¿Nos traerá algún día Jeff Bridges El gran Lebowski 2?

Si a los setenta años que acaba de cumplir Jeff Bridges les restamos los veinte que ya tiene la inmortal (seamos serios: ¿mejor película de la historia?) El gran Lebowski, el bocado de realidad que nos sobreviene se antoja, ciertamente, estremecedor: Jeff Bridges ya contaba con cincuenta palos a sus espaldas para cuando andaba inflándose de opiáceos y derramando white russians en coches ajenos en la película por la que siempre sería recordado y, por qué no decirlo, por la que él mismo hace denodados esfuerzos por ser recordado. El encasillamiento, uno de los mayores temores de todo actor, no juega en la liga del bueno de Jeff Bridges.

Con perdón de Half Life 3, nunca el pueblo había exigido con tanto fervor la confirmación de la secuela de un producto cultural como con El gran Lebowski 2. Que dejen de hacernos sufrir. Basta ya.

Todo fan de la obra de los hermanos Coen (unos genios que saben sacar partido hasta de las mesas) recordarán este 2019 que está a punto de perecer como el año del casi Gran Lebowski 2. Sinvergüenzas, eso es lo que son. Los tiempos postmodernos tienen esto: facilitan la aparición de un clásico instantáneo como El Gran Lebowski para, dos décadas después, servirse del reciclado de su iconografía para intentar vendernos una botella de cerveza:

 

Ataviado con la clásica gabardina marrón, y con un look idéntico al del Nota original (zapatillas de goma incluídas), Jeff Bridges jugó con nuestros sentimientos más inviolables durante los días de incertidumbre que precedieron a la publicación del tuit que confirmó que tan sólo estábamos ante una martingala publicitaria. Días en los que no pocos creímos en la esperanza. En la vida misma, resumida toda ella en la preparación de la secuela más pertinenete  de toda la historia del cine.

Pero no. Aquello sólo era cerveza. El fondo de la Dylanesca The man in me fue la puntilla de este conato de secuela que, por más que se nos mueran los meses, nos sigue persiguiendo en los momentos de inevitable debilidad. Además, The Dude (o His Dudeness, or Duder, or El Duderino if you’re not into the whole brevity thing) sólo bebía White Russians. Inadmisible.

Jamás te lo perdonaré, Jeff Bridges.

Que no hombre. Que estamos de risas.

Homenaje a John Goodman del Nota

Pasando a asuntos más serios, el bueno de Bridges, también protagonista de la mucho más discreta (no por calidad sino por repercusión) Valor de Ley (también de los Coen), volvió a reivindicar la inmortalidad del Nota en un acto público celebrado hace dos años en homenaje a John Goodman. Dado que aquí ya no hay marcas de cerveza belga de por medio (sino tan solo la realidad del paso del tiempo fustigándote en la sienes), el emotivo homenaje amenaza lágrimas sin que haya nada que uno pueda hacer al respecto.

Con un aspecto que para nada evidencia que hayan pasado veinte años del estreno de El gran Lebowski, a Bridges le basta con desenfundar la rebeca marrón para enloquecer al personal:

 

Aunque John Goodman intentó meterse en el personaje de Walter, las risas le pudieron. Después de preguntar la hora y tildarle de «leyenda», Bridges concluyó sus palabras con un guiño al discurso del propio John Goodman/Walter en El gran Lebowski pronunciado en el funeral de Donny («Goodnight sweet prince» («Buenas noches príncipe»):

«Una estrella para ti, una estrella porque todo te amamos mucho… ¿Qué hora es? ¿La tarde? Buena tarde dulce príncipe», lanzó antes de abrazarse.

Pues eso. Feliz 70 cumpleaños, dulce príncipe.

 

PD: por desgracia para los fans de El gran Lebowski, los hermanos Coen ya se pronunciaron en su día al respecto asegurando que jamás harán una secuela. Que no les gustan las segundas partes. Lo más parecido nos vendrá en el 2020 con la película sobre Jesus protagonizada por John Turturro. Que no es moco de pavo.

Pero tamboco El gran Lebowski 2.