fósiles descubiertos, los más antiguos euprimates reportados ya muestran adaptaciones para la vida arborícola. De tal manera que presentan muchos de los rasgos principales que distinguen a este Orden. Entre estos rasgos destacan el cráneo, la dentición y la base ósea.

Tales restos fueron descubiertos en el norte de América, así como en Europa y Asia.

En cambio, las primeras reliquias de estas criaturas en tiempos del Eoceno medio se hallaron en China. Estos representan los ascendentes más tempranos de los simios, pero por supuesto ya extintos. Después fueron identificados en Egipto criaturas fosilizadas de las castas ya desaparecidas de Adapidae y Omomyidae.

El índice de esos fósiles registra a todos los tipos que hay de primates, excepto el lémur malgache. De este no existe ninguna reliquia de sus antepasados. No obstante, sí se cuenta con restos fosilizados de los lorisiformes, un grupo hermano.

Un lejano divorcio

Estos esqueletos se hallaron en Kenia y datan de unos 20 Ma. Pero nuevos hallazgos confirman que ya trepaban por este mundo hace 40 Ma. Esto aclara que tanto lémures como lorisiformes se divorciaron hace más de 40 Ma, conformando el suborden conocido como estrepsirrinos.

Ahora, los haplorrinos, otro suborden de primates, vienen a aparecer en China en el Eoceno medio, junto al infraorden de los tarseros. Mientras que los simios, otro infraorden, aparecieron en tiempos del Oligoceno, 30 Ma antes de la época actual.

En el caso más cercano, es decir género Homo al que pertenecemos las personas, su aparición se remonta a hace 7 Ma en África.

Pero el nacimiento del bipedismo todavía no está claro. Se conoce como una reliquia keniata de la que únicamente quedan algunos huesos alargados que sugerirían alguna habilidad para el desplazamiento sobre dos extremidades.

El fósil más claro de los bípedos está datado en 3,4 Ma, por lo que es anterior al célebre fósil de Lucy o Australopithecus afarensis.

Los antropoides

Ahora, continuando con clasificación de los primates, hay que señalar que se cree que los changos antropoides evolucionaron de prosimios en tiempos del Oligoceno, lo que se remonta a 40 Ma. La documentación de sus fósiles señala que existieron tanto en Suramérica como en África y Asia.

En el caso de los changos del nuevo mundo, estos integran el grupo denominado Platyrrhini, mientras que los del viejo continente, se ubican entre los Catarrhini.

Esta diferencia se dio como consecuencia del aislamiento entre América y África. Esto fue cuando la masa terrestre se separó naciendo así los continentes, lo que a su vez generó las diferentes aristas evolutivas entre ambos grupos. Un trabajo que demoró millones de años.

Pero si los platirrinos son todos arborícolas, entre sus primos catarrinos hay tanto changos arbóreos como de suelo.

El orangután, el gorila y el chimpancé son los catarrinos que más afinidad genética guardan con nosotros.

Los homínidos

En el Orden Primates se inscriben los grandes simios (hominoideos). Por la traza genética se conoce que tanto los chimpancés como los humanos derivamos de un mismo ancestro. De este hecho hacen ya al rededor unos 6 Ma.

Es de saber que varias especies prosperaron de la rama que nos involucra a los Homo sapiens. No obstante, a estos tiempos somos los únicos sobrevivientes.

Esta bifurcación de los Hominini, involucra a todos los tipos de esta criatura por genética más próximos a nosotros que a los chimpancés. En su mayoría eran bípedos.

Aquí se ubican nuestros antepasados directos, entre estos el Australopithecus y los Homo habilis y Homo erectus. Además de aquellos que se pueden considerar nuestros «primos», pues evolucionaron de manera paralela a nosotros, los Neardentales.

Primeros homínidos

Ahora veremos cuáles fueron los primeros homínidos de los que existen registros.

Australopithecus

Es posible que ya hayas oído este nombre. Se trata de un homínido muy célebre. Representa una variedad que evolucionó al oriente de África hace 4 Ma, aunque se desapareció hace ya 2 Ma.

Son de mucho valor para reconstruir la historia de la evolución del hombre, debido a que se estima que el género Homo evolucionó de un antepasado, 2 Ma atrás. Pese a lo cual, los Australopithecus presentan más rasgos de los grandes simios que de humanos modernos.

Paranthropus

Es sabido por todos que la evolución no ocurre en línea recta. En lo que respecta a este género, se sabe que es una vertiente independiente de nuestro Hominini, aunque no se consideran nuestros antepasados.

