
Un elefante salvaje ha provocado de nuevo una tragedia en Tailandia. Un turista de 65 años perdió la vida en el parque nacional de Khao Yai tras ser embestido y pisoteado por un macho identificado por las autoridades como Oyewan, un ejemplar al que ya se atribuyen otras dos muertes anteriores.
El suceso ha vuelto a encender las alarmas entre los responsables de los parques nacionales tailandeses y entre la comunidad viajera internacional, incluida la europea, al tratarse del tercer fallecimiento vinculado al mismo animal en una zona de gran afluencia turística, muy frecuentada también por visitantes españoles.
El ataque mortal en el parque nacional de Khao Yai

El incidente tuvo lugar a primera hora de la mañana, en torno a las 5:30-6:00 hora local, cuando el fallecido, un hombre tailandés de 65 años originario de la provincia de Lopburi, realizaba ejercicio junto a su esposa en una zona de acampada del parque nacional de Khao Yai, al noreste de Bangkok y uno de los más visitados del país.
Según la reconstrucción ofrecida por el Departamento de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Conservación de Plantas, el macho de elefante, un ejemplar salvaje conocido como Oyewan, se aproximó al matrimonio y comenzó a perseguirlos. La mujer consiguió huir, pero el hombre quedó rezagado y fue alcanzado por el animal.
Testigos y guardabosques relataron que el elefante agarró a la víctima con la trompa, lo arrojó con fuerza contra el suelo y posteriormente lo pisoteó repetidas veces. Las personas que se encontraban en las tiendas cercanas presenciaron la escena sin poder intervenir, mientras los gritos de auxilio alertaban al personal del parque.
Uno de los jefes de unidad de guardabosques, que se encontraba patrullando la zona, explicó que escuchó rugidos del elefante y voces pidiendo ayuda. Al llegar al lugar, encontraron al turista ya sin vida, con importantes heridas abiertas en una pierna y en un brazo, además de múltiples fracturas y graves lesiones internas.
Los servicios de emergencia trasladaron el cuerpo al Hospital Wang Nam Khiao para practicarle la autopsia y confirmar las causas exactas del fallecimiento, aunque las autoridades señalaron que el hombre prácticamente murió en el acto como consecuencia del ataque.
Un mismo elefante, al menos tres muertes y un riesgo creciente

El caso ha generado especial inquietud porque las autoridades de Khao Yai reconocen que no se trata de un episodio aislado. El elefante macho, Oyewan, ya había sido señalado anteriormente como responsable de la muerte de al menos otras dos personas, residentes en la zona, en ataques previos que sacudieron a las comunidades cercanas.
El jefe del parque, Chaiya (o Chaiya) Huayhongthong, indicó a medios locales que los guardabosques conocían a este ejemplar y que había sido observado en varias ocasiones en actitud agresiva. De hecho, algunos funcionarios sostienen que podría estar vinculado a otros incidentes mortales dentro del área protegida, lo que agrava la preocupación sobre su permanencia cerca de las zonas más transitadas.
Expertos del parque apuntan a que en el momento del ataque el elefante se encontraba en periodo de celo, una fase en la que los machos pueden mostrar un comportamiento mucho más territorial e imprevisible. Este estado, conocido por incrementar los niveles de agresividad, se suma a las tensiones que ya genera la convivencia entre fauna salvaje y seres humanos en áreas naturales muy concurridas.
Tras el suceso, se reforzaron las patrullas en el entorno del lugar del ataque, con el objetivo de vigilar los movimientos del elefante y reducir el riesgo de nuevos encuentros peligrosos con visitantes y trabajadores del parque. Las autoridades han insistido en que se trata de un animal salvaje, no domesticado, y que su comportamiento responde también a la presión sobre su hábitat.
Qué harán las autoridades con el elefante Oyewan
Ante la reiteración de ataques mortales, la dirección del parque nacional de Khao Yai ha convocado una reunión técnica para decidir el futuro de Oyewan. El propio Huayhongthong ha adelantado que sobre la mesa se barajan principalmente dos vías de actuación.
Por un lado, se estudia la reubicación del elefante en una zona más alejada de las rutas turísticas, dentro o fuera del propio parque, de manera que disminuya la probabilidad de contacto con personas. Esta opción, sin embargo, no está exenta de dificultades logísticas, de seguridad y también de impacto en el ecosistema donde podría ser trasladado.
La segunda posibilidad pasa por la implementación de medidas específicas para intentar modificar su comportamiento, mediante técnicas de manejo de fauna salvaje que reduzcan la agresividad y faciliten mantenerlo apartado de las áreas con presencia humana. Las autoridades no han detallado de momento qué tipo de intervenciones se considerarían viables, pero han dejado claro que se trata de un asunto urgente.
