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Superado ya el mes largo desde su estreno en Estados Unidos, El irlandés ha causado cierta conmoción en la industria gracias a sus críticos y detractores. Independientemente de la crítica, está claro que 'El irlandés' tiene momentos de altura. Y de bajura.
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Superado ya el mes largo desde su estreno en Estados Unidos, El irlandés (7,9 en FilmAffinity) ha causado cierta conmoción en la industria gracias por sus críticas, fans y detractores. Nunca antes desde la caída del Muro el planeta había atestiguado semejante división (dramatización). La que para muchos es la evidente película del año es tildada de aburrida, plana y demasiado larga por otros. Si bien el debate es pertinente (pues nadie, ni siquiera el todopoderoso Scorsese, puede gozar de tal blindaje ante las críticas), hoy en Postposmo nos gustaría saborear la que consideramos peor escena de El irlandés. Y también la mejor. Mucho ciudado porque se avecinan spoilers de categoría.

Empecemos con la miel:

Mejor escena de El irlandés

¿La has adivinado? Seguro que sí. La larga anticipada muerte de Jimmy Hoffa se produce de un modo crudo y sorpresivo. Sólo alguien tan experimentado como Martin Scorsese es capaz de ¡ZAP!, avisarnos de que va a llover y, aun así, hacer que la lluvia nos pille desprevenidos.

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Robert De Niro y Al Pacino en ‘El irlandés’ (2019), de Martin Scorsese

En cuanto Hoffa, alertado por su sexto sentido, decide poner pies en polvorosa del hogar que será su tumba segundos después, Frank Sheeran asesta dos golpes cuya sequedad sólo contribuye al resonamiento interno (hasta el final de la película) del humillante gritito de dolor de Hoffa. El gritito nos perseguirá cada vez que Sheeran, devastado por la traición que cometió, rememore el momento en el que antepuso trabajo a amistad. Cada vez que Sheeran, en el tercio final de su vida, evalúe con arrepentimiento la naturaleza de unos actos que, al fin y al cabo, terminaron depositándole en un asilo, como a casi todo hijo de vecino. El estruendoso eco de ese gritito.

Breve nota: ¿está Sheeran realmente arrepentido o su gesto sólo se corresponde con la amargura del que se ve forzado a cumplir con su deber? Sutiles retazos de calidad de Martin Scorsese.

Haz click en este enlace para ver la escena.

En Casino, de 1995, Nicky Santoro (Joe Pesci) también es pillado por sorpresa con, de nuevo, un gritito que reformuló las normas y los límites del narrador en voz en off. Recordemos la originalidad con la que el mismísimo Pesci se despide sin saberlo del espectador en un ejercicio estilístico de storytelling único (por no hablar del shock que supone ver cómo entierran vivo al moribundo Santoro después de haber sido obligado a presenciar la ejecución de su hermano). Terrorífico:

Martin Scorsese se repite, pero ojalá todas las repeticiones fuesen así. Estas dos escenas remiten de forma irremediable a la no menos impactante ejecución de Tommy DeVito (de nuevo Joe Pesci) en Uno de los nuestros (1990). El pobre pensaba que estaba a punto de ser aceptado en la cúpula de la mafia siciliana:

La peor escena de El irlandés

El debate sobre la conveniencia o no (así como del abuso) de las técnicas de rejuvenecimiento por ordenador en El irlandés está en la calle. Por mucho que el CGI suavice los rasgos y potencie el azul de los ojos, aún no ha llegado el ordenador que nos haga olvidar que Robert De Niro tiene 76 años.

La escena de la paliza que Frank Sheeran asesta al panadero en pos de la defensa del honor de su hija es, de principio a fin increíble. Y no en el buen sentido. Por la fisionomía de su cuerpo y por el modo obtuso y renqueante de manejarse, Frank Sheeran ajusticiando a un hombre mucho más joven que él supone una rotura intolerable de la inmersión en El irlandés. Una pausa publicitaria de pressing catch WWE:

Críticas a El irlandés

No es extraño que esta escena sea todavía hoy uno de los aspectos más comentados del hilo oficial de El irlandés en Reddit, donde podemos leer comentarios del tipo “Es una escena tan mala que no entiendo cómo nadie del equipo de producción pensó que sería una buena idea”, o “No es creíble que De Niro sea un matón. Es un error de cásting terrible“. Por su parte, en Youtube, el comentario con más valoraciones positivas reza lo siguiente:

“Esta parte me dio tanta risa que tuve que quitar la película. El tipo casi no podía mantenerse en pie cuando está dando las patadas. Supongo que nadie tuvo el valor de decirle a estos tipos que ya no son creíbles haciendo de matones”.

Es amplio el sector de la crítica que estas semanas ha extrapolado la pregunta hasta incluir en ella al propio director de El irlandés. ¿Acaso Martin Scorsese se ha salido con la suya en esta travesura de tres horas y media por ser él quien es? La odisea que ha supuesto el rodaje y estrenos en cines de la cinta ha gozado de suficiente publicidad. Y, en todo caso, el damnificado de la travesura de 160 millones habría sido Netflix. Parece claro que El irlandés no ha terminado siendo la apoteósica guinda a la trilogía gángster que todos tenían en mente.

Y es en cosas como ésta, en definitiva, donde reside la belleza del arte y de la cultura: en la disparidad de criterios.

 

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