Los Paranthropus vivieron hace cerca de 2.5 Ma y se acabaron hace 1 Ma, sin haber dejado descendientes, aunque representaron en su momento un importante paso en la evolución de los primates.

Homo

En cambio el inicio del género Homo (nosotros), se fija hace entre 2.5 o 3 Ma. Por muchos años se consideró a H. habilis como el “decano” del género, pero en el año 2010 fue descubierta la evidencia de otra especie más añeja: el H. gautengensis.

En relación con los australopitecinos, los ejemplares del género H. habilis muestran rasgos más próximos a las personas de hoy en día. En esa fisonomía destaca una mandíbula menos prognática, además de un cerebro de más tamaño. No obstante, el H. habilis siguió pareciéndose al Hominini más primitivo, con sus brazos más largos en proporción a su cuerpo.

El nombre H. habilis debe darnos una idea de la inteligencia de esta criatura. Resulta que tiene que ver con las herramientas de piedra que se han localizado junto a sus viejas osamentas. De tal suerte que lo que lo nombraron «hombre habilidoso».

Después, continuando con la evolución de los primates, llega el turno al H. erectus. De esto hace ya cerca de 1.8 Ma. Conocedores piensan que surgió en la zona oriental de África y tiene el record de haber sido el primero de los homínidos en salir de ese continente.

Sus reliquias fosilizadas se han descubierto en todo lo que seguro significó su largo camino: India, China, Java y Europa.

El parecido con el hombre actual

Ya casi al final de la evolución de los primates, el H. erectus, a diferencia que el H. habilis, ya presentaba similitud en muchas Características del ser humano actual. Eran de mayor porte, pues podían alcanzar nada menos que 1.85 m de altura.

Además, la diferencia física con el sexo opuesto era menos visible que en sus primos más primitivos. En tanto que su cerebro era mayor, con unos 775 o 1,100 c.c. Esto se acerca mucho a los 1,130 o 1,260 c.c. de nosotros en la actualidad.

En lo que respecta a las facciones del rostro, el H. erectus dio otro paso en la evolución de los primates. Resulta que presentaba una nariz inclinada hacia abajo, como las nuestras.

Se cree que este aspecto es un cambio para sobrevivir en zonas frías. Esto es porque así se le ayudaba a caldear el aire antes que este entrara a los pulmones.

Gracias a los restos descubiertos, se piensa que el H. erectus fue el primer homínido en emplear el fuego y tener una “casa” estable. Su extinción se calcula ocurrió hace unos 50 mil años, aunque sin duda alguna fue una de las criatura que más avanzó en evolución de los primates, hasta llegar a las personas de nuestro tiempo.

Humanos arcaicos y Homo sapiens

Siguiendo la pista de la evolución de los primates, nos acercamos al final de la cadena, conde ya se origina el hombre actual. Lejos van quedando las señas de los changos más primitivos, ¿o acaso estamos equivocados?

Pero veamos como culmina nuestra historia.

Se piensa que nuestra especie es una evolución del H. erectus, algo que habría sucedido hace ya 500 mil años. De esos lejanos tiempos son diversos los restos descubiertos, siendo muy parecidos al Homo sapiens, aunque con marcadas  diferencias en su anatomía. Estos son los llamados humanos arcaicos.

Los arcaicos se diferencian de los humanos modernos en varios aspectos, primeramente por un cráneo más grueso. También presentan un arco superciliar sobresaliente y una barbilla poco marcada.

Algunas de estas especies lograron mantenerse en el mundo hasta hace entre 30 mil y 10 mil años. Tal cosa nos da a entender que llegamos a convivir con ellos por cierto tiempo.

Ya por último, en un extremo de este largo camino de la evolución de los primates que aún ha de continuar, hay que precisar que no existe acuerdo científico sobre los humanos arcaicos. No obstante hay una tendencia dentro de los paleontólogos, que los define como una subespecies de H. sapiens.

Según la nomenclatura de la Clasificación taxonómica de los animales, una subespecie se nombra anexando el nombre de la subespecie al término científico. De esta manera el hombre moderno sería Homo sapiens sapiens, mientras que los arcaicos se establecen como Homo sapiens neanderthalensis, Homo sapiens heidelbergensis y así para cada caso.

No obstante la polémica no cesa. Pero no debemos olvidar que aun ante tantas diferencias, todos integramos una misma especie.


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