
Por primera vez, un hígado de cerdo modificado genéticamente ha funcionado durante semanas dentro del cuerpo de una persona viva. El procedimiento, realizado en China y descrito en la revista Journal of Hepatology, aporta una prueba sólida de que estos injertos pueden sostener funciones esenciales durante un tiempo relevante en humanos.
El caso demuestra el potencial de la xenotrasplantación como vía para aliviar la escasez de órganos, aunque también deja claro el camino que queda por recorrer: el injerto tuvo que retirarse por una complicación de la coagulación y el paciente falleció meses después.
Qué se ha conseguido y por qué es relevante

Los autores presentan el primer xenotrasplante hepático auxiliar en un paciente vivo: se añadió un hígado porcino sin retirar por completo el órgano nativo. Esta aproximación busca dar soporte temporal, lo que en medicina se conoce como terapia puente, para evitar el fallo hepático mientras aparece un donante humano o el hígado propio se recupera.
El receptor fue un hombre de 71 años con cirrosis por hepatitis B y carcinoma hepatocelular, que no era candidato a trasplante humano. En las primeras semanas el injerto produjo bilis y factores de coagulación sin signos de rechazo hiperagudo ni agudo, una señal de compatibilidad inicial muy significativa.
El avance llega en un contexto de necesidad crónica: la OMS recuerda que miles de pacientes mueren cada año a la espera de un órgano. En Europa, más de 22.000 personas figuraron en lista de espera para hígado el último año con datos consolidados, y solo alrededor de la mitad fue finalmente trasplantada.
Un editorial que acompaña el artículo subraya el mensaje: optimismo prudente y ninguna puerta abierta aún al uso generalizado. La prueba de concepto es firme, pero persisten retos inmunológicos, de coagulación y de seguridad que hay que resolver con estudios clínicos bien diseñados.
Cómo fue la intervención

El equipo del Primer Hospital Afiliado de la Universidad Médica de Anhui implantó un injerto de cerdo miniatura Diannan con 10 modificaciones genéticas: eliminación de xenoantígenos clave y expresión de genes humanos para modular la respuesta inmune y la coagulación.
La cirugía se realizó el 17 de mayo de 2024. En la primera semana, según los facultativos, el paciente se movilizaba sin ayuda, no hubo rechazo hiperagudo ni alteraciones del sistema de coagulación, y los parámetros hepáticos evolucionaban de forma favorable.
Durante algo más de un mes, el injerto mantuvo funciones metabólicas y sintéticas (producción de bilis, albúmina y factores de coagulación) sin episodios de rechazo agudo. Sin embargo, en el día 38 apareció una microangiopatía trombótica asociada al xenotrasplante (xMAT), que obligó a retirar el injerto.
Tras la explantación se administró tratamiento complementario, incluyendo eculizumab y plasmaféresis, con resolución del cuadro de xMAT. A pesar de ello, el paciente sufrió posteriormente varios episodios de hemorragia digestiva y falleció en el día 171 desde la operación.
El investigador principal, Beicheng Sun, recalca que el caso confirma que un hígado porcino editado puede funcionar en un humano durante un periodo prolongado, e identifica como prioritarios los mecanismos de la coagulación y las complicaciones inmunitarias.
Qué dicen los especialistas y cuáles son los siguientes pasos
Para la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) de España, se trata del primer procedimiento con finalidad terapéutica en esta área. Su directora, Beatriz Domínguez-Gil, insiste en que son trasplantes de carácter experimental y que hay que perfeccionar las modificaciones genéticas y la inmunosupresión, así como detectar precozmente complicaciones.
Iván Fernández Vega, patólogo e investigador, lo define como un hito clínico y científico por el detalle del seguimiento clínico, inmunológico e histológico, a la vez que pide más datos (como autopsia) para entender mejor las hemorragias, el estado del hígado nativo y la respuesta inmune sistémica.
En línea similar, el hepatólogo Heiner Wedemeyer valora el potencial para insuficiencia hepática aguda o crónica agudizada y para determinados tumores, pero recuerda que persisten interrogantes sobre seguridad (posible transmisión de virus porcinos), duración de la función y aceptación social y ética.
En el lado práctico, la estrategia más realista a corto plazo es su uso como órgano puente. Varios grupos han planteado ensayos clínicos para evaluar esta indicación, con el objetivo de ganar tiempo hasta un trasplante humano o permitir la recuperación parcial del hígado propio.
La generación de cerdos donantes con ediciones genéticas heredables y la eliminación de patógenos porcinos endógenos son elementos clave para escalar esta vía. En paralelo, harán falta fármacos inmunomoduladores más específicos para el escenario del xenotrasplante.
Con este caso, se consolida que un hígado porcino modificado puede injertarse y funcionar en humanos durante semanas, aunque la aplicación clínica habitual requerirá reducir el riesgo de complicaciones de la coagulación, optimizar la compatibilidad y robustecer la vigilancia frente a infecciones y otros riesgos.