Mientras se define el plan de acción, se han extremado las recomendaciones a los visitantes del parque, con llamamientos a mantener siempre una distancia de seguridad respecto a los elefantes salvajes, evitar cualquier intento de acercamiento para fotografiarlos o alimentarlos y seguir en todo momento las indicaciones del personal del recinto.
Temporada seca, más encuentros peligrosos
El director de la Oficina de Gestión de Áreas Protegidas de la zona recordó que la temporada seca en Tailandia, que se extiende aproximadamente de noviembre a abril, incrementa la probabilidad de encuentros con elefantes salvajes. Durante estos meses, la escasez de agua y alimento en determinadas áreas forestales empuja a muchos ejemplares a aproximarse a caminos, cultivos y campamentos.
En este contexto, los expertos explican que los animales pueden llegar a mostrarse especialmente nerviosos o defensivos si perciben que su espacio está siendo invadido, sobre todo cuando hay crías o cuando los machos atraviesan fases hormonales más intensas, como ocurre en los periodos de celo.
Los responsables de Khao Yai y de otros parques del país insisten en que se han desplegado patrullas móviles y sistemas de aviso para reaccionar rápidamente ante la presencia de elefantes en zonas de paso de turistas. No obstante, subrayan que la colaboración de los visitantes es clave y que, ante cualquier avistamiento, lo más prudente es no acercarse, no bloquear el camino del animal y avisar a los guardabosques.
Más de 220 muertos por elefantes salvajes desde 2012
El nuevo ataque mortal se suma a una estadística que preocupa cada vez más a las autoridades tailandesas. De acuerdo con datos del Departamento de Parques Nacionales, Fauna y Flora, desde 2012 los elefantes salvajes han causado la muerte de más de 220 personas en el país, entre ellas turistas y habitantes locales.
Paralelamente, las cifras oficiales muestran que la población de elefantes salvajes en Tailandia ha aumentado de forma notable en los últimos años: de unos 334 ejemplares contabilizados en 2015 se ha pasado a cerca de 800 en el último recuento. Este incremento, celebrado desde el punto de vista de la conservación de la especie, plantea a la vez retos serios en cuanto a la gestión de conflictos con comunidades rurales y visitantes.
Para intentar controlar el crecimiento y evitar una presión excesiva sobre el entorno y los asentamientos humanos, las autoridades han empezado a utilizar vacunas anticonceptivas en hembras de ciertas áreas. Esta medida, que genera debate entre organizaciones conservacionistas y especialistas, pretende reducir de forma gradual el número de nacimientos y, con ello, la probabilidad de incidentes en zonas donde el contacto con personas es más frecuente.
Turismo, elefantes y seguridad de los visitantes europeos
El turismo de naturaleza y el contacto con elefantes se han convertido en uno de los principales reclamos de Tailandia para viajeros de todo el mundo, entre ellos miles de turistas españoles y europeos cada año. Parques nacionales como Khao Yai o santuarios de paquidermos en islas del sur del país figuran a menudo en las rutas de agencias y viajes organizados.
En enero del año anterior, una turista española de 22 años falleció en la isla de Yao Yai, en el sur de Tailandia, después de ser golpeada de forma repentina por un elefante mientras participaba en una actividad de baño con paquidermos en un santuario. La joven, que estudiaba Derecho y Relaciones Internacionales y era originaria de Valladolid, fue trasladada de urgencia a un hospital de la zona, donde no pudieron salvarle la vida.
Este caso, junto con el reciente ataque en Khao Yai y otros ocurridos en distintos parques, ha reavivado el debate en Europa sobre los riesgos reales de este tipo de experiencias turísticas. Muchos viajeros acuden a estos lugares con la idea de participar en actividades consideradas «responsables» con los animales, pero la línea entre conservación, espectáculo y seguridad no siempre está clara.
Organismos públicos y medios especializados en viajes en España y otros países europeos han empezado a publicar más recomendaciones para quienes planean visitar Tailandia, advirtiendo de que, aunque los elefantes rara vez actúan de forma agresiva, pueden reaccionar con violencia si se sienten amenazados, acorralados o estresados. También recuerdan que, aunque estén acostumbrados a la presencia humana, siguen siendo animales de gran tamaño y fuerza imprevisible.
El mortal ataque en Khao Yai, sumado a las cifras de fallecidos y a otros episodios que han afectado directamente a turistas europeos, está llevando a las autoridades tailandesas a revisar su estrategia de gestión de la fauna salvaje y la seguridad en zonas turísticas. Para quienes viajan desde España o el resto de Europa, la experiencia de contemplar elefantes en libertad sigue siendo un gran atractivo, pero todo apunta a que será cada vez más importante informarse bien, seguir las normas y asumir que la observación de animales salvajes implica riesgos que no deben subestimarse.