El secreto del cometa 3I/ATLAS: un fósil galáctico más antiguo que el Sol

  • Confirmado como el tercer objeto de origen interestelar detectado en nuestro sistema, tras Oumuamua y el cometa Borisov.
  • Su composición química revela niveles de carbono y nitrógeno que duplican los valores habituales en cometas locales.
  • Los expertos estiman que su formación se produjo hace unos 12.000 millones de años en un entorno de baja metalicidad.
  • Las observaciones conjuntas del VLT y el telescopio James Webb descartan cualquier origen artificial o tecnológico.

Cometa interestelar 3I/ATLAS cruzando el espacio

El espacio profundo nos ha traído un regalo astronómico sin precedentes en forma de roca helada que ha dejado boquiabierta a la comunidad científica internacional. El cometa 3I/ATLAS no es solo un visitante más, sino que se ha coronado como el objeto interestelar más brillante que jamás hemos tenido la suerte de observar, permitiendo un análisis tan minucioso que hasta hace poco parecía ciencia ficción. Su paso por las cercanías del Sol ha servido para que los telescopios más potentes del planeta, y los que orbitan sobre él, saquen brillo a sus lentes para entender de dónde viene este viajero solitario.

Aunque su nombre pueda sonar a código genérico, lo cierto es que este tercer objeto interestelar identificado tras el rastro de ʻOumuamua y Borisov ha marcado un antes y un después. A diferencia de sus predecesores, que pasaron de largo de forma casi tímida o sin soltar prenda sobre su composición, este cometa ha desplegado una coma de gas y polvo tan espectacular que ha permitido leer sus huellas químicas como si de un libro abierto se tratase. Es, básicamente, una cápsula del tiempo que ha cruzado el vacío para contarnos cómo era la química en otros rincones de la galaxia mucho antes de que nosotros estuviéramos aquí.

Cometa interestelar 3I/ATLAS
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Las huellas químicas de un pasado remoto

Análisis químico del cometa ATLAS

Para desentrañar los misterios de este cuerpo celeste, un equipo internacional liderado por astrónomos de la Universidad de Edimburgo y Lieja ha echado mano del Very Large Telescope (VLT) situado en Chile. Utilizando el instrumento UVES, han analizado las moléculas de cianuro que emanan del cometa, descubriendo que las proporciones de isótopos de carbono y nitrógeno son totalmente distintas a las que estamos acostumbrados a ver en nuestro propio Sistema Solar. Resulta que este visitante tiene una firma isotópica inusualmente alta, lo que indica que las condiciones de su nacimiento fueron radicalmente diferentes a las de los cometas que orbitan a nuestro Sol.

Pero la cosa no se queda ahí, porque los datos recogidos por el Telescopio Espacial James Webb han venido a confirmar que el 3I/ATLAS está hecho de otra pasta. Las mediciones del Webb detectaron niveles elevadísimos de deuterio o hidrógeno pesado, unas 30 veces superiores a los valores normales. Esta coincidencia entre los datos obtenidos desde la Tierra y desde el espacio confirma que el objeto se formó en un entorno extremadamente frío, probablemente por debajo de los 30 grados sobre el cero absoluto, donde el hielo de agua pesada se conservó intacto durante eones sin ser reprocesado por el calor estelar.

cometa interestelar 3I/ATLAS
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Un origen anterior a nuestro propio sistema

Origen del cometa en un sistema estelar antiguo

La gran sorpresa ha saltado al calcular la edad probable de este trozo de hielo galáctico. Al analizar la baja presencia de elementos pesados, lo que los astrónomos llaman metalicidad, la conclusión es que 3I/ATLAS nació alrededor de una estrella mucho más antigua que el Sol. Se estima que este cometa podría tener entre 10.000 y 12.000 millones de años, lo que significa que ya andaba vagando por el cosmos cuando el universo era apenas un chaval y la Vía Láctea estaba en pleno apogeo de formación estelar. Es, literalmente, un fósil viviente que ha sobrevivido al nacimiento y muerte de generaciones enteras de estrellas.

Los expertos coinciden en que este objeto procede de un sistema planetario que se formó en una época de baja riqueza química, un detalle que lo hace único. Investigadoras como Rosemary Dorsey, de la Universidad de Helsinki, subrayan que esta es una oportunidad emocionante para investigar sistemas que dejaron de existir hace una eternidad. Es como si hubiéramos encontrado una reliquia arqueológica de una civilización perdida, pero a escala cósmica, permitiéndonos comparar nuestra propia historia con la de otros vecindarios estelares que se enfriaron mucho antes de que la Tierra fuera siquiera un proyecto de planeta.

cometa 3I/ATLAS
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Desmintiendo mitos y mirando al futuro

Telescopio observando el espacio profundo

Como suele pasar con estos visitantes tan raros, no faltaron quienes quisieron ver en 3I/ATLAS algo más que una roca, llegando a especular con que podría tratarse de tecnología alienígena. Sin embargo, los datos científicos son tozudos y no dejan lugar a dudas: el cuerpo mostró una actividad cometaria totalmente natural, liberando metano, dióxido de carbono y vapor de agua de forma coherente con un objeto helado. No se han detectado señales artificiales ni comportamientos extraños en su trayectoria que inviten a pensar en marcianitos; su verdadera magia reside en ser un trozo de naturaleza pura venido de la otra punta del universo.

Aunque el cometa ya se está alejando y su brillo empieza a flaquear, el trabajo de los astrónomos europeos y de todo el mundo no ha hecho más que empezar. Los archivos están llenos de datos que se analizarán durante años, y ya se mira de reojo al futuro Telescopio Extremadamente Grande (ELT) que el ESO está construyendo. Este nuevo gigante permitirá que, cuando aparezca el cuarto visitante interestelar, podamos sacarle los colores incluso si es mucho más pequeño y tenue que el espectacular ATLAS, que ya se encamina de vuelta a la oscuridad del espacio profundo de donde vino.

Este fascinante viajero nos ha demostrado que nuestro Sistema Solar no es la norma, sino solo una versión más de cómo se puede organizar la materia en el cosmos. Gracias al esfuerzo coordinado de instituciones como la NASA y la Agencia Espacial Europea, hoy sabemos que 3I/ATLAS es un vestigio de un universo más joven y menos complejo químicamente, un embajador de hielo que nos ha permitido tocar con la punta de los dedos una realidad que ocurrió hace miles de millones de años. Su paso ha sido breve, pero la información que deja sobre la evolución de los sistemas planetarios y la posibilidad de química prebiótica en otros lugares es un tesoro que seguiremos estudiando mucho después de que se pierda de vista para siempre.

Cometa 3I/ATLAS
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