El valle de Supe, en PerĆŗ, ha vuelto a ser el epicentro de una noticia que ha dejado boquiabierta a la comunidad arqueológica internacional. Un equipo de investigadores ha sacado a la luz un depósito de ofrendas rituales en el asentamiento de PeƱico, un lugar que parece haber recogido el testigo de la milenaria civilización Caral tras el abandono de sus centros urbanos mĆ”s conocidos. Este descubrimiento no es moco de pavo, ya que nos ofrece una ventana privilegiada a un periodo de transición que hasta ahora tenĆa bastantes lagunas.
La investigación, liderada por la prestigiosa doctora Ruth Shady SolĆs, ha permitido localizar un conjunto de piezas que datan de entre los aƱos 1800 y 1500 a. C. Lo que mĆ”s ha llamado la atención de los expertos es cómo estos objetos reflejan una continuidad cultural asombrosa, demostrando que los conocimientos y las tradiciones de la que se considera la civilización mĆ”s antigua de AmĆ©rica no se esfumaron de la noche a la maƱana, sino que se transformaron y perduraron en el tiempo.
Un tesoro iconogrƔfico tallado en madera y hueso
El hallazgo principal consiste en una colección de 43 figuras elaboradas minuciosamente en madera y hueso. Estos objetos se encontraron protegidos en una estructura semicircular de apenas 22 centĆmetros, resguardada bajo una piedra de grandes dimensiones. Los arqueólogos han identificado en este lote diversas representaciones antropomorfas y zoomorfas que poseen una carga simbólica potentĆsima, lo que indica que fueron depositadas allĆ con un propósito ceremonial muy concreto durante la ampliación de un edificio pĆŗblico.
Entre las piezas mĆ”s destacadas se encuentra la ya bautizada como Ā«Venus de PeƱicoĀ», una estatuilla femenina tallada sin cabeza que ha generado un gran interĆ©s cientĆfico. Pero la cosa no queda ahĆ; tambiĆ©n se han recuperado tablillas con rostros de deidades pintadas con pigmentos rojos y figuras que representan a posibles autoridades de la Ć©poca, algunas de ellas luciendo gorros cónicos muy caracterĆsticos. Es evidente que los artesanos de aquel entonces tenĆan una destreza tĆ©cnica envidiable, utilizando incluso incrustaciones de minerales para dar vida a los ojos de sus esculturas.
VĆnculos con la naturaleza y el comercio regional
El repertorio de figuras animales es igualmente impresionante, con tallas que muestran serpientes, aves y renacuajos, elementos que vinculan directamente a esta sociedad con su entorno natural y sus recursos hĆdricos. AdemĆ”s de las figuras, el equipo ha recuperado cuentas de crisocola y conchas de moluscos, lo que refuerza la idea de que PeƱico no era un sitio aislado, sino un punto de encuentro fundamental para el intercambio de bienes entre diferentes regiones.
Los datos que maneja el Ministerio de Cultura sugieren que este centro urbano, de casi 20 hectĆ”reas de extensión, funcionaba como un puente estratĆ©gico. En PeƱico confluĆan productos que venĆan de la costa, la sierra e incluso de la selva, lo que nos da una pista sobre la compleja organización social y comercial que mantuvieron estos grupos humanos siglos despuĆ©s del esplendor de la Ciudad Sagrada de Caral-Supe. Al final, parece que el prestigio de las viejas urbes se perdió, pero sus redes de contacto siguieron funcionando a pleno rendimiento.
Esta reciente investigación en el valle de Supe pone de manifiesto que la memoria colectiva y las prĆ”cticas rituales de los antiguos pobladores peruanos fueron el pegamento que mantuvo unida a una sociedad en constante cambio. Los materiales recuperados, que ahora estĆ”n siendo analizados mediante pruebas de carbono 14 para ajustar su cronologĆa exacta, son el testimonio vivo de una civilización que supo adaptarse a los desafĆos climĆ”ticos y sociales de su tiempo, dejando un legado que sigue asombrando al mundo miles de aƱos despuĆ©s.